miércoles, 29 de octubre de 2008

¿POR QUÉ NOS DEBEMOS OPONER AL TLC?

¿Qué es un Tratado de Libre Comercio? Empecemos analizando el término:

Tratado, según el diccionario, “es un convenio suscrito y concluido entre dos gobiernos”। Dichos convenios deben regirse por la Constitución de la República que expresa claramente en su artículo 149: Guatemala normará sus relaciones con otros estados de conformidad con los principios, reglas y prácticas internacionales con el propósito de contribuir al mantenimiento de la paz y la libertad, al respeto y defensa de los derechos humanos, al fortalecimiento de los procesos democráticos e instituciones internacionales que garanticen el beneficio mutuo y equitativo entre los Estados.

Libre: con respecto a éste término, el diccionario explora dos temas. Primero, dice que libre es “aquel estado que no está sujeto a la dominación extranjera” y, segundo, en lo referente al comercio presenta la condición insustituible de “no contener ninguna sujeción o traba en sus relaciones bilaterales”. Estos razonamientos se refuerzan con el contenido de los artículos 140, 141 y 142 de la misma Constitución que pun- tualizan sobre la soberanía del Estado de Guatemala.

En conclusión, el TLC debe ser un convenio entre dos estados soberanos que llegan a un acuerdo para intercambiar sus productos, sin ninguna barrera u obstáculo, en igualdad de condiciones basadas en el beneficio mutuo y equitativo, sin presiones ni dominio de ninguna de las partes.

Además, el artículo 151 referente a las Relaciones con Estados afines dice: “el Estado mantendrá relaciones de amistad, solidaridad y cooperación con aquellos Estados, cuyo desarrollo económico, social y cultural, sea análogo (similar, semejante, parecido) al de Guatemala, con el propósito de encontrar soluciones apropiadas a sus problemas comunes y de formular conjuntamente, políticas tendientes al progreso de las naciones respectivas”.

Estados Unidos es una potencia económica, condición que le da una ventaja abismal con respecto a nuestro país, al cual pone fuera de la posibilidad de afrontar la firma de Tratados de tal envergadura. Sus ritmos de producción y exportación son gigantescos; su poderío puede de importaciones promedio que Guatemala realiza de ese país, cuyo monto en el período de 1997 a 2002 (6 años) fue de 1।925,491.5 dólares, mientras que nuestras exportaciones hacia ese país se situaron solamente en un promedio de 800,134.3 dólares. Incluso, el intercambio desigual en los años 2001 y 2002 fue mucho más adverso pues las exportaciones hacia ese mercado cayeron un 18% aproximado, con $643,137.9 y $671,969.0 respectivamente. Ello nos sitúa en un déficit comercial de $1.125,357.2 (un 58%) que en moneda nacional al cambio de Q.8.00 x $1.00, sería de Q.9.002,357.2, un 27% aproximado del presupuesto nacional de ingresos y egresos.

A estos argumentos cuantitativos contrarios se suman las prácticas prepotentes y proteccionistas que los Estados Unidos impusieron en la mesa de negociaciones, totalmente incongruentes con el “liberalismo”, doctrina de su cacareada libertad comercial। Estas prácticas proteccionistas y prepotentes son: altos subsidios a sus granjeros y productos industriales, imposición de apertura total y sin control de nuestras mantenimiento de requisas minuciosas y antojadizas a nuestros productos que frenan el acceso “libre” al mercado estadounidense.

El tratado se firma justificando que esto traerá ventajas para Guatemala। Sin embargo, nuestro país presenta inclusive mejores ventajas y prerrogativas comerciales con países semejantes en economía, como en el caso de los países centroamericanos y el mexicano. Por ejemplo, sólo con Centroamérica nuestras exportaciones ($810,915.1) rebasan las hechas hacia Estados Unidos ($800,134.3) sin Tratado de Libre Comercio. Incluso, las exportaciones a Centro América, especialmente a El Salvador, han ido en ascenso a diferencia de las que se hacen hacia la potencia del Norte. Si a ello le sumamos las que se hacen a México con un promedio de $92,559.9, se llega a la cifra de $903,475.0; y si a esto le sumamos las que se hacen normalmente hacia América Latina y el Caribe que asciende a $188,915.1, se llega a la cifra de $1.092,390.1. Si además añadimos las exportaciones hacia el mercado europeo que suman $298,462.9 promedio, más Canadá con $46,810.5, el monto llega a $1,437,663.5.

Por lo anterior nos preguntamos, ¿por qué Guatemala necesita firmar un Tratado que desfavorece nuestras exportaciones con restricciones a derechos ya adquiridos en los convenios de la Cuenca del Caribe y el Sistema General de Preferencias –SGP-, que amenaza seriamente nuestra soberanía y someterá a nuestro pueblo a una esclavitud moderna? ¿A quién realmente beneficia la firma de ese Tratado?

Dicho Tratado espurio elimina nuestras propias iniciativas empresariales y comerciales con otros países, destruirá la pequeña e incipiente industria, maniataría nuestra producción agrícola reduciéndola a una actividad de subsistencia sin futuro, aparte de adueñarse de nuestros recursos naturales por completo, incluyendo al हुमानो. Esto, simplemente fortalecerá el interés de los gringos de instaurar su dictadura mundial cuyos sabores probatorios con su Guerra contra el Terrorismo nos avisan la amargura de la dosis completa.

No se necesita ser brujo para adivinar quien devoraría a quien tras la firma de un tratado de esta naturaleza entre dos economías tan asimétricas. La economía de una superpotencia mundial o la economía de un país que no sale del todo del sistema mercantil simple. Este Tratado significa darle puerta libre a las transnacionales para que tomen posesión de nuestro país, facilitándoles sin barreras jurídicas, políticas y económicas: infraestructura construida y financiada por nuestro pueblo; factores estratégicos como nuestros recursos naturales para materia prima; la fuerza de trabajo del guatemalteco, cuya mayoría vendría a sumarse a las grandes plantas maquileras que mantienen salarios de hambre y condiciones de sobre-explotación. Todo esto servirá fundamentalmente para reba-jar los costos de explotación y traslado de las transnacionales por situarse en el mismo lugar de producción.
A ello se suman otros signos de la tiranía imperialista: la prohibición para la organización sindical; el aniquilamiento total de los resabios del Estado de bienestar de la Revolución del ’44 como son el Seguro Social con sus fondos de invalidez, vejez y sobrevivencia, la educación publica, laica, gratuita y obligatoria, así como todo el sistema de salud pública. Signos como la instauración de un Estado policíaco para implantar la dictadura privada que necesita el imperio y que ha sido implementada por los gobiernos de la mal llamada transición democrática (DC-MAS-PAN-FRG-GANA) a través de implementar una gradual privatización. Con el TLC y todas estas medidas, en las cuales participa el capital transnacional, se consumará la anexión de nuestro territorio a Estados Unidos. Nuestro pueblo estará entonces a su merced.

Lo anterior lo hemos constatado con la privatización de la telefonía, la electricidad, el transporte, algunas redes de carreteras, ciertos servicios de salud y educación pública y el servicio de agua potable. Estos servicios han pasado a ser propiedad de consorcios y agentes privados que, en vez de mejorarlos como era su promesas pre-compra, los han convertido en monopolios que buscan la máxima ganancia (contrario a los monopolios públicos) a través de aumentar considerablemente el costo para los consumidores, para lo cual han contado con la complicidad de gobiernos y autoridades corruptas. Estas son ya muestra del dominio del capital transnacional y de la anexión de nuestros países --fortalecida por el TLC-- a los Estados Unidos।

El terreno está allanándose y abonándose a favor de la firma del TLC con Estados Unidos, pues el último paso, el decisivo, está en manos del Congreso de la República, organismo que se ha caracterizado por una practica de vendepatria। La legislación, en sus líneas generales, ha empezado a inclinarse hacia esa tendencia; la propaganda gubernamental se ha estructurado a favor de dicho Acuerdo। Y lo mas grave, autoproclamados “represen-tantes” de los sectores populares han dado su beneplácito al TLC a partir de legitimarlo en los acuerdos con los que concluye el Paro Nacional del 8 de Junio (Ver artículo previo), dando un golpe certero a la genuina oposición popular y demostrando su desfachatez servil y pírrica, su actitud de sumisos esclavos ante el amo. Dieron un golpe certero a la genuina oposición al mismo, que de no haber sido traicionada se hubiera fortalecido entre la población.

Es importante aclarar y remarcar que el TLC sólo beneficiará a la oligarquía gringa, la cual sustenta hoy un déficit billonario por la pérdida de competitividad de su parque industrial con respecto a la Unión Europea y los países asiáticos, espe- cialmente China Popular. Asimismo, a la burguesía maquilera local que ha ido mutando de lo nacional a lo transnacionalizado al haber sido absorbida por las multinacionales. Esa burguesía asimilada, que hoy está sentada en el poder, necesita para seguir sobreviviendo construir rápidamente, según requerimientos de sus amos gringos, el marco jurídico, político, ideológico e infraestructural para facilitar la inhumana e irracional competencia mercantil contra sus poderosos enemigos de Europa y Asia.
Los grandes perdedores seremos nosotros, el pueblo guatemalteco, a menos que nos movilicemos en una resistencia patriótica, nacionalista y creadora, que nos permita enfrentar contundentemente los planes anexionistas de las corporaciones y sus vasallos locales transnacionalizados. Para ello es imprescindible sanear nuestras organizaciones populares, fortaleciendo liderazgos colectivos que diluyan esos cacicazgos que siempre nos acarrean deslealtades al hacer pactos secretos con nuestros enemigos de clase, a espaldas nuestras y contra la democracia popular; implementar un plan de estudio sistemático de nuestra realidad; construir una estructura de coordinación que permita articular un movimiento popular genuino; y reforzar nuestras acciones que validen o cuestionen en la práctica nuestros razonamientos.

La oposición al TLC con Estados Unidos es una cuestión de sobrevivencia y de consciencia sobre la importancia de preservar la especie humana. Por eso, quienes pertenecemos a la clase trabajadora no podemos contemplar el TLC como un simple acuerdo comercial aislado. Hay que entenderlo y denunciarlo como lo que realmente es: la última fase en el plan de Estados Unidos para la anexión de los pueblos de América Latina.

Berger y sus secuaces, representantes de esa burguesía de servidumbre y transnacionalizada, recogedo-res de las migajas que caen de la mesa del amo, lo saben muy bien। Por ello, defienden el TLC, lo enaltecen y tratan que ignoremos sus consecuencias.

Nuestros ojos deben mirar hacia los trabajadores del Sur y del Caribe, de México y de Estados Unidos mismo, con quienes compartimos la explotación y la miseria. Con los trabajadores de esos pueblos, con esos hermanos nuestros en la lucha por una nueva sociedad es con quienes debemos unir fuerzas para lograr el noble objetivo de construir un nuevo sistema donde el ser humano sea el centro de la sociedad, donde se refrende la cooperación internacional en igualdad de condiciones, donde premie la solidaridad antes que la ganancia.

Nuestra postura es clara। No podemos aceptar razonamientos pequeño burgueses que argumentan que la imposición del TLC traerá una proletarización acelerada que fortalecerá a la clase obrera, quien liderará la futura revolución socialista. Lo que realmente se esconde tras ese argumento es una actitud lacayuna propia de los espíritus desmovilizados. La misma que propició el armisticio de 1996. Estratagemas teóricas que se pierden en la especulación. Argumentos anticientíficos de personas que se agazapan dentro de organizaciones populares, que se autoproclaman parte de la única "izquierda real" que no fue capaz siquiera de estructurar un “programa capitalista mínimo” para una sociedad de avanzada, mucho menos un programa socialista, que acuerpan, obedientes y sumisos, los discursos y acciones de la burguesía.

Nuestra única consigna debe ser la oposición férrea y contundente a un Acuerdo que nos sumirá aún más en la miseria e ignorancia, retrasando por muchos años más nuestra victoria y, con ello, la muerte de este sistema podrido del capitalismo. Porque cada día que retra-samos su muerte retrasamos también la vida para millones de seres humanos.

La radicalidad de nuestra oposición está basada en la realidad miserable que vive la mayoría de nuestro pueblo। Es contra un gobierno servil que se somete a la tiranía invasora de Estados Unidos que se presenta como TLC, cuyo precio será sin duda el mismo: explotación, miseria, discriminación, opresión y muerte. Es contra una clase nobiliaria transnacionalizada que sigue chupando nuestra sangre trabajadora, nuestra sangre indígena. Nuestra lucha estratégica es por derrocarla e instaurar de una vez por todas el Estado obrero, en Guatemala y en toda nuestra América indiana. Esa es la máxima misión que se trazaron muchos otros antes que nosotros: Sandino, Mariátegui, Guevara, Farabundo, Gutiérrez, Fidel y miles de compatriotas latinoamericanos que han señalado el camino.

A nosotros solo nos queda emular su ejemplo y seguir abriendo camino para y con nuestros hijos। Adelante compañeras y compañeros. Nuestra dignidad y nuestra soberanía no están en venta.

Junio 2004

Archivo del blog