jueves, 30 de octubre de 2008

ESTADOS UNIDOS Y NUESTRA POLÍTICA

En los últimos años han sucedido hechos que vulneran la soberanía nacional y demuestran el entreguismo de sucesivos gobiernos guatemaltecos.

Desde la invasión de 1954, Estados Unidos ejerce su poder imperial sobre nuestro país. Este poder ha sido aplicado de diversas formas. En 1954, con la complicidad de la casta militar, la oligarquía y la iglesia católica, invade el país e impone un régimen de carácter militar-oligárquico, represivo y contrainsurgente.

Sucesivamente ha promovido, apoyado o impuesto gobernantes a su conveniencia: durante los años de la contrainsurgencia contra el pueblo, impuso y avaló distintos gobiernos militares producto de elecciones fraudulentas y golpes militares, los que además de mantener un régimen de explotación, opresión y pobreza, generaron políticas genocidas y etnocidas que nos dejaron 42275 víctimas, hombres, mujeres y niños, mayas y mestizos. Cuando le convino abandonar su “política de seguridad nacional” y de apoyo a regímenes militares, instaura regímenes de fachada democrática.


Su política continúan en la misma dirección. En 1998 apoyó al FRG para llegar al poder --fuerza política aliada también en la contrinsurgencia--, la que le resultaba conveniente ante una burguesía que en ese momento no estaba bajo su total disciplina. Hoy mantiene esa relación con un gobierno burgués, lacayo y vende patria, que le entrega gratuitamente los recursos naturales, nuestra fuerza de trabajo y las decisiones económicas y políticas fundamentales, por ejemplo con la aprobación del TLC.

Su poder también ha consistido en imponer políticas: la liberación de la economía, la flexibilidad laboral, la privatización y concesión de servicios y empresas públicas, el control migratorio, etc. Todas ellas medidas que han provocado que nuestra economía sea más dependiente y que nuestra patria y nuestro pueblo sean expoliados por el capital transnacional. Políticas que además han provocado que el Estado guatemalteco tenga menos control para definir y desarrollar sus políticas orientadas a proteger la economía nacional y, especialmente, la economía popular.

Las imposiciones de Estados Unidos han estado encaminadas a mantener el control sobre el Estado y los distintos gobiernos, para garantizar a las empresas transnacionales la explotación de nuestros recursos naturales y nuestra fuerza de trabajo, y garantizar su control sobre el mercado local.

Sin embargo, lo más importante de este control consiste en garantizarse recursos y condiciones estratégicas. Recursos como el agua, petróleo, minerales. Condiciones como el control del corredor centroamericano -necesario para la comercialización y el transporte de mercancías con América del Sur-, de la migración hacia Estados Unidos, del comercio y/o control de la droga y para intervenir política y militarmente cuando así lo disponga.

Como parte de su dominio, mantiene ocupado militarmente nuestro territorio y controla políticamente gobiernos, partidos políticos, ONGs, organizaciones sociales y de derechos humanos, todos ellos a través de la Embajada, la CIA y la AID –vía el financiamiento gubernamental y de organizaciones de la llamada “sociedad civil”-.
Esta ocupación y control de Estados Unidos, se debe en buena medida a la sumisión de gobiernos lacayos. Los últimos tres: PAN (PAN y Unionistas hoy), FRG y GANA--Berger, en complicidad con los partidos de derecha en el Congreso, aprobaron el Plan Maya Jaguar, el cual oficializa esta ocupación y permite el desplazamiento de aparatos militares y de inteligencia extranjeros por todo el territorio nacional sin control alguno. Asimismo, a través del programa Nuevos Horizontes, aprobado por el FRG, y avalado por GANA, militares de Estados Unidos mantienen presencia en la zona oriental, supuestamente para perforar pozos de agua potable y construir escuelas. La justificación planteada en estos programas es cooperar en el combate al narcotráfico y el desarrollo del país. Sin embargo, el interés fundamental de Estados Unidos consiste en la militarización global, mantener su dominio imperial, ocupar recursos que le son estratégicos en el país y la región, intervenir en caso de un nuevo esfuerzo militar insurgente en Guatemala o México, y garantizar vía libre a sus intereses geo--estratégicos hacia el Sur.

Para ejecutar estos intereses y desarrollar su política de intervención ingerencista y de imposición, la tarea ha estado a cargo de la embajada estadounidense, a través de su embajador Hamilton, apoyado por personajes como el Subsecretario de Estado para América Latina de Estados Unidos, Roger Noriega, oscura figura intervencionista, terrorista y golpista, quien ha llegado a Guatemala para confirmar los dictados imperiales tal y como lo ha hecho al apoyar actos terroristas y fraguar planes de intervención, golpistas e invasiones en Venezuela, Colombia, Bolivia, Ecuador y Cuba.

La ocupación militar yanqui sobre nuestro territorio y los intereses que oculta, vulneran la soberanía nacional y convierten al país en una colonia sujeta a la estrategia colonialista de Estados Unidos, Estado cuyo papel es el de principal instrumento del capital mundial, al que religiosamente sirve. Asimismo, dicho Estado es en la actualidad el principal terrorista del mundo y el máximo violador de Derechos Humanos tal y como lo demuestran las últimas invasiones a Irak y Afganistán, los más de 200 mil iraquíes asesinados en los dos últimos años, los secuestrados mantenidos en Guantánamo y Abu Ghraib (Irak), el bloqueo comercial genocida contra el pueblo cubano. Es el Estado que ejerce una dictadura mundial, que en nuestro hemisferio se manifiesta, además, con la imposición de políticas económicas, financieras y comerciales como el TLC y el ALCA. El señor Bush, como su máximo líder y empresario de transnacionales petroleras, constituye el dirigente del imperialismo fascista en el mundo.

A lo largo de más de un siglo Estados Unidos ha profundizado la explotación y opresión de nuestro Pueblo, y ha impedido que los guatemaltecos podamos dirigir nuestro propio destino.
En estos años, todos los gobiernos y partidos políticos de derecha, como fieles sirvientes o representantes de la burguesía local y del capital transnacional, han asumido una posición entreguista y lacaya. Asimismo, ha sido sospechoso el silencio de organizaciones de izquierda: políticas, sociales y de derechos humanos quienes, con intereses mezquinos, electoralistas y personales, han abandonado líneas fundamentales de lucha, sin las cuales es imposible avanzar en un proceso de transformación hacia una Guatemala mejor.

En estas condiciones es imposible pensar que nuestro pueblo tiene alternativa de resolver sus problemas y necesidades, sin impulsar una política antiimperialista. Si como pueblo queremos ser sujeto de nuestra propia historia y lograr el desarrollo pleno, no queda otro camino que incorporar a nuestras luchas, la línea antiimperialista y, en ese marco, sumar esfuerzos para impulsar y concretar alianzas entre y con movimientos y organizaciones latinoamericanas y del mundo que compartan esta posición.


¡Viva el Internacionalismo Proletario!
¡No a la Globalización!
Mayo, 2005

Archivo del blog