viernes, 26 de agosto de 2016

BUSCANDO LA UTOPÍA DE UN MUNDO MEJOR

Julio Alberto Figueroa Gonzáles



¿Qué sería de los seres humanos si no pensaran en un mundo mejor? Seguramente no habría gente interesada en absolutamente nada, cosa que no podemos imaginar, porque todos tenemos necesidades mínimas que debemos cubrir, como la comida del día, el vestido, un techo mínimo. Y ya eso te pone a pensar qué hacer en el minuto que sigue.

Los seres humanos tenemos necesidad de interrelacionarnos, por lo tanto buscaremos la manera en que estas relaciones sean fraternas, constructivas, placenteras, armoniosas, estables. En todo esto estamos hablando de bienestar.

La pregunta es: ¿cómo se puede obtener ese bienestar? Seguramente vamos a encontrar muchas respuestas, y la mayoría estarán relacionadas con la posesión de bienes y servicios de calidad, con la disponibilidad de tiempo para la cultura, el deporte, la recreación y el esparcimiento. Pero la forma de obtenerlo marca la diferencia.

En el sistema capitalista las personas buscan de forma individual obtener el bienestar, por lo tanto no importa si para ello se debe limitar a otros en su propia búsqueda. La competencia entre individuos hace que cada uno busque tener más y mejores bienes y servicios que otros, lo cual genera pobreza, exclusión y una alta concentración de riqueza en pocas manos, fomentando así una división de clases sociales.

Como ya lo expresaban Marx y Engels: el origen de la división de la sociedad en clases no es creación del capitalismo, porque ésta surge con la desaparición del comunismo primitivo.

El planteamiento marxista leninista nos orientaba a que primero debíamos pasar por la etapa de la toma del poder e implantar la dictadura del proletariado para lograr los cambios estructurales del Estado y cambios conductuales de la sociedad, para poder construir el comunismo. Lamentablemente se nos cayó el primer intento, pero no nos hemos dado por vencidos.

En Guatemala hicimos la lucha revolucionaria para la toma del poder y hacer el cambio de estructuras, pero ninguna de las cuatro organizaciones revolucionarios nos preocupamos en verdad por mostrar a nuestras militancias, y menos al pueblo, cuál era la diferencia del futuro que ofrecíamos. Por lo tanto, esa imagen quedó en la construcción individual, al punto que seguimos pensando en hacer reformas al sistema para hacerlo más humano, sabiendo que eso no es posible, porque el capitalismo no dejará de ser agresivo, explotador, excluyente, concentrador y generador de pobreza.

El reto más grande para los comunistas de hoy está en construir, dentro de un mundo capitalista, una opción colectiva que demuestre que sí es posible vivir en comunidad de manera plena y satisfactoria, alejándonos de las prácticas mercantilistas, en donde el propósito no sea la generación de riqueza, sino la satisfacción de necesidades.

Invitamos a buscar alternativas colectivas para que, sin la participación directa del Estado oligárquico, podamos satisfacer las necesidades de nuestra militancia y colaboradores en cuanto a salud, educación, alimentación, vestido y techo de manera digna.

“Arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan, viviremos todos unidos”.

¡Viva la clase trabajadora!


En Camino Socialista No 16, julio 2016, Época 1. 

miércoles, 24 de agosto de 2016

LA VORACIDAD CAPITALISTA NIEGA LA VIDA

Ramona López Bal


La voracidad de los capitalistas criollos y extranjeros destruye inmisericordemente nuestra eterna primavera. Por caña de azúcar, palma aceitera, banano y ganado vacuno se consumen los bosques y, de pasada, expulsan a la población campesina que se encuentra a su paso. También en la fabricación de papel se hartan los bosques.

Por energía eléctrica frenan el caudal de ríos e inundan tierras productivas y habitadas por población rural, violando el derecho humano al agua. Por elevar la producción de sus cultivos desvían ríos, disminuyen y secan su caudal, dejando sin fuentes de agua a la población comunitaria que vive en las riveras.

Por elevar su producción fabril y la limpieza de sus vehículos e instalaciones perforan pozos sin medida ni control, disminuyendo peligrosamente el manto freático como fuente de agua dulce. Para mantener en funcionamiento sus maquinarias consumen desmedidamente combustibles fósiles y al quemarlos contaminan asfixiantemente el aire que respiramos.

Para extraer minerales y metales de las entrañas de la tierra aniquilan selvas y bosques y bombardean, perforan y destruyen cerros y montañas, para después procesarlos con sustancias químicas que envenenan la tierra y las aguas de sus alrededores. Sus fábricas industriales y empresas de servicios expulsan contaminantes venenosos que circulan en ríos y riachuelos que van a parar al mar, lagos y lagunas matando la vida y envenenando mortíferamente a los humanos.

Los capitalistas criollos y extranjeros también destruyen nuestras selvas y bosques en la búsqueda de maderas, para el negocio de muebles, diseño arquitectónico y la construcción de viviendas. Con la explotación petrolera despojan del territorio a sus pobladores dueños y contaminan con residuos aceitosos a importantes extensiones de terrenos, ríos y lagunas.

Los capitalistas se apropian privadamente del agua natural, la envasan y la venden sin haber invertido mucho capital; este negocio les sale prácticamente regalado, pero altamente ganancioso.

¿Y qué con los capitalistas “constructores” de carreteras? Éstos también despojan sin ningún costo y por el derecho de vía a pobladores, contaminan con desechos sólidos y derivados del petróleo y llenan de cemento y asfalto inmensas extensiones de tierras que ya no filtran el agua de lluvia y contribuyen a la formación de correntadas que arrasan y erosionan los suelos. La “jungla” de asfalto, cemento y concreto de las ciudades con visión capitalista contribuye al calentamiento global.

La explotación capitalista de la naturaleza repercute negativamente sobre el desarrollo de los pueblos y de la humanidad. Mantiene los niveles de explotación humana del trabajo, crea más pobreza y mata por contaminación y enfermedad, ahonda la diferencia entre ricos y pobres. Mientras la pobreza aquí en Guatemala llegó al 60% de las familias el año pasado (2015), la riqueza de los dueños de los 15 conglomerados capitalistas más grandes (industriales, agrícolas, maquileros, mineros, banqueros y energéticos) aumentó en 1,000 por mil. La locura capitalista de apropiación de los bienes naturales enriquece enormemente a los grandes empresarios, mientras explota más a las trabajadoras y los trabajadores y empobrece famélicamente a la población indígena y ladina ya empobrecida y excluida por el sistema lucrativo cruel y despiadado.


No es la población rural, ni las clases sociales trabajadoras, ni todas las capas medias consumidoras las responsables de la problemática ecológica del país. Son las clases dominantes burguesas y oligárquicas las responsables de la destrucción ecológica y de la destrucción de la humanidad. Nos toca expropiar sus medios de producción para detener su criminalidad ambiental. 

En Camino Socialista No. 16, julio 2016, Época 1.

martes, 23 de agosto de 2016

JIMMY MORALES. UN GOBIERNO QUE NO NOS SIRVE

Por Catalino Ixcú


Los vientos de cambio que nos trajeron los plantones en las plazas del 2015 parece que se quedaron en poco. Luego de seis meses del gobierno de Jimmy Morales está claro que es un gobierno que No nos sirve. Sin plan, pero con apoyo de viejos militares, el CACIF y los Estados Unidos, improvisa el papel de Presidente Constitucional con un comediante que  pretende dirigir el país.

La prensa misma, su aliada en las pasadas elecciones, hoy lapida la función gubernamental señalando la serie de errores cometidos por el gobernante en sus primeros seis meses al frente de la administración.

En este período, lo que sobresale es la precaria situación de salud y educación en el país. ¿Pero dónde comenzó todo? El día de toma de posesión, como estaba previsto, el nuevo “presidente” Jimmy Morales, en su discurso el 14 de enero, dibujó lo que podría ser el gobierno que ya estamos sufriendo y viendo los guatemaltecos en vivo y a todo color.

El comediante disfrazado de presidente constitucional y revestido como el “nuevo político  puro y santo” se dirigió al público asistente al acto en el Teatro Nacional, pero especialmente a los medios de comunicación, quienes difundieron su discurso y argumento teatral aprendido al pie de la letra.

Habló de combatir el hambre, comprometiéndose a reducir la desnutrición en un 10 por ciento, meta que ni gobiernos en su tiempo, con mayores ventajas, como el de la UNE o del Patriota, pudieron lograr. Prometió hacer crecer la economía en un 6 por ciento, cuando ni en el período del PAN luego de la Firma de la Paz se alcanzó dicha meta.

El actor, representando ahora al presidente, no mencionó lo que causa el hambre y la pobreza, no habló de la concentración de la tierra, las desigualdades, la falta de justicia, la exclusión y el modelo productivo y extractivo que provoca estos males. Así como no mencionó quién se beneficia de lo anterior.

En aquella oportunidad llamó a la unidad, y no faltó la prensa lambiscona que lo resaltara, la misma que luego de seis meses lo crítica. Pero ¿cómo no hacerlo ante la debilidad con la que asumía su gobierno, que debe resolver el problema hospitalario con “donaciones”,  limosna privada que sabemos se paga bien caro, en lugar de impulsar una verdadera reforma fiscal para que los ricos dejen de evadir y paguen más impuestos?

Ya en la mitad de este año es larga la lista de equivocaciones cometidas por el mandatario, que se inicia con el nombramiento de Sherry Ordoñez Castro como Ministra de Comunicación, Infraestructura y Vivienda, quien fuera denunciada por ser contratista del Estado y por lo cual tuvo que dar marcha atrás, acción recurrente en todo este tiempo.

Igualmente se critica la transferencia financiera al ejército para que este cumpla funciones incoherentes para su carácter, como la construcción de caminos. Es clara la intención de lavar la cara de las fuerzas armadas, asignándoles la fabricación de pupitres y sillas de ruedas al tiempo que desfila ridículamente el día de su bochornosa fundación. Nunca debemos dejar de señalar enfáticamente que en sus declaraciones, el presidente olvidó la responsabilidad histórica de los militares en las masacres, desapariciones, muertes extrajudiciales, la corrupción y el narcotráfico.

Sin equipo de gobierno y con la debilidad clara de una marioneta al servicio de los poderes económicos y la embajada de los Estados Unidos, Morales tuvo que echar mano de una serie de políticos reciclados, corruptos y enjuiciados, que fueron elegidos como diputados en la nueva legislatura, con el objetivo de conformar una bancada que tramitara sus propuestas de ley. Un intento absolutamente fallido.

Los señalamientos y demandas en estos seis meses al fallido gobierno no se han hecho esperar: los trabajadores de salud, educación, el movimiento campesino y los pueblos indígenas han reiniciado sus movilizaciones para que se mejoren los presupuestos de dichos ministerios y políticas públicas hacia los sectores empobrecidos y marginados del país. Ante esto el gobierno ha respondido con acciones que buscan limitar el derecho a la movilización y anular los pactos colectivos de condiciones de trabajo, queriendo con ello responsabilizar de la actual crisis a las conquistas y acciones de la clase trabajadora.

Lo que esconde y no dice el gobierno es que la falta de recursos se debe a la crisis fiscal, de la cual es responsable el gobierno y el poder económico que corrompe el sistema evadiendo el pago de impuestos, saquea al Estado, mantiene sus privilegios y prebendas, todo lo cual les garantiza continuar su enriquecimiento, mientras la mayoría de la población se encuentra sumida en la miseria.

Con el encarcelamiento de empresarios y políticos corruptos salió a luz pública la alianza perversa, donde el empresario es el corruptor y político el corrompido, convirtiéndose ambos en corruptores como parte del ciclo vicioso que esto genera. También son investigados y apresados empresarios por no pagar millonarias sumas de dinero al fisco, cantidades que lloran sangre al no llegar a la atención hospitalaria, la educación y otros servicios que el Estado está obligado a cumplir para garantizar los derechos del guatemalteco y guatemalteca. El corolario al final de esto es que empresarios y empresas  pagan las multas y quedan libres sin ningún problema, garantizándose impunidad no solamente legal sino también en los medios de comunicación masiva.


En fin: el gobierno camina sin rumbo, mientras se acentúan problemas que exigen verdaderos y profundos cambios estructurales y no medidas dilatorias, paliativas o de beneficencia. Dichos cambios solo pueden provenir de la lucha unitaria y organizada de los trabajadores, los pueblos indígenas y los movimientos sociales, al grito de NO MÁS CORRUPTOS NI LADRONES, NO MÁS IMPUNIDAD. EXIGIMOS JUSTICIA Y UNA PAÍS PARA TODOS. 

En Camino Socialista No 16, Epoca 1, julio 2016.

domingo, 21 de agosto de 2016

LAS "ROSCAS" DEL PODER EN GUATEMALA

Por Rosa Tipax

Si uno pregunta: ¿quién tiene el poder en Guatemala?, la respuesta no es fácil. Al contrario: está bastante complicada, porque el panorama político es sumamente complejo.

Lo que sí está claro, y para nada podemos confundirnos en esto, es que la gran masa de pobres no lo tiene. El campesinado, la clase trabajadora de las ciudades, los estudiantes, los vendedores informales, las mujeres, los pueblos indígenas, ninguno de nosotros tenemos  realmente poder. Si nos hacen creer que, como pueblo soberano, nosotras y nosotros decidimos la marcha del país con nuestro voto cada cuatro años, eso es una completa falsedad.

Podemos ir a las urnas cada cierto tiempo, pero con eso no cambia nada, absolutamente nada. No cambian las cosas que de verdad nos importan como pueblo trabajador: el acceso a la tierra, la capacidad de compra de nuestros salarios, la garantía de nuestros derechos a través de los servicios básicos, nuestra calidad de vida en términos amplios. No cambian ni pueden cambiar porque toda esta farsa de la democracia no es más que eso: farsa, distractor, engaño con el cual nos quieren hacer creer que nosotras/os decidimos algo, cuando en realidad no decidimos nada.

Entonces, si no es el pueblo el que manda, ¿quién lo hace? La respuesta inmediata es: la clase dirigente. Ahora bien: ¿quién es y cómo está compuesta esa clase en nuestro país? ¿Se define todo en lo interno de la nación, o cuentan también las potencias extranjeras? Veamos esto en detalle.

Guatemala, desde la época de la Colonia, ha sido y sigue siendo un país que depende de una nación dominante de afuera. En su momento, del reino español. Desde la llamada independencia, de la gran potencia norteamericana: Estados Unidos. En términos estrictos, ya que fuimos y seguimos siendo dependientes, en principio podríamos decir que aquí manda un gobierno externo. Hoy es groseramente evidente: las decisiones políticas de fondo pasan por la embajada de Washington en el país. Ese es, sin dudas, el principal actor tomador de decisiones.

Dentro del país, y como otro grupo igualmente muy importante, tenemos la oligarquía tradicional, los ricos de siempre, aquellos que en muchos casos vienen de la época colonial, aquellos que se beneficiaron del despojo de la tierra y la riqueza agraria (añil en su momento, luego café, caña de azúcar, hoy palma africana). Y también otros poderosos grupos económicos que surgieron de actividades urbanas entre fines del siglo XIX y comienzos del XX (industrias varias, servicios, actividad bancaria). Todos ellos están representados en el CACIF (Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras), la central patronal que dirige buena parte de la economía del país, y por tanto de su política.

Y existe otro grupo, muy poderoso por cierto, pero que no controla las palancas últimas de la economía: son los sectores militares (activos o en retiro) y todos los tenebrosos contactos y tentáculos que posee. Estos grupos, a veces conocidos como “poderes paralelos y ocultos”, han manejado el Estado desde la época de la guerra contrainsurgente y, para ser más precisos, desde 1954. De ese modo, se fueron enquistando en distintas dependencias estatales, controlando hoy día una buena parte de toda esa estructura, con injerencia en los tres poderes de Estado: ejecutivo, legislativo y judicial. Manejan negocios “sucios”, ilegales, tales como el narcotráfico, el crimen organizado, contrabando, tráfico de personas y de armas, contratos leoninos con el Estado. Sus bandas están bien identificadas, y tienen nombres inconfundibles: El Sindicato, La Cofradía, La Oficinita, la Red Moreno, y más recientemente La Línea. Son mafias, se mueven con criterios mafiosos, asesinan, tienen un interés exclusivamente lucrativo. El acceso a armas e inteligencia del Estado que tuvieron por largo tiempo, y su cuna militar, hacen de estos sectores peligrosos actores con las manos manchadas de sangre.

La embajada gringa o el CACIF no son mucho mejores, porque también asesinan, tienen procederes mafiosos y muestran un interés exclusivamente lucrativo. ¿Cuál es la diferencia? Que estos últimos son poderes legales. Las mafias, no. Fuera de eso, son totalmente iguales.

Para el campo popular, para quienes vivimos de nuestro trabajo, todos los poderosos que manejan el dinero son igualmente peligrosos: ¡son el enemigo de clase! Un finquero terrateniente, un empresario industrial, un banquero, un narcotraficante o un acaparador de bienes inmuebles, cualquiera de ellos es el que se queda con la riqueza que nosotros producimos con nuestro trabajo. En términos estructurales, cualquiera de ellos tratará de explotarnos. El “refinado” banquero, con mucho dinero y perfume francés que tal vez estudió fuera del país, no es distinto del contrabandista o el asalta furgones: todos disfrutan la posición económica privilegiada que tienen a partir de nuestro trabajo (¡de la explotación de nuestro trabajo!).

Hoy día asistimos en el país a una curiosa recomposición de poderes. Las mafias enquistadas en el Estado, ligadas siempre a negocios “sucios” y a mandos militares, van siendo desplazadas/arrinconadas por una supuesta nueva perspectiva del poder judicial, donde juegan un importante papel la CICIG y el Ministerio Público. Pero ¡cuidado! ¡¡Ahí hay gato encerrado!! ¿Podemos creernos que un país como Guatemala, marcado históricamente por la más rampante impunidad y corrupción, ahora sea un ejemplo para el mundo en transparencia y honradez? ¿Quién impulsa esta “cruzada” moralizadora?

Ahí es donde podemos ver el juego real de poderes, y quién manda efectivamente. Los poderes ocultos –que no han desaparecido, por supuesto– están siendo embestidos. Pero hasta peces gordos del empresariado -como el caso de Aceros de Guatemala, Energuate o el Banco G&T Continental- están siendo tocados en esta lucha anticorrupción. ¿Quién maneja todo eso?

El crimen organizado, como en cualquier país del mundo, es eso: crimen. Tienen una importante cuota de poder, en muchos casos hecha a plomazos (vínculos con los militares, no olvidar); pero llegan hasta ahí. La oligarquía –las grandes familias dueñas históricamente de todo– sigue mandando, pero hasta cuando no pagan impuestos pueden ser tocadas, como fue el caso de Aceros de Guatemala. Eso demuestra que la estrategia de Estados Unidos no da un milímetro de espacio por fuera de su plan. Y todo indica que quieren una Guatemala y una Centroamérica “gobernable”, con un Estado no manejado por delincuentes, que impida la salida en chorro de migrantes, y que les permita tener un patio trasero tranquilo. Esto demuestra que es Estados Unidos el que constituye el principal poder hoy en Guatemala.

Ante eso, para el campo popular, para nosotros los comunistas, ¿quién es el enemigo? Cualquier forma de explotación, llámese imperialismo gringo, capitalismo agrario o industrial, capital transnacional o mafia del crimen organizado. Es el sistema capitalista en su conjunto, que permite cualquiera de estas formas económicas, sociales y políticas aberrantes.

martes, 16 de agosto de 2016

¿CUÁL ES LA TAREA DE LOS COMUNISTAS EN ESTE MOMENTO?

Editorial

Camino Socialista No. 16, julio 2016, Época 1.

Las décadas pasadas significaron grandes retrocesos en el campo popular, en nuestras luchas, en nuestra organización como fuerza revolucionaria. Los golpes que recibimos aún hoy se hacen sentir.

Es innegable que en estos últimos años la clase trabajadora y el movimiento revolucionario hemos sufrido fuertes ataques. Negarlo sería no ver la realidad, no entender nada de lo que está pasando. Sin dudas quedamos bastante diezmados. Esa es la situación actual, nos guste o no. Pero, en todo caso, perdimos una batalla, más no la guerra. La guerra continúa, pues mientras existan injusticias en el mundo, habrá reacción. Y esa reacción, esa respuesta ante cualquier clase de atropello, de explotación y opresión, eso es lo que impulsamos los comunistas. ¿Para qué la revolución en definitiva? Para construir un mundo de igualdad superando las actuales injusticias.

Ahora bien: seamos francos con nosotros mismos y permitámonos una autocrítica constructiva. Para impulsar la lucha con carácter verdaderamente revolucionario necesitamos clarificar nuestro proyecto partidario, como punto de partida elemental, básico. Sin propuesta organizada y sistemática, sin esa herramienta fundamental, es absolutamente improcedente pensar en tener incidencia. Por lo tanto, tenemos una gran tarea inmediata: definir el plan de acción (léase: programa del partido).

Pero junto a eso, y quizá tanto o más importante, tenemos otra gran tarea: CRECER COMO FUERZA POLÍTICA.

Esto implica crecer en número de militantes. Implica, asimismo, que nos desarrollemos como militancia consciente y organizada. Sin ambos aspectos no podemos pensar seriamente en cambiar nada. Nuestra tarea inmediata, nuestra estrategia urgente en el corto plazo es incorporar todos los militantes que sea posible.

Por supuesto, incorporar militantes no significa afiliar gente como si fuéramos un partido de derecha, o “cazar” adeptos, o ganar clientes. Ampliar la base militante es trabajar seria y profundamente en la incorporación de compañeras y compañeros convencidos de la necesidad de una transformación social, con ética y con compromiso. En otros términos: es ampliar nuestra base todo lo que se pueda, racionalmente, para tener todos los cuadros políticos que sea posible, con sólida formación teórica y con ética revolucionaria inquebrantable.

¡Esa es la tarea actual, camaradas!

Por tanto: ¡manos a la obra!

Hagamos crecer  fuertemente el partido:

¡Incorporemos compañeras y compañeros a la lucha revolucionaria!

¡Aportemos con todo nuestro esfuerzo y todos los recursos posibles!


domingo, 31 de julio de 2016

Revolución bis

Slawomir Mrozek


Nowosadecki, Majer y yo fuimos a uno de nuestros restaurantes de siempre.

—Mira, han cambiado de nombre — observó Majer.

Ciertamente, en vez de llamarse Del Ejecutivo Central, se llamaba ahora Arco iris Hawaiano.

—Es por la reprivatización —explicó Nowosadecki—.

El negocio ya no es propiedad del Estado, sino de un particular.

Entramos y nos sentamos en la mesa.

—¿Qué desean los señores? —preguntó un camarero, que no nos reconoció, como nosotros tampoco a él.

Además del nombre, habían cambiado de personal.

—Lo de siempre, medio litro por cabeza, lo que hace un total de litro y medio.

—Naturalmente, medio litro. Pero ¿de qué?

—Si está bromeando, yo ya me he reído lo mío

—contestó Majer—, así que ahora póngase a servir.

—Tenemos Chivas Regal, Johnny Walker, Black Label, Bushmills, Cutty Sark, Ballantines, Grouse, Bordeaux, Bourgogne, Beaujolais, Champagne...

—¿No hay vodka puro?

—le interrumpió Majer, que no conocía lenguas extranjeras.

—Desde luego: Smirnoff Vodka, Don Kozaken Vodka, Crystal Vodka, Colossal Vodka y Capital Vodka.

—¿Y vodka normal no hay?

—Normal del todo, desgraciadamente, no.

—¿Qué tal Don Kozaken?

—propuso Nowosadecki. Al menos resulta familiar. Pero resultó que Don Kozaken superaba también nuestras posibilidades económicas, así que abandonamos el Arco iris Hawaiano.

—Siento el yugo del capitalismo oprimiéndome

—dijo Majer una vez en la calle.

—Yo también —estuvo de acuerdo Nowosadecki—. Tenemos que levantar el socialismo de nuevo. Nos pusimos manos a la obra. Nowosadecki se agenció la maquinaria; Majer, la materia prima, y yo encontré el local, es decir, el sótano. Y es que destilar aguardiente casero se penaliza con severos castigos, así que, como buenos revolucionarios, tenemos que trabajar en el subsuelo.


lunes, 25 de julio de 2016

ARTE Y CULTURA EN LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA DE CLASE

Por Julio Figueroa


Pareciera que estamos retornando a escritos viejos, a otro mundo, a un contexto que no es atingente con la coyuntura actual de lucha contra la corrupción, redes de defraudación, agradecimientos a los Estados Unidos de Norte América por su intervención para sanear nuestro sistema jurídico-político, manifestaciones de la plazocracia o Sabadocracia, la desnutrición en el país, las casas del Cambray, etc.

Me parece que con justa razón se escucha en los pasillos de los centros de reunión de la izquierda guatemalteca el susurro de la cultura que no quiere morir, porque ella es parte intrínseca de los procesos de la lucha social, política y revolucionaria.

La propuesta de cambio social, político y económico que conlleva la lucha por la transformación de los pueblos, no puede ir divorciada de la producción de cultura que recrea en las artes, la filosofía, las letras, las relaciones humanas, todos los contenidos de la nueva vida que se propone desde las calles, desde las organizaciones.

La producción cultural de un movimiento le sirve para animar, identificar, educar, construir al hombre y mujer del nuevo orden.
La clase dominante se hace acompañar de su producción cultural, la cual se ofrece por los medios de comunicación masiva, por las redes virtuales de comunicación, por medio de la escuela, la religión, las instituciones del Estado, la familia, formando una conciencia que vibra entre el consumo, la competencia, el individualismo, los vicios, la violencia, el miedo, el terror, la ignorancia, la dependencia, el subjetivismo, el surrealismo mágico, la estética a cambio de la esencia, etc. En tanto que las capas medias y la clase trabajadora empobrecida, busca superarse teniendo como modelo lo que el sistema le ofrece: la cultura dominante.

Si nuestra apuesta va por el cambio del sistema, entonces debemos tener una estrategia cultural que acompañe todo el proceso, lo que equivale a decir que debemos ganarle a la clase dominante en el terreno de las ideas, incidiendo en la mentalidad de las masas, transformando el pensamiento, el hábito, los mitos, ritos y símbolos sistémicos.

Debemos crear en el ideario de la población que sí, efectivamente, existe un mundo mejor, el cual podemos construir, para lo que nuestro mejor vehículo es la producción cultural, para penetrar en las entrañas del pensamiento y del ser de la población y, en especial, en la juventud, la niñez y la adolescencia.

En cada organización social amplia debe haber una expresión artística; todas las organizaciones artísticas de las organizaciones deben intercambiar y contribuir al desarrollo del pensamiento de la lucha de clases.

El teatro, la poesía, la canción, la pintura, la danza, la literatura, etc., deben responder a la construcción de esa conciencia de clase, a fortalecer el espíritu de lucha en todas las jornadas, a unificar los esfuerzos en el terreno de la solidaridad entre las organizaciones populares.

El análisis de la realidad, el estudio permanente y la crítica y auto-crítica deben alimentar cotidianamente la construcción de la cultura de clase, de la clase trabajadora (obreros, campesinos o cualquier forma de trabajo explotado).

En los barrios, en las escuelas, en las universidades, en las organizaciones populares, hay que generar la cultura de la clase trabajadora. ¡Esa es nuestra misión como comunistas!

Si nuestra apuesta va por el cambio del sistema, entonces debemos tener una estrategia cultural que acompañe todo el proceso, lo que equivale a decir que debemos ganarle a la clase dominante en el terreno de las ideas, incidiendo en la mentalidad de las masas, transformando el pensamiento, el hábito, los mitos, ritos y símbolos sistémicos.

domingo, 24 de julio de 2016

¿QUÉ BUSCA ESTADOS UNIDOS EN LATINOAMÉRICA?

Por Alberto Pérez


Latinoamérica fue siempre considerada el “patio trasero” para el imperialismo de Estados Unidos. Desde el siglo XIX eso es así; lo fue durante el siglo XX en forma brutal y todo indica que lo podrá seguir siendo en el siglo presente. ¿Por qué?

El imperialismo yanqui, como cualquier imperio a lo largo de la historia, necesita expandirse. Su sed de acumulación y dominio va más allá de sus fronteras, por eso busca continuamente nuevos botines.

Anteriormente los imperios (cualquier sea: chino, griego, inca, romano, zulú, español) buscaban territorios; con el imperialismo del sistema capitalista lo que las potencias buscan es materias primas y mercados para colocar sus productos elaborados industrialmente. Con Estados Unidos como gran potencia, esa forma del imperialismo se llevó a un grado máximo.

Estados Unidos es hoy el gran país capitalista. Es cierto que la pujanza que tenía cuando terminó la Segunda Guerra Mundial ya no es la misma; en aquel entonces era el amo y señor de todo el mundo capitalista, marcando el ritmo en todos los aspectos: económico, militar, científico-técnico. Su moneda, el dólar, llegó a ser el patrón económico universal, desplazando al oro. La influencia de su cultura (bueno…, es una manera de decir: ¿son “cultura” la Coca-Cola, el Mc Donald’s y toda la fantasía barata de Hollywood?) se expandió por todo el planeta, imponiendo un forma determinada que quedó hondamente marcada en la población. Hoy, segunda década del siglo XXI, el mundo es distinto: la economía yanqui no está en tan absoluta expansión, el dólar encuentra otros rivales (el euro europeo, el yuan chino, el rublo ruso), y tiene serios competidores en Rusia y China. Pero lejos está de ser un imperio en decadencia. En esa dinámica, toda Latinoamérica aparece como su resguardo.

Por qué es tan agresivo hoy día Estados Unidos con nuestros países de la Patria Grande? Porque América Latina le representa su reaseguro, su reserva estratégica. Aquí consigue, como mínimo, tres cosas: 1) recursos naturales, 2) mano de obra barata y 3) mercado para sus productos.

Recursos naturales le sobran a Latinoamérica, por eso el imperio viene a buscarlos. Petróleo, agua dulce, minerales estratégicos y biodiversidad de las selvas tropicales son el botín preciado. La voracidad yanqui no tiene límites, por eso estamos en su mira.

Por otro lado, para competir a escala global con otras potencias, fundamentalmente contra la economía china, Estados Unidos ve en la mano de obra precarizada de nuestros países la posibilidad de producir a bajos costos para salir al mercado global. De ahí que necesita de Latinoamérica para invertir (maquilas, call centers, etc.), pues aquí los salarios son más bajos que en su país, no paga impuestos, no tiene controles medioambientales y puede exigir la inexistencia de sindicatos.

Por último, el imperialismo ve en Latinoamérica un gran mercado, su patio trasero “natural”, y no quiere que nadie ose entrar aquí a competir. “América para los americanos” decían ya en el siglo XIX (doctrina Monroe), lo cual puede entenderse: América para los NORTEamericanos.

Es por todo ello que la clase dominante del país del Norte nos tiene controlados, sojuzgados, maniatados. El problema básico nuestro sigue siendo el sistema capitalista, pero a ello se suma la forma que el mismo ha ido tomando, teniendo a esta potencia imperialista como la principal expresión de la rapacidad de los capitales. El imperialismo, como dijera Lenin a principios del siglo XX, es la “fase superior del capitalismo”. Por tanto, el problema a enfrentar es el sistema mismo. Pero no hay dudas que el imperialismo tiene una dinámica propia que nos agobia más aún, pues nos controla hasta la médula, y si es necesario (para sus intereses), nos ataca. Por eso estuvo atrás de todos los golpes de Estado y dictaduras militares que atravesaron Latinoamérica a lo largo del siglo XX. Y por eso, ahora que ya no apela más a las dictaduras títeres, tiene desplegadas más de 70 bases militares con alta tecnología bélica en todo nuestro continente controlándonos, preparando las condiciones para tener gobiernos títeres dóciles a su proyecto hegemónico.

Como comunistas tenemos que tener claro que nuestro enemigo es el capitalismo en tanto sistema. Pero al mismo tiempo, no debemos pasar por alto que en nuestros países el principal exponente de ese sistema de explotación es el imperialismo, representado por sus embajadas, que siguen siendo un principalísimo factor de poder en la política nacional. El enemigo no es el pueblo trabajador estadounidense sino la avidez de sus grandes empresas, representadas por su gobierno.

En: Camino Socialista No. 15, Época 1, Año 2.

viernes, 22 de julio de 2016

CUIDADO CON LO DE LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

Por María Patzán


Desde el año 2015 estamos
en medio de una dizque frontal lucha contra la corrupción. Los medios de comunicación comerciales han llevado el tema a lo más alto, y pareciera que ahora ese es el principal problema de nuestro país. Pero ¡cuidado!: toda esta furiosa campaña puede ser más que nada un distractor.

No hay dudas que Guatemala desde su fundación, y antes aún, desde la época de la colonia, está marcada por una cultura de corrupción. Los funcionarios públicos, como no podría ser de otro modo, también.

Decimos esto para empezar a aclarar por dónde queremos ir: la corrupción es un mal, o si queremos: una práctica sociocultural, enquistada en todas y todos, también en el ciudadano de a pie y no solo en el funcionario público. Es tan corrupto el que recibe un soborno como quien lo da. Esto no hay que olvidarlo nunca, camaradas, porque si no estaríamos ante una apreciación sesgada de las cosas, y “corruptos” solamente serían las personas ligadas al gobierno. El que no paga impuestos dentro del sistema capitalista –como la burguesía que inventa mecanismos para evadir– ¡también es corrupto!

De alguna manera, lo que se quiere transmitir con toda esta furiosa campaña anti corrupción que ahora se desató, pareciera apuntar a que estamos mal “por culpa de los políticos ladrones”. Siguiendo esa lógica: son los funcionarios corruptos, los políticos que ocupan cargos en el Estado, los “malos de la película”, la causa de nuestras penurias. ¡Y ahí está el engaño justamente!

En Guatemala arrancó toda esta cruzada, lográndose encarcelar a los que fueron presidente, Otto Pérez Molina,  y vicepresidenta Roxana Baldetti. Como la “jugada” resultó exitosa, siguieron iniciativas anti corrupción similares en varios países de América Latina, curiosamente todos con gobiernos opuestos (al menos un poco) al imperialismo. Así se fabricaron campañas mediáticas –no muy distintas a las que tuvimos aquí el año pasado– en Argentina, Brasil, Bolivia, Venezuela. El objetivo fue similar en todos los casos: sacar de en medio gobiernos que se resisten y rebelan a la política imperial de Estados Unidos.

Todo esto, sin embargo, debe llevarnos a plantear críticamente, como comunistas, qué hay detrás de la “jugada”. Y el imperialismo gringo no es ajeno a esto. ¿Desde cuándo un embajador gringo está tan preocupado por la corrupción que hay en nuestro país? Ahí algo huele mal. Ahora aparecen furiosas proclamas contra la corrupción gubernamental haciendo pasar el “mal desempeño” de las administraciones como la causa de las penurias que sufrimos. Pero ¡cuidado! Ese no es el núcleo del problema. La cuestión sigue siendo, ahora como hace años atrás, desde que existe el capitalismo: la explotación de la clase capitalista, la burguesía, contra la clase trabajadora de la ciudad y el campo.

Quienes producimos la riqueza somos nosotras y nosotros, la clase trabajadora, no importa qué tipo de trabajo se realice: en el campo, en la industria de la ciudad, como empleados de servicios, maestros, intelectuales, artesanos o vendedores ambulantes. Es la clase trabajadora, y no hay más explicación, la que crea la riqueza. Pero quien se la apropia es la clase poseedora de los medios productivos: el terrateniente, el industrial, el banquero. Nuestra situación de pobreza, aquí en Guatemala como en cualquier parte del mundo, se debe a la explotación que representa el sistema capitalista. ¡¡Esa es la causa, y ninguna otra!!

Con la actual campaña anti corrupción nos quieren hacer creer que nuestra exclusión histórica, nuestra pobreza, el abandono en que nos tienen como clase trabajadora (indígena o no indígena, eso no importa; hombres o mujeres, jóvenes o viejos –y por supuesto que a los pueblos mayas les va peor–) se debe a la corrupción, a que algunos funcionarios se roban determinada cantidad de fondos públicos. ¡¡Y eso no es así, camaradas!! La corrupción, en todo caso, es una consecuencia de un sistema basado en la propiedad privada y en el lucro. “Todo ser humano tiene su precio”, dijo algún pensador. Eso es así en tanto haya propiedad privada; es decir: cualquiera se puede vender por unos cuantos quetzales. Todos somos corruptibles y sólo la ética comunista nos puede salvar de ese cáncer.

Por supuesto que la corrupción es una lacra, pero encarcelando a unos cuantos funcionarios de Estado (presidentes, ministros, diputados, algún empresario, o cualquiera de sus allegados que roban a la sombra un puesto público) no se termina la explotación del trabajador, que es la verdadera y única causa de nuestra pobreza histórica, de nuestra exclusión, de nuestro abandono.

Todo lo que estamos viendo ahora tiene mucho de espectáculo mediático bien montado. En la República Popular China a los funcionarios corruptos se les fusila. ¿Veremos algún fusilamiento aquí, donde todavía existe la pena de muerte, por casos de corrupción? ¿Se fusilará a algún empresario o militar por corrupto? ¿Se está intentando corregir realmente esta práctica, o es un distractor más para la población?

Como comunistas debemos tener muy claro que el enemigo de clase, el verdadero enemigo contra el que debemos enfilar la lucha, es la clase explotadora y dominante. Los políticos de turno, algunos de los cuales se roban los fondos públicos que existen porque pagamos impuestos, son una escoria, por supuesto: ¡pero ellos, además de aprovechados y ladrones, son solo los que administran las palancas de un Estado que sirve a la clase explotadora y dominante! Con o sin esas lacras la situación de los trabajadores no varía en lo sustancial. Por lo tanto: no avalemos la corrupción, pero vayamos mucho más allá de su crítica para cambiar algo. Si tenemos que cambiar alguna cosa: ¡es el sistema capitalista!

jueves, 21 de julio de 2016

LA LUCHA POR EL AGUA COMO LUCHA DE CLASES

Por:Víctor Gutiérrez


Entre el 11 y 22 de abril se realizó la Marcha por el agua, la Madre Tierra, el territorio y la vida. Esta fue una Marcha organizada por una de las articulaciones de organizaciones, movimientos, comunidades y autoridades con distintas extracciones sociales, identidades y luchas específicas. Nos referimos a la Asamblea Social y Popular (ASP), donde confluyen luchas  indígenas, campesinas, de trabajadores, de mujeres, comunitarias, de pobladores, jóvenes, estudiantiles, entre otras, quienes identificaron una necesidad de lucha: la defensa de los ríos, lagos, lagunas, mares, ecosistemas.

No abundaremos en la problemática del agua como tal. Esto ya lo han hecho diversos analistas e institutos de investigación, así como la misma ASP. Queremos referirnos en particular al carácter de esta lucha que ha llegado para quedarse, siendo que la problemática es histórica, estructural, además de ambiental  siendo los impactos del cambio climático.

En primer lugar afirmamos que la lucha por el agua, ha sido compartida por organizaciones, colectivos e instituciones de distinta naturaleza y procedencia, que vino a despertar la conciencia sobre la gravedad de la problemática. En ese sentido, diríamos, es una lucha que trasciende a varias clases sociales, a todos los pueblos indígenas y mestizos, en tanto la problemática del agua, en nuestra dimensión de seres humanos, de ciudadanos, nos afecta de forma vital. Sin embargo, es evidente que a quienes más afecta es a la clase trabajadora, a las comunidades rurales, indígenas y campesinas, a las comunidades y áreas marginales urbanas, quienes hemos visto como el agua se vuelve más escasa, está siendo contaminada y se ha convertido en una mercancía y objeto de robo.

Antes, durante y posterior a la Marcha, hemos constatado que nuestra lucha por el agua:

1. Ha denunciado a la burguesía que tiene inversiones en el sector agrícola y agroindustrial (café, caña de azúcar, palma de aceite, banano), industrial, minero, hidroeléctrico, turístico y comercial. Esta clase social, a través de sus empresas de capital local y transnacional, está robándose los ríos y las fuentes de agua subterránea, convirtiendo el agua, un recurso que debe ser público y de cuidado y aprovechamiento común, en un recurso privado para garantizar su producción, negocios y ganancias.  A esta burguesía no le importa si con ese despojo, robo y contaminación del agua, afecta la sobrevivencia de millones de guatemaltecos y la reproducción de la vida animal y vegetal.

2. Ha denunciado al Estado y los sucesivos gobiernos, quienes en lugar de garantizar con leyes y políticas la sanidad de las aguas y los ecosistemas, se ha dedicado a tolerar y facilitar su robo y contaminación a manos de las empresas de la burguesía y del capital local y transnacional. Es decir, se ha denunciado a un Estado y gobiernos que sirven a la burguesía, al capital local y transnacional, confirmando una de las dimensiones del Estado: su carácter como instrumento de la clase social dominante.

Es decir, la lucha por el agua, la Madre Tierra, el territorio y la vida, la están librando pueblos y comunidades indígenas y mestizas, rurales y campesinas, organizaciones de trabajadores y campesinos, pobladores urbano-marginalizados, y un conjunto de organizaciones de mujeres, estudiantiles, cuya participación en la misma incorpora sus propias identidades y luchas: contra la opresión étnica y patriarcal, contra la exclusión y marginación, contra el racismo y discriminación, que también se expresa en la problemática del agua y en la misma lucha por el agua.

Sin embargo, algo predomina en estas organizaciones: su extracción social como clase trabajadora, como campesinos, como pequeños pescadores, comerciantes, artesanos, etc. Y también predomina la claridad en el sentido que quienes se están robando y contaminando el agua es fundamental y principalmente  la clase social dominante: los terratenientes, los grandes industriales, etc.; es decir, la burguesía.

Esto hace que quienes luchan por el agua, en general, sea la clase trabajadora del campo y la ciudad (con sus distintas extracciones, formas de organización e identidades), frente a la burguesía, esa clase social dominante que a través de sus empresas locales y transnacionales está despojando y robándose el agua, convirtiéndola en propiedad privada y mercancía, para lo cual –como siempre- utiliza al Estado como su instrumento para garantizar sus intereses.

Por eso decimos que la lucha por el agua es también lucha de clases.