martes, 28 de octubre de 2008

PUENTES DESEAMOS, NO MUROS

El Primero de Mayo mundialmente se unen todos los trabajadores bajo una misma consigna: una nueva sociedad, otro mundo es posible, donde lo humano se dignifique. De hecho, las concepciones políticas de izquierda rebasan, como preludio de esa utopía inmediatamente presente, todo el andamiaje opresor que está fincado en las instituciones públicas y privadas que dominan en esta transitoriedad, el mundo de hoy. En este momento existen más puntos en común: la guerra, el desempleo, la miseria, la desigualdad y el racismo que han unido a millones de personas a través del planeta.

Los pueblos están despertando del marasmo que produce la mentira de la democracia burguesa y escuchan con recelo las propuestas, los discursos y las justificaciones de los líderes mundiales que representan al gran capital. Algunos gobiernos serviles a la Casa Blanca, al capital transnacional y a las oligarquías locales hoy se distancian diplomáticamente de sus lineamientos. Otros han sido derrocados por movimientos populares. Otros pueblos mantienen y desarrollan una resistencia ejemplar. El bravo pueblo de Irak, superado militarmente por el invasor, le ha proferido cuantiosas bajas y golpes que hacen trastocar la opinión pública de los respectivos países que se aliaron a la Coalición comandada por Estados Unidos y se empieza a cuestionar a los gobiernos sobre la conveniencia de la presencia de sus tropas en escenario tan ajeno. Ante esta resistencia la respuesta del imperio y de sus gobiernos serviles ha sido el uso de las fuerzas militaroides para tratar de frenar haciendo uso de la represión, la fuerza incontenible del pueblo. Sin embargo, una vez más se constata en la historia de la lucha contra los opresores, que el empuje de todo un pueblo es imposible de vencer.

En Cuba, el partido comunista aglutina el sentir de su pueblo y lo vuelve una barrera infranqueable ante la animosidad de los yanquis. Venezuela, es otro parangón donde el partido comunista, como parte de la avanzada de esa nueva sociedad, dirige las líneas generales de esa gratificante y esperanzadora Revolución Bolivariana, a pesar de la intransigencia de su oligarquía y la intromisión descarada del Departamento de Estado de Estados Unidos. Ecuador, Bolivia y Argentina no se quedan atrás.

Estados Unidos va quedando solo, demostrando con ello que la violencia, la represión y el terror no son jaulas suficientes para encarcelar el espíritu libertario de la humanidad. Su propio pueblo cuestiona las prácticas terroristas en contra de pueblos y líderes indefensos, cuestiona las justificaciones cínicas de sus dirigentes al tratar de explicar su intromisión en los asuntos internos de otras naciones.

Este despertar de los pueblos y sus prácticas de resistencia, expresan un salto cualitativo en la lucha de clase। Sin embargo aún existe mucho tramo por recorrer, se está en camino de empuñar las armas de la razón y la verdad en aras de la liberación del yugo capitalista.

La lucha de la clase trabajadora y los partidos comunistas ha ido desenmascarando las políticas imperialistas de Washington, jugando un papel protagónico dentro de esa lucha de clases que no terminará hasta que la propiedad esté en función del bienestar y la felicidad del hombre.

Para avanzar en esta lucha urge tender puentes entre los pueblos y entre las clases oprimidas y explotadas de Latinoamérica. Urge levantar el pensamiento nacionalista de Rodó, libertario de Martí y marxista latinoamericanista de Mariátegui, el discurso bolivariano de emancipación y soberanía, así como el discurso de la indianidad y negritud que son nexos comunes entre los pueblos que habitan del Río Grande a la Patagonia, pasando por el Caribe.

Nuestros partidos obreros están plagados de dicha riqueza étnica, pero muchas veces sus discursos, sus ideas, sus aportes, sus líneas de acción son carcomidas por la ideología dominante, a tal punto que renegamos de nuestra indianidad y nuestra negritud como si fueran escollos en nuestro desarrollo como naciones; un estigma de esclavitud y opresión que hubiera que erradicar, cuando en realidad lo que significan es una historia de lucha, resistencia y rebeldía. Miramos ajenas las luchas indígenas, con actitudes malinchistas. Todo lo contrario, llevamos en las venas esa sangre indómita e irreconciliable con la opresión, en cualquiera de sus variantes.

Puentes necesitamos, no muros. Caminos para transitar libremente, no vallas que limiten el paisaje. Los muros y las vallas solo las levantan los opresores para privatizar las ideas y el espíritu humano. Los yanquis lo han hecho con Cuba, actualmente lo hacen con Afganistán, Irak, Colombia y Venezuela, entre otros; los judíos con los palestinos. Para su mala fortuna, del lado de sus prisioneros y muy a pesar de las lágrimas, el dolor, la humillación y la ignominia que les infringen, siempre enfrentarán la resistencia pertinaz de la razón, la poesía, la paz, la humanidad, la vida, pero sobre todo, pueblo, esperanza y dignidad, tanta dignidad que sus carceleros quisieran borrarlos de la faz de la tierra, pues no soportan la marca asesina que les imprimen sus crímenes empapados con la noble sangre de los héroes.

Primero de mayo es pues, avanzada de glorias por venir, sinónimo de unidad en la heterogeneidad y de internacionalismo proletario, estandarte de la lucha obrera alrededor del mundo que se perfila libre ya de las ataduras del capitalismo deshumanizante.

Saludos trabajadores del mundo. En este día profundamente humano los comunistas que luchamos en Guatemala, nos hacemos uno al grito de batalla de nuestro compañero Carlos Marx:

¡Proletarios del mundo, uníos!

Guatemala, mayo 2004.

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