martes, 11 de noviembre de 2008

TIMOCRACIA

El capitalismo es un sistema de explotación del hombre por el hombre. Quienes tienen el capital (dinero, medios de producción, tecnología, armamento, poder) hacen todo lo posible, sin importarles la vida humana ni la naturaleza, para obtener la máxima ganancia y acrecentar su poder político y económico. Ejemplos de la naturaleza del capitalismo los vivimos cotidianamente la clase trabajadora:

a) Cuando la burguesía, es decir, la clase social dueña de las fincas, fábricas, bancos, grandes comercios, medios de comunicación, empresas de “seguridad”, se hace cada día más rica, mientras nosotros los trabajadores y nuestras familias vemos cada vez más cuesta arriba nuestra subsistencia;

b) Cuando nos despojan de nuestras prestaciones, salarios y ahorros, cuando nos dejan sin empleo por pretender sindicalizarnos o cuando los burgueses deciden, en horas de la madrugada como vulgares ladrones, desmantelar las fábricas, hacer perdidizos nuestros ahorros y huir del país;

c) Cuando nos despojan de los recursos comunales y nacionales (como las tierras, los minerales, el petróleo, los monumentos históricos y arqueológicos, los lagos, playas y ríos) dejando sin tierras, en la pobreza y el desplazamiento forzoso a hermanos campesinos e indígenas, migajas al país, daños irreparables al ambiente y privándonos para usar tales recursos y sus potencialidades.

d) Cuando se roban los recursos del Estado que provienen de nuestros impuestos, y reduciendo la posibilidad de servicios sociales.

Explotación, saqueo, desfalcos y “crisis” financieras, entre otras formas, son usadas por la burguesía local y transnacional para enriquecerse, aumentando nuestra miseria.

Uno de los mecanismos de la burguesía para lograr la máxima ganancia es la corrupción. Como corruptores han corroído todo aquello que puede representarles más capital. Corrompen iglesias, organizaciones sociales, ONG, partidos políticos (de derecha, centro y de izquierda), para que sus líderes o dirigentes les sirvan en bandeja de plata sus bases religiosas, sociales y políticas, o entren en contubernio con ellos para repartirse los recursos de la cooperación internacional o del Estado.

Para muestra un botón recordemos los casos de corrupción denunciados y en los cuales han participado líderes religiosos (como Serrano Elías y Ríos Montt); ONG organizadas por los mismos politiqueros y sus familiares para ser los canales de saqueo de fondos gubernamentales o del financiamiento internacional “al desarrollo”; organismos internacionales como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD- o la siendo Migraciones –OIM-, ambas de la militares y ex militares que además de apropiarse de fondos de la institución Organización Internacional de Organización de Naciones Unidas –ONU, parte de políticas neoliberales y saqueadoras de nuestros recursos; armada, utilizan los recursos públicos para sus intereses personales. Todos estos casos han tenido una relación con algunos empresarios, instituciones y funcionarios que forman parte del engranaje de este sistema corrupto.


Caso especial es el de las empresas, cuyos ejemplos son interminables: bancos que han dejado en la calle a muchos miles de ahorrantes o se han robado fondos del Estado (Bancafe, Banco de Comercio, Offshores amparadas por los gobiernos), empresas constructoras que han dejado inconclusas obras, que han construido carreteras y edificios con materiales de baja calidad, etc.; prestadoras de servicios, desde aquellas que venden alimentos hasta aquellas otras que tienen concesionadas carreteras como la de Palin-Escuintla; empresas de abogados que además de defender delincuentes, narcos y políticos corruptos, están comprometidos con la comercialización de la niñez, Etc. Estos hechos y prácticas desmontan el discurso de la honorabilidad de los empresarios y sus gobiernos.

Observamos como empresarios se lanzan a la política o financian a los
partidos y políticos con el objetivo de lograr que les sean asignadas obras públicas, les concesionen servicios y recursos (como los minerales y el uso de ríos), les construyan obras para aumentar el precio de sus tierras, para evadir impuestos, etc. Asimismo, para obtener información estratégica útil para invertir --por ejemplo-- en la compra de grandes cantidades de tierra en zonas utilizadas para producir agro combustibles o cuya rentabilidad crecería al ser áreas de desarrollo productivo o turístico. Habría que citar el caso de la familia Wittman Berger, que hizo este tipo de transas a través del anterior presidente de la república, y habría que estar alerta pues las actuales autoridades están interesadas en potenciar un área turística gigantesca en El Petén.

Más allá de lo anterior, los empresarios corrompen directa e indirectamente al Estado. Tienen infiltrados los ministerios, el organismo judicial, el ministerio público, el congreso, el Banco de Guatemala, etc. Todo ello para hacer leyes a su favor, definir políticas a su medida y garantizarse impunidad, con el único objetivo final de lograr la máxima ganancia. Con ello no solamente impide que el Estado emita leyes y políticas que garanticen las condiciones de vida de la clase trabajadora, los pueblos indígenas y demás sectores históricamente oprimidos y explotados, sino hacer del Estado una herramienta que le sirve para reproducir el sistema capitalista que, en esencia, también es corrupto.

Este es pues un sistema construido para que funcione corruptamente. Y este es el sistema capitalista, el sistema del cual se beneficia la clase dominante y explotadora: la burguesía local y transnacional, del cual se benefician sus sirvientes: partidos políticos y politiqueros. Esto es lo que conviene a la burguesía para seguir saqueando al Estado, para que el Estado facilite sus negocios legales o ilegales vinculados a la narcoactividad, al tráfico ilícito de personas y mercancías, al lavado de dinero y demás negocios que siendo legales no dejan de ser ilegítimos y saqueadores, como las privatizaciones y las concesiones que son la entrega de recursos naturales, obras y funciones a la parasitaria iniciativa privada y las “comisiones” ilícitas a los funcionarios corruptos, que con ese nombre, el de comisiones, pretenden esconder su inmoralidad.

Conclusión: no existen solamente actos de corrupción, empresarios o políticos corruptos. La corrupción no puede analizarse solamente como acto de bien o mal que corresponde a los individuos exclusivamente. La corrupción es parte esencial del sistema capitalista, burgués, para seguir acumulando riquezas a costa de la clase trabajadora y de todo el pueblo, sin importar el costo social y ecológico.

Por eso es correcto afirmar que no estamos en una democracia, sino en una TIMOCRACIA, que por medio de la corrupción logra reproducir los intereses de la burguesía local y transnacional, y, por consiguiente, reproducir el sistema capitalista que por su carácter injusto mantiene a la clase trabajadora, a los pueblos indígenas, a la juventud, a las mujeres, a la mayoría del pueblo, en condiciones de enajenación, miseria, explotación, despojo y opresión.

Y reafirmamos: en el capitalismo es imposible la democracia. Esta sólo es posible en el Socialismo.