jueves, 30 de octubre de 2008

LA IMPUNIDAD DEL CAPITALISMO EN GUATEMALA

El desarrollo del Capital en Guatemala es un crimen de lesa humanidad, al que sus gestores, sus leyes y sus ejecutores –es decir nuestros gobernantes- le garantizan la impunidad.

La economía guatemalteca registró un crecimiento económico para el 2006 del 5% y las proyecciones para el 2007 son del 5.6%. Si a lo anterior se suman las noticias sobre las ganancias multimillonarias obtenidas por la banca, la industria, los servicios, la agricultura y el comercio controladas por el gran capital nacional y transnacional, nos hablan de la generación de altos márgenes de riqueza.

Sin embargo, la generación de dicha riqueza, acumulada año con año, contrasta con el 51% de la población guatemalteca que vive en pobreza, equivalente a 6.6 millones de personas. En tanto, el 15.2% se dice, vive en condición de pobreza extrema. Dicha riqueza contrasta aun más cuando se cuestionan los reportes de los organismos oficiales, que miden la pobreza a partir del valor des dólares diarios. Es decir, si una persona gana 16 quetzales al día, según estos organismos, ya no se encuentra en condición de pobreza, lo cual resulta risible. Esto implica que, en realidad, en nuestro país más del 80% de la población vive en pobreza, es decir, más de 8 millones de personas presentan graves carencias para satisfacer sus necesidades básicas y vitales. Además de lo anterior, las estadísticas sobre pobreza no hablan de la abismal desigualdad que existe en la sociedad guatemalteco, en donde una pequeña minoría nada en la riqueza, mientras las grandes mayorías vivimos en la miseria. Y es ahí donde se encuentra la principal causa de la violencia.

La pregunta que surge, entonces, es: ¿en manos de quien se está acumulando la riqueza socialmente producida? La respuesta es obvia: en manos de los dueños del capital, de las empresas de la oligarquía nacional y de las empresas transnacionales, las cuales acumulan la riqueza socialmente producida a costa de la explotación y miseria de la clase trabajadora empleada y desempleada, de la expoliación de los recursos naturales de la nación y del saqueo del Estado.

Esta realidad es terriblemente injusta. De esta injusticia han sido cómplices los gobiernos de los últimos 53 años y son cómplices los partidos y candidatos que compitieron en las elecciones pasadas, incluidos los dos candidatos finalistas: Colom y Pérez, quienes además han manifestado que no cambiarán sus políticas económicas, es decir, que no cambiarán el sistema injusto que hace que la mayor parte del pueblo esté sumido en la explotación, pobreza y miseria.

Por eso afirmamos, sólo un gobierno socialista sabrá acabar con el hambre, la ignorancia y la inseguridad de nuestro pueblo, pues sólo el proyecto socialista se orienta al beneficio de la clase trabajadora y el pueblo en general.

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