jueves, 5 de marzo de 2015

POR UN OCHO DE MARZO REVOLUCIONARIO

Las mujeres comunistas de Guatemala conmemoramos la fecha del 8 de marzo recordando su origen: las jornadas de lucha que protagonizaron miles de mujeres obreras para exigir mejores condiciones de trabajo y de vida.  Fue Clara Zetkin, quien desde el pensamiento y las ideas socialistas acerca de la situación social de opresión de las mujeres, propone en 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrar UNA JORNADA INTERNACIONAL DEDICADA A LA MUJER.

El Comité de Mujeres Comunistas ROSA LUXEMBURGO saluda en este día a las diversas mujeres guatemaltecas y del mundo, y en especial a las mujeres de la clase trabajadora y a las que luchan contra las diversas opresiones y violencias del patriarcado, el capitalismo y el imperialismo. Dedicamos esta jornada de lucha a recordar y reconocer a nuestras mártires.  Nuestro homenaje a todas las campesinas, proletarias, trabajadoras, que participaron y cayeron en las luchas revolucionarias contra el Estado opresor y el capitalismo.

La mayoría de la población guatemalteca, y principalmente las mujeres, vivimos en una situación de pobreza, miseria, represión, violencia, inseguridad y discriminación. Esta situación se ha agravado en la nueva fase de acumulación de capital.  La voracidad de la burguesía nacional y los intereses de las empresas transnacionales se imponen sin misericordia. La respuesta del Estado a las luchas anticapitalistas y populares, contra la invasión y el despojo de las multinacionales, la oligarquía y la gran burguesía, ha sido la represión y criminalización. Somos muchas las mujeres valientes estamos pagando con abuso, maltrato, el ataque directo a nuestra integridad física, la privación de libertad, por el único delito de defender el agua, la vida, la tierra, la dignidad y la soberanía.

La  violencia contra las mujeres en todas sus expresiones, como violación a los Derechos Humanos, ha aumentado  considerablemente. Los indicadores reflejan el aumento de denuncias de casos de violencia y de feminicidio. Se agrava la explotación sexual comercial de las mujeres con la expansión de la prostitución y la trata de mujeres, niñas y niños, y el uso y mecanización de nuestros cuerpos por las industrias de las comunicaciones y las empresas.

El trabajo productivo y reproductivo de las mujeres no se valora  socialmente. Accedemos a puestos de menor remuneración en actividades vinculadas a las cadenas de cuidados, sin mayor protección social. No se da cumplimiento por parte de las autoridades del Ministerio de Trabajo al marco normativo  que establece la creación de las guarderías en los centros de trabajo, lo cual impacta en las dobles o triples jornadas de trabajo para las mujeres.

En las maquilas, en las fábricas, en el campo, en el trabajo doméstico, las mujeres tenemos salarios miserables, con jornadas extenuantes y abusos de todo tipo. Se aplican mecanismos que permiten mayor discriminación y explotación hacia nosotras. La flexibilidad para la sobreexplotación  de la clase trabajadora responde a  intereses y cambios  que promueve la burguesía nacional y las empresas transnacionales para su beneficio, y que se regulada a través  de normativas institucionalizadas por parte del gobierno. Esto ha agravado la pobreza y la exclusión social, y el incumplimiento de nuestros derechos fundamentales. A todo esto debe añadirse que la falta de empleo implica que cada vez más mujeres optemos por irnos al extranjero en búsqueda de alternativas laborales. Esto implica en muchos casos la violación sistemática de nuestros derechos humanos y laborales, en el tránsito y en los lugares de destino.  

Las mujeres comunistas de Guatemala:

            DENUNCIAMOS todas las prácticas que desde el Estado, las empresas y la vida cotidiana, estigmatizan, discriminan, oprimen y violentan a las mujeres. Nuestras luchas van encaminadas a la construcción del socialismo, como proyecto político que nos llevará a una sociedad comunista: una sociedad de cultura superior, compuesta por seres humanos libres e iguales, respetuosa de nuestras diversidades, en la que primará el bien común o buen vivir, y no la propiedad privada, el despojo o la explotación del capitalismo.  
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            CONDENAMOS todas las formas de violencia de clase, racista y patriarcal sobre nuestros cuerpos-territorios en todas sus expresiones (sexual, psicológica, económica, simbólica) y EXIGIMOS al gobierno y el sistema de justicia burgués:
·         el cese de la impunidad en todos los casos de feminicidio y otros actos de violencia en contra de las mujeres;
·         la pronta resolución de todos los casos de violencia física y sexual, ejercida por las fuerzas militares y paramilitares del Estado contrainsurgente y las multinacionales;
·         El abordaje responsable para la erradicación de la trata de mujeres, niñas y niños, para la explotación laboral y sexual;
·         El cumplimiento de la normativa nacional e internacional en materia de derechos humanos, laborales y equidad de las mujeres;
·         La contabilidad en el producto nacional del trabajo reproductivo que hacemos las mujeres, y el seguro social universal, en las mismas condiciones que el resto de las y los trabajadores.
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                      HACEMOS UN LLAMADO a la sororidad y solidaridad entre todas las mujeres guatemaltecas de los diversos pueblos; a la unidad de las luchas populares, feministas, antipatriarcales y anticapitalistas, para derrotar al capital y poner fin a las distintas opresiones sobre las mujeres y los colectivos de la diversidad sexual. La fragmentación de las luchas nos debilita, mientras que el patriarcado y el capitalismo campean a sus anchas.

En este 8 de marzo, las mujeres comunistas de Guatemala nos declaramos una vez más en resistencia y rebeldía contra las violencias del patriarcado y el capitalismo que nos oprime y nos deshumaniza.

¡Por la autodeterminación de las mujeres frente a las diversas violencias y opresiones del patriarcado y el capital!
¡Por un mundo donde seamos socialmente iguales!
¡Por la Revolución y el socialismo!
 
Comité de Mujeres Comunistas
“ROSA LUXEMBURGO”
En el aniversario del nacimiento de Rosa Luxemburgo

Guatemala, 5 de marzo del 2015

EDITORIAL

Camino Socialista No 3, Año 1, Época 1

En un comunicado emitido el 30 de diciembre último, el Partido Guatemalteco del Trabajo cuestionaba duramente la política laboral del gobierno de Otto Pérez Molina que estableció un salario mínimo de hambre para la clase trabajadora del campo y la ciudad. En especial, repudiaba la fijación de un salario mínimo todavía menor para cuatro municipios: San Agustín Acasaguastlán y Guastatoya (El Progreso), Estanzuela (Zacapa) y Masagua (Escuintla), es decir, un 56.79% por debajo del salario mínimo oficial.

Entre el desempleo, el subempleo, el calvario de la emigración y los salarios de hambre, la herencia de este gobierno será la de haber lo-grado sumir a nuestro pueblo en una miseria más profunda y de haber llenado los cofres de más oro para la burguesía y las empresas transnacionales.

Pero esto no acaba ahí. Se agrega la crisis de desabastecimiento en los hospitales públicos, la baja en la cobertura educativa y el aumento en las colegiaturas. Se evidencia un incremento de asesinatos y extorsiones. El aumento galopante de la corrupción y el saqueo del Estado que señala a los más altos funcionarios gubernamentales. A las comunidades y familias campesinas se les imponen proyectos de muerte (como la minería) y la represión en contra de líderes sociales, sindicales y campesinos. Todo esto es consecuencia de la política reaccionaria del actual gobierno.

¿Pero cuál es la alternativa? Sin duda, la única alternativa debemos construirla. Sólo vendrá del pueblo y de la clase trabajadora del campo y la ciudad, cuando nos organicemos y fortalezcamos, cuando construyamos el programa y la organización que nos permita gestar la Revolución. Sólo una Revolución será capaz de cambiar este Estado, convertirlo a favor y en función de la clase trabajadora, de las mujeres, de los jóvenes y de los pueblos que convivimos en este territorio.


Y mientras avanzamos en esa dirección, recuperemos nuestra dignidad y ética como pueblos y comunidades, fortalezcamos la resistencia popular y avancemos en la articulación política desde abajo y a la izquierda. 

TERCER INFORME DE GOBIERNO: ENTRE MENTIRAS Y FICCIÓN

Por Antonio Sierra

El 14 de enero fue presentado el tercer informe de gobierno de la administración Pérez-Baldetti. El informe es la radiografía de una Guatemala inexistente, con una economía pujante y niveles aceptables de desarrollo de la población. El capítulo sobre la marcha de la economía revela hasta qué punto Guatemala se encuentra sumida en el capitalismo neoliberal impuesto a países principalmente del llamado tercer mundo, como Guatemala, con sus consabidas consecuencias en términos de mayor dependencia, explotación y expolio. Esto es lo que significa la propuesta “desarrollo económico competitivo” que impulsa el actual gobierno y que está orientada fundamentalmente a incrementar la acumulación de capital y a garantizar que la producción en el país sea competitiva en el mercado mundial, principalmente a partir de los bajos salarios e impuestos.
Para ello, promueve las inversiones de capital transnacional en alianza con capital nacional en cuatro áreas principales: actividades extractivas (minería a cielo abierto, petróleo); los monocultivos, principalmente palma africana y caña de azúcar; la generación de energía (construcción de hidroeléctricas), y el desarrollo de megaproyectos de infraestructura. Todo esto en el marco del Plan Nacional de Desarrollo K’atun 2032, dado a conocer recientemente, en el que se concibe tales áreas y actividades como motores del desarrollo. La consecuencia del impulso de este “modelo de desarrollo económico” es la mercantilización de los bienes naturales y de los recursos públicos, y el despojo de tierras a comunidades y pueblos indígenas.

Como continuidad de dicho modelo, al comienzo de su administración Pérez Molina y Baldetti anunciaron el impulso de acciones para lograr el desarrollo rural en dos líneas, que más tarde denominaron dos puertas: inversiones privadas en territorios rurales y apoyo a la economía campesina. Sin embargo, ha pre-dominado la promoción de inversiones de capital transnacional y nacional en las áreas mencionadas, mientras la economía campesina apenas ha recibido mínimos apoyos a través de programas clientelares que no favorecen su desarrollo. Dicho modelo ha conducido a un crecimiento de la producción cada vez más raquítico y lento. Una mirada rápida al comportamiento de la economía en la ad-ministración actual revela que se enfrenta a los mismos vaivenes que se ha enfrentado a lo largo del período 1990-2011.

En el 2014, el Producto Interno Bruto (PIB), tuvo un crecimiento real de 3,9% respecto a 2013, pero es inferior al de 2011 (4,2%), segundo año de recuperación luego de la crisis mundial de 2007-2009. Ese comportamiento del PIB es una de las manifestaciones de la subordinación del modelo económico del país al capitalismo global dominado por el capital financiero y las grandes transnacionales; de la misma manera que lo es la continuada aplicación de medidas económicas monetaristas. Asimismo, es la base de una distribución de la riqueza socialmente creada, que niega derechos y que orilla a la mayoría de la población guatemalteca a vivir con salarios de hambre, cuando bien les va, y sin acceso a educación, salud, vivienda, recreación, pensiones, etc.

Los datos indican que de 2001 a la fecha se ha incrementado notablemente la desigualdad de la distribución de la riqueza. La brecha entre la parte de la riqueza destinada a los salarios y la ganancia o renta generada, es cada vez mayor. La reciente fijación de un sala-rio mínimo de Q1, 500 para cuatro municipios de dos departamentos, está muy por de-bajo del salario mínimo aprobado para todo el país. Si el salario mínimo para todo el país no alcanza ni para cubrir la canasta básica, esta diferenciación muestra, con toda claridad, cómo el modelo económico vigente se orienta a facilitar e incrementar la acumulación capitalista. Hay que agregar que los trabajadores agrícolas, sobre todo los estacionarios, siguen recibiendo remuneraciones de Q25 – Q30 diarios, muy por debajo del sala-rio mínimo que actualmente es de Q. 2, 644 mensual.

Lo anterior explica cómo los niveles de pobreza y pobreza extrema en el país se encuentran entre los más altos de América Latina. 53,71% de la población vive en condiciones de pobreza, mientras el 13,33% en pobreza extrema. En el área rural la pobreza total es 71,3%, la pobreza extrema 21,12%. Sin embargo, si se mide a partir del concepto de pobreza multidimensional, según la CEPAL, Guatemala presenta un 70,3 de pobreza general. La pobreza se manifiestan con particular crudeza en las altas tasas de desnutrición infantil: el 45,6% de los niños de seis a nueve años once meses de edad tienen algún grado de desnutrición; la desnutrición severa afecta al 12,7%.
En falsa respuesta a la problemática anterior, el “Plan hambre cero” y su “ventana de los mil días” supuestamente diseñados para combatir la desnutrición y la pobreza, se han reducido a la entrega de la “bolsa segura” y el “bono seguro”. Éstos son programas paliativos y clientelares que no se orientan ni resolverán el problema de fondo: la desigual distribución de la riqueza.

La llamada inversión social real sigue siendo insuficiente para atender las necesidades de salud y educación, por mencionar sólo dos asuntos de importancia capital. Las crisis educativa y de salud han llegado en estos tres años de administración del PP a niveles nunca antes vistos. Si bien es cierto son crisis que se arrastran desde hace varios años, de 2012 a la fecha se han agudizado de manera alarmante, tal como lo muestran las condiciones en las que se encuentran la red hospitalaria y la red de centros educativos públicos. En materia de educación pública, la cobertura en los niveles preprimaria, básico y diversificado es baja; la cobertura en primaria no alcanza la universalización pese a los avances registrados en la administración anterior. Además, en los niveles de básico y di-versificado un alto porcentaje de los servicios son privados.

Bajos ingresos para la mayoría de la población (consecuencia de la desigual distribución de la riqueza), y poco acceso a servicios de salud y educación dan como resultado un bajo índice de desarrollo humano, IDH. Según el Informe de Desarrollo Humano 2014, Guatemala se encuentra entre los países con desarrollo humano medio: tiene un IDH de 0.628, ocupando el lugar 125 de 187 países medidos.

En el ámbito de la seguridad democrática y justicia, la adopción del “Pacto por la seguridad, la justicia y la paz” no ha conducido a la aplicación y desarrollo de un modelo de seguridad democrática que se sustente en la satisfacción de las necesidades de alimentación, salud, educación, vivienda, recreación, entre otras, de la población.

Ese pacto ha conducido al retorno en varios aspectos del modelo de seguridad nacional que prevaleció durante la guerra interna: militarización de facto de las fuerzas civiles de seguridad (PNC) expresada en la creación de fuerzas de tarea al estilo militar y en los patrullajes con-juntos PNC-ejército; la militarización vía la privatización de la protección empresarial a través de empresas de propiedad o controladas por ex militares locales y extranjeros; criminalización y persecución de las luchas populares tales como la protesta y los movimientos de resistencia, las que son tratadas desde una concepción de delito. Todo ello a partir de la retoma del control de puestos clave del Estado por militares de bajo y de alta. El propósito es dar seguridad y garantías al capital, desde el más grande hasta el capital de nuevos ricos, llama-dos capital emergente.

La delincuencia común se enfrenta a través de medidas exclusivamente represivas, sin abordar las causas de la misma; mientras el crimen organizado, particularmente el narcotráfico, se enfrenta con la aplicación de la política anti-narcótica de Estados Unidos para América La-tina expresada, en el caso de México y Centroamérica, en el Plan Mérida. Hay una profunda regresión en materia de seguridad democrática, mediante la implantación de la visión militarista de la seguridad nacional propia de la guerra fría. Los resultados no podían ser peores: según cifras de la PNC, en 2014 se registraron casi 5,000 muertes violentas, cifra que el INACIF eleva a alrededor de 5,500.

En el ámbito de la justicia el propósito funda-mental ha sido evitar, por todos los medios, que las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado durante la guerra interna sean juzgadas en los tribunales de justicia. Ha habido una permanente intromisión del Ejecutivo en los procesos penales por violaciones a los derechos humanos. El sistema de justicia es utilizado para criminalizar y perseguir a lideresas y líderes populares y de movimientos de resistencia. El reciente proceso de elección de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y Cortes de Apelaciones fue el escenario en el que los llamados “poderes fácticos” se distribuyeron cuotas de poder. La nueva CSJ es garantía de impunidad para esos poderes y para los funcionarios del PP.


Finalmente, una breve consideración sobre la cuestión de la corrupción. Ésta ha llegado a niveles alarmantes durante la administración del PP. Es difícil cuantificarla, pero en el caso del presidente y la vicepresidenta algunos me-dios de comunicación han informado sobre las propiedades que han acumulado y que no corresponden a su nivel de ingresos. Ministros y funcionarios menores, han seguido su ejemplo. Han convertido los recursos del Estado en un botín.

EL OCASO DE UN DICTADOR

Por Orlando Contreras

Efraín Ríos Montt está en el umbral entre la vi-da y la muerte. No sólo por los pocos días que podrían quedarle a existencia material, sino también porque fue capaz de disponer, con su mando militar, sobre la vida de miles de guatemaltecos y guatemaltecas. Tal pareciera, que su condena finalmente no llegará y que sus propios defensores están actuando para retardar el pro-ceso penal y evitar que llegue el momento de tal sentencia, único final que sería un acto de justicia.

Efraín Ríos Montt es uno de los principales criminales de guerra. Su nombre –y sus actos criminales– se integra a la lista de dictadores como Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay, So-moza en Nicaragua, sólo para citar algunos de los peones de Estados Unidos en la implementación de su Política de Seguridad Nacional. A través de estos dictadores sanguinarios se dirigió en cada país, la estrategia dirigida, financia-da y asesorada por el imperio estadounidense, para detener los procesos revolucionarios que pretendían construir sociedades justas.

Efraín Ríos Montt es responsable de la aplicación de la política contrainsurgente en Guatemala, con especial implicación entre el 23 de marzo de 1982 al 8 de agosto de 1982, periodo en el cual se erigió como jefe de Estado.

La Masacre de Las Dos Erres, fueron ejecutadas en seguimiento a planes militares genocidas. Un ejemplo de tales planes es el Plan Sofía, que describe la estrategia de masacres en una región del país, en el territorio ixil del departamento El Quiché. Estos planes y la ejecución de las masacres son parte de las evidencias que prueban la culpabilidad de Ríos Montt. Es claro que desde su mando militar y gubernamental, emitió órdenes para que la inteligencia estatal capturara, interrogara, torturara y asesinara a todo aquel que fuera sospechoso de participar y colaborar con las fuerzas revolucionarias y para que las fuerzas militares ejecutaran masacres. Esto es parte de lo que fundamenta la acusación de genocidio en contra del dictador.

Sin embargo, como signo de este Estado interesado en proteger a quienes garantizaron la salvación y continuidad del régimen económico, social y político, el sistema de in-justicia sigue operando para garantizar impunidad a quienes fielmente sirvieron a la burguesía local y al imperio estadounidense, aun cuando este último aparenta dar muestra de estar a favor de este tipo de juicios.

En el ocaso del dictador, Efraín Ríos Montt, las miles de víctimas siguen siendo objeto de burla y se les sigue negando justicia. El dictador, en su afán de morir sin llegar a verse en las cárceles como cualquier criminal, implementa una estrategia dilatoria del proceso judicial y una puesta en escena en la cual pretende conmover con su ancianidad, con su supuesta falta de salud y ubicarse como supuesta víctima a quien se le violan sus Derechos Humanos, esos Derechos que él ha negado siempre y que violó sin que le temblara la mano de victimario.

Es en este contexto que el nudo en nuestras gargantas, el dolor en nuestros corazones y la necesidad de justicia se reactivan al recordar a nuestras hermanas y hermanos torturados, violados, desaparecidos, asesinados. Eso es lo que nos sigue impulsando para continuar la lucha por lograr, finalmente, justicia; para alcanzar, finalmente, transformar de raíz este nuestro país. Mientras, nos conforta saber que el dictador hoy está sometido a proceso judicial.

Sólo con justicia será posible que la historia de terror implementada por el Estado, por la burguesía y por el imperio estadounidense no se re-pita nunca más. Por eso debemos seguir luchando. Ese es nuestro deber y ese será nuestro legado.

Sugerencia de documental sobre el genocidio las pruebas contra Efraín Ríos Montt:


https://www.youtube.com/watch?v=PT2tYCvIgUI 

A PROPÓSITO DEL ATENTADO EN PARIS

Sobre el supuesto “choque de civilizaciones”

Por Rosa Xiloj

El capitalismo global, con Estados Unidos a la cabeza, cada vez se torna más rapaz. En su plan de dominación del mundo, más aún ahora luego de la caída del campo socialista europeo, sintiéndose dominador de la escena, la emprende con una fuerza arrolladora. En su desarrollo voraz, destruyendo todo el planeta, necesita más y más recursos. Entre ellos: energía. Y para ello apela al petróleo. Eso es vital, es su savia, su corazón.

De hecho, el petróleo constituye uno de los más grandes negocios a escala mundial. Concretamente: el segundo, detrás de la producción de armas. Quienes manejan el petróleo (unas pocas grandes mega-empresas globales, estadounidenses y británicas en lo fundamental), manejan y deciden buena parte de lo que sucede a toda la Humanidad. Son ellas las que fijan su precio, lo cual tiene incidencia en el precio de todos los otros productos que consumimos; son ellas las que deciden buena parte de las guerras. Son ellas, en definitiva, las que trazan las políticas de impacto mundial a mediano y largo plazo.

Estas empresas (Chevron, Exxon Mobil, Shell, British Petroleum, etc.) tienen facturaciones que superan los 200, 300 y 400 mil millones de dólares por año (varias veces el Producto Inter-no Bruto de Guatemala). Con ese volumen de dinero en sus arcas, es fácil darse cuenta el poder político con que cuentan. En otros términos: están por arriba de cualquier presidente de mucho más en el caso de aquellos pequeños y dependientes como el nuestro.

En su voracidad, estas megaempresas, protegidas por los gobiernos de los países donde tienen sus casas matrices, ven el petróleo que hay en cualquier parte del mundo como de “su propiedad”. Si está en el subsuelo de territorios soberanos, pues se las ingenian para que se pierdan esas soberanías. De ahí las interminables guerras que vemos sucederse en cualquier punto del globo, en muy buena medida provocadas por la búsqueda del oro negro, motor fundamental del capitalismo.
Hoy por hoy, muchas de esas enormes reservas petroleras se encuentran en la región del Me-dio Oriente. Si bien jurídicamente allí hay países soberanos, para la rapacidad de estas enormes empresas eso no es un problema. Si necesitan atacarlos pasando sobre su soberanía y convertirlos en una suerte de nuevas “colonias” para robar ese bien tan preciado, lo hacen. ¡Así de sencillo!

Pero en un mundo donde, mal o bien, existen regulaciones, donde la civilización ha logrado ponerle algún mínimo freno a la “ley del más fuerte” (para eso se supondría que está la ONU, por ejemplo), invadir un país para robar-le sus recursos necesita de ciertas circunstancias. Por ejemplo: preparar las condiciones políticas mínimas que avalen esas intervenciones. Es así que toda la historia mediática global, con su monumental manipulación y “lavado de cabeza”, hace tiempo que viene in-ventando esas condiciones. Es así que nace la presente “islamofobia” que vivimos.

¿Qué es eso? Es la construcción artificial, por me-dio de un bombardeo constante de los medios masivos de comunicación, de mensajes que dividen la Humanidad en dos: los “buenos” (dado por los occidentales, representantes de la razón, la democracia y la libertad…, donde están estas grandes empresas pe-troleras), y los “malos” (los musulmanes, seguidores del Islam, supuestos fanáticos religiosos, bárbaros y atrasados), en el subsuelo de cuyos países -¡vaya casualidad!- se encuentran las grandes reservas de oro negro.

Desde hace años, terminada la Guerra Fría don-de cayó el bloque soviético, la prensa comercial del sistema capitalista viene preparando las condiciones para generar en Occidente un clima anti musulmán. De alguna manera, han transformado el islamismo en el “malo de la película”, una presunta “amenaza” para la tranquilidad de nuestros países no musulmanes.

En realidad, no se trata para nada de una guerra religiosa, de un “choque de civilizaciones”, como llegó a decir un catedrático estadounidense (Samuel Huntington), explicando supuestamente la situación. Se trata de una descarada manipulación que apela a sentimentalismos baratos, donde se erigió la figura del musulmán como un “terrorista” que acecha, sanguinario, siempre listo para atacarnos. Eso ya hace décadas que se viene preparando. Y la peliculesca caída de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono el 11 de septiembre de 2001, atribuido a “terroristas musulmanes”, terminaron de cerrar el círculo. Posterior a ese hecho, expertos en demoliciones pusieron en dudas esa caída. Todo indica que fue, básicamente, un espectáculo preparado, un “efecto especial” bien lo-grado.
La idea es sencilla: “antes que estos bárbaros sanguinarios nos ataquen, los atacamos nosotros”. Nace así, desde Washington, la teoría de las guerras preventivas. Es decir: se ataca “preventivamente” un país (Afganistán, Irak, y los que vendrán) para que esos “bárbaros asesinos” no ataquen y rompan la paz de los países democráticos. Tanto se ha venido insistiendo con eso que ya se creó una fabulosa matriz de opinión universal, muy difícil de desmontar el día de hoy.

¡Pero tenemos que desmontarla! Nosotros, los comunistas, debemos denunciar muy enfática-mente la mentira en juego. La “islamofobia” que se ha puesto a circular es una estrategia justificatoria de las guerras preventivas que el capitalismo global, encabezado por el imperialismo estadounidense, emprende contra los países repletos de reservas petrolíferas y gasíferas. No hay “choque de civilizaciones”: hay robo descarado de recursos que están en muy buena medida en el subsuelo de países de tradición musulmana, recursos vitales para el sistema capitalista y para las empresas que lucran con ellos.

La aparición de Al Qaeda y el temible Osama Bin Laden en su momento, enemigo público de Occidente; el hollywoodense ataque del 11 de septiembre en Estados Unidos luego; la reciente aparición del Estado Islámico como nueva plaga bíblica que amenaza con matar y aterrorizar al mundo, son todas maquinaciones que preparan condiciones políticas y culturales para las rapa-ces invasiones que estamos viendo, en nombre de salvaguardar la libertad y la democracia, castigando a esos “temibles” musulmanes.

Lo sucedido en Francia a manos de un presunto comando fundamentalista musulmán (el asesinato de caricaturistas que habrían “osado” burlarse del profeta Mahoma) se inscribe en esa política. La reacción (sin duda des-medida) en favor de la “libertad de expresión” de Occidente, la rápida movilización de jefes de Estado en contra de esa “barbarie”, la condena contra ese “brutal hecho”, llaman la atención. Se repudia de un modo monumental ese atentado, pero no se habla una palabra de los masacrados continuamente por las potencias occidentales en estas guerras preventivas (en Irak ya va 1 millón y medio de iraquíes muertos desde la invasión estadounidense), ni de los abusos monstruosos de Israel (base militar de Washington en Medio Oriente) contra Palestina, o de las abominaciones en las cárceles de Abu Ghraib y Guantánamo. Silencio por demás llamativo, silencio cómplice.

La muerte de los periodistas y policías franceses es condenable. Pero no debemos quedarnos con ese discurso anti-musulmán definitivamente superficial y criminalizador. Debemos ver más allá de las apariencias y denunciar las mentiras en juego.

El capitalismo está dispuesto a hacer cualquier cosa para mantener sus privilegios. Si tiene que seguir masacrando seres humanos para no bajar su “tasa de ganancia”, lo hará. Si tiene que llegar a una Tercera Guerra Mundial como salida a su crisis como efectivamente podría estarse gestan-do (guerra termonuclear, por cierto, con peligro de extinción de la Humanidad), lo hará. Y todo esto, aunque estamos geográficamente lejos, nos toca también a nosotros en Guatemala.


¡No permitamos estas infames manipulaciones! Denunciemos con vehemencia todo esto. Mostremos la verdad tras esta islamofobia construida: ahí está el interés de las corporaciones petroleras multinacionales. ¡Basta de mentiras!

LLAMAMIENTO A LA JUVENTUD

Vos tenés la fuerza incontenible del amor y la razón. Vos que sos rebelde ante la esclavitud, explotación, despojo, discriminación, racismo, crimen y corrupción. Vos que no aceptás ser masa inerte y sumisa al capital y su poder.
Con tu amor y pasión, con tu voz y canto, con tus versos y ensayos, con tus pinturas y esculturas, con tus gritos y puños, con tus ideas y caminos, con tus identidades y diversidades, con tus verdades, con tu rebeldía e inconformismo, recreá la utopía y cambiá este mundo de dolor.
No dejés que te digan: ¡no podés! y ¡no seas soñador! Que no sueñen y que se auto limiten los burgueses, oligarcas, militares, fascistas, y a sus comparsas y testaferros de antigüedad.
Creé en vos. Levantáte.
Ahí donde estás ahora, desde todo espacio: ¡levantáte! En la escuela, en la fábrica, en la finca, en la calle, en la iglesia, en la organización, en la comunidad, el pueblo y el barrio, en la ciudad y el campo, levántate y transformá todo lo que deba ser cambiado.

 Levantáte, para que la primavera brote en maíz, leche y flores, en tierra y trabajo, en solidaridad y fraternidad, en dignidad, soberanía y libertad, en auroras y arcoíris de sonrisas y alegrías.
Levantáte, mujer y hombre.
Recupera tus raíces y florecé, toma en tus manos el presente y construí el futuro, desplegá tus alas y levantá vuelo, sé un torrente incontenible primaveral.
Levantáte Juventud.
Con nosotros y con vos, hagamos todos juntos la Revolución.
¡Viva la Juventud!

¡Viva la Revolución!

MEDIO AMBIENTE: UN PROBLEMA POLÍTICO DE TODOS

Por Andrea Soto
La degradación de nuestra casa común –el planeta Tierra–, que desde hace algunos años se da con una velocidad vertiginosa, es más que un problema técnico: es político, y no hay ser humano sobre la faz del planeta que pueda escapar a éste.
Hoy día el discurso dominante habla insistentemente de “cambio climático”. Con ello se pretende encubrir la verdad del desastre en curso: el clima no cambió espontáneamente, ni “se enloqueció” la naturaleza para “jugarle una mala pasada” a la especie humana. Es el sistema económico-social dominante (el capitalismo), y su particular modo de relación con la naturaleza, basado en el descontrolado saqueo y explotación, quien ha alterado, de manera dramática, los equilibrios biofísico-químicos del planeta. Por eso resulta impropio (¡o más bien condenable!) atribuirle a la naturaleza la causa de los actuales problemas ecológicos. Digámoslo claramente: padecemos un desastre medioambiental de proporciones planetarias debida a los patrones de producción y de consumo insostenible que el sistema capitalista basado en la propiedad privada creó.
Quizás, un primer abordaje superficial del asunto, podría considerarlo como consecuencia de factores exclusivamente ligados a la tecnología. Así, la producción en serie, a gran escala, podría suponerse dañina. Pero la tecnología es un hecho altamente político. Si la forma de concebir e impulsar la productividad del trabajo se da en el marco del actual modelo de desarrollo (sin dudas contrario al equilibrio ecológico), esto resulta, ante todo, un hecho político, pues habla de cómo establecemos las relaciones sociales entre nosotros y con el medio circundante.
Es cierto que la moderna industria creada por el capitalismo transformó profundamente la historia humana. En el corto período en el cual la producción capitalista se enseñoreó en el mundo – unos dos siglos– la humanidad avanzó técnicamente como no había hecho en milenios. Este hecho constituye un gran paso en la resolución de ancestrales problemas. La técnica basada en la ciencia emergida del Renacimiento europeo, con su visión matemática del mundo, contribuyó a resolver muchos problemas sociales. La vida cambió sustancialmente con estas transformaciones, se hizo más cómoda para algunos grupos humanos, menos sujeta al azar de la naturaleza.
Al mismo tiempo, y contradictoriamente, millones de seres humanos fueron marginados de tales adelantos. Concebida como está, la producción capitalista es, ante todo, mercantil. Por tanto, lo que la anima no es la satisfacción de necesidades de los pueblos, sino el lucro. Más aún: la razón misma de la producción pasó a ser la ganancia; se produce para obtener beneficios económicos. Infinidad de cosas producidas son absolutamente innecesarias: sólo existen en tanto son mercancías para vender. Esta es la clave para entender la historia que transcurrió en este corto tiempo, desde la primera máquina de vapor inventada en Inglaterra.
Si lo que prima es vender, la industria relega la calidad de la vida en función de seguir obteniendo ganancia. Y el planeta, la casa común que es la fuente de materia prima para que nuestro trabajo genere riqueza social, se relega y aniquila paulatinamente. Consecuencia: el mundo se va tornando invivible.
La cada vez más alarmante falta de agua dulce, la degradación de los suelos por los químicos tóxicos que inundan el planeta, la desertificación, el calentamiento global, el adelgazamiento de la capa de ozono, el efecto invernadero, los desechos atómicos, los transgénicos, son problemas de magnitud global a los que ningún habitante de la humanidad puede escapar.
En el Foro Mundial de Ministros de Me­dio Ambiente reunido en la ciudad de Malmoe, Suecia, en mayo del 2000, en el marco del Programa de las Naciones Uni­das para el Medio Ambiente (PNUMA ), se reconoció en la llamada Declaración de Malmoe que las causas de la degradación del medio ambiente global están íntima­mente relacionadas con problemas socia­les y económicos tales como la pobreza generalizada, los patrones de producción y consumo no sustentables, la desigual­dad en la distribución de las riquezas y la carga de la deuda externa de los países pobres. En otros términos, vemos que la destrucción del medio ambiente responde a causas eminentemente sociales, a la for­ma en que los grupos humanos se organi­zan y establecen las relaciones de poder; en definitiva: a motivos políticos.
El modelo industrial generó problemas de magnitud descomunal. El poder de des­trucción –y de autodestrucción– alcanza­do por la especie humana creció también en forma exponencial, por lo que las po­sibilidades de auto desaparecernos son cada vez más grandes. Llegamos a Marte, o podemos bombardear el átomo… ¡pero el hambre sigue cruelmente presente! Y también las guerras, en tanto defensa a muerte de la propiedad privada de unos pocos privilegiados.
Todo lo cual reafirma que el noratlántico y la idea de desarrollo que ahí se gestó están en franca desventaja y atraso con respecto a otras culturas, como las orien­tales, americanas, africanas. Estas últimas tienen una cosmovisión en la cual, la na­turaleza está estrechamente vinculada con ser humano, por lo que ésta debe ser res­petada y cuidada.
El desastre ecológico en que vivimos no es sino parte del desastre social que nos agobia. Si el desarrollo no es sustentable en el tiempo y centrado en el sujeto con­creto de carne y hueso que somos, no es desarrollo. El capitalismo, dada su estruc­tura más profunda, no quiere, ¡ni puede!, detener esa máquina loca de la voracidad económica que lo alienta. El socialismo, por tanto, es la única salida posi­ble para salvaguardar la vida en el planeta porque su búsqueda es y debe ser la creación de felicidad de toda la humanidad, la satisfacción de las necesidades vitales y el equilibrio entre sociedad y naturaleza.

Por eso, hoy más que nunca, debemos retomar la consigna de la gran luchadora que fuera Rosa Luxemburgo: “¡socialis­mo o barbarie!”

LA CONSULTA COMUNITARIA Y SUS ENSEÑANZAS

Por Ricardo Herrera
Los pueblos indígenas y mestizos aportan enseñanzas de valor histórico a la lucha revolucionaria en Guatemala. A partir de la manera en que históricamente se han organizado y han tomado decisiones, con la participación de sus autoridades, pero también de sus asambleas comunitarias, en cerca de 75 municipios se han auto-organizado Consultas Comunitarias de Buena Fe.
En estas consultas se ha preguntado: ¿Está de acuerdo o en desacuerdo con proyectos mineros e hidroeléctricos en sus territorios? En la totalidad de consultas, la decisión colectiva, participativa y democrática, ha sido ¡NO A LOS PROYECTOS EXTRACTIVOS! pues son sinónimo de expolio y muerte, antes que de bienestar social y garantías ambientales.

Entre muchas enseñanzas de esta experiencia,, sin ánimo de agotarlas en este artículo, podemos ver algunas de sus valiosas características y aportes para pensar en la lucha justa y necesaria en este momento histórico en el país:

1. En su perspectiva histórica, la resistencia de los pueblos por la defensa del territorio, constituye un esfuerzo por la protección y resguardo de la vida en todas sus dimensiones, de cara a los pro­yectos extractivos que, realizados irracionalmente sin ningún con­trol medioambiental, vulneran y destruyen la naturaleza y atentan contra toda forma de existencia de miles de comunidades y millones de seres humanos. L resistencia es expresión de defensa nada más y nada menos que nuestro hogar compartido: la Madre Tierra.
2. La resistencia de los pueblos se proyecta, en la actualidad, como la avanzada en el enfrentamiento al capital transnacional que, a través de distinto tipo de empresas (mi­neras, hidroeléctricas, agronego­cios, fincas, empresas de turismo, entre otras), extiende y profundiza el despojo de las trabajadoras y trabajadores de todos los países.
3. Las consultas se convierte así, en ejercicios de construcción de po­der popular maya, xinca y mesti­zo (en el caso guatemalteco), pues fortalece la experiencia y el cami­no que debe conducir a recons­tituir el poder de los pueblos. Es pues, un ejercicio fundamental en la construcción de sujeto político para la transformación de la reali­dad.
4. Las consultas realizadas han de­jado claro que minería, hidroeléc­tricas y agronegocios, al menos tal como están planteados, no son desarrollo para las comunidades y pueblos. Las comunidades se han revelado contra la idea dominante y los proyectos del supuesto desarrollo, impuestos por el capital y el Estado capitalista y militar.
5. Con la realización de las consul­tas comunitarias se busca la cons­trucción de una alternativa popular y democrática a la actual reali­dad de explotación, saqueo y mi­seria que viven los pueblos. Esta es una ruta de fortalecimiento para construir, desde ahí, un poder popular que permita avanzar en el enfrentamiento al capital, a la burguesía (local y transnacional) y sus Estados capitalistas.
Las consultas comunitarias, entonces, son una forma de participación democrática, nacida del poder del pueblo y la clase trabajadora. En este caso, de la comunidad rural, campesina, indígena y mestiza.
Las consultas comunitarias son un mecanismo para construir sujetos de transformación.

Son un mecanismo complementario a otros que, como la organización campesina y obrera, deben hacernos avanzar hacia la construcción del sujeto revolucionario.

EL ESTADO ES UN INSTRUMENTO DE LA CLASE DOMINANTE

Por Silvio Briones
Sin duda alguna, las luchas que los pueblos mayas, mestizos y xinca impulsan en el período actual, tienen un carácter digno porque reivindican su carácter de sujeto y justo porque persiguen el bien común. Al despojo histórico padecido a manos de invasores, de la burguesía local y el capital transnacional, se suma el despojo a manos de empresas mineras, hidroeléctricas, madereras, agronegocios, entre otras, además de la explotación permanente vivida en las fábricas, fincas, bancos y comercios, especialmente aquellos que integran la clase trabajadora del campo y la ciudad.
La lucha de resistencia y defensa del territorio impulsada, se ha traducido en denuncias, consultas comunitarias, interposición de recursos judiciales y constitucionales, para que se respeten sus derechos y se detenga el expolio.
El capital (empresas extractivas como las mineras, hidroeléctricas, etc.) y los gobiernos de turno, actúan contra la decisión de los pueblos y les niegan los derechos que les corresponden.
Lo más grave es, además, la imposición de los proyectos extractivos a fuerza de represión. Aliados, los terratenientes, las empresas y los gobiernos (nacional, departamental y municipal) han desarrollado una estrategia de intimidaciones, amenazas, atentados, asesinatos, captura de hombres y mujeres líderes de tales resistencias. Han impuesto Estado de excepción, como en Santa Cruz Barillas (Huehuetenango), San Rafael Las Flores (Santa Ros), San Juan Sacatepéquez (Guatemala), desconociendo las Consultas Populares. Han impuesto a sangre yfuego tales proyectos, en contra de los pueblos y organizaciones que ya no se comen el cuento que la minería, las hidroeléctricas, etc. son desarrollo y beneficios para las grandes mayorías.
Con esas políticas y esas acciones, el Estado y los gobiernos, confirman una de las principales tesis del marxismo: el Estado es un aparato de clase. Es decir, el Estado y por consiguiente los gobiernos dentro del capitalismo, son instrumentos para el dominio de la clase dominante, la burguesía como la clase propietaria de los medios de producción, como la tierra, la banca, el gran comercio, las fábricas.
El Estado guatemalteco funciona como un instrumento al servicio de las empresas mineras, hidroeléctricas, etc. tanto de origen local como transnacional. Por esta razón el Estado guatemalteco se preocupa por garantizar la propiedad privada, y no los intereses de las grandes mayorías. El Estado guatemalteco es un Estado históricamente racista porque ha servido y sirve para el dominio y opresión en contra de los pueblos mayas, garífuna y xinka, además del pueblo mestizo.
Lenin decía, en 1917: “el Estado es el producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase”. Tener clara esta característica fundamental del Estado capitalista, permite que veamos la necesidad de organizarnos para tomar el poder del Estado y convertirlo en un Estado radicalmente diferente, en un Estado que sirva a las grandes mayorías, a la clase trabajadora del campo y la ciudad y a los pueblos indígenas. Es decir, como afirmamos desde el marxismo, en un Estado Socialista.
Sólo un Estado Socialista garantizará el interés de las grandes mayorías, el bien común. Y esto será así, porque ese Estado Socialista deberá ser un Estado en manos de la clase trabajadora y de los pueblos originarios.
Esa es la mirada estratégica. Esta búsqueda debe marcar la lucha de resistencia y defensa del territorio.

¡Ahora debemos pasar de la resistencia a la lucha por conquistar el poder, para construir un Estado y una sociedad de todas y todos: Socialista!

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Contra la política de explotación del gobierno de Pérez-Baldetti-Sinibaldi

Una vez más el gobierno nacional da muestras de lo que verdaderamente es y para quién está gobernando: a un par de días de la Navidad, el lunes 22 de diciembre, fijó un salario tope de Q. 1,500.00 para los trabajadores de maquilas de cuatro municipios: San Agustín Acasaguastlán y Guastatoya (El Progreso), Estanzuela (Zacapa) y Masagua (Escuintla), es decir, un 56.79%  por debajo del salario mínimo.

Con anterioridad, contrario a los intereses de la clase trabajadora del campo y la ciudad decidió un aumento al salario mínimo de apenas un 5%. Es decir, a partir de enero de 2015, los trabadores agrícolas y no agrícolas deberán recibir un pago de Q.78.72 diarios y  Q72.36 para actividades de exportación y maquila, de modo que el salario mínimo mensual para el año 2015 será de Q. 2,644.36 y Q. 2,450.81 respectivamente, con las bonificaciones ya incluidas. Estos salarios mínimos siguen siendo de hambre, pues sólo la canasta básica alimenticia tiene un costo actualmente de Q. 3,200.00 y la canasta básica vital en Q. 5.800.00 (el doble del salario mínimo). Así que tanto el mísero 5% de aumento al salario mínimo, como la medida del salario tope de Q. 1,500.00 para los cuatro municipios ya mencionados, significan  una burla, un ofensivo y descarado golpe a la clase trabajadora.

Para validar su decisión en esos municipios, el gobierno montó un supuesto pedido de los Consejos Municipales de Desarrollo “para crear condiciones que atraigan la inversión y el empleo”. En realidad, se trata de una descarada maniobra pro-patronal y de entrega de la soberanía nacional, dado que las industrias maquileras se aprovechan de la terrible situación de los trabajadores guatemaltecos, por cuanto se instalan aquí sus empresas sólo en tanto tienen asegurada mano de obra casi regalada, sin sindicatos ni controles gubernamentales.

El gobierno y clase capitalista (llamada iniciativa privada o empresarial) tuvieron el descaro de saludar la medida y verla como un “regalo” oportuno para los trabajadores. El presidente Otto Pérez Molina la justificó diciendo que en esos municipios “Los estudios han confirmado que el ingreso real promedio apenas sobrepasa los 600 quetzales mensuales”, por lo que el salario ahora fijado sería una ganancia. Al mismo tiempo, el representante de la Cámara de Industria, Javier Zepeda, defendió la nueva medida como un buen incentivo para la inversión privada, lo cual –según su razonamiento– beneficiará a los trabajadores de los municipios en cuestión. “Es difícil que en estas regiones se tenga opción de ganar el salario mínimo y con esto queremos que sea una oportunidad para combatir la pobreza extrema en el país”, afirmó el dirigente de los burgueses industriales.

Como Partido Guatemalteco del Trabajo, denunciamos esta política y maniobra gubernamental, porque constituye una terrible violación a la legislación laboral vigente y abre la puerta para que posteriormente se legalice un salario tope de Q. 1,500.00 a nivel nacional. Con esto, el gobierno legitima y legaliza la impunidad, amparándose en la supuesta “bondad” que traería la inversión. Profundiza la explotación mientras garantiza mayor riqueza para la clase capitalista, especialmente aquella que desde el gobierno de Álvaro Colom se ampara en la Ley de Maquila para lograr la máxima ganancia a costa de los salarios de hambre para la clase trabajadora.

Enfáticamente nos oponemos a esta “prueba piloto” en estos cuatro municipios y repudiamos con el mayor vigor este atentado contra la clase trabajadora. Disminuir el salario mínimo –exiguo ya de por sí– es un criminal atentado contra todos los trabajadores del país, pues golpea una vez más a los más desposeídos e intenta sentar las bases para una mayor profundización de la explotación.

Es indudable que esta política y decisión del gobierno derechista de Otto Pérez Molina también pone en cuestión a la organización sindical, especialmente aquellas que se han plegado al actual gobierno y aquellas que, con una política de dejar hacer y dejar pasar, avalan con su silencio cómplice las políticas a favor de la clase capitalista.

Por eso nos solidarizamos con las organizaciones sindicales que actúan coherentemente en defensa de la clase trabajadora y hacemos un llamado a los trabajadores y trabajadoras para elegir dirigencias comprometidas con sus intereses y no líderes plegados a los intereses del gobierno y de la clase capitalista. 

¡No a las maniobras del gobierno de Pérez-Baldetti-Sinibaldi y de la burguesía!

¡No a la explotación de la clase trabajadora!

¡Por salarios dignos y justos!



Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo

viernes, 5 de diciembre de 2014

MUCHOS SON LOS CAMINOS QUE LLEVAN AL CAMBIO


Es posible y necesario el buen vivir
Sergio Pinto

Después de la intervención militar de los EEUU en 1954, Guatemala no ha tenido estabilidad, ni desarrollo con bienestar social, ni justicia.

La mayoría de los guatemaltecos somos gobernados por una minoría de capitalistas cuyos gobiernos y partidos aseguran el dominio de un grupo aún más pequeño: la oligarquía.

Si somos mayoría, podemos cambiar esta situación. Si somos mayoría, nuestras luchas son justas. Si somos mayoría, tenemos razón. Si somos mayoría, nos da legalidad el principio de que la soberanía consiste en la voluntad del pueblo.

Pero la minoría tiene más de quinientos años de estar dominando. Sus caretas cambian. Primero actuaban como colonizadores racistas, después como criollos descendientes y herederos de los invasores españoles. Después tomaron la careta de liberales, y ahora usan la máscara de la democracia. Y nunca han tenido razón, ni han sido justos. A lo largo de los años, se han enriquecido a costa del trabajo de los trabajadores del campo y de la ciudad.

Hoy, la mayoría se organiza y lucha en muchos lugares. Y resiste los golpes del ejército, de la policía y de los matones a sueldo contratados por los empresarios. Guatemala es un país de muchos pueblos. Y la gente se organiza, lucha y resiste. Tiene cada vez más confianza en sus propias fuerzas. Y aprende de sus propias experiencias. Aprende a no creer más en los ofrecimientos de los políticos corruptos. Aprende a avanzar en la defensa de su tierra, de su historia, de su cultura, de su comunidad, de su trabajo, de sus derechos y en la defensa de su cuerpo.

La gente aprende a conocer quién es su compañero y quién es el que se quiere aprovechar de ella. Aprende a juntarse con otros iguales, a organizar y a pensar bien cómo luchar.

Porque la lucha tiene su tiempo. Hay muchas victorias. Y es necesario que todo se junte, en un mismo fuego, donde ardan los chiriviscos que cada uno echa, porque la lucha de cada comunidad, se junta en la lucha de todo el pueblo para cambiar esta situación.

No se trata de que todos nos metamos al mismo camino, sino que cada comunidad haga su camino hasta juntarse con otros y otros. Así, el camino se hace más ancho y los triunfos se van juntando para ganar fuerza, ganar respeto y que ya no nos engañen más ni nos quiten las tierras, el trabajo y los recursos de la naturaleza. Es pues, el camino de muchas organizaciones, de muchos pueblos, de mucha gente.

La naturaleza nos enseña: el río se hace grande cuando en él se juntan muchos ríos pequeños. Al río grande no hay quien lo pueda contener. Por eso, tenemos confianza en que vamos a cambiar esta situación de injusticia. ¡Porque tenemos confianza en los pueblos que en muchos lugares de Guatemala, luchan!

¿Por qué luchan? En primer lugar, por la defensa de sus derechos a la tierra, al trabajo, a su cultura y a su historia. Por la defensa de su condición de mujer, por los niños y los ancianos. Por los patojos y las patojas.

En segundo lugar, por la salud, por la buena educación, por buenas carreteras, por una vida segura, sin ilegalidades. Luchamos por la justicia, la libertad y el pan de cada día. Por el respeto a la naturaleza y contra el uso de los recursos naturales para el negocio de unos pocos. Estamos en contra de que cualquiera ponga hidroeléctricas sin consultar y respetar a las comunidades. Estamos contra la explotación minera. Estamos en contra del sistema político que está tejido por la corrupción.

¿Y quiénes somos? Somos iguales, en nuestra voluntad de cambiar estas injusticias. Somos pueblos y comunidades que con su propia dirección luchan. No necesitamos a un grupo de iluminados que nos vengan a usar. Porque la dirección de nuestra lucha está en cada comunidad, con sus dirigentes naturales. ¡Que todos se levanten…! Dice el Libro de la Estera, el Pop Wuuj.

Es bueno, pues, que cultivemos la solidaridad con la gente que lucha en el monte, en las carreteras, en las ciudades. Que en nosotros brote la admiración, el orgullo y la confianza. Porque donde una comunidad lucha, está nuestro sentimiento y nuestra voluntad de levantar la lucha en cada lugar donde haya injusticia y atropellos.

Somos pueblos curtidos en la pobreza. Tenemos dignidad y vamos a defender lo nuestro. No nos preocupemos porque la lucha está en muchos lugares. Eso es bueno y además es necesario. Así se van construyendo organizaciones y dirigentes.

Algo más debemos hacer: darle apoyo a los que están en movimiento. Y divulgar, lo que se hace, lo que se avanza, que sea conocido por muchos, porque la prensa, la televisión y la radio están al servicio de los oligarcas. Entonces, entre nosotros mismos deben circular las noticias de las luchas, de los problemas y de las victorias.

¡Que todos se levanten…! Todas las luchas van a dar a una gran lucha. Y eso también debemos construirlo. La lucha de todos y todas, la organización de los pueblos con una fuerza que los oligarcas no puedan derrotar. Indígenas, trabajadores y trabajadoras, jóvenes, mujeres, gente de la ciudad que piensa correctamente, cristianos, católicos y no creyentes. Todos caminemos por la justicia, por nuestros derechos, por la libertad y el bienestar de todos, sin discriminación, sin racismo, sin violencia y sin abusos de los oligarcas. ¡Porque el futuro es nuestro!

En Camino Socialista, No.1, Época 1, Año 1, págs. 2-4

TERRORISMO ESTATAL CONTRA EL VALIENTE PUEBLO Q’EQCHI’

Ramón Pop

A quince días de haber firmado un convenio entre supuestos representantes comunitarios y la empresa Hidro Santa Rita, y a seis días de celebrar hipócritamente el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, el gobierno de Otto Pérez Molina mostró su verdadero rostro.

Sin piedad se reprimió a campesinos y campesinas Q’eqchi’es de comunidades de Cobán, Chiséc y Raxruhá, en Alta Verapaz. Con más de 120 patrullas y 1,500 efectivos policiales, militares y guardias privados, bajo la conducción directa del Ministro de Gobernación, se procedió a desalojar brutalmente a pobladores de las comunidades Monte Olivo, Nueve de Febrero y Semococh, donde hay una fuerte y legítima resistencia contra el proyecto hidroeléctrico Santa Rita, contra cobros excesivos en las facturas de tarifa eléctrica y contra la imposición de los monocultivos de caña de azúcar y palma africana.

El resultado fue: 3 personas asesinadas, más de 50 heridos y cerca de 25 detenidos ilegalmente. Esta es la mano dura de la que hablaron Pérez Molina y López Bonilla en su campaña proselitista.

Con estos hechos queda clara la verdadera política de la administración de Otto Pérez Molina: represión brutal contra el pueblo y concesiones al capital transnacional para la proliferación de todo tipo de industrias extractivas. Esto equivale a arrodillarse frente a los sectores de poder, nacionales y extranjeros.

Ante esos atropellos, lucharemos, junto al pueblo trabajador, campesino, estudiantil e intelectual, por la inmediata liberación de los detenidos, el retiro de todas las fuerzas represivas y la suspensión de cualquier acción punitiva en las comunidades agredidas. Hacemos un llamado a la intervención y presencia de entidades humanitarias para satisfacer la necesidad de seguridad de la población agredida.

Ante la represión empresarial y gubernamental, la resistencia popular organizada es una necesidad. Mujeres y hombres comunistas llamamos a materializar el más profundo, fraternal y solidario compromiso con las luchas de todos los pueblos por la defensa de la tierra, de la naturaleza y de sus legítimos derechos. ¡ALTO A LA REPRESIÓN CONTRA EL PUEBLO Q´EQCHI´!

En Camino Socialista, No. 1, Época 1, Año 1, págs. 4-5

TRIUNFO CONTRA LA LEY MONSANTO

¿Qué es eso de la Ley Monsanto? ¿Cómo nos habría afectado?

Ricardo Herrera

Todos consumimos alimentos para nutrirnos. Seamos de la ciudad o el campo, todos queremos alimentos sanos. Pero, como ya sabemos, muchos alimentos enlatados presentan componentes que producen cáncer y otras enfermedades. También existen químicos utilizados en la agricultura, conocidos como agro tóxicos (como fertilizantes, herbicidas), pues contaminan los alimentos y las aguas de los ríos y del mar.

La Ley Monsanto o Ley para la Protección de Obtenciones Vegetales, fue aprobada por el Congreso de la República en mayo de este año. Dicha ley abría la puerta para que empresas transnacionales del agro negocio (como Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, entre otras) productoras y comercializadoras de agro tóxicos y transgénicos (alimentos genéticamente modificados), patentaron como de su propiedad, las semillas del maíz, el frijol y otras plantas alimenticias.

¿Y que implicaba esto? Primero, que los campesinos serían obligados a utilizar y comprar las semillas de dichas empresas. Segundo, las semillas transgénicas, que impondrían las transnacionales y sus operadores locales, se esparcirían, y sustituirían gradualmente a las semillas nativas, más adaptadas a las condiciones del clima del país. En tercer lugar, el campesino estaría sujeto, año con año, a la especulación de los intermediarios por las semillas utilizadas.

¿Esto qué significa? El campesino y agricultor tendrían costos más altos, menor ganancia y mayor riesgo pues, cultivarían productos transgénicos. Esto, sumado a la utilización de agro tóxicos implicaría que, también, todos los guatemaltecos consumiríamos productos transgénicos contaminados y más caros. Aumentaría, entonces, el nivel de explotación y pobreza.

Los efectos dañinos de esta Ley a la agricultura, repercutirían inmediatamente en la economía campesina y popular, en la alimentación, en la biodiversidad, en el ambiente, etc. Esta Ley violaba entre otros derechos: el derecho a la seguridad alimentaria y nutricional, el derecho a un ambiente sano y diverso, además derechos culturales relacionados con el uso de semillas criollas que por cientos de años han garantizado el alimento de la mayoría de la población.

¿Y entonces, por qué aprobaron esta Ley en el Congreso? Esta ley fue aprobada sin informar debidamente a toda la población en general y a los pequeños y medianos agricultores en especial. Es posible suponer que las grandes transnacionales sobornaron a los diputados y al gobierno.

Esto confirma que estamos ante un gobierno y un congreso, dirigido por políticos y partidos políticos, sin interés alguno en garantizar el bien común. Por el contrario, sus objetivos parecen apuntar hacia el enriquecimiento -ilícito- y bienestar de pequeños grupos empresariales nacionales y transnacionales.

¿Entonces qué tuvimos que hacer? Pueblos, organizaciones y sectores sociales como campesinos, mujeres, maestros, jóvenes, estudiantes; nos levantamos y nos movilizamos contra la Ley Monsanto.

¿Qué logramos con dicha movilización? Logramos que el Congreso y el Gobierno, dieran marcha atrás y se derogara la Ley Monsanto. Podemos cantar ¡VICTORIA!

¿Qué debemos hacer ahora? Primero, celebrar este triunfo de los pueblos y las organizaciones sociales. Segundo, fortalecer la articulación entre organizaciones. Tercero, no permitir que las prácticas electoreras nos desarticulen. Cuarto, movilizarnos contra el intento de aprobar cualquier ley parecida que garantice ganancias a las transnacionales como la Monsanto. Quinto, movilizarnos contra otras leyes y políticas que nos afectan como: a) la política minera y energética, b) la Ley de promoción de inversiones y empleo c) la política de represión contra las comunidades, organizaciones y pueblos. Sexto, luchar por la aprobación de la Ley de Desarrollo Rural Integral (40-84) y otras leyes de beneficio para los pueblos, la clase trabajadora del campo y la ciudad, y para la juventud y las mujeres.

En Camino Socialista, No. 1, Época 1, Año 1, págs. 5-7