viernes, 17 de agosto de 2018

Sobre los gobiernos progresistas en Latinoamérica

Por José U.

Como comunistas debemos apoyar todo elemento que ayude a socavar al capitalismo. Nuestra tarea como militantes es ir sembrando las bases para la construcción del socialismo. En esa labor, entonces, el más mínimo granito de arena cuenta.

Durante la primera mitad del siglo XX las luchas obreras y campesinas fueron creciendo. Así surgieron la Revolución Rusa, la China, la Cubana, la Nicaragüense. Pero en estas últimas décadas, el sistema capitalista reaccionó sangrientamente y el campo popular fue brutalmente castigado. La represión alcanzó niveles inconcebibles. De hecho, Guatemala fue el lugar más castigado en toda Latinoamérica, con 200,000 muertos, 45,000 desaparecidos, un millón de desplazados internos, más de 600 masacres de aldeas campesinas mayas. Todo eso trajo consecuencias: miedo, desmovilización, despolitización.

Con características peculiares en cada caso, pero siguiendo un patrón común, en toda América Latina la represión funcionó de esa manera. Sobre esas monstruosas montañas de cadáveres y ríos de sangre, se erigieron luego los planes de capitalismo feroz, comúnmente conocidos como neoliberalismo.

Con esas políticas despiadadas para los trabajadores, se perdieron logros sociales y conquistas laborales históricas; eso se dio por igual en todo el mundo. La avanzada del capitalismo fue terrible. A ello contribuyó la desintegración / reversión de las primeras experiencias socialistas (caso de la Unión Soviética y de la República Popular China). Ante ese fenomenal retroceso del campo popular y de los ideales comunistas, siguió el grito triunfal del capitalismo: “La historia terminó” dijeron sus ideólogos.

Pero, por supuesto, ¡no terminó! Las luchas de clase siguen absolutamente vigentes como siempre, continúan siendo el motor de la historia. La clase dirigente, a nivel global y también en Guatemala, respiró aliviada con estos planes neoliberales, recuperando la iniciativa en la lucha política. En la izquierda nos quedamos sin propuestas claras. De ahí la necesidad imperiosa de redoblar esfuerzos en estos momentos, para recuperar el terreno perdido. Perdimos una batalla, pero no la guerra. Hoy más que nunca deben orientarnos las palabras de Pablo Neruda: “Podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera”.

Así las cosas, por varios años hablar de izquierda, de socialismo / comunismo, de revolución, de clase trabajadora y poder popular, o de imperialismo, pasó a ser casi aborrecido, un peligro, un anacronismo. Por algún momento, el panorama se vio desolador para todo el campo popular. Y en el medio de ese desconcierto, de esa desesperanza, empezaron a aparecer tímidamente algunos procesos que se permitieron desafiar al neoliberalismo.

Primeramente fue Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana en Venezuela, continuando esa obra en este momento Nicolás Maduro. Luego siguió una larga serie de gobiernos progresistas, surgidos de las urnas en todos los casos dentro de los marcos de la precaria democracia burguesa. Así aparecieron Michelle Bachelet en Chile, el Partido de los Trabajadores en Brasil, primero con Lula y luego con Dilma Roussef.

Surgieron también Evo Morales en Bolivia, los Kirchner (Néstor y Cristina) en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, Pepe Mujica en Uruguay, Fernando Lugo en Paraguay, el FMLN como partido político en El Salvador, Daniel Ortega retornando a la presidencia en Nicaragua, Manuel Zelaya en Honduras. En esa perspectiva, ahora tenemos a Andrés López Obrador en México, próximo a asumir.

¿Son legítimos procesos de cambio todos estos gobiernos? En sentido estricto: no. Nunca una revolución, una auténtica transformación estructural, puede hacerse en el marco de las democracias formales del sistema capitalista. Ya lo vimos con la trágica experiencia del Partido Socialista en Chile, con Salvador Allende en la presidencia, en la década del 70 del pasado siglo. Las revoluciones las hacen los trabajadores con su movilización, los obreros y campesinos, el “pobrerío” en general. Guste o no, los cambios se dan siempre a partir de una violencia política donde las clases explotadas levantan la voz y cambian el curso de la historia. Y eso nunca es pacífico, porque la clase dominante no cede alegremente el poder ni sus privilegios. Por el contrario, lucha a muerte para defenderse.

No puede haber revoluciones, cambios sustanciales, un verdadero proyecto socialista por medio de elecciones burguesas. Puede haber, eso sí, importantes avances populares. Todos estos gobiernos progresistas de estos últimos años lograron mejoras en las condiciones de vida de las poblaciones de sus países. Pero no tocaron las relaciones de propiedad: los medios de producción (tierra, fábricas, bancos) siguieron en manos de las oligarquías, y la clase trabajadora no participó efectivamente en el cambio social. Sin duda, apoyó a estos gobiernos, en muchos casos con mucho fervor. Eso, de todos modos, no termina de ser socialismo.

¿Qué debemos hacer los comunistas ante estos acontecimientos? Sin ningún lugar a dudas: ¡defenderlos!

La revolución socialista implica 1) expropiación de los medios de producción de la burguesía y 2) real y efectivo poder popular desde abajo. Si no logramos eso, tenemos procesos capitalistas “socialdemócratas”, capitalismos “con rostro humano”. Pero eso mismo ya puede ser un elemento, un momento, para acumular fuerzas para el campo popular.

Definitivamente debemos apoyar con la mayor energía estos procesos. Criticarlos sin propuestas superadoras es avalar a la derecha, y terminar –aunque no lo sepamos y tengamos la mejor buena intención– colocándonos en posiciones reaccionarias y antipopulares. Pero no debemos olvidar nunca que, como comunistas, el objetivo final sigue siendo la construcción del socialismo real y efectivo, y no procesos intermedios.

En Camino Socialista No 37, julio 2018

lunes, 13 de agosto de 2018

La posición del PGT ante las elecciones de 2015


Por Ricardo Loarca


En 2015, como PGT nos posicionamos en rechazo al proceso electoral por su carácter ilegal, fraudulento e ilegítimo. Siendo la crisis política en curso, procedente del descubrimiento de estructuras corruptas y mafiosas dirigidas por la casta política, la oligarquía y estructuras criminales, rechazamos todo tipo de componendas, maniobras y negociaciones oscuras de espaldas al pueblo que ocurrieron para encontrar una salida conservadora a la misma. En ese mismo sentido, también condenamos y rechazamos la injerencia de EEUU y otras potencias extranjeras que, de forma descarada, se manifestó durante ese momento y continúa.

Con relación a las elecciones –se recordarán camaradas lectores– que estas fueron ilegales e ilegítimas. No se atendió la exigencia y la demanda de reformas a la Ley Electoral y de Partidos Po-líticos, para democratizar la representación, depurar a los políticos corruptos y mafiosos a través de la no reelección, impedir el financiamiento ilícito y reprogramar las elecciones. Fue ilegítimo también porque se inscribió candidatos con procesos de antejuicio y con persecución penal. Todo esto en un marco de cooptación del sistema de partidos políticos por los intereses de la clase dominante y las mafias.

Esas elecciones –afirmamos en su momento– se realizarían para lograr el reacomodo de las fuerzas económicas y políticas dominantes que estaban siendo golpeadas, desgastadas y deslegitimadas por su carácter corrupto y criminal. Y así sucedió. El partido FCN-Nación y su candidato Jimmy Morales, constituyeron ese Caballo de Troya, para que dichas fuerzas se rearticularan en torno a un opción que lograron ganara las elecciones, además, con los medios masivos de comunicación y millones de quetzales para posicionarla como tal. Así, políticos devenidos de los partidos corruptos como el Partido Patriota (PP) y el partido Lider, empresarios de la alta oligarquía y organizaciones criminales se aliaron en torno a esta opción, con el objetivo de garantizar la continuidad de sus privilegios y negocios fraudulentos.

Con la elección de Jimmy Morales lograron un respiro y una salida momentánea a la crisis política. Pretendieron recuperar la normalidad, algo que no lograron siendo que el “nuevo gobierno” pronto se desgastó por sus actos de corrupción y sus pronunciadas incapacidades, a lo cual se suman su acciones cada vez más represivas. Así las cosas, los intereses, prácticas, políticas y estructuras criminales y corruptas articuladas en torno al PP, continuaron con el gobierno de Jimmy Morales y con la articulación de partidos que lo sostienen desde el Congreso.

Por esas razones y con ese fundamento, antes que optar por legitimar una elección de este tipo, nos posicionamos para la disolución del Congreso de la República, en tanto garantizaba la reproducción de la corrupción e impunidad en el Estado. Así mismo, planteamos la integración de una nueva Corte Suprema de Justicia y una nueva Corte de Constitucionalidad que garantizara la persecución penal contra los mafiosos y corruptos.

También exigimos la integración de un gobierno provisional representativo, que creara las condiciones políticas para la convocatoria e instalación de una Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional, que permitiera iniciar la fundación de un nuevo Estado.

Sin duda, desde un análisis del régimen político y lo que representaban esas elecciones, nuestra posición fue justa. Todo lo que denunciamos en su momento se continúa comprobando con múltiples evidencias y sus consecuencias están dadas en las políticas represivas, corruptas y de privilegio para las grandes empresas locales y transnacionales que explotan y saquen a nuestros pueblos.


Hoy estamos antes un proceso electoral que se instalará casi de inmediato. Habrá que reflexionar y debatir cuál debe ser nuestra posición revolucionaria para esta nueva contienda que se avecina.

En: Camino Socialista No 37, julio 2018.

viernes, 10 de agosto de 2018

EL PGT NO APOYA NINGUNA CANDIDATURA DE DERECHA


Una página de facebook con el nombre Partido Comunista de Guatemala (https://www.facebook.com/PCdeGuatemala/), que entendemos es una suplantación, se ha emitido un pronunciamiento de apoyo de los comunistas a la candidatura presidencial de Thelma Aldana.

Con respecto a esto aclaramos:

1. Como Partido Guatemalteco del Trabajo, el partido de los comunistas en Guatemala, hemos  sido críticos del régimen electoral guatemalteco, por su carácter burgués-oligárquico, porque reproduce los intereses de la clase dominante y el imperialismo para continuar dominando, explotando y expoliando a las clases trabajadoras y los pueblos.

2. No apoyamos ninguna candidatura de derecha. Eso sería simplemente una incoherencia política e ideológica para nuestro partido.

3. Nuestra posición con relación a la contienda electoral será dada a conocer en el momento oportuno y por nuestros medios oficiales, siendo el principal:  www.partidocomunistadeguatemala.blogspot.com/

Partido Guatemalteco del Trabajo
Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo

Guatemala 10 de agosto de 2018

jueves, 9 de agosto de 2018

La izquierda light y las próximas elecciones


Por Camilo Santisteban
En Camino Socialista No 37, julio 2018.

El fin de semana del 21 y 22 de julio del presente año, se realizó en El Salvador una reunión con la participaron de la ex fiscal general Thelma Aldana, acompañada de varias personas que formaron parte de su equipo de trabajo en el Ministerio Público, y representantes de dos partidos políticos, uno de ellos en formación aún, que pueden ubicarse perfectamente en lo que se ha bautizado como “izquierda light”: Encuentro por Guatemala (EG), de la diputada Nineth Montenegro, y Movimiento Semilla (MS) que tiene entre sus principales dirigentes (no públicos) al ex ministro de Finanzas Alberto Fuentes Knigth, del que también forman parte un grupo de profesionales y ex funcionarios públicos.

El objetivo, tal como ha sido informado por los mismos participantes, entre quienes estuvo el periodista Óscar Clemente Marroquín del vespertino La Hora, fue empezar a perfilar la conformación de una plata-forma política amplia que incluya a “diversos sectores de distintas ideologías”, según asegura el citado periodista en su columna del lunes 23 de julio, así como empezar a discutir sobre quienes integrarán la fórmula presidencial.

Hoy está de moda decir que es necesario desterrar la “vieja política”, a la que se achaca en buena medida la responsabilidad de la “cooptación del Estado” por las mafias de la corrupción, y se enarbola la necesidad de una “nueva política” bajo el supuesto que, con esta, será posible terminar con ese flagelo que, según esta aseveración, es el responsable de “muchos males” que aquejan al país. Frente a esto, vale la pena hacerse una pregunta: ¿es posible una “nueva política” como la que se pregona en el contexto de un capitalismo que echa mano de todos los mecanismos a su alcance para incrementar y acelerar la acumulación de capital, entre ellos la corrupción?

La “izquierda light” parte de esa premisa. De hecho, ya en el contexto de las movilizaciones de 2015 marcadas por el inicio de la “lucha anticorrupción”, el MS planteó su fórmula mágica para salir de la crisis que, dicho sea de paso, no se ha resuelto porque es una crisis más profunda que tiene que ver con la existencia de un sistema político diseñado para garantizar la continuidad del modelo económico y del tipo de Estado que se ha construido de 1954 a la fecha. Esa fórmula planteada por el MS, a través de un pronuncia-miento público, fue el establecimiento de un gobierno de transición que se ocupara, básicamente, de dos asuntos: sanear la institucionalidad sacando a los corruptos, en cuatro meses, y realizar el proceso electoral que garantizara el recambio de autoridades. Junto a ello, ese gobierno provisional debía iniciar un proceso de reformas. Dicho de otra forma, garantizar la continuidad del sistema con los corruptos en la cárcel.

Esta “izquierda light” es, esencialmente, reformista. Pero no plantea reformas profundas, sino reformas light, superficiales, que recompongan el sistema de tal manera que este funcione con las menos distorsiones posibles. Por ello es que esta “izquierda” jamás apoyaría un proceso de Asamblea Constituyente Plurinacional que refunde el Estado o funde un Esta-do nuevo, tal como es el reclamo de quienes históricamente han sido excluidos, principalmente los pueblos originarios y las mujeres, que exigen un Estado que no sea racista ni patriarcal.

Seguramente, si todo sigue por la ruta trazada, Encuentro por Guatemala y Movimiento Semilla llegarán a acuerdos para conformar esa plataforma política que lance como candidata a la presidencia a la ex fiscala general Thelma Aldana; un personaje que se ha autodefinido como “de derecha con un pensamiento progresista sobre la base de los derechos humanos”. Una alianza que en el fondo no es absurda ni contradictoria porque esa “izquierda light” social-demócrata, con un tinte rosado apenas perceptible, es, a fin de cuentas, aliada de la derecha neoliberal. Quiero decir que entre socialdemocracia y neoliberalismo no hay ninguna distinción. En el fondo son lo mismo.

Como quiera que sea, la fórmula ya está planteada. “Nueva política” con la escuela gringa, con políticos no tan nuevos detrás y al frente de un grupo de jóvenes no tan jóvenes cegados por ambiciones, falsos discursos, el reformismo superficial y luces de colores que emanan de cierto sector de la avenida Reforma y de empresarios que hacen negocios con los bienes y recursos públicos y se benefician de privilegios fiscales. Esa plataforma política de la “izquierda” light, nace con el apoyo de empresarios que han financiado ilícitamente a partidos como el Patriota y FCN. Y detrás de todo ello, el gran tejedor: el Tío Sam y su embajada en Guatemala; el artífice de la lucha anticorrupción en toda América Latina como un nuevo mecanismo de injerencia e intervención.

martes, 7 de agosto de 2018

UNIDAD CONTRA LA REPRESIÓN

Desde la llegada del actual ministro de gobernación, Enrique Dehenhart, la política de represión contra luchadores sociales y políticos populares, sindica-les, indígenas y campesinos se intensificó y extendió. Esto forma parte de una mejora en la correlación de fuerzas del Pacto de Corruptos, que logra-ron recuperar espacios que tuvieron que ceder a la política de EEUU interesado en avanzar en el desplazamiento de las fuerzas más oscuras que controlan el Estado.

Esta política de represión es claramente una política de Estado, que se expresa en estos meses principal-mente contra aquellas organizaciones que se resisten a los intereses capitalistas, de empresas locales y transnacionales interesadas en proyectos hidroeléctricos, mineros, proyectos de infraestructura y agro-negocios. Dos objetivos parecieran ser los principales: 1) derrotar las resistencias y luchas legítimas, atacando a dirigentes de organizaciones específicas, de comunidades y algunos de carácter regional; 2) afectar la participación política de carácter popular que algunas organizaciones tendrán en el proceso electoral. Este último pareciera ser el objetivo también con el asesinato de militantes de Codeca, quien organiza un partido político de cara a las elecciones de 2019. No está lejos que estos objetivos se amplíen contra otras luchas legítimas de la clase trabajadora, los pueblos indígenas, el campesinado, las organizaciones que luchan por justicia.

Esta política ha sido una constante que ha consistido en amenazas, intimidaciones, atentados, asesina-tos, torturas, denuncias penales armadas con pruebas falsas, apresamiento del dirigentes, etc. Todo ello antecedido de acciones de inteligencia para recabar información de las organizaciones, luchas y dirigencias locales, regionales y nacionales. Esta política ha afectado al movimiento sindical, campesino, comunitario, indígena, de mujeres, entre otros.

Sin embargo, con la llegada del actual ministro Dehenhart, esta política de represión se ha recrudecido, en especial con asesinato de dirigentes campesinos de organizaciones como el CCDA, CUC y Codeca.

Esta política muy probablemente aumentará, en especial, con el asesinatos selectivos. Por ello se impone como necesidad una respuesta articulada del conjunto de movimientos, organizaciones, comunidades y pueblos, para acordar una estrategia coherente y de impacto que permita derrotar esta oleadas fascista contra la lucha social en general.

Esto exige madurez política, coherencia ideológica y consecuencia política, en principios para superar todos aquellos obstáculos que impiden la articulación política y asumir coordinadamente acciones indispensables para enfrentar este tipo de políticas.

En este momento, más que nunca, se hace necesario accionar para lograr la unidad contra la represión. La forma de lograrlo sin duda deberá ser discutida en reuniones de las dirigencias en el ámbito comunitario, local, regional y nacional.

Esta unidad contra la represión es urgente y necesaria.





Editorial, Camino Socialista No 37, julio 2018

domingo, 5 de agosto de 2018

Nuestra condena al intento de magnicidio contra Nicolás Maduro Moros


El Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) condena el intento de magnicidio contra Nicolás Maduro Moros, presidente de la República Bolivariana de Venezuela. 

Manifestamos igualmente nuestra solidaridad con la Revolución Bolivariana, su Pueblo y de Gobierno. 

Nos unimos en atribuirle la responsabilidad a la extrema derecha venezolana, como expresión de la oligarquía de ese país, así como a la derecha colombiana y al imperio estadounidense.

Partido Guatemalteco del Trabajo
Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo
Guatemala 5 de agosto de 2018.

martes, 3 de julio de 2018

Poema 12


Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas. 
Desde mi boca llegará hasta el cielo
Pablo Neruda
(1904-1973)
Poeta chileno, comunista,
Premio Nobel de Literatura 1971
lo que estaba dormido sobre tu alma. 
Es en ti la ilusión de cada día. 
Llegas como el rocío a las corolas. 
Socavas el horizonte con tu ausencia. 
Eternamente en fuga como la ola. 
He dicho que cantabas en el viento 
como los pinos y como los mástiles. 
Como ellos eres alta y taciturna. 
Y entristeces de pronto, como un viaje. 
Acogedora como un viejo camino. 
Te pueblan ecos y voces nostálgicas. 
Yo desperté y a veces emigran 
y huyen pájaros que dormían en tu alma.


¿Qué se entiende por izquierda hoy día?

Juan Alberto Figueroa


En los tiempos de la guerra fría se asociaba ser de izquierda -y casi no había espacio para otra definición- con ser revolucionario, marxista, comunista. A tal punto caló la ideología dominante que no cualquiera podía definirse como persona de izquierda. Ser crítico y puesto al gobierno de turno, estar a favor de los derechos de los trabajadores y luchar por estos, oponerse al sistema capitalista, significaba que tanto el Estado como muchos ciudadanos formados en el anticomunismo le acusaran de comunista, guerrillero y  subversivo. Esto al mismo tiempo, significó que quienes fueran de izquierda o lucharan por sus derechos y sus causas justas, fueran objeto de amenazas, persecución, secuestro, tortura y asesinato por organismos como la Policía Nacional y el Ejército, como por grupos paramilitares pagados  y dirigidos desde el Estado o por empresarios y finqueros.


En la medida que se dieron los pasos para homogeneizar la cultura mediante los medios de comunicación, el consumo se fue estandarizando, la educación media y superior entró en la etapa de eclecticismo pleno, y con el avance tecnológico se dejó de hacer investigación y ciencia para dar paso a la información ligera de las redes sociales o de la internet donde se transmiten principalmente los contenidos a favor del capital y la dominación, contrarios a los procesos revolucionarios y afianzadores del pensamiento conservador y anticomunista.

Los movimientos revolucionarios fueron llevados al punto de ser anulados en su esencia, pasando a ser, mediante los mecanismos de acuerdos de paz, una opción más dentro del espectro de los vehículos electorales que le dan soporte a la democracia capitalista. No fueron capaces de sostener las ideas, programa y estrategia revolucionaria en nuevas condiciones.

Muchos dirigentes revolucionarios se casaron con la idea de participar en elecciones como la vía para llegar al poder. Para ello debieron transformar sus organizaciones y sus formas de pensar, por lo que el objetivo de la construcción de un nuevo sistema, el socialismo, quedó de lado. Se asumió entonces el discurso de la reforma del Estado burgués contra el cual lucharon anteriormente, ofreciendo un discurso de convivencia pacífica, la aplicación del ejercicio de los derechos humanos, asumiendo en plenitud la agenda global impulsada desde los organismos internacionales como el BM, FMI, BID, UE, ONU, OEA, impuesta a través de financiamientos a los gobiernos del resto de países, en especial en América Latina  y parte de Asia, África y Oceanía.

En Guatemala la izquierda, luego del bum con las ONG y fundaciones financiadas desde el exterior, se generó una división profunda, debido a la diversidad de los temas trabajados. La segmentación temática sectorial reconfiguró el espectro de intereses, minando la identidad y el interés de la clase trabajadora, sustituyéndola por la diversidad de temas de interés de perspectivas neoliberales e imperialistas.

En este contexto, los políticos de las organizaciones revolucionarias y de la socialdemocracia, junto a los denominados progresistas, confluyen en una diversidad de expresiones políticas -“vehículos electorales”-, que hacen la oposición a los que tienen el poder administrativo del Estado. Así se conforma un amplio espectro de “Izquierda”, pero fragmentada, dispersa, segmentada. Allí no hay una diferenciación ideológica, pero sí una diferencia de intereses grupales y personales; esto los divide y, al mismo tiempo, les permite hacer alianzas inclusive con los miembros de la oligarquía, con el objeto de lograr financiamiento.

¿Y el PGT dónde se ubica?

Primeramente, no somos un vehículo o empresa electoral; en segundo lugar, optamos por una definición de clase, la clase trabajadora; somos un partido revolucionario marxista leninista. Por lo tanto tenemos una ideología y buscamos el cambio de sistema capitalista. Nos unimos a las luchas sociales de todos los oprimidos, explotados y expoliados, abanderamos las causas justas, incluyendo la exigencia de reformas al Estado burgués, siempre que signifique aglutinar fuerzas en contra del capitalismo.

Ahora le pregunto a usted compañero y usted compañera ¿Hoy día, es de izquierda o es revolucionario?,  ¿hoy día, es de izquierda o es revolucionario?


Camino Socialista No 36, junio, año 5, Época I.

Campeonato Mundial de Fútbol: arma de control social

Mónica Sagastume


Un nuevo Campeonato Mundial de Fútbol… ¿un nuevo distractor?
 
La FIFA es una MAFIA
El fútbol es en la actualidad, por lejos, el espectáculo más consumido. El aumento siempre constante de fútbol por dondequiera (programas especializados, ropa afín, escuelas de fútbol para niños, sistemas de pronósticos de resultados multimillonarios, contratos por cantidades impensables, etc.), su presencia omnímoda en los medios de comunicación, en la cotidianeidad mundial, justamente por su monumental magnitud abre algunos interrogantes.

Su promoción no está acompañada de una genuina política de desarrollo deportivo. En todo caso, el sacrosanto dios-mercado debería regular sus movimientos, sus acomodaciones. Alguna super estrella podrá fichar por sumas astronómicas (de ahí que numerosos padres ven en las escuelas de fútbol un pasaporte para una posible “salvación” económica, según los talentos de sus hijos), pero las grandes mayorías están condenadas a ser receptores pasivos del gran espectáculo montado, opinando y opinando, repitiendo frases hechas, quizá envidiando la suerte de algún astro que “la hizo”, pero sin decidir nada al respecto.

El fútbol, como todos los deportes -quizá más que todos- dejó hace mucho tiempo de ser un pasatiempo, un entretenimiento dominguero. Pretender desandar ese camino en un mundo hoy globalizado donde todo, absolutamente todo, siguiendo la lógica capitalista, se mide en términos de beneficio económico, es un imposible. Ello podremos plantearlo desde el socialismo. Pero al menos se puede intentar no perder de vista el fenómeno en su magnitud global: el fútbol (este circo romano moderno), además de negocio fabuloso, ha pasado a ser una cortina de humo, un mecanismo de control social de una dimensión increíble.

Sería ingenuo pensar que el Campeonato Mundial, esa parafernalia mediática que cada cuatro años crea un escenario ilusorio de 30 días de duración (hay propuestas de hacerlo cada dos años), sirve a las clases dominantes para hacer o dejar de hacer lo que son sus planes geoestratégicos de dominación a largo plazo. No necesitan de él para invadir países, para fijar a su conveniencia los precios de la vida o para desviar la atención sobre la catástrofe medioambiental en curso debida al mismo modelo insostenible de desarrollo, sólo por dar sólo algunos ejemplos. Si hay “lavado de cerebro” de parte de las clases dominantes, ello no se realiza porque durante un mes se inunden las pantallas de televisión con partidos de fútbol y media humanidad ande hablando sólo de los astros de moda, de cuánto ganan en cada fichaje o del nuevo modelo de ropa deportiva.

El proyecto es más insidioso, más perverso: se trata de controlar en el día a día, abrumando con juegos y más juegos, y más campeonatos y más ligas… ¿Cuántas horas diarias de fútbol consume por televisión un habitante promedio? ¿Mejora eso de algún modo su relación con el deporte? ¿Por qué ese crecimiento exponencial del fútbol profesional -amateurya no existe, es casi una pieza de museo- en todo el mundo?

No hay dudas que, al igual que todo gran evento de proporciones enormes, puede funcionar puntualmente como distractor de masas, tal como también lo puede ser la boda real o la muerte de alguna estrella de la música pop, por ejemplo. No otra cosa fue el que organizara la dictadura militar argentina en 1978, con el que se intentó lavar la cara en su sangrienta guerra sucia, o el de la Italia fascista de 1934, en el que se buscaba a toda costa disciplinar y mantener ocupada a una clase obrera demasiado “rebelde” para la lógica capitalista. De todos modos quedarse con la estrecha idea que estos campeonatos son las cortinas de humo de gobiernos dictatoriales es ver sólo un lado del asunto, y quizá sesgadamente. En todo caso, los Mundiales evidencian de un modo especial el papel que en la moderna cotidianeidad ha pasado a desempeñar el fútbol profesional. En forma creciente, desde mediados del siglo pasado, y sin detenerse, aumentando cada vez más, el negocio del fútbol sirve como “opio de los pueblos”. Ello no es decisión de quienes estamos condenados a consumirlo en forma pasiva sentados ante un televisor, sino de los grandes poderes que fijan el curso de lo que sucede en el día a día del planeta.

El fútbol -o más exactamente su manipulación a través de los medios masivos de comunicación- da la ilusión de igualar clases sociales (ricos y pobres, explotadores y explotados se abrazan tras la camiseta de su selección nacional o su equipo preferido). De ese modo, distrae, aleja preocupaciones... o al menos lo pretende. Que es gran negocio, es innegable (lo que mueve globalmente cada año representa la decimoséptima economía mundial). Lo que sí puede deducirse es que poderes globales de largo aliento que están más allá de las administraciones gubernamentales de turno, también lo aprovechan como droga social, como anestesia. El Mundial no es sino una dosis un poco más fuerte del “pan y circo” cotidiano al que nos someten, con tres, cinco o más juegos diarios durante los 365 días del año. ¿Cuántos millones de personas están prendidos a un televisor (o radio, o pantalla de computadora) siguiendo una transmisión de fútbol, anestesiados, “embobados”, si queremos decirlo así?

Camaradas: ¡no nos dejemos manipular ni anestesiar! ¡Debemos promover el deporte amateur como consigna socialista!

Camino Socialista No 36, junio, año 5, Época I

Niñez guatemalteca en absoluto desamparo


Carlos Santizo

Jimmy Morales, recibiendo ordenes de Mike Pence, emisario del imperio
El principio hipotético de todo Estado está en garantizar los derechos fundamentales a su ciudadanía y, con énfasis a su niñez, especialmente por su indefensión y vulnerabilidad. En el caso guatemalteco esto resulta una utopía. El Estado guatemalteco se desentiende de ese propósito, permite y acciona violando tales derechos. La causa de esto es su carácter como instrumento controlado por quienes tienen el poder económico y político, quienes lo orientan en función de sus intereses y no de todo el pueblo. Esto se agrava a un más cuando el Estado del cual se trata, está sometido a la política de algún imperio. Esto es lo que sucede con el Estado guatemalteco.

En el gobierno derechista de Jimmy Morales hemos llegado al extremo de lo abominable en este sentido. Esto se evidencia en los casos del asesinato de las 41 niñas en el “Hogar Seguro”, los miles de damnificados entre fallecidos, heridos y desplazados por el desastre posterior a la erupción del volcán de Fuego y el aumento en los casos de fallecimiento por desnutrición en niños menores de cinco años. Solo estos casos demuestran la desatención y complicidad por negligencia, incapacidad, falta de voluntad política y responsabilidad –incluso penal- del gobierno de Jimmy Morales.

En ese orden de desastres, el desentendimiento del actual gobierno con relación a la problemática de la niñez migrante a Estados Unidos (EEUU), debiera provocar el rechazo  generalizado de las guatemaltecas y guatemaltecos de buena fe. En especial porque EEEUU se ha dedicado a violar constantemente los derechos de los migrantes guatemaltecos y latinoamericanos, contraviniendo todo convenio internacional en esta materia.

El extremo de la política imperial de EEUU ha ocurrido en días recientes, con la captura de migrantes, la separación violenta de niños y niñas de sus padres, el trato inhumano –casi de animales–, abusos sexuales y su encierro en campos de concentración al mejor estilo fascista de los regímenes de Hitler, Mussolini y Pinochet. Estos tratos son la expresión de la actual política racista y xenófoba que implementa ese país, ante la cual el gobierno guatemalteco guarda silencio y acciona como cómplice sumiso.

La frase infame del vocero presidencia Heinz Hiemann, al afirmar que el gobierno es “respetuoso de la política exterior en temas migratorios”, refiriéndose a Estados Unidos, refleja un hecho violatorio de la misma constitución burguesa que impera en nuestro país. Tan repudiable resultó como la declaración del Vicepresidente Jafeth Cabrera, quien expresó que los migrantes guatemaltecos se iban de Guatemala “porque querían”. Mientras, el silencio absoluto del impresentable Presidente Jimmy Morales. Solo el rechazo interno y externo hizo que, finalmente, con un simple pronunciamiento el ministerio de relaciones exteriores simulara una posición al respecto.

Esta violación a los derechos de la niñeas y los migrantes en general por parte de EEUU,  debiera provocar la condena del gobierno guatemalteco y el desarrollo de una estrategia por todos los medios posibles para parar esta política inhumana. Toda la cancillería guatemalteca, en conjunto con la cancillería de los Estados cuya niñez está siendo violada en sus derechos, debiera estar actuando en la ONU, la OEA, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Organización de las Naciones Unidas, etc. para lograr la reunificación de estas familias, para detener el secuestro y tortura que padecen, y para que se le reconozcan garantías plenas. Esto haría un gobierno digno.

Contrariamente, el actual asume una política sumisa ante las disposiciones del país del norte, tal y como ha sucedido con el traslado de la embajada guatemalteca en Israel –de Tel Aviv a Jerusalén-, el seguimiento oficioso a la política injerencista contra el Estado venezolano, la implementación del Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte, y la inacción contra el crimen de Claudia Patricia Gómez el pasado 23 de mayo, ejecutado por un patrullero fronterizo yanqui.

La llegada del vicepresidente de EEUU el pasado 28 de junio debió haber sido el momento para expresar la indignación del gobierno guatemalteco ante estos hechos. Contrariamente, dicho personaje, de forma descarada y prepotente, vino a darle ordenes al presidente guatemalteco, como al hondureño y salvadoreño. Obediente y sin ninguna pereza, el presidente Jimmy Morales, afirmó que se harían los esfuerzos para promover una campaña para promover la no migración de los guatemaltecos.

¿No cree, usted compañera y compañero lector, que esto es una ofensa para los guatemaltecos, un despropósito de gobierno que atenta contra los intereses de nuestro pueblo? ¿Acaso no le indigna?