jueves, 30 de octubre de 2008

DE LAS ELECCIONES RECIEN PASADAS

En la "Declaración Política ante la Elecciones Generales del 2007", de enero de este año, hicimos un conjunto de aseveraciones sobre el qué y para qué eran las elecciones, sobre lo que significaba participar en las mismas, sobre la necesidad de un frente político no electoral y sobre nuestra posición política al respecto, lo cual nos llevó a concluir que el voto nulo era la opción coherente en esta coyuntura política. En consecuencia, nuestra militancia disciplinadamente se dio a la tarea de impulsar la organización de la sociedad consciente en torno a lograr un voto nulo científico, político, ideológico y popular.
¿Qué significaron las elecciones?
Tal y como afirmamos en enero, las elecciones significaron un simple y vulgar ritual de sustitución de unas elites económicas, políticas y delincuenciales por otras, que aún cuando buscaron la legitimidad ciudadana, esta se la negó con altos índices de abstencionismo, el voto en blanco y el voto nulo.

Se confirma que los procesos electorales en Guatemala, están diseñados para garantizar que todo se mueva y nada cambie, es decir, para que una u otra opción capitalista sea la que tenga la posibilidad de acceder al poder y con ello garantizar las viejas y nuevas formas, legales e ilegales, de acumulación de capital en manos de la burguesía nacional y del capital transnacional. Se confirma: las elecciones fueron parte de la estrategia del capital para mantenerse en el poder, simulando un ejercicio democrático virtual y una cortina de humo para invisibilizar los graves y auténticos problemas del pueblo, como el hambre, la explotación, la discriminación y la violencia institucionalizada.

Las elecciones constituyeron un negocio y parte del mercado capitalista, en donde la burguesía nacional, las empresas transnacionales, los narcos, los nuevos ricos y pequeña burguesía arrivista compró, vendió y transó partidos, candidaturas, los votos de sus simpatizantes, espacios publicitarios y lavado de dinero. De tal manera que la mayoría de diputados y alcaldes electos, así como las fuerzas políticas y candidatos presidenciales que pasaron a segunda vuelta, administrarán el Estado al servicio de estos intereses y no de los intereses del pueblo.

El asesinato, la intimidación, el militarismo y la represión, el uso de las religiones y creencias religiosas, la corrupción, el uso ilícito de recursos del Estado (ministerios, secretarías, alcaldías, etc.), el caudillismo, transfuguismo y camaleonismo, el nepotismo, la demagogia y la traición, el clientelismo, el acarreo y el fraude electoral, la manipulación de encuestas, la desinformación y contra información, todas estas fueron las características de cómo los partidos y politiqueros jugaron sus cartas marcadas en el proceso electoral, al mejor estilo fascista.

Las ofertas electorales fueron quince, las cuales pretendieron dar una apariencia de juego democrático sin contar con proyectos orientados a solucionar los históricos y graves problemas nacionales, a construir un país independiente económica y políticamente, a construir una nación humanista. En este marco, las opciones electoreras "de izquierda" o socialdemócratas disfrazadas de izquierda –como advertimos en enero- solamente legitimaron el status quo, y su aventurerismo pequeño burgués les hizo tocar fondo al punto que, en definitiva, confirman que no son alternativa popular, mucho menos revolucionaria.

En tanto la práctica es criterio de verdad, quedó demostrado que en estas condiciones y en este momento, lo electoral no puede ni debe ser la estrategia política de la izquierda que pretenda, con coherencia y consecuencia, ser revolucionaria. Que asumir el voto útil por el aventurerismo de izquierda era asumir una actitud reñida con los principios, el programa y la estrategia que constituyen a la izquierda revolucionaria.
¿Cómo vemos la coyuntura de cara al futuro?

Independientemente del candidato y fuerza política gane las elecciones, las condiciones económicas, sociales y políticas, así como los procesos de acumulación de capital vía la explotación de la clase trabajadora del campo y de la ciudad, la expoliación de los recursos nacionales, la imposición de productos transgénicos y para biocombustibles, la represión, la inseguridad ciudadana, el racismo, la discriminación y la pobreza y pobreza extrema, seguirán profundizándose. Seguirá vigente un régimen oligárquico, militarista, opresor y represor, y antipatriota.

Continuará la privatización, las concesiones, las licencias de exploración y explotación minera, el tratado impuesto de "libre comercio", la corrupción y el saqueo del Estado, la impunidad, la violencia y las ejecuciones extrajudiciales, la venta de niños y niñas, las estructuras de poder paralelo, la migración, la comercialización inmoral y antieconómica de los recursos estratégicos del país, el Estado racista, la disminución del gasto social, la profundización de una educación (instrucción) individualista, una salud privativa y privatizada, la represión de la protesta legítima del pueblo, la imposición imperialista de Estados Unidos y de los organismos financieros internacionales, la ideología neoliberal, etc. Ya están al acecho aquellas fuerzas que pretenden disminuir aun más al Estado, ponerle candados para mermar la poca capacidad que tiene para normar la economía, todo ello con el objetivo de garantizar el salvajismo del capital, vía la explotación, el saqueo de bancos, etc.
Nuestra posición con respecto a la segunda vuelta
Por cuanto en la segunda vuelta electoral, sin duda alguna, sólo se expresa la extrema derecha, en sus dos vertientes militarista fascista y fascista mercantil, la más digna e inteligente actitud del guatemalteco pensante será, esta vez, no acudir a anular su voto, sino abstenerse de votar, para no legitimar a ninguna de estas dos fuerzas políticas, que en esencia, representan los intereses del capital nacional y transnacional, de las corporaciones y elites oligárquicas y del crimen organizado.
El PGT está convencido que participar acudiendo a las urnas en esta segunda vuelta electoral, es legitimar los trances, corruptelas y traiciones de los partidos y politiqueros perdedores, quienes pretenden comprometer a los ciudadanos, sin consulta previa y asumiéndolo como objetos y no como sujetos, en apoyar a uno u otro candidato. Si se vota, la traición, la transa y la corruptela se concreta y legitima. Votar es legitimar una elección por demás definida, siendo que cualquiera que gane, seguirá administrando el poder en función de los intereses y los poderes establecidos.
Nuestra visión de futuro
El resultado de las elecciones confirma la necesidad de replantear la estrategia de lucha. En esa dirección, reiteramos nuestra propuesta hacia la convergencia de un frente político popular y revolucionario, como única manera de hacer oposición a las políticas del capital encabezada por un aparente nuevo gobierno. Esta es la única posibilidad de articular una fuerza política integrada por diversas organizaciones que coincidimos en objetivos populares y revolucionarios, y como única manera de articular una fuerza política capaz de disputarle el poder a las fuerzas del capital y hacer posible un proyecto humanista.

CONTRA LA LEGITIMACIÓN DE LA DERECHA EN EL PODER
¡NO VOTE!
Guatemala, septiembre 2007.

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