jueves, 30 de abril de 2015

POR UN 1 DE MAYO REVOLUCIONARIO CON LA PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES TRABAJADORAS

El Comité de Mujeres Comunistas ROSA LUXEMBURGO, en una nueva conmemoración del Día Internacional de las y los Trabajadores, en el que recordamos la masacre de sindicalistas ocurrida en Chicago en el año 1886, saludamos con solidaridad a todo el pueblo trabajador y, en particular,  a las mujeres trabajadoras de Guatemala, quienes vivimos distintas formas de explotación, dominio y opresión por el sistema capitalista patriarcal. Conmemoramos en este  Primero de Mayo la lucha histórica y heroica de millones de trabajadores y trabajadoras alrededor del mundo, que año tras año han batallado para el mejoramiento de las condiciones laborales de nuestra clase y nuestro género y por levantar nuestro proyecto político emancipatorio.

Las mujeres trabajadoras vivimos formas abominables de dominación, discriminación, racismo y sobreexplotación por el sistema capitalista patriarcal oligárquico-militar, que nos sigue condenando a la pobreza, a la desigualdad, a la invisibilización de nuestro trabajo y a la precariedad laboral, en desiguales condiciones que el resto de la clase trabajadora. Para corroborarlo basten algunas estadísticas de fuentes nacionales y organismos internacionales.

1.     POBREZA: Del  53.71% de la población guatemalteca que vive en pobreza  las mujeres representamos la mayoría (el 51%), y el 30.8% de los hogares con jefatura femenina se encuentran en la misma situación. Esto es, las mujeres somos las más vulnerables en cuanto a la pobreza se refiere, tendencia que ha venido acrecentándose con el capitalismo neoliberal.  

2.     DESVOLORIZACIÓN SOCIAL Y BAJAS REMUNERACIONES: Nuestro trabajo no se valora socialmente ni se nos remunera el trabajo en el hogar que garantiza la reproducción de nuestras familias y, por consiguiente, de nuestra clase social. Cuando accedemos al mercado de trabajo nuestras condiciones laborales son peores a las de los hombres, y además, sufrimos diversas formas de violencia, como el acoso y la violencia sexual. El Instituto Nacional de Estadística (INE) registra que solamente el 19% de las mujeres participamos en el empleo agrícola, esto es: invisibiliza el aporte de todas las mujeres rurales que trabajamos la tierra.  En las fincas en las que se producen caña y palma aceitera, nos ven como complemento del trabajo de los esposos y padres. Además, tenemos un menor acceso a los trabajos remunerados en comparación con los hombres: solamente accedemos un 44.5% de las mujeres, mientras que el porcentaje de hombre es del 63.8%. Nuestros puestos de trabajo suelen tener menor calificación y peor remuneración en el sector informal, sin goce de prestaciones y seguro social, como sucede cuando somos trabajadoras de casa particular. La desigualdad y la sobreexplotación se expresa si tenemos en cuenta que las mujeres tenemos un promedio salarial 19 por ciento menor que el que perciben los hombres, según datos de ONUMUJERES para el año 2014.  

3.     DISCRIMINACIÓN Y DESIGUALDAD POR ORIGEN ÉTNICO: Las condiciones laborales de las mujeres indígenas son aún más inequitativas. Además del patriarcado, enfrentamos el racismo. El 64% de las mujeres mayas, xincas y garífunas somos predominantemente trabajadoras  no remuneradas, y solamente el 6.5% somos propietarias de la tierra y, en general, no tenemos acceso a recursos productivos como créditos, asesoría técnica e insumos.

4.     UBICACIÓN EN SECTORES PRODUCTIVOS MÁS DESREGULARIZADOS: Según la Comisión Beijing + 20 Guatemala, en maquilas trabajamos más de 80,000 mujeres. Las trabajadoras de casa particular ascendemos a 190,000. Las mujeres en el trabajo agrícola sumamos 400,000. La economía independiente, sin ningún derecho laboral, llega al 75%  de la población trabajadora, en donde nos encontramos un millón de mujeres vendiendo por catálogo.

Estas son apenas algunas cifras que nos indican que somos muchas, diversas, pero con condiciones laborales similares que nos unifican como mujeres trabajadoras que aportamos a la economía y a la sociedad.

La situación en que vivimos hoy las mujeres trabajadoras de Guatemala es el resultado del sistema capitalista patriarcal, ahora en su fase neoliberal, que impera en el país, sustentado en la  alianza oligárquica-empresarial-militar que ha gobernado por más de un siglo, y que a través de distintos mecanismos como el despojo de nuestros territorios, la concentración de la riqueza producida socialmente, la corrupción, la represión y criminalización de las luchas sociales, la evasión de impuestos, la vulneración sistemática de nuestros  derechos laborales, nos ha llevado  a la pauperización, al abandono del país y de nuestros hijos e hijas, a la miseria, a la muerte. Por si fuera poco, esta misma oligarquía empresarial y militar, desea vulnerar aún más nuestros derechos con iniciativas de leyes como la Ley de Promoción de Inversiones y Empleo, La Ley Regulatoria del Trabajo por Hora o la Ley Marco del Sistema Nacional para la Competitividad y Productividad, con el fin de acrecentar más sus ganancias con privilegios fiscales y condiciones laborales deplorables y salarios de hambre.

Por todo lo anterior, las mujeres comunistas de Guatemala queremos hacer un llamamiento en este PRIMERO DE MAYO a la organización y unidad de la clase trabajadora y, en especial, de las mujeres de nuestra clase para:

·         Seguir reivindicando nuestros derechos y caminar juntas hacia una profunda transformación social que acabe con el orden capitalista, racista y patriarcal que nos oprime y nos explota.

·         Romper con la impunidad  con la que la burguesía, empresarios, finqueros, militares y en general todos y todas los empleadores actúan, vulnerando los derechos de las trabajadoras y los trabajadores a través de las violaciones de la legislación nacional e internacional, e imponiendo nuevas leyes que reducen nuestros derechos.

·         Impulsar la contabilidad en el producto nacional bruto del trabajo reproductivo o de cuidados que hacemos todas las mujeres. 

·         Seguir luchando por la vigencia y respeto de derechos y prestaciones laborales, el seguro social universal, las mejoras salariales y de nuestras condiciones como trabajadoras.

¡Por la autodeterminación de las mujeres frente a las diversas violencias y opresiones del patriarcado y el capital!
¡Por un mundo donde seamos socialmente iguales!
¡Por la Revolución y el socialismo!

Comité de Mujeres Comunistas “ROSA LUXEMBURGO”

Guatemala, 1 de mayo del 2015

miércoles, 22 de abril de 2015

REDES MAFIOSAS EN EL GOBIERNO DE GUATEMALA

El Estado contrainsurgente sigue presente, y también la explotación a la clase trabajadora

Acaba de descubrirse una red mafiosa que operaba en el corazón mismo del Estado. ¡Buena noticia!, sin dudas. La Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala -CICIG-, junto con el Ministerio Público, lograron capturar la red denominada “La Línea”, donde actuaban importantes personajes ligados al gobierno: el titular de la Superintendencia de Administración Tributaria -SAT- y su ex director, el Secretario Privado de la Vicepresidencia y otros funcionarios de rango medio, entre ellos el Secretario General del Sindicato de la SAT. En concreto: se trataba de un grupo criminal dedicado a la defraudación tributaria.

La lucha contra la impunidad siempre debe ser aplaudida. Pero en este caso, no debemos quedarnos sólo con lo que se mostró en la prensa. Eso es parte del paquete mediático.

El actual equipo gobernante, manejado básicamente por el binomio presidencial -Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti-, más allá de representar una clara posición de derecha conservadora y furiosamente anticomunista, no tiene una propuesta programática. Pareciera que el objetivo básico de la actual administración del Partido Patriota es ocupar espacios de poder para continuar sus propios negocios corporativos, ligados a grupos clandestinos que siguen moviéndose con la lógica de la contrainsurgencia de los años del enfrentamiento armado. De esa cuenta, actividades como el narcotráfico, el contrabando, el lavado de activos, el tráfico de personas, más los amañados contratos leoninos como prestadores de servicios públicos, entre otras actividades delictivas, son parte de sus “negocios”, apañados desde el poder del Estado. La impunidad está a la orden del día en todo esto, nada ha cambiado, y se opera desde altos niveles de poder en el ámbito público y privado.

De hecho, todos estos grupos surgidos de la guerra interna, que ocuparon la dirección del país en los años del conflicto armado, siguen manejando sus asuntos con la misma lógica militar y en el secretismo (ahora, como grupos clandestinos). Por lo pronto, se convirtieron en una nueva expresión de la burguesía que ya le disputa cuotas de poder económico y político a la oligarquía tradicional. El presidente y la vicepresidente son una clara representación del ascenso de esos sectores de “nuevos ricos” (con mansiones, cadenas de oro y caballos de carrera).

Eso, a veces, entra en contradicción con los sectores tradicionales de la burguesía, especialmente con aquella fracción oligárquica. Las luchas entre facciones de poder (de la derecha empresarial) están presentes. Aunque también, como clase, no dejan de beneficiarse mutuamente. La defraudación tributaria que se desbarató ahora, de la que el Poder Ejecutivo trata vanamente de tomar distancia para no salir manchado, permitió que se enriquecieran algunos grupos corruptos asociados al Partido Patriota, militares, empresarios y funcionarios. Pero también permitió a una gran cantidad de empresarios ser parte de estas prácticas corruptas y burlarse del fisco; con la evasión lo que hacen es burlarse de los trabajadores quienes, no obstante ser los creadores de la riqueza a través de su trabajo cotidiano, carecen de los servicios públicos esenciales o acceden a servicios profundamente deficientes y en crisis (como se constata en salud y educación), siendo que el Estado está corroído y quebrado tanto por redes corruptas y criminales, como por una burguesía que utiliza los bajos impuestos, las exenciones y la evasión como forma de mantener sus altos niveles de enriquecimiento.

Más allá de la corrupción -profunda- en el actual equipo de gobierno, hay mucho de aparatoso montaje en los medios de comunicación. No sería imposible que en una propuesta de “lavado de cara” para el mafioso capitalismo que campea en el país, la embajada del imperio estadounidense apueste por una “nueva imagen”, mostrando que la impunidad puede combatirse, y que la actual situación caótica en que se encuentra Guatemala se debe, en definitiva, a una serie de “políticos corruptos” que nos engañan. De ahí su coincidencia con la oligarquía (CACIF) en la “exigencia” para que continúe la CICIG y en que la situación política no debilite la institucionalidad y la “gobernabilidad” que garantice el relevo de autoridades gubernamentales por la vía electoral.

Se conocieron los nombres de la gente allegada a la Vicepresidente, los que ahora están presos, prófugos o con cuestionables medidas sustitutivas (fianzas, arrestos domiciliarios), pero no se conoció un solo nombre de empresarios que también se benefician -¡más que nadie!- de la red de fraude tributario. O sea: una imagen de transparencia -que ratifica la necesidad de la CICIG en el país- para seguir con más de lo mismo: explotación inmisericorde, salarios diferenciados (¡rebajados!, para decirlo claramente), industrias extractivas (mineras, hidroeléctricas) por todos lados, y monocultivos como los agro combustibles a expensas de las tierras para el cultivo de alimentos.

Aplaudimos la lucha contra la impunidad, pero pensamos que no se puede quedar sólo en eso. La situación actual, a pocos días del inicio oficial de la campaña electoral, ha dejado en seria crisis al partido de gobierno. La renuncia de su candidato presidencial agita las aguas. Aunque ¡cuidado! Lavar un poco la cara, pedir la renuncia del presidente y la vicepresidente como ya algunos sectores lo están haciendo, haber desarticulado sólo una parte de la red de evasión fiscal es insuficiente.

Como trabajadores y comunistas debemos tener muy claro que la impunidad es un síntoma consustancial al sistema capitalista. Luchar sólo contra ese síntoma y pensar que con la detención de un grupo criminal como el actual se terminan los problemas, es iluso. Si el binomio presidencial renunciara, eso no traería aparejado ningún cambio real para la clase trabajadora. Como tampoco lo traerán las próximas elecciones de septiembre, donde a lo sumo como campo popular podremos disputar algunas alcaldías para ayudar a la acumulación de fuerzas, pero no más que eso.

El sistema político actual de Guatemala está colapsado, sin dudas. Eso, de todos modos, no es más que la expresión del colapso del sistema capitalista y su incapacidad para resolver los graves problemas nacionales y para lograr las transformaciones de fondo, de raíz, que requiere nuestro país. El principal problema no es ni la impunidad ni la corrupción (sin dejar de considerar que esas son lacras abominables y se debe luchar contra ellas). ¡Es el sistema de explotación en su conjunto! Como dijo Carlos Marx en 1850: “No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.”


Partido Guatemalteco del Trabajo
¡Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo!


lunes, 6 de abril de 2015

Universidad pública ¿versus? universidad privada

Por María del Carmen Culajay

Desde hace unos cuantos años ya pasó a ser común el prejuicio por el que consideramos de excelente calidad todo lo que sea iniciativa privada, mientras que vemos malo, corrupto e  ineficiente todo lo que sea público. Por supuesto que, como todo prejuicio, exagera determinadas características, generalizando indebidamente sin criterios críticos. Lo cierto es que, una vez puestos a circular, esos prejuicios son muy difíciles, cuando no imposible, de contrarrestar. No cabe ninguna duda entonces que, hoy por hoy, y no sólo en Guatemala, hablar de lo público es sinónimo de ineficiencia y corrupción.

Ahora bien: ¿de dónde sale ese mito? Definitivamente va de la mano del triunfo omnímodo del capital transnacional que tiene lugar en estas últimas décadas, tras la caída del muro de Berlín y la extinción del campo socialista soviético. Allí se entroniza el mito de la eficiencia de la empresa privada: la globalización de la que comienza a hablarse es la del capital triunfador sin enemigos que le hagan sombra. Más allá que sea eficiente para ganar dinero y no otra cosa, el mito que se ha repetido hasta el hartazgo es que lo privado trabaja mejor que la iniciativa pública, no desperdicia, no derrocha, se busca la calidad sobre todo, elimina el burocratismo y la pérdida de tiempo, es hiper productivo. En definitiva: ganador exitoso sobre perdedor decadente.

Bueno…, sin dudas que eso es mito, porque en lo que es eficiente es en lo primero: en ganar dinero. Lo demás: no cuenta. Si para obtener ganancias tiene que explotar el trabajo de miles y miles de trabajadores o destruir la naturaleza, ello es apenas una consecuencia colateral. La obtención de ganancias lo justifica todo. Luego se encargará la mentira mediática de arreglar las cosas.

Sin dudas que lo estatal, lo público, puede ser ineficiente, pesado y burocrático; ejemplos sobran, por supuesto. Pero con objetividad hay que decir que entre los dos modelos, lo público al menos tiene la intención de beneficiar al colectivo; la empresa privada sólo beneficia a sus dueños, lo cual ya marca un límite insalvable.
Todas estas características también están presentes si hablamos de la universidad. ¿Para qué hay universidades privadas? Ante todo, como con cualquier empresa privada (un fabricante de bicicletas, de automóviles o de electrodomésticos, un call center o un motel por horas, etc., etc.): ¡para ganar dinero! Secundariamente vendrá todo lo demás: la excelencia académica, el compromiso con los problemas de la realidad nacional, el prestigio, la tradición. Vendrán… a veces, porque no todas las universidades privadas lo alcanzan; en muchas lo único que prima es lo de la ganancia, y repetir la ideología.

Aunque parezca mentira y sea muy duro decirlo así, nunca hay que perderlo de vista: una empresa lucrativa busca, antes que nada, lucrar. Por eso en una universidad privada no importará si se explota a sus trabajadores (incluidos los académicos, claro está), si se cobran sin miramientos todos y cada uno de los servicios que se venden a precio prohibitivo (cursos, exámenes, ropa, distintivos y banderines). Si la consigna es lucrar, hay que cuidar al cliente que es el que paga. ¿El cliente siempre tiene la razón? Bueno, eso explica por qué tan pocos alumnos pierden clases, y en general todo el mundo gana con buenas notas, siempre muy por arriba del promedio de las públicas.

Si vemos las cosas desde la maniquea concepción que el discurso ideológico fue forjando estos últimos años en términos de “buenos” y “malos”, está claro dónde está la universidad pública y dónde la privada.

Lo que resulta evidente es que en nuestro país la formación universitaria sigue siendo un lujo que muy pocos alcanzan: no pasa del 5% del total de la población nacional. Eso ya es vergonzoso en sí mismo. Ahora bien: la universidad pública –por cierto, con un considerable prestigio tras de sí, una de las más viejas del continente– ha sido un importante factor de desarrollo, aportando en la construcción de nuestra sociedad. Si hoy día está así de deteriorada, copada por mafias que la van transformando en una suerte de universidad privada sui generis donde se venden títulos y todo se maneja por politiquería y compadrazgo, sin proyecto académico real, casi sin investigación, con puras foto-copias y entronización del “copy/paste” (¡no sólo en los alumnos!), es porque los tiempos del libre mercado y la entronización de la empresa privada también llegaron a ella. ¿Cuántos profesores y alumnos críticos fueron desaparecidos durante los años de la feroz represión?

Grandes universidades del mundo, prestigiosas y de gran nivel técnico, son públicas. ¿Cuál sería el impedimento para que una universidad del Estado no pudiera ser de alto nivel? Obviamente: ninguno. Lo que está sucediendo en la tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala es, igual que en todos los países de nuestra América Latina, un proceso de vaciamiento intelectual y un triunfo de los ideales privatizadores y neoliberales que permitieron que en el lapso de unos pocos años florecieran universidades privadas como hongo, muchas de ellas no pasando de ser “universidades de garage”. Repito: ¡mito de la eficiencia!

¿Necesitamos en Guatemala una docena de casas de altos estudios? Evidentemente ahí hay un juego perverso: un país donde apenas una muy reducida élite llega a la universidad y donde la población general presenta aún tasas de analfabetismo de más del 20%, se podría bastar perfectamente con una sola universidad pública bien equipada. ¿Por qué esa proliferación de “tiendecitas” universitarias que no para? ¿Quién asegura la calidad ahí?

Como en todo este discurso puesto de moda y ya entronizado en estos últimos años: hablar de lo privado es, supuestamente, sinónimo de calidad. En la formación universitaria eso ni se discute: las priva-das están limpitas, con buenos jardines y computadoras para todos los alumnos, y quienes allí van llegan siempre con buenos carros. Ah, y los profeso-res tienen todos posgrados y hablan muy bien inglés… Pero… ¿es eso garantía de lo que realmente necesita el país? ¿Universidades que se encargan de preparar buenos técnicos que hablan bien en inglés y piensan obstinadamente sólo en ganar dinero? ¿Universidades que se jactan de ser parte de esa élite de afortunados que no tienen que trabajar desde los 18 años? Llamar a la defensa de lo público no es bajar el nivel: ¡es subir infinitamente el nivel más allá de ese cuestionable mito de la eficiencia privada! Los grandes institutos de investigación científica en innumerables casos pertenecen a casas de estudios superiores estatales. ¿Por qué no podría ser así?

La universidad, en tanto una de las instituciones más importantes de un país, tiene la obligación de ser parte fundamental de su proyecto como nación, contribuir con ideas, acciones y profesionales que vayan más allá de su tiendecita; la universidad es la cabeza pensante del proyecto político-social de un colectivo. Si no, es una formadora de maquinitas de ganar dinero (despreciando a quienes no entran en ese selecto club), y no pasa de ser una empresa lucrativa más desperdiciando todo su potencial intelectual. Y en esa perspectiva, la producción científica sigue estando al servicio de la empresa lucrativa, pero no de las mayorías.

Si nuestra San Carlos, la pública, está convertida hoy en esa cosa amorfa sin proyecto, llena de corruptos e ineficientes, botín de guerra para muchos, disputada como trofeo de caza y no para generar ciencia e investigación de verdad, con profesores advenedizos e improvisados en muchos casos (no todos, obviamente), no es porque el Estado sea forzosamente corrupto e ineficiente: es porque grupos de poder están interesados en que eso así sea. Las fuerzas armadas, ¡que son públicas!, son eficientes a la hora de hacer su trabajo; de eso no caben dudas. La universidad puede –digámoslo sin tapujos: ¡debe!– ser una vanguardia de ideas, crítica, amplia, universal. Si no, no se diferencia de una fábrica de bicicletas, de un call center… o de un motel.

En Camino Socialista, No 4, Año 2, 2015.



miércoles, 25 de marzo de 2015

¡ALTO A LA AGRESIÓN IMPERIALISTA CONTRA EL PUEBLO VENEZOLANO!

Los y las Comunistas de Guatemala nos manifestamos públicamente CONTRA LA AGRESIÓN ESTADOUNIDENSE al Gobierno y el Pueblo venezolano. Por ningún motivo debemos tolerar la política injerencista y la amenaza de agresión belicista del gobierno yanqui que recién movilizó recursos y escasas voluntades de traidores militares para dar un gol-pe de Estado al Presidente Nicolás Maduro y detener los avances revolucionario en Venezuela.

El 12 de febrero recién pasado el Presidente de Venezuela denunció ante el mundo que los cuerpos de seguridad venezolanos habían frustrado un golpe de Estado para derrocarlo. El golpe ha sido auspiciado, financiado y dirigido por el Departamento de Estado de EEUU, a través de entidades políticas disfrazadas de promotoras de la democracia. Para este fin, como lo han hecho en el pasado en otros países latinoamericanos, los yanquis se han apoyado en militares y empresarios traidores.

El fracasado golpe de Estado sustituyó la intentona insurreccional de la burguesía reaccionaria venezolana que promovió en dos ocasiones el derrocamiento del Presidente Maduro por medio de movilizaciones agresivas y violentas con saldo mortal y destrucción de infraestructura urbana. También esas salvajes movilizaciones terminaron derrotadas.

El gobierno gringo califica a Venezuela como "amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadounidenses", para intimidar y justificar la intervención militar en territorio bolivariano. EEUU ha movilizado la llamada Cuarta Flota integrada por barcos y un portaaviones con armamento nuclear. Ya enunció que su presencia militar se incrementará a 3 mil 200 solados en Perú, sumado a su presencia militar de alto nivel en Colombia. Evidentemente los agresores norteamericanos no están jugando. Están preparando su próximo zarpazo político o militar al estilo de lo hecho antes den Granada, Panamá y Guatemala. Buscan amedrentar al pueblo venezolano a través de intentar un cambio en la correlación de fuerzas que favorezca a la vendida y lacaya burguesía.

Importantes grupos de países y representantes de di-versos y numerosos pueblos han manifestado su apoyo solidario al Gobierno del Presidente Maduro y al pueblo de Venezuela. Se destacan UNASUR, la ALBA, el Movimiento de Países No Alineados, del Grupo de los 77 + China, Rusia y China y los pueblos de Asia, África y Europa. Con Venezuela está el mundo anti imperialista. El imperialismo yanqui tiene que tomarlo en cuenta antes de cometer otra medida injerencista contra el gobierno revolucionario venezolano.

Nosotros, los y las comunistas de Guatemala, reiteramos nuestras muestras de solidaridad revolucionaria. Saludamos la valentía del Pueblo y el Gobierno venezolanos. Y apoyamos y nos sumamos a los esfuerzos de nuestros hermanos organizados en el Partido Socialista Unificado de Venezuela y el glorioso Partido Comunista de Venezuela.


Defender los cambios revolucionarios en la Patria de Bolívar es defender la vida, la paz y la verdadera democracia en Latinoamérica. Debemos estar alerta y prestos para volcar nuestra solidaridad y apoyo hacia el pueblo venezolano. 

¡Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo!

PARTIDO GUATEMALTECO DEL TRABAJO

jueves, 5 de marzo de 2015

POR UN OCHO DE MARZO REVOLUCIONARIO

Las mujeres comunistas de Guatemala conmemoramos la fecha del 8 de marzo recordando su origen: las jornadas de lucha que protagonizaron miles de mujeres obreras para exigir mejores condiciones de trabajo y de vida.  Fue Clara Zetkin, quien desde el pensamiento y las ideas socialistas acerca de la situación social de opresión de las mujeres, propone en 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrar en esa fecha UNA JORNADA INTERNACIONAL DEDICADA A LA MUJER.
El Comité de Mujeres Comunistas ROSA LUXEMBURGO saluda en este día a las mujeres guatemaltecas y del mundo, y en especial a las mujeres de la clase trabajadora y a las que luchan contra las diversas opresiones y violencias del patriarcado, el capitalismo y el imperialismo. Dedicamos esta jornada de lucha a recordar y reconocer a nuestras mártires.  Nuestro homenaje a todas las campesinas, proletarias, trabajadoras, que participaron y cayeron en las luchas revolucionarias contra el Estado opresor y el capitalismo. Ellas, como nosotras actualmente, buscaron la igualdad e inclusión de las reivindicaciones de las mujeres  en las propuestas de construcción de la sociedad socialista.
La mayoría de la población guatemalteca, y principalmente las mujeres, vivimos en una situación de pobreza, miseria, represión, violencia, inseguridad y discriminación. Esta situación se ha agravado en la nueva fase de acumulación de capital.  La voracidad de la burguesía nacional y los intereses de las empresas transnacionales se imponen sin misericordia. La respuesta del Estado a las luchas anticapitalistas y populares, contra la invasión y el despojo de las multinacionales, la oligarquía y la gran burguesía, ha sido la represión y criminalización. Somos muchas las mujeres valientes que nos hemos alzado contra el capitalismo salvaje y que estamos pagando con abuso, maltrato, el ataque directo a nuestra integridad física, e incluso la privación de libertad con cárcel, por el único delito de defender el agua, la vida, la tierra, la dignidad y la soberanía.
A la violencia histórica estructural ejercida en contra de las mujeres por un orden social construido y reproducido históricamente sobre bases y relaciones de poder, patriarcales y racistas, al servicio de la reproducción del capital, se le unen hoy nuevas formas de violencia aún más atroces. La  violencia contra las mujeres en todas sus expresiones, como violación a los Derechos Humanos, ha aumentado  considerablemente. Los indicadores reflejan el aumento de denuncias de casos de violencia y de feminicidio.
Se agrava la explotación sexual comercial de las mujeres con la expansión de la prostitución y la trata de mujeres, niñas y niños, y el uso y mecanización de nuestros cuerpos por las industrias de las comunicaciones y las empresas. Esto es reflejo de la entrada en un estadio totalmente deshumanizante, en el que las mujeres nos convertimos en pura mercancía sexual.
El trabajo productivo y reproductivo de las mujeres sigue sin valorarse  socialmente. Nuestra incorporación a las relaciones de producción capitalistas no siempre ha significado una dignificación de nuestras vidas. Accedemos a puestos de menor remuneración en actividades vinculadas a las cadenas de cuidados, sin mayor protección social. No se da cumplimiento por parte de las autoridades del Ministerio de Trabajo al marco normativo  que establece la creación de las guarderías en los centros de trabajo como parte de las acciones de cuidado para los hijos/as de los y las trabajadoras, lo cual impacta en las dobles o triples jornadas de trabajo para las mujeres.
En las maquilas, en las fábricas, en el campo, en el trabajo doméstico, las mujeres tenemos salarios miserables, con jornadas extenuantes y abusos de todo tipo. Es  evidente la aplicación de mecanismos que permiten mayor discriminación y explotación hacia nosotras. La flexibilidad para la sobreexplotación  de la clase trabajadora responde a  intereses y cambios  que promueve la burguesía nacional y las empresas transnacionales para su beneficio, y que se regulada a través  de normativas institucionalizadas por parte del gobierno. Esto ha agravado la pobreza y la exclusión social, que afectan especialmente a las mujeres, lo que se refleja en los altos niveles de desnutrición, y el incumplimiento de derechos fundamentales.
La desmovilización de la clase trabajadora por el capital y la represión estatal, se refleja en los escasos niveles de sindicalización de las mujeres, y en general en la desmovilización de las luchas de las mujeres por nuestros derechos como trabajadoras. A esto debe añadirse que la falta de empleo implica que cada vez más mujeres optemos por irnos al extranjero en búsqueda de alternativas laborales. Esto implica en muchos casos la violación sistemática de nuestros derechos humanos y laborales, tanto en el tránsito como en los lugares de destino.  
Las mujeres comunistas de Guatemala:

-            DENUNCIAMOS todas las prácticas que desde el Estado, las empresas y la vida cotidiana, estigmatizan, discriminan, oprimen y violentan a las mujeres, en especial aquellas que se dan dentro de nuestra clase social y el movimiento obrero, campesino, popular y sindical. Nuestras luchas van encaminadas a la construcción del socialismo, como proyecto político que nos llevará a una sociedad comunista; esto es: una sociedad de cultura superior, compuesta por seres humanos libres e iguales, respetuosa de nuestras diversidades, en la que primará el bien común o buen vivir, y no la propiedad privada, el despojo o la explotación del capitalismo.  

-                 CONDENAMOS todas las formas de violencia de clase, racista y patriarcal sobre nuestros cuerpos-territorios en todas sus expresiones (sexual, psicológica, económica, simbólica) y EXIGIMOS al gobierno y el sistema de justicia burgués:

·                El cese de la impunidad en todos los casos de feminicidio y otros actos de violencia en contra de las mujeres;
·                la pronta resolución de todos los casos de violencia física y sexual, ejercida por las fuerzas militares y paramilitares del Estado contrainsurgente y las multinacionales;
·                el abordaje responsable para la erradicación de la trata de mujeres, niñas y niños, para la explotación laboral y sexual;
·                el cumplimiento de la normativa nacional e internacional en materia de derechos humanos, laborales y equidad de las mujeres;
·                la contabilidad en el producto nacional del trabajo reproductivo que hacemos las mujeres, y el seguro social universal, en las mismas condiciones que el resto de las y los trabajadores.

-                 Finalmente, HACEMOS UN LLAMADO a la sororidad y solidaridad entre todas las mujeres guatemaltecas de los diversos pueblos, y a la unidad de las luchas populares, feministas, antipatriarcales y anticapitalistas, para derrotar al capital y poner fin a las distintas opresiones sobre las mujeres y los colectivos de la diversidad sexual. La fragmentación de las luchas nos debilita, mientras que el patriarcado y el capitalismo campean a sus anchas.
En este 8 de marzo, las mujeres comunistas de Guatemala nos declaramos una vez más en resistencia y rebeldía contra las violencias del patriarcado y el capitalismo que nos oprime y nos deshumaniza.
¡Por la autodeterminación de las mujeres frente a las diversas violencias y opresiones del patriarcado y el capital!
¡Por un mundo donde seamos socialmente iguales!

¡Por la Revolución y el socialismo!
 
Comité de Mujeres Comunistas
“ROSA LUXEMBURGO”
En el aniversario del nacimiento de Rosa Luxemburgo

Guatemala, 5 de marzo del 2015

EDITORIAL

Camino Socialista No 3, Año 1, Época 1

En un comunicado emitido el 30 de diciembre último, el Partido Guatemalteco del Trabajo cuestionaba duramente la política laboral del gobierno de Otto Pérez Molina que estableció un salario mínimo de hambre para la clase trabajadora del campo y la ciudad. En especial, repudiaba la fijación de un salario mínimo todavía menor para cuatro municipios: San Agustín Acasaguastlán y Guastatoya (El Progreso), Estanzuela (Zacapa) y Masagua (Escuintla), es decir, un 56.79% por debajo del salario mínimo oficial.

Entre el desempleo, el subempleo, el calvario de la emigración y los salarios de hambre, la herencia de este gobierno será la de haber lo-grado sumir a nuestro pueblo en una miseria más profunda y de haber llenado los cofres de más oro para la burguesía y las empresas transnacionales.

Pero esto no acaba ahí. Se agrega la crisis de desabastecimiento en los hospitales públicos, la baja en la cobertura educativa y el aumento en las colegiaturas. Se evidencia un incremento de asesinatos y extorsiones. El aumento galopante de la corrupción y el saqueo del Estado que señala a los más altos funcionarios gubernamentales. A las comunidades y familias campesinas se les imponen proyectos de muerte (como la minería) y la represión en contra de líderes sociales, sindicales y campesinos. Todo esto es consecuencia de la política reaccionaria del actual gobierno.

¿Pero cuál es la alternativa? Sin duda, la única alternativa debemos construirla. Sólo vendrá del pueblo y de la clase trabajadora del campo y la ciudad, cuando nos organicemos y fortalezcamos, cuando construyamos el programa y la organización que nos permita gestar la Revolución. Sólo una Revolución será capaz de cambiar este Estado, convertirlo a favor y en función de la clase trabajadora, de las mujeres, de los jóvenes y de los pueblos que convivimos en este territorio.


Y mientras avanzamos en esa dirección, recuperemos nuestra dignidad y ética como pueblos y comunidades, fortalezcamos la resistencia popular y avancemos en la articulación política desde abajo y a la izquierda. 

TERCER INFORME DE GOBIERNO: ENTRE MENTIRAS Y FICCIÓN

Por Antonio Sierra

El 14 de enero fue presentado el tercer informe de gobierno de la administración Pérez-Baldetti. El informe es la radiografía de una Guatemala inexistente, con una economía pujante y niveles aceptables de desarrollo de la población. El capítulo sobre la marcha de la economía revela hasta qué punto Guatemala se encuentra sumida en el capitalismo neoliberal impuesto a países principalmente del llamado tercer mundo, como Guatemala, con sus consabidas consecuencias en términos de mayor dependencia, explotación y expolio. Esto es lo que significa la propuesta “desarrollo económico competitivo” que impulsa el actual gobierno y que está orientada fundamentalmente a incrementar la acumulación de capital y a garantizar que la producción en el país sea competitiva en el mercado mundial, principalmente a partir de los bajos salarios e impuestos.
Para ello, promueve las inversiones de capital transnacional en alianza con capital nacional en cuatro áreas principales: actividades extractivas (minería a cielo abierto, petróleo); los monocultivos, principalmente palma africana y caña de azúcar; la generación de energía (construcción de hidroeléctricas), y el desarrollo de megaproyectos de infraestructura. Todo esto en el marco del Plan Nacional de Desarrollo K’atun 2032, dado a conocer recientemente, en el que se concibe tales áreas y actividades como motores del desarrollo. La consecuencia del impulso de este “modelo de desarrollo económico” es la mercantilización de los bienes naturales y de los recursos públicos, y el despojo de tierras a comunidades y pueblos indígenas.

Como continuidad de dicho modelo, al comienzo de su administración Pérez Molina y Baldetti anunciaron el impulso de acciones para lograr el desarrollo rural en dos líneas, que más tarde denominaron dos puertas: inversiones privadas en territorios rurales y apoyo a la economía campesina. Sin embargo, ha pre-dominado la promoción de inversiones de capital transnacional y nacional en las áreas mencionadas, mientras la economía campesina apenas ha recibido mínimos apoyos a través de programas clientelares que no favorecen su desarrollo. Dicho modelo ha conducido a un crecimiento de la producción cada vez más raquítico y lento. Una mirada rápida al comportamiento de la economía en la ad-ministración actual revela que se enfrenta a los mismos vaivenes que se ha enfrentado a lo largo del período 1990-2011.

En el 2014, el Producto Interno Bruto (PIB), tuvo un crecimiento real de 3,9% respecto a 2013, pero es inferior al de 2011 (4,2%), segundo año de recuperación luego de la crisis mundial de 2007-2009. Ese comportamiento del PIB es una de las manifestaciones de la subordinación del modelo económico del país al capitalismo global dominado por el capital financiero y las grandes transnacionales; de la misma manera que lo es la continuada aplicación de medidas económicas monetaristas. Asimismo, es la base de una distribución de la riqueza socialmente creada, que niega derechos y que orilla a la mayoría de la población guatemalteca a vivir con salarios de hambre, cuando bien les va, y sin acceso a educación, salud, vivienda, recreación, pensiones, etc.

Los datos indican que de 2001 a la fecha se ha incrementado notablemente la desigualdad de la distribución de la riqueza. La brecha entre la parte de la riqueza destinada a los salarios y la ganancia o renta generada, es cada vez mayor. La reciente fijación de un sala-rio mínimo de Q1, 500 para cuatro municipios de dos departamentos, está muy por de-bajo del salario mínimo aprobado para todo el país. Si el salario mínimo para todo el país no alcanza ni para cubrir la canasta básica, esta diferenciación muestra, con toda claridad, cómo el modelo económico vigente se orienta a facilitar e incrementar la acumulación capitalista. Hay que agregar que los trabajadores agrícolas, sobre todo los estacionarios, siguen recibiendo remuneraciones de Q25 – Q30 diarios, muy por debajo del sala-rio mínimo que actualmente es de Q. 2, 644 mensual.

Lo anterior explica cómo los niveles de pobreza y pobreza extrema en el país se encuentran entre los más altos de América Latina. 53,71% de la población vive en condiciones de pobreza, mientras el 13,33% en pobreza extrema. En el área rural la pobreza total es 71,3%, la pobreza extrema 21,12%. Sin embargo, si se mide a partir del concepto de pobreza multidimensional, según la CEPAL, Guatemala presenta un 70,3 de pobreza general. La pobreza se manifiestan con particular crudeza en las altas tasas de desnutrición infantil: el 45,6% de los niños de seis a nueve años once meses de edad tienen algún grado de desnutrición; la desnutrición severa afecta al 12,7%.
En falsa respuesta a la problemática anterior, el “Plan hambre cero” y su “ventana de los mil días” supuestamente diseñados para combatir la desnutrición y la pobreza, se han reducido a la entrega de la “bolsa segura” y el “bono seguro”. Éstos son programas paliativos y clientelares que no se orientan ni resolverán el problema de fondo: la desigual distribución de la riqueza.

La llamada inversión social real sigue siendo insuficiente para atender las necesidades de salud y educación, por mencionar sólo dos asuntos de importancia capital. Las crisis educativa y de salud han llegado en estos tres años de administración del PP a niveles nunca antes vistos. Si bien es cierto son crisis que se arrastran desde hace varios años, de 2012 a la fecha se han agudizado de manera alarmante, tal como lo muestran las condiciones en las que se encuentran la red hospitalaria y la red de centros educativos públicos. En materia de educación pública, la cobertura en los niveles preprimaria, básico y diversificado es baja; la cobertura en primaria no alcanza la universalización pese a los avances registrados en la administración anterior. Además, en los niveles de básico y di-versificado un alto porcentaje de los servicios son privados.

Bajos ingresos para la mayoría de la población (consecuencia de la desigual distribución de la riqueza), y poco acceso a servicios de salud y educación dan como resultado un bajo índice de desarrollo humano, IDH. Según el Informe de Desarrollo Humano 2014, Guatemala se encuentra entre los países con desarrollo humano medio: tiene un IDH de 0.628, ocupando el lugar 125 de 187 países medidos.

En el ámbito de la seguridad democrática y justicia, la adopción del “Pacto por la seguridad, la justicia y la paz” no ha conducido a la aplicación y desarrollo de un modelo de seguridad democrática que se sustente en la satisfacción de las necesidades de alimentación, salud, educación, vivienda, recreación, entre otras, de la población.

Ese pacto ha conducido al retorno en varios aspectos del modelo de seguridad nacional que prevaleció durante la guerra interna: militarización de facto de las fuerzas civiles de seguridad (PNC) expresada en la creación de fuerzas de tarea al estilo militar y en los patrullajes con-juntos PNC-ejército; la militarización vía la privatización de la protección empresarial a través de empresas de propiedad o controladas por ex militares locales y extranjeros; criminalización y persecución de las luchas populares tales como la protesta y los movimientos de resistencia, las que son tratadas desde una concepción de delito. Todo ello a partir de la retoma del control de puestos clave del Estado por militares de bajo y de alta. El propósito es dar seguridad y garantías al capital, desde el más grande hasta el capital de nuevos ricos, llama-dos capital emergente.

La delincuencia común se enfrenta a través de medidas exclusivamente represivas, sin abordar las causas de la misma; mientras el crimen organizado, particularmente el narcotráfico, se enfrenta con la aplicación de la política anti-narcótica de Estados Unidos para América La-tina expresada, en el caso de México y Centroamérica, en el Plan Mérida. Hay una profunda regresión en materia de seguridad democrática, mediante la implantación de la visión militarista de la seguridad nacional propia de la guerra fría. Los resultados no podían ser peores: según cifras de la PNC, en 2014 se registraron casi 5,000 muertes violentas, cifra que el INACIF eleva a alrededor de 5,500.

En el ámbito de la justicia el propósito funda-mental ha sido evitar, por todos los medios, que las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado durante la guerra interna sean juzgadas en los tribunales de justicia. Ha habido una permanente intromisión del Ejecutivo en los procesos penales por violaciones a los derechos humanos. El sistema de justicia es utilizado para criminalizar y perseguir a lideresas y líderes populares y de movimientos de resistencia. El reciente proceso de elección de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y Cortes de Apelaciones fue el escenario en el que los llamados “poderes fácticos” se distribuyeron cuotas de poder. La nueva CSJ es garantía de impunidad para esos poderes y para los funcionarios del PP.


Finalmente, una breve consideración sobre la cuestión de la corrupción. Ésta ha llegado a niveles alarmantes durante la administración del PP. Es difícil cuantificarla, pero en el caso del presidente y la vicepresidenta algunos me-dios de comunicación han informado sobre las propiedades que han acumulado y que no corresponden a su nivel de ingresos. Ministros y funcionarios menores, han seguido su ejemplo. Han convertido los recursos del Estado en un botín.

EL OCASO DE UN DICTADOR

Por Orlando Contreras

Efraín Ríos Montt está en el umbral entre la vi-da y la muerte. No sólo por los pocos días que podrían quedarle a existencia material, sino también porque fue capaz de disponer, con su mando militar, sobre la vida de miles de guatemaltecos y guatemaltecas. Tal pareciera, que su condena finalmente no llegará y que sus propios defensores están actuando para retardar el pro-ceso penal y evitar que llegue el momento de tal sentencia, único final que sería un acto de justicia.

Efraín Ríos Montt es uno de los principales criminales de guerra. Su nombre –y sus actos criminales– se integra a la lista de dictadores como Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay, So-moza en Nicaragua, sólo para citar algunos de los peones de Estados Unidos en la implementación de su Política de Seguridad Nacional. A través de estos dictadores sanguinarios se dirigió en cada país, la estrategia dirigida, financia-da y asesorada por el imperio estadounidense, para detener los procesos revolucionarios que pretendían construir sociedades justas.

Efraín Ríos Montt es responsable de la aplicación de la política contrainsurgente en Guatemala, con especial implicación entre el 23 de marzo de 1982 al 8 de agosto de 1982, periodo en el cual se erigió como jefe de Estado.

La Masacre de Las Dos Erres, fueron ejecutadas en seguimiento a planes militares genocidas. Un ejemplo de tales planes es el Plan Sofía, que describe la estrategia de masacres en una región del país, en el territorio ixil del departamento El Quiché. Estos planes y la ejecución de las masacres son parte de las evidencias que prueban la culpabilidad de Ríos Montt. Es claro que desde su mando militar y gubernamental, emitió órdenes para que la inteligencia estatal capturara, interrogara, torturara y asesinara a todo aquel que fuera sospechoso de participar y colaborar con las fuerzas revolucionarias y para que las fuerzas militares ejecutaran masacres. Esto es parte de lo que fundamenta la acusación de genocidio en contra del dictador.

Sin embargo, como signo de este Estado interesado en proteger a quienes garantizaron la salvación y continuidad del régimen económico, social y político, el sistema de in-justicia sigue operando para garantizar impunidad a quienes fielmente sirvieron a la burguesía local y al imperio estadounidense, aun cuando este último aparenta dar muestra de estar a favor de este tipo de juicios.

En el ocaso del dictador, Efraín Ríos Montt, las miles de víctimas siguen siendo objeto de burla y se les sigue negando justicia. El dictador, en su afán de morir sin llegar a verse en las cárceles como cualquier criminal, implementa una estrategia dilatoria del proceso judicial y una puesta en escena en la cual pretende conmover con su ancianidad, con su supuesta falta de salud y ubicarse como supuesta víctima a quien se le violan sus Derechos Humanos, esos Derechos que él ha negado siempre y que violó sin que le temblara la mano de victimario.

Es en este contexto que el nudo en nuestras gargantas, el dolor en nuestros corazones y la necesidad de justicia se reactivan al recordar a nuestras hermanas y hermanos torturados, violados, desaparecidos, asesinados. Eso es lo que nos sigue impulsando para continuar la lucha por lograr, finalmente, justicia; para alcanzar, finalmente, transformar de raíz este nuestro país. Mientras, nos conforta saber que el dictador hoy está sometido a proceso judicial.

Sólo con justicia será posible que la historia de terror implementada por el Estado, por la burguesía y por el imperio estadounidense no se re-pita nunca más. Por eso debemos seguir luchando. Ese es nuestro deber y ese será nuestro legado.

Sugerencia de documental sobre el genocidio las pruebas contra Efraín Ríos Montt:


https://www.youtube.com/watch?v=PT2tYCvIgUI 

A PROPÓSITO DEL ATENTADO EN PARIS

Sobre el supuesto “choque de civilizaciones”

Por Rosa Xiloj

El capitalismo global, con Estados Unidos a la cabeza, cada vez se torna más rapaz. En su plan de dominación del mundo, más aún ahora luego de la caída del campo socialista europeo, sintiéndose dominador de la escena, la emprende con una fuerza arrolladora. En su desarrollo voraz, destruyendo todo el planeta, necesita más y más recursos. Entre ellos: energía. Y para ello apela al petróleo. Eso es vital, es su savia, su corazón.

De hecho, el petróleo constituye uno de los más grandes negocios a escala mundial. Concretamente: el segundo, detrás de la producción de armas. Quienes manejan el petróleo (unas pocas grandes mega-empresas globales, estadounidenses y británicas en lo fundamental), manejan y deciden buena parte de lo que sucede a toda la Humanidad. Son ellas las que fijan su precio, lo cual tiene incidencia en el precio de todos los otros productos que consumimos; son ellas las que deciden buena parte de las guerras. Son ellas, en definitiva, las que trazan las políticas de impacto mundial a mediano y largo plazo.

Estas empresas (Chevron, Exxon Mobil, Shell, British Petroleum, etc.) tienen facturaciones que superan los 200, 300 y 400 mil millones de dólares por año (varias veces el Producto Inter-no Bruto de Guatemala). Con ese volumen de dinero en sus arcas, es fácil darse cuenta el poder político con que cuentan. En otros términos: están por arriba de cualquier presidente de mucho más en el caso de aquellos pequeños y dependientes como el nuestro.

En su voracidad, estas megaempresas, protegidas por los gobiernos de los países donde tienen sus casas matrices, ven el petróleo que hay en cualquier parte del mundo como de “su propiedad”. Si está en el subsuelo de territorios soberanos, pues se las ingenian para que se pierdan esas soberanías. De ahí las interminables guerras que vemos sucederse en cualquier punto del globo, en muy buena medida provocadas por la búsqueda del oro negro, motor fundamental del capitalismo.
Hoy por hoy, muchas de esas enormes reservas petroleras se encuentran en la región del Me-dio Oriente. Si bien jurídicamente allí hay países soberanos, para la rapacidad de estas enormes empresas eso no es un problema. Si necesitan atacarlos pasando sobre su soberanía y convertirlos en una suerte de nuevas “colonias” para robar ese bien tan preciado, lo hacen. ¡Así de sencillo!

Pero en un mundo donde, mal o bien, existen regulaciones, donde la civilización ha logrado ponerle algún mínimo freno a la “ley del más fuerte” (para eso se supondría que está la ONU, por ejemplo), invadir un país para robar-le sus recursos necesita de ciertas circunstancias. Por ejemplo: preparar las condiciones políticas mínimas que avalen esas intervenciones. Es así que toda la historia mediática global, con su monumental manipulación y “lavado de cabeza”, hace tiempo que viene in-ventando esas condiciones. Es así que nace la presente “islamofobia” que vivimos.

¿Qué es eso? Es la construcción artificial, por me-dio de un bombardeo constante de los medios masivos de comunicación, de mensajes que dividen la Humanidad en dos: los “buenos” (dado por los occidentales, representantes de la razón, la democracia y la libertad…, donde están estas grandes empresas pe-troleras), y los “malos” (los musulmanes, seguidores del Islam, supuestos fanáticos religiosos, bárbaros y atrasados), en el subsuelo de cuyos países -¡vaya casualidad!- se encuentran las grandes reservas de oro negro.

Desde hace años, terminada la Guerra Fría don-de cayó el bloque soviético, la prensa comercial del sistema capitalista viene preparando las condiciones para generar en Occidente un clima anti musulmán. De alguna manera, han transformado el islamismo en el “malo de la película”, una presunta “amenaza” para la tranquilidad de nuestros países no musulmanes.

En realidad, no se trata para nada de una guerra religiosa, de un “choque de civilizaciones”, como llegó a decir un catedrático estadounidense (Samuel Huntington), explicando supuestamente la situación. Se trata de una descarada manipulación que apela a sentimentalismos baratos, donde se erigió la figura del musulmán como un “terrorista” que acecha, sanguinario, siempre listo para atacarnos. Eso ya hace décadas que se viene preparando. Y la peliculesca caída de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono el 11 de septiembre de 2001, atribuido a “terroristas musulmanes”, terminaron de cerrar el círculo. Posterior a ese hecho, expertos en demoliciones pusieron en dudas esa caída. Todo indica que fue, básicamente, un espectáculo preparado, un “efecto especial” bien lo-grado.
La idea es sencilla: “antes que estos bárbaros sanguinarios nos ataquen, los atacamos nosotros”. Nace así, desde Washington, la teoría de las guerras preventivas. Es decir: se ataca “preventivamente” un país (Afganistán, Irak, y los que vendrán) para que esos “bárbaros asesinos” no ataquen y rompan la paz de los países democráticos. Tanto se ha venido insistiendo con eso que ya se creó una fabulosa matriz de opinión universal, muy difícil de desmontar el día de hoy.

¡Pero tenemos que desmontarla! Nosotros, los comunistas, debemos denunciar muy enfática-mente la mentira en juego. La “islamofobia” que se ha puesto a circular es una estrategia justificatoria de las guerras preventivas que el capitalismo global, encabezado por el imperialismo estadounidense, emprende contra los países repletos de reservas petrolíferas y gasíferas. No hay “choque de civilizaciones”: hay robo descarado de recursos que están en muy buena medida en el subsuelo de países de tradición musulmana, recursos vitales para el sistema capitalista y para las empresas que lucran con ellos.

La aparición de Al Qaeda y el temible Osama Bin Laden en su momento, enemigo público de Occidente; el hollywoodense ataque del 11 de septiembre en Estados Unidos luego; la reciente aparición del Estado Islámico como nueva plaga bíblica que amenaza con matar y aterrorizar al mundo, son todas maquinaciones que preparan condiciones políticas y culturales para las rapa-ces invasiones que estamos viendo, en nombre de salvaguardar la libertad y la democracia, castigando a esos “temibles” musulmanes.

Lo sucedido en Francia a manos de un presunto comando fundamentalista musulmán (el asesinato de caricaturistas que habrían “osado” burlarse del profeta Mahoma) se inscribe en esa política. La reacción (sin duda des-medida) en favor de la “libertad de expresión” de Occidente, la rápida movilización de jefes de Estado en contra de esa “barbarie”, la condena contra ese “brutal hecho”, llaman la atención. Se repudia de un modo monumental ese atentado, pero no se habla una palabra de los masacrados continuamente por las potencias occidentales en estas guerras preventivas (en Irak ya va 1 millón y medio de iraquíes muertos desde la invasión estadounidense), ni de los abusos monstruosos de Israel (base militar de Washington en Medio Oriente) contra Palestina, o de las abominaciones en las cárceles de Abu Ghraib y Guantánamo. Silencio por demás llamativo, silencio cómplice.

La muerte de los periodistas y policías franceses es condenable. Pero no debemos quedarnos con ese discurso anti-musulmán definitivamente superficial y criminalizador. Debemos ver más allá de las apariencias y denunciar las mentiras en juego.

El capitalismo está dispuesto a hacer cualquier cosa para mantener sus privilegios. Si tiene que seguir masacrando seres humanos para no bajar su “tasa de ganancia”, lo hará. Si tiene que llegar a una Tercera Guerra Mundial como salida a su crisis como efectivamente podría estarse gestan-do (guerra termonuclear, por cierto, con peligro de extinción de la Humanidad), lo hará. Y todo esto, aunque estamos geográficamente lejos, nos toca también a nosotros en Guatemala.


¡No permitamos estas infames manipulaciones! Denunciemos con vehemencia todo esto. Mostremos la verdad tras esta islamofobia construida: ahí está el interés de las corporaciones petroleras multinacionales. ¡Basta de mentiras!