jueves, 30 de octubre de 2008

LA NECESIDAD DE RECUPERAR EL SOCIALISMO COMO PROYECTO HISTÓRICO

Durante muchos años, Guatemala estuvo sumida en una cruenta y sucia represión contra las organizaciones políticas populares. Con la invasión de 1954, la oligarquía local de carácter servil y el imperialismo estadounidense de carácter criminal impusieron un régimen de represión selectiva y generalizada, de genocidio y etnocidio, comandado por las cúpulas militares de Guatemala y Estados Unidos. Un régimen que hizo imposible la lucha política legal como forma de participación para hacer avanzar un proyecto democrático. Un régimen que dejó como única opción de defensa y de lucha la vía armada.

La lucha popular, entonces, se convierte en lucha armada, cuyo fin era para ese entonces la concreción del proyecto socialista, un proyecto que adolecía de limitaciones en el entendimiento de la realidad nacional (al minimizar la contradicción étnica por ejemplo), pero con un planteamiento complejo y coherente de cambio radical de estructuras, que fue registrando avances y que recogía los más profundos intereses de los explotados, oprimidos, excluidos y discriminados, quienes en su mayoría son indígenas. A través de la lucha armada se pretendía resolver las causas de la pobreza y transformar esta sociedad “semifeudal” en una de carácter socialista.

Como tal, éste proyecto era de carácter fundamentalmente histórico, popular y revolucionario. A este proyecto apostamos los comunistas integrados a varias de las organizaciones revolucionarias, políticas, militares y populares.
Sin embargo el triunfo nunca llegó y la lucha popular sufrió duro revés. De Estados Unidos, de regímenes de facto, militares y oligárquicos, surge la democracia oligárquica como modelo dominante
para mantener el poder real en la elite criolla, servil al imperialismo. Igualmente, se abre paso a la negociación de la paz como forma de terminar con el enfrentamiento armado interno (armisticio).

Ambas consecuencias –la democracia oligárquica y la firma de la paz—producto de dos factores principales e íntimamente relacionados.

El primer factor está constituido por las condiciones internacionales. Por un lado el bloque socialista fue incapaz para reorientar su proceso y lograr mayores niveles de productividad y de desarrollar la democracia social como bases --aunque no únicas— para lograr condiciones internas y externas favorables al avance del socialismo mundial. Del otro lado, el dominio del imperialismo capitalista. Estas condiciones provocaron una correlación de fuerzas desfavorable para el proceso de la revolución guatemalteca, especialmente por su nivel de dependencia política. En ese marco se combinó el interés del capital transnacional y, coherentemente, del imperialismo norteamericano y europeo, a quienes interesaba e interesa la estabilidad política --gobernabilidad- en Guatemala, así como en todos aquellos Estados dominados, con el objeto de poder acceder libremente a fuerza de trabajo barata, a la explotación intensiva y extensiva de nuestros recursos, así como ampliar sus zonas de influencia para la venta de sus productos industriales, tecnológicos, informáticos, agrícolas y servicios.

El segundo factor se relaciona con la imposibililidad de seguir manteniendo la lucha armada como vía para alcanzar el poder e instaurar el socialismo. La carencia de suficiente apoyo popular, de recursos, las contradicciones internas, entre otras, fueron dando paso a la imposibilidad de lograr el triunfo por esa vía y a establecer la necesidad de plantearse la negociación como mecanismo para abrirle paso a la lucha por otros medios.

El resultado con los Acuerdos de Paz fue la apertura política y el cese aparente y momentáneo de la represión política, de tal forma que las organizaciones guerrilleras participan (como un partido más) en procesos electorales. Las raquiticas medidas implementadas producto de ese armisticio han sido insuficientes para resolver los problemas nacionales, pero han sido efectivas para mediatizar las luchas del pueblo.

Desde una perspectiva histórica, desde los intereses de las grandes mayorías cada vez más explotadas, oprimidas y empobrecidas, éste proceso significó la pérdida del proyecto histórico. Al no lograrse el cumplimiento sustantivo de los Acuerdos de Paz, la perdida en el plano militar y político no puede más que aceptarse. Pero además, varios dirigentes del proceso revolucionario, han desmovilizado ideológica, política y económicamente el proyecto histórico y varios de ellos están empeñados en desvirtuar y atacar cualquier intento de recuperarlo dentro o fuera de sus organizaciones comandadas.

Esta desmovilización se expresa en la inexistencia de tal proyecto como fundamento concreto, llevado a la práctica, en los partidos políticos que se denominan de izquierda. De ahí la falta de definición ideológica, la inexistencia de una línea de acción política con sentido estratégico e histórico, que se manifiesta en una práctica política ligada fundamentalmente a lo electoral y a las alianzas –tácitas y explícitas- con la oligarquía.
Nos enfrentamos, entonces, a partidos que no llegan a ser siquiera reformistas, que se esconden en conceptos tan amplios como “revolucionario” (El Parido Revolucionario P.R. también lo era) o “izquierda” (tan sólo por estar en ese lado del espectro político, a la izquierda de los partidos de la buerguesía y de los sectores más retrógrados y entreguiestas: GANA, Unionista, UNE, FRG, Etc., de los que al final resultan apéndices.

El carácter de los partidos de izquierda se dilucida, como se apuntaba, en la acción conservadora, electorera, administradora de conflictos y con signos de traición a las causas populares, sin visión estratégica (al menos no la que corresponde con los intereses populares), que ignora los principios y valores éticos y morales revolucionarios, a los caídos y caídas en la lucha, a todo un pueblo. Así por ejemplo, en materia de cumplimiento de los Acuerdos de Paz –asumidos como plataforma electorera--, la lucha ha sido supeditada al diálogo y la negociación, inclusive desmovilizando al movimiento popular ligado al proceso revolucionario. Se ha carecido de beligerancia en contra de quienes se han opuesto y han logrado que los Acuerdos de Paz no sean más que un discurso.

La lección de este proceso es importante: por la derechización imperante en la izquierda el pueblo ha sufrido una gran derrota. Su proyecto histórico, el que puede liberarlo finalmente de sus cadenas, ha sido desmovilizado no solamente por la acción de la oligarquía nacional y los centros de poder del imperialismo, sino además, por quienes tuvieron que haberse desmovilizado ideológicamente, para después claudicar en la lucha revolucionaria.

Esperamos que los compañeros y compañeras que se definen como revolucionarios o comunistas, quienes en verdad quieran luchar por una Guatemala Socialista, recuperen su sentido estratégico y retomen la coherencia orgánica necesaria para cumplir con una misión histórica que nos reclama: recuperar y luchar por el Socialismo como el único y verdadero poyecto del pueblo.

Septiembre, 2004.

Archivo del blog