miércoles, 29 de octubre de 2008

EL ESTADO Y NOSOTROS

Nuestra relación (la de los comunistas) con este Estado y sus autoridades, ha de estar encaminada a pasar lo más desapercibido posible, especialmente a todos los instrumentos y aparatos represivos que lo componen; y aunque la seguridad en esta etapa ha de ser extrema, no puede ser esa que coarta toda acción comunista, es decir: acción científica, histórica y dialéctica, acción de lucha y construcción, acción revolucionaria. Estas acciones nuestras han de ser como nos enseña el camarada Víctor Manuel Gutiérrez: "audaces siempre, temerarios jamás".

Puesto que nuestra relación con este Estado – como todas nuestras relaciones políticas, económicas o ideológicas— está definida por las cualidades y defectos de nuestra conciencia, por lo que esta relación ha de estar generada por las luchas de las y los oprimidos, en la búsqueda por satisfacer sus necesidades básicas, no las superfluas; estando, sin duda, nosotras y nosotros incluidos en esas luchas.
Toda relación sectorial o individual, que oprimidas y oprimidos se propongan con este Estado, será a muy corto plazo, un triunfo de la burguesía, del imperialismo y de ese Estado que les sirve de instrumento para mantener su dominio. Así lo han demostrado infinidad de casos, en donde las mismas luchas y liderazgos sociales y políticos, han sido cooptadas por el régimen, han servido para oxigenarlo y para refuncionalizar el sistema de explotación y opresión capitalista. Así, esta relación se convertirá en otro fracaso para el Pueblo. Para que nuestra relación con este Estado no sea de fracaso, hemos de garantizar la existencia de alternativa; por lo que proponemos que esta relación se genere en las luchas del pueblo para satisfacer sus necesidades vitales, sea conocida críticamente por un colectivo comunista, donde han de enriquecerse en sus elementos confrontativos contra este Estado, a efecto de que éstas tengan la requerida eficacia tanto en el mediano como en el largo plazo... hasta que este Estado burgués, capitalista, dependiente y subdesarrollado, lo transformemos en un Estado Socialista.

La fábrica, finca, taller, comercio, barrio, comunidad, aula, oficina o cualquier otro espacio donde percibamos dignamente nuestro salario y donde nos relacionemos con el Pueblo en sus luchas –que son nuestras luchas—, será la trinchera, nuestra trinchera, desde las cuales desarrollemos formas confrontativas de relación con este Estado. Desde la confrontación y para la confrontación, es necesaria la propuesta, el cabildeo y la negociación, pero sin abandonar la lucha de clase: la lucha de los explotados y oprimidos.
Solo la confrontación nos permitirá acumular la fuerza que impulsará nuestra autonomía política, nuestra independencia económica y nuestra libertad ideológica, necesarias para desarrollar la revolución que Guatemala necesita necesita y merece.

Julio 2004

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