lunes, 10 de julio de 2017

Estados Unidos contra Cuba

Por Felipe Tzoc

Cuba socialista es un ejemplo de dignidad para el mundo. Después de casi 60 años de verse sometida a todo tipo de acosos, bloqueos, agresiones, la Revolución sigue presente, robusta, dando excelentes resultados. Como dijo alguna vez Fidel Castro: “en el mundo hay 200 millones de niños de la calle; ninguno de ellos es cubano”. Más allá de errores que se deberán seguir subsanando, los logros del socialismo brillan por todos lados: Cuba tiene índices socioeconómicos de los mejores en Latinoamérica, en muchos casos, superiores a los de los más avanzados países capitalistas. Salud, educación, seguridad social, vivienda, investigación científica, cultura y deporte, son todos aspectos descollantes de la isla, aunque los excluyentes supermercados no están rebosantes de mercaderías y el consumismo voraz -que conocen solo unos pocos en Guatemala- no esté presente (mostrando así el presunto “desastre” del socialismo, tal como la propaganda capitalista lo quiere presentar). 

La derecha (la cubana en el exilio así como la internacional) vio en la desaparición física de Fidel el fin de la “dictadura comunista”. ¡Pero menudo chasco se llevó! La revolución ya se estableció hondamente, echó raíces y va mucho más allá de personas, de “líderes carismáticos”. El socialismo, en definitiva, debe ser eso: la construcción de una sociedad de iguales donde todos somos autoresponsables y no se depende de un “cacique” que conduce. Con o sin Fidel, la revolución sigue adelante. 

Los presidentes de Estados Unidos, en tanto representantes de la principal potencia capitalista mundial, con mayor o menor vehemencia, todos han intentado derrotar la revolución cubana, como “mal ejemplo” que no debía expandirse. Han hecho lo inimaginable para boicotear el proyecto socialista, pero las seis décadas de hostilidades no sirvieron para frenarla. De hecho, en la anterior presidencia de la Casa Blanca, del ex mandatario Barack Obama, viendo la inutilidad del bloqueo, optó por abrir las relaciones. El supuesto de esa acción, nunca declarado oficialmente, era minar la revolución desde dentro con la introducción del capitalismo: si no pudieron con ataques externos y bloqueo, se intentaría con un ataque desde lo interno, con un ataque a la moral revolucionaria (los famosos espejitos de colores).

Pero vemos ahora, no sin asombro, que el primer mandatario de Washington, Donald Trump, da marcha atrás con lo acordado por su antecesor apelando a un lenguaje provocativo, exigiendo “elecciones libres” (según el modelo capitalista burgués) y “libertad a los presos políticos”. ¿Por qué este cambio repentino? 

Si se analiza objetivamente la medida, puede apreciarse que en realidad no trae ninguna consecuencia política para Cuba. En realidad, la propuesta de Barack Obama había sido un tímido intento de abrir las relaciones bilaterales, gesto apreciado y correspondido por el gobierno cubano, pero que, al menos hasta ahora, no había cambiado en nada sustancial la tradicional política yanqui de ataque a la isla. Se habían comenzado a dar tibiamente algunas inversiones estadounidenses en territorio cubano ligadas al turismo, y se comenzaban a abrir los viajes de ciudadanos del país del Norte hacia el país caribe- ño (pero sin levantar el bloqueo, y sin quitar la provocativa base de Guantánamo). Retrotraer ahora las relaciones a un momento equiparable a los peores años de la Guerra Fría, según la medida de Trump, es un endurecimiento llamativo. Ello puede entenderse solo en la lógica de una situación doméstica, explicable desde la política nacional de Estados Unidos. 

En el corto tiempo transcurrido desde su ascenso, en enero del 2017, hasta la fecha, el magnate neoyorkino transformado en presidente ha tenido básicamente desaciertos en su accionar como mandatario. Peleas con el partido Republicano al cual pertenece, desencuentros con el Poder Legislativo, acusación de relaciones dudosas con el gobierno ruso (que le habría facilitado su llegada a la Casa Blanca), maniobras erráticas como el lanzamiento de un misil en Siria o la “madre de todas las bombas” en Afganistán (vacías e inconducentes acciones militares sin consecuencias reales), incumplimiento de las (irrealizables) promesas de campaña, como la repatriación de los capitales norteamericanos invertidos en el resto del mundo para devolver puestos de trabajo a los obreros estadounidenses o la construcción del muro en la frontera con México. Sus “metidas de pata” han colocado a Donald Trump en una situación difícil, incómoda. La prensa lo ataca, y su popularidad ha descendido en forma alarmante. 

Su falta de tacto político le ha llevado a cometer demasiados desaciertos en corto tiempo, lo que ya desde el inicio de su gestión le valió que un grupo de psiquiatras recomendara su remoción del cargo de presidente por “ineptitud mental”. Ante todo ello, la decisión de “mostrar los dientes” con una medida bravucona que deje ver que “tiene los pantalones bien puestos”, llevó a Trump a esta trasnochada medida de endurecer la posición hacia la revolución cubana. 

Está claro que, como tantos presidentes yanquis ante crisis internas, Trump apela a una maniobra “salvadora”, que le dé aire fresco y permita verlo como presidente enérgico: una declaración de guerra por aquí, una invasión por allá. La cuestión es levantar el nacionalismo con alguna acción de cortina de humo. El expediente de endurecer la política hacia Cuba con una retórica ya hoy abandonada no es más que un manotazo de ahogado. 

Insistímos: eso no trae ningún cambio sustancial en las relaciones bilaterales, y hasta incluso puede terminar favoreciendo a Cuba, que una vez más queda en el papel de víctima ante el gigante imperialista, lo que mueve a la solidaridad de la comunidad internacional. Pero sí demuestra que la victoriosa revolución cubana sigue siendo una insoportable piedra en el zapato para la geopolítica yanqui. 

Cuba sigue siendo un ejemplo de dignidad, y aunque la actual maniobra pueda parecer atemorizante, no hace sino elevar más aún la moral revolucionaria de los cubanos. Como comunistas nos oponemos terminantemente a esa injerencia de Washington en los asuntos internos de un país libre y soberano. 

¡Viva Cuba socialista!
¡No a cualquier maniobra injerencista del imperialismo!

Se fragua un golpe de Estado en Venezuela

Por Estuardo Arévalo

Si alguna vez usted creyó o sigue creyendo que en Venezuela estamos ante una dictadura, está muy equivocado. Todo lo contrario. 

Como si fuera una telenovela (género mediocre y barato, de consumo para las masas) desde el imperio de EEUU, desde las grandes empresas de comunicación mundial y desde la burguesía venezolana y sus medios de difusión se construye un relato donde los malos están en el bando de la Revolución Bolivariana y los buenos son los terroristas de la oposición que pretende derrocar al gobierno popular, revolucionario y legítimamente electo de Nicolás Maduro.  

Pero desnudemos el libreto de esa mala telenovela. 

¿Quién es la oposición venezolana? La oposición es dirigida por una oligarquía y sus comparsas partidarias, quienes pertenecen al antiguo régimen que parasitaba a partir del saqueo del petróleo y demás recursos del Estado venezolanos. Esta oposición es la heredera de los partidos y de la clase dominante que ejecutó la masacre durante el llamado Caracazo en 1989. En su búsqueda por derrocar a Nicolás Maduro, esa oligarquía y esos partidos políticos de derecha han encontrado en la jerarquía católica un cómplice ideal, lo que nos recuerda a los guatemaltecos aquella iglesia católica que fue co-responsable del golpe de Estado contra Jacobo Árbenz Guzmán (1954) y de la masacre contra miles de guatemaltecos durante los años posteriores. 

El objetivo de esta oposición es recuperar para la oligarquía y el imperio yanqui el control del Estado, el cual perdieron con el ascenso de Hugo Chávez Frías al poder en 1999. Esto, porque al no controlarlo han perdido la posibilidad de saquear los recursos públicos y los bienes naturales que hacen parte de las enormes riquezas venezolanas. 

Para lograr su objetivo han desplegado una estrategia consistente en constantes intentos por fraguar un golpe de Estado. De hecho, el 20 de junio, la dirigencia golpista ha vuelto a declarar su “desconocimiento del gobierno de Maduro”, lo cual no significa otra cosa que su pretensión por derrocarlo. 

Pero cuáles son las principales acciones que integran esa estrategia de la derecha local e internacional contra la Revolución Bolivariana. 

1. A través de los medios de comunicación con mayor difusión a nivel local e internacional, las oligarquías de toda América Latina y EEUU, realizan una campaña de mentiras, a través de la cual intentan que las grandes masas vean en la oposición a grupos democráticos y héroes que defienden las libertades y la democracia. Al mismo tiempo, pintan al gobierno de Nicolás Maduro como un dictador y como un gobierno represivo, que intenta dar un golpe de Estado. Para esto, realizan montajes de noticias, difunden solo las versiones de la oposición y ocultan los actos terroristas que esta realiza. Existen programas, principalmente en televisoras latinas estadounidenses –en manos de empresarios de extrema derecha–, dedicados permanentemente a promover esa versión falsa de la realidad venezolana. Así mismo, han activado la llamada Sociedad Interamericana de Prensa, es decir, el mayor cartel de empresarios de medios de prensa masivos de Latinoamérica para concertar una misma versión de los hechos. Siendo que también controlan empresarialmente el Twitter y Facebook, impulsan campañas publicitarias orquestadas para promover a la oposición, defenestrar al chavismo y, por esa vía, convocar a manifestaciones terroristas. En esta campaña han sumado, además, a una casta de malos artistas con presencia mediática, quienes pretenden mover el sentimiento de las masas en apoyo a la oposición y en favor del derrocamiento del presidente Maduro. 

2. Desarrollan acciones de permanente sabotaje económico. Esto solo la oligarquía podría hacerlo porque controla aun la economía venezolana. Eso lo realiza a través de la manipulación del precio del dólar, la merma de la producción, la importación y el abastecimiento de alimentos y bienes de consumo diario, el bloque de carreteras para que los insumos y alimentos no lleguen hasta las viviendas de las clases populares. Lo que pretenden con esto es generar descontento social contra el gobierno de Nicolás Maduro, sin lograrlo, tal como en 1973 lo hicieron con Salvador en Chile. 

3. A través del parlamento que controla oposición, han intentado destituir al presidente y pretendido legitimar e institucionalizar el golpe de Estado, empeño en el cual han fracasado porque se enfrentan a las disposiciones constitucionales y a la falta de apoyo popular para lograrlo. 

4. Activación de sus operadores en el Tribunal Supremo de Justicia y en la Fiscalía para activar medidas jurídicas para la destitución del gobierno, para impedir la asamblea constituyente que será elegida el 30 de julio y para proteger a sus hordas opositoras que han sido capturadas por hechos de terrorismo. 

5. Activación de hordas fascistas que asesinan y atentan contra hospitales, guarderías, colegios, transporte de alimentos, infraestructura petrolera, energética y de instituciones públicas. Hordas fascistas dirigidas por líderes opositores y financiados por fundaciones y agencias estadounidenses. En estas han involucrado no solamente a opositores de derecha, provenientes de la misma burguesía, sino también a pandilleros, niños engañados y paramilitares colombianos, como ha quedado demostrado. 

6. Se han negado a todo mecanismo de diálogo y de participación democrática. Reiteradamente se han negado a dialogar, aun cuando presidentes y el mismo Papa Francisco, han intervenido como mediadores. Buena parte de la oposición, además, en lugar de inscribir a sus candidatos para la elección de la nueva constituyente, han preferido declararla inconstitucional y antidemocrática –aun cuando es un hecho de profundo contenido democrático–. A pesar que existe ya un calendario para elegir gobernadores (diciembre de 2017) y al nuevo presidente de la república (2018) como ha sido su exigencia, contradictoriamente con la constitución, la oposición venezolana desconoce estos procesos y exigen elecciones de nuevo presidente de forma inmediata. Ante el fracaso de los anteriores mecanismos en su objetivo de derrocar al chavismo con una especie de “revolución de colores” como las que han sido promovidas en Europa del este y en países de África y Asia, en las cuales lograron la complicidad de las fuerzas armadas y la movilización de amplias masas de ciudadanos - que en el caso venezolano siguen fieles al gobierno revolucionario de Maduro-, el imperio yanqui y las oligarquías latinoamericanas han impulsado una estrategia de intervencionismo e injerencia que se corrobora en los planes Sharps y Venezuela Freedom 2 del Departamento de Estado de EEUU. 

Al no lograr el derrocamiento del presidente democrático y legítimo de Nicolás Maduro, el imperio, las oligarquías latinoamericanas y la oposición, apuestan por crear un clima de crisis y violencia que asemeje una situación de violación de derechos humanos y de guerra civil para justificar una intervención extranjera. Para ello se ha dado continuidad al financiamiento de las acciones de desestabilización y terrorismo. De no lograrlo, ha planeado una invasión del territorio venezolano. En esta búsqueda están desarrollando las siguientes líneas: 

1. Despliegue de acciones diplomática para lograr aislar, sancionar e intervenir Venezuela desde distintos espacios multilaterales, como la Organización de Naciones Unidas (ONU) donde esta búsqueda ha sido derrotada. Así mismo, en la Organización de Estados Americanos (OEA), que tradicionalmente ha sido un ministerio de colonias del imperio yanqui, a través de la gestión y ataque oficioso de Luis Almagro, secretario de la misma, y de varios de gobiernos derechistas como los de México, Brasil, Argentina, Honduras y Guatemala, han pretendido sin éxito activar la Carta “Democrática” que abriría un marco de “legalidad” para la intervención, inclusive militar, contra Venezuela. 

2. Despliegue de armas y tropas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para intentar intimidad y crear un cerco marítimo estratégico contra Venezuela, que se complementa con la ocupación que el imperio yanqui mantiene en territorio colombiano. Esto se intensificó durante el mes de junio y podría ser un paso en la búsqueda por generar una fuerza militar de oposición o por invadir el territorio venezolano. 

3. De no lograr que la estrategia surta efecto, el paso extremo sería una intervención militar directa, encabezada o dirigida por Estados Unidos y seguramente acuerpada por Estados como el colombiano, dirigido también por una oligarquía apátrida e íntimamente relacionada con el gran negocio del narco. 

La estrategia injerencista, fascista y golpista de la 6 Camino Socialista oposición venezolana, bajo la dirección de la oligarquía local y del imperio estadounidense, ha sido un fracaso hasta el momento. Esto se debe a la movilización popular revolucionaria, la conducción revolucionaria, la lealtad de las fuerzas armadas y la configuración de un grupo de países amigos que, con coherencia, se han opuesto a cualquier acción injerencista e intervencionista contra Venezuela. 

En este momento resulta fundamental para avanzar en la derrota de la oposición venezolana y la injerencia imperialista de EEUU, el llamado al proceso constituyente, a través del cual ha instalado un ejercicio soberano y profundamente participativo y democrático para consolidar los cambios revolucionarios que han beneficiado a las grandes mayorías del pueblo venezolano. 

Ante la violencia fascista y terrorista opositora y la injerencia imperialista, lo que se observa en Venezuela es mayor participación, más democracia, más beneficios populares, más cambios revolucionarios.

Camino Socialista No 25, junio 2017 Época I año 4 

¡Indigna la política exterior de Guatemala!

Del protectorado llamado Guatemala


Una de tantas ejecutorias del Estado de Guatemala y del gobierno de Jimmy Morales, es su decisión de ser comparsa en la búsqueda por intervenir en los asuntos de la República Bolivariana de Venezuela.

Nuevamente, el 20 de junio en ciudad de México, la representación de Guatemala en la Organización de Estados Americanos (OEA), votó a favor de una resolución promovida por Estados Unidos y por su peón, el señor Luis Almagro, que pretendía legitimar la injerencia e intervención en el proceso venezolano. Apoyó un documento que hace parte de la estrategia de la derecha que implementa acciones fascistas y que pretende un golpe de Estado contra el presidente constitucional, Nicolás Maduro.

Cómo cuestión de principios, la representación digna de Venezuela, defendió exitosamente esta intentona imperialista y servil de gobiernos como el guatemalteco.

Camino Socialista No 25, junio 2017 Época I año 4 

El anticomunismo: una ideología criminal

Por Antonio Castillo

El anticomunismo, como ideología propagada por Estados Unidos como el principal oponente de las corrientes socialistas y comunistas a nivel global, irradió de tal manera que en cada contexto adquirió características propias. 

En Guatemala, esta ideología empezó a enraizarse como dominante especialmente con la dictadura de Jorge Ubico (1930- 1944), cuya política implicó el encarcelamiento y asesinato de comunistas así como de otros luchadores sociales que reivindicaban sus derechos económicos, sociales y políticos. 

Al triunfar la Revolución Democrática en 1944, la ideología anticomunista continuó siendo abanderada principalmente por la clase dominante y la jerarquía católica en su enfrentamiento contra los gobiernos revolucionarios, contra toda organización y lucha de la clase trabajadora del campo y la ciudad y contra los cambios que durante diez años se promovieron en favor de las grandes mayorías. Estas ideas constituyeron el principal constructo ideológico que articuló a fuerzas económicas, eclesiales y militares, que bajo la dirección de Estados Unidos, ejecutaron el golpe de Estado contra el presidente Jacobo Árbenz Guzmán e instauraron a partir de 1954 sucesivos gobiernos que compartieron una orientación común: persecución y aniquilamiento de los comunistas, que para ese momento incluía a los comunistas pero también a toda organización política y social que hubiera sido apoyo al gobierno revolucionario y a toda reivindicación y lucha social. Miles fueron las acciones y los crímenes de gobiernos y fuerzas económicas y políticas que después de 1954 ejecutaron la política anticomunista: amenazas, encarcelamiento de luchadores sociales, torturas, detención y desaparición forzada, violación de niñas y mujeres, y asesinato de miles de guatemaltecos y guatemaltecas en los primeros años de la contrarrevolución anticomunista. 

El anticomunismo fue la ideología que sirvió para justificar la represión contra la organización popular, sindical, campesina, indígena, estudiantil e intelectual. Así mismo, para enfrentar al movimiento revolucionario que, como reacción, intentó por la vía armada derrocar al anticomunismo. 

El anticomunismo, alimentado desde el exterior por Estados Unidos en su guerra contra el avance de los procesos revolucionarios, se convirtió en la ideología predominante, que fue inculcada en el pensamiento de la población guatemalteca. Esta fue la ideología que continuó siendo el asidero para legitimar innumerables crímenes, inclusive crímenes de lesa humanidad, como el genocidio, demostrado fehacientemente además por sendos informes de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico y el Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi). 

Por esto afirmamos que el anticomunismo fue y es una ideología criminal, que hoy se expresa en políticas y acciones fascistas que emanan de las clases dominantes, de los Estados capitalistas y de grupos políticos derechistas. Continuar reproduciendo el anticomunismo es complicidad con lo que fue, es y puede llegar a ser en las políticas criminales y terroristas contra la organización social y política progresista o revolucionaria de nuestros pueblos. 

Camino Socialista No 25, junio 2017 Época I año 4 

ASÍ ACTÚA EL ESTADO CAPITALISTA AHORA

Editorial
Camino Socialista No 25

La burguesía y su Estado guardián de sus negocios, promulgan leyes y políticas para lograr el crecimiento exponencial de sus ganancias, a costa de la explotación y opresión de las clases trabajadoras y del deterioro alarmante de sus condiciones de vida. 

Esto se expresa en leyes que garantizan una mayor flexibilidad laboral. Que se traduce en legalizar lo que empresarios ya realizan: contratación por horas o por algunos cuantos meses o por quincenas alternas, pagando en el campo salarios muy bajos de hasta 25 quetzales el jornal. Sin garantías de condiciones dignas de trabajo, sin seguridad social y sin prestaciones laborales. El 90% de los/as trabajadores/as no reciben el salario mínimo legalmente constituido (en zona urbana el 50% no recibe salario mínimo y en zona rural el 90% no lo recibe tampoco). Eso representa uno de los principales factores que imposibilitan la organización sindical que garantice una mínima defensa de los intereses de las clases trabajadoras guatemaltecas. 

También se expresa en leyes y resoluciones judiciales que garantizan el saqueo y expolio de los bienes comunes como los ríos, lagos, subsuelo y extensas porciones de tierras, en donde construyen hidroeléctricas, desvían corrientes de agua, extraen minerales y metales preciosos, y siembran extensos monocultivos. Los capitalistas agreden brutal y fatalmente a la naturaleza. Por otro lado, se recetan normas que no impiden que una empresa pueda apropiarse de un río para sus propios usos, privando del agua a miles de comunidades. Se aseguran legalmente la cesión de cualquier territorio para ser explotado por empresas mineras, petroleras, hidroeléctricas y telefónicas.

Se garantizan resoluciones que permiten que los proyectos extractivos continúen su ejecución a pesar de romper la propia legalidad estatal, por medio de lo cual continúa la invasión a territorios rurales ladinos e indígenas, con la consecuente expulsión de sus habitantes. Oportunistamente, recién, el CACIF presentó su particular propuesta de ley de aguas al Congreso de la República, con el nefasto objetivo de legalizar el despojo histórico de las aguas realizado por los finqueros y los dueños de la agroindustria. 

Está claro cómo el Estado burgués protege los intereses de su minoría clasista antes que cualquier interés de las mayoritarias clases trabajadoras. Los organismos del Estado y la Corte de Constitucional actúan fundamentalmente para proteger los intereses de la burguesía explotadora y opresora, de su capital y el de las empresas imperialistas transnacionales. 

En este marco, enfrentar los avances del capital requiere profundos esfuerzos organizativos y políticos de las clases trabajadoras. Es urgente y necesario retomar el movimiento sindical clasista y revolucionario, y dar las batallas, económicas, políticas e ideológicas contra la burguesía, su oligarquía y el imperialismo. LA UNIDAD DE LAS EXPRESIONES ORGANIZATIVAS DE LAS CLASES TRABAJADORAS ES INDISPENSABLE PARA ACTUAR COMO UN SOLO PUÑO QUE DERRIBE AL ESTADO BURGUÉS. 

Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo 
Partido Guatemalteco del Trabajo 

viernes, 30 de junio de 2017

¡NADA QUE CELEBRAR! ¡JORNADA DE LUCHA Y RESISTENCIA CONTRA EL EJÉRCITO ASESINO Y PATRIARCAL!

El 30 de junio de 1871 el ejército liberal entra a la Ciudad de Guatemala y se nombra a Miguel García Granados como presidente privisional, poniendo en marcha la llamada "Reforma Liberal de 1871". En 1873 es elegido como presidente Justo Rufino Barrios, quien sigue la línea e García Granados. Con ello inicia toda una política de Estado, policial y militarizado, de robo de tierras, explotación laboral y de bienes naturales de los pueblos indígenas y campesinos pobres, que persiste hasta el día de hoy. Se sientan las bases del actual Estado guatemalteco, que se caracteriza por su militarización, el racismo, la violencia patriarcal, la homofobia y la misoginia.

En 1954, la intervención de EEUU en apoyo a la United Fruit Company, la oligarquía y el sector del ejército más reaccionario, apagaron las luces de la transformaciones económicas y políticas que se empezaron a gestar durante el "decenio democrático". Cinco años más tarde Miguel Idígoras Fuentes estableció el 30 de junio como día de celebración del ejército. Mientras tanto, se configura un Estado anticomunista y contrainsurgente, con entrenamiento militar en la Escuela de las Américas, que hizo a la institución militar experta en torturas, ejecuciones extrajudiciales y exterminio de los considerados "elementos subversivos" del orden tradicional establecido, lo que finalmente se extendió a la mayor parte de la clase trabajadora, la población pobre e indígena del país.

Los consecutivos gobiernos militares y su presencia territorial en toda la república, dominaron gran parte de la vida política del país y de la segunda mitad del siglo XX. Durante más de cuatro décadas ejecutaron sistemáticas violaciones a los derechos humanos, en contra de los pueblos y comunidades indígenas y en contra de las mujeres de todas las edades, incluyendo bebés y niñas. Durante estos años, el ejército convirtió a las mujeres en armas de guerra. Cometió innumerables atrocidades y vejámenes en contra de nosotras, incluyendo: torturas, asesinatos, desapariciones forzadas, secuestros, violaciones sexuales, y esclavitud sexual y laboral, las cuales en su mayoría siguen en la impunidad.

Los Acuerdos de Paz (1996) obligan al retorno del ejército a los cuarteles, y a desempeñar funciones para garantizar la libertad, la soberanía, la democracia y la paz. A pesar de lo anterior, la depuración del ejército no ha sido total, elementos de la institución siguen violando los derechos humanos, se mantienen los destacamentos militares, patrullan en las calles y reciben entrenamiento militar extranjero. Un importante sector del ejército del país se ha convertido en parte de las clases dominantes a través de la usurpación de tierras, el despojo a los pueblos y a los campesino, la inserción en diferentes negocios y redes ilícitas de contrabando. Los veteranos retirados son un importante grupo de presión, influencia política y mantienen su línea dura y anticomunista. Asimismo, el ejército ha incursionado en el ejecutivo y el legislativo, cometiendo diversas ilegalidades (como son los casos de Otto Pérez Molina y Mauricio López bonilla)

La historia ha querido ser borrada, se niega el genocidio y las violaciones sistemáticas del ejército en contra de nosotras, las mujeres, y con ello se pretende crear toda una generación desmemoriada. Por ello y con el ánimo de recuperar nuestra memoria nosotras las mujeres NO OLVIDAMOS Y NO PERDONAMOS las injusticias y atrocidades cometidas por el ejército de Guatemala.

Hoy 30 de junio, no tenemos nada que celebrar. Es jornada de resistencia y lucha contra el poder militar y patriarcal; por la desmilitarización de nuestros cuerpos y nuestros territorios, por la demilitarización del Estado y de la sociedad. Es jornada para la Memoria, Verdad y Justicia.

Recordamos de manera especial a las 42,275 víctimas de la violencia armada en Guatemala, a las mujeres violadas y torturadas por manos de soldados bajo la orden  de sus jefes como lo evidencia el caso de nuestras hermanas de Sepur Zarco.  Tampoco olvidamos a mujeres como Mamá Maquín, Rogelia Cruz, María Chinchilla, a las víctimas de la masacre de Río Negro, donde en 1982 el ejército mató a 177 indígenas.

Hoy también queremos reconocer el incansable trabajo de las mujeres madres que perdieron a sus hijos e hijas, así como a las hermanas (como Aura Elena Farfán y Marylin Bustamante) que siguen buscando a sus familiares desaparecidos, que lucharon y siguen en la batalla por la construcción de una Guatemala más humana. A las mujeres sobrevivientes y aquellas que hoy luchan aún por construir una mejor sociedad a pesar del riesgo que implica esta lucha.

Ante un Estado racista, patriarcal, homofóbico y misógino, nosotras las mujeres decimos BASTA DE CELEBRAR A QUIENES NOS HAN QUERIDO DESAPARECER como sujetas de la historia. No permitiremos un tercer despojo porque 500 años no han bastado para desaparecernos.

¡Por la autodeterminación de las mujeres frente a las diversas violencias y opresiones del patriarcado y el capital!

¡Por un mundo donde seamos socialmente iguales!

¡Por la revolución socialista!

COMITÉ DE MUJERES COMUNISTAS "ROSA LUXEMBURGO"
PARTIDO GUATEMALTECO DEL TRABAJO
PGT

domingo, 4 de junio de 2017

Lucha de clases en Venezuela

Nuestra apoyo decidido a la Revolución Boliviariana

La escalada en el enfrentamiento que sacude a la República Bolivariana de Venezuela requiere claridad y decisión política para apoyarla.  

En Venezuela existen dos fuerzas políticas enfrentadas.

La primera fuerza política está integrada por fuerzas revolucionarias que han logrado -no sin dificultades y errores- mantenerse en el control el Estado, encabezados por Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro. Son fuerzas que han logrado avanzar en transformaciones importantes de beneficio para el pueblo venezolano, aunque insuficientes para trascender hacia un nuevo régimen económico, social y político. Son fuerzas cuya extracción social y proyecto político recupera anhelos, propuestas e intereses procedentes del pueblo trabajador, que hasta la llegada del bolivarianismo al poder, había estado excluido en todo sentido. A esta fuerza pertenece el Partido Comunista de Venezuela, el cual ha estado manteniendo una actitud crítica al mismo tiempo que haciendo propuestas revolucionarias y desarrollando acciones comprometidas con este proceso revolucionario.

La segunda fuerza política está dirigida por la burguesía venezolana y las organizaciones políticas de derecha y reaccionarias desplazadas del poder en 1999. Esta fuerza ha mantenido una estrategia de desgaste y guerra social, económica, ideológica, política y militar, acuerpada por las oligarquías y derechas latinoamericanas, y dirigida por el imperio estadounidense, sus instrumentos regionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y sus operadores lacayos como Luis Almagro secretario general de la misma. Esta fuerza política está tratando que la confrontación se agudice, para lo cual desarrolla una estrategia contrarrevolucionaria en la cual arrastra a una minoría en tácticas violentas al mismo tiempo que realiza una campaña entreguista en el campo internacional.

El plan del imperio yanqui, orientado a desestabilizar la Revolución Bolivariana, hace uso de guarimbas terroristas responsables de la violencia fascista que incluye asesinatos,  quema de edificios y transportes públicos, la destrucción y saqueo de pequeños comercios, la destrucción de monumentos, atentados en hospitales infantiles, maternidades y centros educativos, etc.  Además, en el poder legislativo, controlado por estas fuerzas de derecha fascista, están tratando de imponer un curso que atenta contra la constitución política, para desgastar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro y su estrategia de avanzar hacia una nueva Asamblea Nacional Constituyente. Este plan pretende instaurar un ambiente de guerra civil, que justifique una intervención militar del imperialismo estadounidense.

Es claro que la salida a la crisis no será solo política, porque el imperio de EEUU y la burguesía venezolana pretenden escalar hasta el enfrentamiento militar.  Su objetivo es derrocar y aniquilar al gobierno y al proceso revolucionario venezolano. Su propósito es recuperar el control del Estado y, por consiguiente, de las enormes riquezas que posee Venezuela. Por eso es acertada la estrategia política de movilización social y apertura de un nuevo proceso constituyente para que por la vía del poder popular originario se logre contener la ofensiva fascista e imperialista.

Venezuela nos recuerda a la Guatemala de 1954. Burguesía y jerarquía de la iglesia católica, dirigidos, asesorados, financiados por el imperio yanqui, están  en campaña para truncar este proceso democrático y revolucionario. Sin duda, los revolucionarios y el pueblo bolivariano –que a diferencia de Guatemala incluyen a unas fuerzas armadas revolucionarias– serán capaces de derrotar esta intentona fascista. En esta lucha, los revolucionarios guatemaltecos y los comunistas en particular, no podemos sino aumentar nuestras acciones solidarias, con todos las capacidades y recursos a nuestro alcance, puesto que en Venezuela está en juego la continuidad de la coyuntura democrática, progresista y revolucionaria en Latinoamérica, frente a los intentos de restauración fascista con todos sus consecuencias: persecución política, asesinatos, desapariciones forzadas, masacres, etc.

Ante la lucha de clases que hoy se vive en Venezuela, los comunistas guatemaltecos  tenemos claro que nuestro deber debe ser apoyar la Revolución Bolivariana ante la agresión burguesa e imperialista.

Camino Socialista, mayo 2017  Época I  Número 24  año 4

martes, 23 de mayo de 2017

Defender a Venezuela en la aldea-finca Guatemala

Ramiro Cortez

Defender a la lapidada República Bolivariana de Venezuela, a su pueblo y a su gobierno, en esta aldea-finca llamada Guatemala, resulta políticamente incorrecto.

Decir, analizar, argumentar algo que vaya contra la hegemonía resulta, de entrada, condenado al ostracismo por aquellos y aquellas que norman qué es y qué no es lo correcto, y por aquellos que siguen como ovejas sus dictámenes o aquellas ovejas ignorantes o amaestradas por la iglesia, por la escuela, por la universidad, por la televisión, por Facebook o  twitter para repetir como loros las falsedades del poder imperial o de las derechas latinoamericanas actuando articuladas.

¡En Venezuela existe una dictadura! ¡Maduro es un dictador! ¡No + Dictadura! Repiten, desde la Voz de América, Fox News, CNN, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), PanAm Post, pasando por las repetidoras Canal Antigua, Noti 7, Emisoras Unidas, Prensa Libre. Lo mismo repiten los operadores de las transnacionales petroleras así como los partidos políticos de las oligarquías locales, como la Fedecamaras en Venezuela o el Cacif como dueño y con derecho de pernada en esta aldea-finca llamada Guatemala.

Así mismo repiten los gobiernos de derecha como Peña, Macri, Temer, Jimmy que medio dirigen el dominio estatal sobre nuestros pueblos, envalentonados porque han logrado recuperar posiciones y le deben sumisa y lacayuna lealtad al hegemon del norte, ese que ha decidido ser el policía, el juez, el paramilitar del mundo. Así lo hace también la jerarquía de la iglesia católica venezolana, en franca traición a su pueblo, tal y como lo hizo la jerarquía católica local apoyando a quienes impusieron desde 1954 un régimen genocida. Esta justificación falsa es lo que intentan anteponer para legitimar la injerencia a través del instrumento imperial regional, la trasnochada Organización de Estados Americanos (OEA) y su  descarado secretario general Luis Almagro, vil agente político de la Central de Inteligencia Americana.

De todos estos es entendible que ataquen el proceso bolivariano encabezado por Hugo Chávez y ahora por Nicolás Maduro, puesto que en esta batalla están defendiendo sus intereses burgueses, oligárquicos e imperiales. Pero de quienes no se esperaba –aunque se entiende– que se ubiquen en este bloque de poder regional que intenta derrocar al gobierno legal y legítimo de Nicolás Maduro, es de muchos que se autodenominan de izquierda, progresistas, democráticos. Ante el primer pregonero imperial que grita ¡Golpe de Estado en Venezuela!, para referirse a la sanción que impuso la Corte Suprema de Justicia contra la ilegalidad del Parlamento que insiste mantener en sus cargos a tres diputados que ganaron fraudulentamente su elección, muchos de estos repitieron ¡Golpe de Estado en Venezuela! ¡Estamos en contra de cualquier dictadura sea de derecha o de izquierda! intentando vanamente posicionarse en un ilusorio centro político, en una falsa posición “correcta” “crítica”, seguramente para congraciarse con aquellos que los toleran, les “abren espacio”, pues constituyen la comparsa para la reproducción del régimen político local e internacional.

El pueblo y el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela siguen siendo asediados  y agredidos por la derecha dirigida por la oligarquía y el imperio estadounidense. Ante este asedio y agresión, es legítimo que el gobierno de Nicolás Maduro se defienda, y lo ha hecho sin imponer un régimen dictatorial como lo acusan quienes dirigen y se adhieren a la hegemonía dominante en Guatemala y en Latinoamérica. Lo ha hecho utilizando los mecanismos constitucionales, que son los que favorecen su sostenimiento legítimo en la dirección del poder del Estado.

En este contexto y sin dejar de ser críticos al proceso y gobierno venezolano, los comunistas no podemos dudar de la justeza de sumarnos al apoyo de un pueblo y un gobierno que tiene el derecho a decidir sobre su propio destino y que está luchando por defender su proceso revolucionario. En consecuencia, debemos ser activos en desnudar los fundamentos de las mentiras instaladas contra la revolución bolivariana y activarnos en la solidaridad que desde Guatemala debe crecer en favor de esta lucha por la independencia y soberanía de nuestros pueblos y contra el avance de la derecha internacional y el imperialismo yanqui.


Camino Socialista, abril 2017  Época I  Número 23  año 4

viernes, 28 de abril de 2017

PRONUNCIAMIENTO DEL PARTIDO GUATEMALTECO DEL TRABAJO EN OCASIÓN DEL PRIMERO DE MAYO DEL 2017

La lucha anticapitalista debe ser total


La clase trabajadora constituye la inmensa mayoría de la población en todas las sociedades del mundo. Su explotación permite el desarrollo del capitalismo a escala local, nacional y mundial, la generación de riqueza y la acumulación del capital que se concentra cada vez en menos manos.

Históricamente, la burguesía ha sometido a las trabajadoras y los trabajadores a una explotación feroz, con salarios de hambre, condiciones de trabajo altamente riesgosas, seguridad social mínima o inexistente, poco o nulo acceso a la salud, a la educación, a la recreación y a una vivienda digna.

En su fase actual, el capitalismo neoliberal ha agravado la explotación, la opresión y las condiciones de vida de la población trabajadora. Ha llevado hasta sus límites inhumanos la explotación y la acumulación de capital. Ha destrozado los pocos derechos laborales y sociales conquistados. Ha impuesto la flexibilización laboral y ha expulsado del mercado de trabajo a millones de trabajadores. Se siguen reproduciendo formas esclavistas y semiesclavistas de producción, como muestra la situación de sobre explotación laboral que sufren millones de trabajadores del mundo (en el campo, en la ciudad, en las fábricas o maquilas, en los distintos centros de trabajo), especialmente de niños y niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres.  

En su fase actual de acumulación, el capitalismo se impone y expande violentamente a escala global. Esto ocurre en los países y territorios que poseen los recursos naturales para la reproducción de capital (agua, gas, petróleo, agrocombustibles, minerales, etc.), así como la tierra y mano de obra barata, como es el caso de Guatemala. Se generaliza la injerencia y alianzas con gobiernos reaccionarios, las intervenciones militares y militarización de los territorios, las acciones desestabilizadoras sobre gobiernos progresistas o revolucionarios y la implantación de transnacionales en los territorios.  

Se generaliza la apropiación de los medios de producción por el capital, el expolio a los pueblos, el despojo de los bienes comunes y de vida, la represión y criminalización de las luchas incansables de los pueblos y de la clase trabajadora contra el capital.

En Guatemala el despojo de las tierras, territorios y bienes naturales de las comunidades y los pueblos indígenas, ha sido consecuencia de la expansión del capital transnacional en alianza con capitales nacionales, que se suman en condición de dependencia. La expansión de los monocultivos como la palma de aceite y la caña de azúcar, la construcción de hidroeléctricas y el incremento del extractivismo son expresión de la injerencia de las transnacionales capitalistas en los territorios principalmente de los pueblos indígenas.

La juventud trabajadora padece con férrea intensidad la explotación capitalista. No logra incrustarse al mercado laboral. Se les designa trabajos precarios sin prestaciones laborales, con bajos salarios y jornadas de trabajo extenuantes. Se les condena a la marginalidad y la emigración forzada.

Las mujeres guatemaltecas viven de manera agravada la explotación y la opresión capitalista y patriarcal como trabajadoras. Tienen varias e interminables jornadas de trabajo, ganan menor salario, carecen en mayor medida que los hombres de derechos laborales y son acosadas sexualmente en los centros de trabajo.

Por tales razones, debemos redoblar muestra lucha y resistencia contra el capital nacional y transnacional, contra el Estado burgués y el sistema político que los sostiene. Es urgente y necesario retomar las luchas populares y de la clase trabajadora en todos los frentes de manera ofensiva. 

Este Primero de Mayo que conmemoramos el Día Internacional del Trabajo, llamamos a todas y todos los trabajadores a organizarse masivamente en sindicatos y velar para que  tengan una posición clasista, ética y combativa para poder enfrentar a los capitalistas y al capitalismo y liberarnos de las cadenas de la explotación, la opresión y la hegemonía de la clase burguesa.

Debemos luchar contra la dominación, la explotación y la opresión patriarcal. Tolerancia cero a la violencia machista contra las mujeres, las niñas, los niños y los hombres y mujeres de diversidad sexual.

Detengamos con nuestra decidida lucha el racismo contra los pueblos indígenas y la explotación destructiva de la naturaleza.

Retomemos el marxismo, nuestra teoría revolucionaria, para avanzar en el camino de la revolución y dar continuidad creadora, en las condiciones y en la realidad nuestra, a la tarea histórica de construir el Socialismo. En ese camino, debemos recuperar aquellos aprendizajes que nos legó la Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia de 1917.

De manera combativa enfrentemos la agresión imperialista contra los pueblos de Venezuela y Siria. Denunciemos las guerras imperialistas y luchemos por la paz entre los pueblos.


¡Viva la clase trabajadora!
¡Viva la lucha anticapitalista en todos los países del mundo!
¡No a las guerras del imperialismo!

Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo
Partido Guatemalteco del Trabajo
PGT

martes, 18 de abril de 2017

EL PGT CONDENA EL ATAQUE Y AGRESIÓN DE EEUU CONTRA SIRIA

Como Partido Guatemalteco del Trabajo condenamos el ataque del 6 de abril ejecutado por Estados Unidos contra Siria, en el cual murieron 9 civiles. Así mismo condenamos el ataque con armas químicas sufrido por población siria el 4 de abril, en el cual han sido asesinadas decenas de personas, entre ellas niños y niñas.

La agresión militar de Estados Unidos ha sido justificada en la supuesta responsabilidad del gobierno de Bashar Al Asad en el ataque con armas químicas sufrido por población siria el 4 de abril. Este ataque imperial sucede, así mismo, cuando el gobierno legítimo de Siria, con el apoyo de Rusia, está ganando la guerra contra organizaciones terroristas y las fuerzas de oposición financiadas por Estados Unidos y la OTAN.

Consideramos que utilizar este hecho deleznable para atacar a las fuerzas gubernamentales sirias, carece de los fundamentos y evidencias procedentes de una investigación independiente, que debiera estar a cargo de la Organización de las Naciones Unidas. Esta justificación por parte de Estados Unidos tiene todas las características del modus operandi de este imperio, el cual suele crear hechos para atribuírselos a sus enemigos y justificar de esta manera las agresiones militares contra pueblos soberanos, como ha sucedido en Afganistán, Irak, Libia y ahora en Siria.

Desde inicios de este siglo fueron conocidos los planes de Estados Unidos para invadir varios países en la región de medio oriente, entre los cuales se encontraban Afganistán, Irak, Libia, Siria e Irán. Estos planes, en complicidad con Israel y la Unión Europea, se han ido concretando y han tenido el objetivo de apropiarse de las enormes riquezas de esos países, controlar una región de importancia estratégica para avanzar en sus planes de dominio planetario, así como justificar el enorme gasto militar con lo cual aumentan exponencialmente las ganancias de la industria militar y, por consiguiente, darle un respiro a la decadente economía estadounidense. Como parte de estos planes imperiales ha sido conocido cómo organizaciones terroristas como el Frente Al Nusra, Daesh y el Estado Islámico (Isis) presentes en Siria, han sido financiadas por Estados Unidos e Israel. Así mismo, cómo Estados Unidos mantiene bombardeos y ataques que han tenido como cauda el asesinato de cientos de civiles sirios.

Con este ataque, Estados Unidos da un respiro a los grupos terroristas en Siria, agrede al gobierno legítimo de ese país, mina el diálogo entre el gobierno y la oposición sirios, atenta contra el derecho internacional y la ONU, y lo más grave, atenta contra la ya vulnerable paz mundial. Esto se agrava aún más con el movimiento de su potencial militar en franca amenaza contra Corea del Norte y contra otras potencias como China y Rusia, con lo cual está provocando un enfrentamiento de consecuencias catastróficas para el mundo entero.

Por estas razones, reiteramos nuestra condena a esta acción militar del imperio estadounidense y demandamos su salida militar, financiera y política de Siria. Nos unimos a las fuerzas que propugnamos por la paz, tanto el interior del mismo pueblo estadounidense, como de todos los pueblos del mundo.


Partido Guatemalteco del Trabajo

Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo

sábado, 15 de abril de 2017

¿Hay misiles nucleares buenos y misiles malos?

Sergio Donati


Corea del Norte, un país socialista absolutamente demonizado por la prensa capitalista, dispone de armamento nuclear. Buena parte del mundo reacciona airada ante esta situación, atacando duramente al país asiático. Estados Unidos es el principal opositor y quien más alto eleva su voz.

¿Por qué se condena a Corea del Norte? Pero ¿quiénes lo condenan exactamente? La condena sale del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Es decir, de los únicos países (¡los únicos!) que tienen derecho a veto sobre los otros (¿dónde está la tan cacareada democracia?). Son esos países, casualmente, los que constituyen las principales potencias nucleares del mundo: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña. Y de entre ellos, quien protesta más enérgicamente es nada más y nada menos que Estados Unidos, la principal potencia bélica del mundo.

Nadie quiere la guerra, en eso estamos de acuerdo. Pero… ¿será cierto? Porque estos cinco países son los principales productores de armas del planeta, no solo de las letales bombas atómicas. De hecho, con su política, Estados Unidos concentra, él solo, la mitad de todos los gastos militares del mundo. Por lo pronto su economía depende en un 25% de la industria bélica: es decir que 1 de cada 4 estadounidenses vive de la guerra, de la industria que se mueve en torno a ella. ¿Será cierto que no quieren la guerra? Hoy día el complejo militar-industrial es el sector más dinámico de esta potencia: necesita conflictos para vivir, necesita vender la muerte. ¡Eso es el capitalismo!, camaradas.

Por supuesto que la energía nuclear es peligrosa. Sus aplicaciones pacíficas son muy cuestionadas, por los accidentes que ya se han provocado en varias ocasiones, siempre con consecuencias terroríficas. Pero en su aplicación a la guerra es algo a todas luces monstruoso. Más aún: si se liberara todo el potencial atómico que concentran estas potencias, se destruiría en su totalidad el planeta, dañándose seriamente los planetas Marte y Júpiter, exterminándose toda forma de vida en nuestro mundo. Por lo que, por supuesto, es de esperarse que prime la racionalidad y jamás se llegue a un enfrentamiento con armas atómicas. Ello significaría, lisa y llanamente, la extinción de toda forma de vida en la Tierra.

Pero lo curioso, o más bien indignante, es que quien más enérgicamente protesta por el desarrollo nuclear de un país soberano como Corea del Norte es el principal detentador de cabezas nucleares, promotor y actor, directa o indirectamente, de todas las guerras del siglo XX y de las que van en el presente siglo XXI.

¿Cómo es esto: hay armas atómicas “buenas” y “malas”? ¿Por qué las que posee Washington “defenderían la libertad y la democracia” en el mundo, que mientras las de Pyongyang serían un atentado contra la paz mundial? No se entiende bien eso.

No hay que olvidar nunca que de todos los países que poseen poder militar nuclear (y de Estados Unidos no se sabe con exactitud cuántos ingenios bélicos posee, porque esos son secretos muy bien guardados, pero se supone que no menos de 5,000, cada uno de ellos con 20 veces más potencia que los utilizados en las ciudades japonesas al final de la Segunda Guerra Mundial), de esos países el único que se atrevió a usarlo contra población civil no combatiente fue Estados Unidos.


Se nos invita a indignarnos por las pruebas con armamento atómico que realiza Corea del Norte, pero nunca se habla de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Las pruebas nucleares de Pyongyang, cuestionables seguramente como atentado al medio ambiente, no terminan con vidas humanas. Las de Japón, innecesariamente utilizadas en términos militares, puesto que la suerte del país asiático ya estaba echada cuando se lanzaron en 1945, causaron cerca de medio millón de muertes instantáneas, más muertes y secuelas abominables después de varias décadas. Al día de hoy, 72 años después, aún siguen naciendo niños con malformaciones producto de la radiación nuclear. Lo increíble es que jamás Estados Unidos recibió castigo por eso, y mucho menos una repulsa pública obligada, como ahora se quiere hacer con Norcorea. Por el contrario, su acción se presenta casi como heroica, porque con eso se habría afianzado la paz global. En realidad, fue una demostración de fuerza ante el mundo y, fundamentalmente, contra la Unión Soviética, en ese entonces país socialista.

La paz mundial no se puede defender con bombas atómicas. Las armas son para matar y no para otra cosa. Ahora bien: si se producen en la forma en que se hace, eso significa negocio. Negocio para el fabricante, por supuesto. ¿A título de qué el imperio gringo se receta el derecho de decidir quién puede disponer de armas y quién no?

Una vez más: ¡el imperialismo es un enemigo mortal de la Humanidad! Pero más aún lo es el sistema capitalista, la base fundamental del que se desprende el imperialismo y el neoliberalismo. Nuestro enemigo, por tanto, sigue siendo el capitalismo.


En Camino Socialista No 22, marzo 2017, Época 1, año 4

El evangelio de la sumisión

Gumaro


Hace días, escuchando una homilía del Papa Francisco I, reflexioné en sus reflexiones acerca del perdón. Para alguien en lo individual, sus palabras tienen sentido. Para una pequeña comunidad, también. En las relaciones interpersonales sonaba sensato y aplicable.

Dijo que, aunque hubiera gente que nos odiara o que nosotros odiáramos, que nos cayeran pesados o nosotros a ellos, la oración era un arma poderosa para ayudarnos a perdonar. Sin embargo, empecé a sospechar cuando dijo que “la oración es un antídoto contra el odio, contra las guerras, estas guerras que comienzan en casa. Oren para que se hagan las paces. Y, si yo sé que alguien quiere hacerme daño, y no me ama pido especialmente por él. La oración es poderosa, la oración vence al mal, la oración trae la paz…”.

Las guerras no comienzan en casa. Vienen de grupos que tienen poder. En las diferentes épocas clasistas por la cuales ha transitado la humanidad, los poderosos, léase caciques, reyes, caudillos, etcétera, eran los que, en búsqueda de riquezas, de botín, patrocinaban guerras de saqueo y pillaje. Para ello, solían formar ejércitos con la gente que dominaban, para enfrentar e invadir a otras comunidades y pueblos, con el objetivo de robar sus bienes y esclavizarlos. Las estrategias y las formas de dominación se fueron perfeccionando a medida que la guerra se convirtió en un medio para destruir competidores y aumentar riquezas y territorios a través de conquistas.

En toda guerra los vencidos fueron convertidos en tributarios o fuerza de trabajo esclava. Así sucedió en la II Guerra Mundial cuando el poder de la capitalista  y fascista Alemania convirtió a comunistas, judíos, gitanos, homosexuales y otros prisioneros de guerra, los hizo trabajar hasta el agotamiento en grandes transnacionales como la Coca Cola, Nestlé, Bayer, J.P. Morgan Chase, Volkswagen e IBM, Hugo Boss y otras; incluso, los convirtió en objeto de genocidio en los campos de concentración nazis.

Igual sucede en nuestros días. Las guerras desatadas por las potencias nacen de ambiciones de consorcios empresariales capitalistas. Por ejemplo, la industria de la guerra se mantiene a partir de expandir las guerras. Muchas empresas globales, en esta fase llamada imperialismo, se asientan en aquellos países vulnerables que suelen ser los más saqueados históricamente, que tienen generalmente un Estado siervo o débil que acepta las condiciones de explotación, apropiación y saqueo por tales empresas, con leyes laborales flojas que facilitan que su población, por su misma pobreza, acepte salarios de hambre y condiciones de explotación extenuantes, riesgosas y humillantes.

Esos territorios, pueblos y riquezas en países débiles son el objeto de enfrentamiento de las transnacionales. Cuando la disputa por esos territorios, pueblos y riquezas se agudiza, estos consorcios empresariales fermentan guerras con el objeto de controlarlas y aprovecharlas para lograr las mayores ganancias.

Las guerras tienen el objetivo es satisfacer la demanda de islas de mercados cada vez más escasas, para detener la caída de la ganancia global. Caída que es endémica al sistema capitalista mundial, tal como lo muestra la tabla estadística en la página siguiente, aparecida en el artículo “El verdadero Trump visto desde Marx”, de Jaime Carrera, quien presenta ese declive desde el año 1855 a los más recientes.

Por eso, es imprescindible desenmascarar esos mensajes mediatizadores, tramposos y desviadores de la verdad que llevan a cabo, tanto la iglesia católica como la evangélica, y de las corporaciones de propaganda masiva (como CNN, Fox, entre otras) para que el pueblo no pueda establecer claramente de dónde vienen sus males y quiénes son sus verdaderos verdugos y explotadores.

El capitalismo es un sistema de muerte que en sus últimos movimientos nos empuja, cada día que pasa, hacia el estallido de una guerra mundial. Se afirma esto pues, como se mostró en el cuadro anterior, la tendencia a la baja de la tasa media de ganancia global es ineludible por contradicciones propias de la encarnizada competencia capitalista tales como: a) utilización de mayor cantidad de capital constante en la producción (robots, conciencia artificial, máquinas autónomas o inteligentes) desplazando fuerza de trabajo humana, con el fin de abaratar costos de producción; b) por lo mismo, la fuerza laboral humana se restringe, reduciéndose a su vez, la masa salarial y por ende, el consumo; c) los beneficios sociales (pensiones, seguridad social y gratuidades en salud y educación) desaparecen paulatinamente por ese enflaquecimiento de la fuerza laboral. 

Por esas negaciones que provocan esa debacle en sus países de origen, las transnacionales, se ven atraídas a nuestros países subdesarrollados por: a) existencia de mayor capital variable con un menor costo (fuerza de trabajo humana) que es el único que crea plusvalía; b) legislaciones laborales y ambientales débiles, lo cual facilita la explotación exacerbada tanto de la fuerza de trabajo (plusvalías absolutas y relativas, sumadas a la baja de la masa salarial), como de los bienes naturales y la extracción de materias primas para las industrias del primer mundo.

De esa cuenta, tal es el ritmo de acumulación capitalista en pocas manos en estos últimos 50 años, que el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD- así lo evidencia. En este informe se establece que 8 grandes magnates poseen tanta riqueza como la que poseen todos los demás habitantes del planeta. Esto quiere decir que estamos viendo, en su máxima crudeza, la implacable ley de concentración y centralización de capitales que Carlos Marx descubrió.

Entonces, las preguntas obligadas son: ¿A dónde irá el capitalismo, teniendo en cuenta que su germen esencial es la creación de mercancías? ¿Quiénes podrán comprarlas a nivel mundial, si los trabajadores a nivel planetario han retrocedido en su nivel de ingreso y, por ende, de consumo? ¿Habrá una crisis de sobreproducción más grande que las anteriores debido a esas contradicciones? ¿Hasta dónde aguantará el planeta este expolio?

Es obligación que los revolucionarios alertemos a los obreros y los pueblos de esta realidad. Que promovamos la necesidad de trabajar por la paz, pero preparándose para la guerra que los poderosos capitalistas imponen para tratar de frenar esa tendencia decreciente de la que se habló antes. A la vez, que condenamos las ambiciones, opulencia, insensatez y despilfarro que realizan los capitalistas.

Así mismo, que desenmascaremos a los líderes religiosos y falsos profetas que, en representación de las iglesias de las cuales casi todos los latinoamericanos son seguidores, tratan de engañar a sus feligreses diciendo que las guerras provienen de rencillas familiares y provinciales, que nacen en la maldad inherente del ser humano; así mismo, que ocultan que estas guerras responden a una realidad objetiva: la competencia capitalista e imperialista, y que solo con la oración tendremos suficiente para que esos males desaparezcan. Es decir, que critiquemos la típica posición del avestruz que oculta su cabeza bajo tierra ante la realidad.

Exijamos a los líderes religiosos a que usen el poder de su palabra y la posición que gozan para develar las atrocidades de los capitalistas, en vez de cubrirlos con el manto de la ignorancia, para que nuestros pueblos se sientan culpables de las guerras locales o mundiales donde mueren millones de inocentes. Que dejen de ser lobos vestidos con piel de oveja. Sepulcros blanqueados. Que retomen el ejemplo de Jesucristo, se despojen de las riquezas y lujos que los rodean y que con la alegría de la iglesia peregrina acompañen a su pueblo en la construcción del Reino de Dios en esta tierra, que comienza con la lucha por el socialismo. Solo así, podrán realmente hablar con solvencia y propiedad.


En Camino Socialista No 22, marzo 2017, Época 1, año 4