jueves, 27 de agosto de 2009

Posición y propuesta del PGT para avanzar en la unidad de las fuerzas de izquierda desde una perspectiva revolucionaria


CÓMO VEMOS EL PROCESO HACIA LA TOMA DEL PODER

El PGT ratifica su vocación de poder y en esto coincidimos con otras organizaciones de izquierda en Guatemala. Sin embargo, encontramos divergencias en cómo observamos el camino para la toma del poder.

Llegar al gobierno no es sinónimo de tomar el poder, aunque hacerlo puede significar la posibilidad para avanzar en la construcción de poder popular y avanzar en el apoderamiento por parte de las fuerzas revolucionarias.

Llegar al gobierno como cola de ratón de alguna fuerza supuestamente progresista y, peor aun, cuando se trata de organismos profundamente conservadores, eclécticos y sostenedores del statu quo, del modelo de desarrollo predominante, contrario a avanzar hacia la toma del poder, puede convertirnos en comparsa de proyectos antagónicos, especialmente cuando nuestra perspectiva es de clase y antiimperialista.

Esto de entrada nos diferencia de algunas fuerzas políticas que han optado por el co-gobierno explícito o tácito en este momento político.

Porque tenemos vocación de poder, creemos que el camino en este momento no pasa por lo electoral, al menos no en lo referente a lo nacional. Hasta el momento, lo electoral solamente ha fraccionado a la izquierda, especialmente cuando se trata de asuntos de candidaturas, de finanzas, de alianzas bajo la mesa; ha profundizado la desconfianza y, por consiguiente, ha minado la necesaria confianza como cimiento de toda relación política, siendo todo ello parte de una cultura política de derecha, incoherente con el logro del objetivo de unidad y con los principios y el programa revolucionario que nuestro partido impulsa.

Lo que constatamos hasta hoy es, asimismo, que lo electoral, en lugar de acercarnos al poder nos aleja de este; prueba de ello es la marginalidad política en la cual se encuentra la izquierda. Esto, en esencia, se debe a la carencia de la condición necesaria para abrir los candados que presenta el régimen político y, en particular, el régimen electoral, el cual está diseñado para operar sobre la base de la corrupción, la componenda, el caciquismo, el clientelismo, y para el caso de la izquierda, el abandono del programa político de la revolución, su conversión a organizaciones institucionalistas e institucionalizadas. Todo ello contribuye a garantizar el relevo de unas elites por otras.

La condición que nos permitiría enfrentar una contienda electoral o avanzar en la estrategia coherente para avanzar hacia la toma del poder, es la capacidad organizativa, la cual explica los triunfos que se han experimentado en la República Bolivariana de Venezuela, Bolivia, Ecuador, El Salvador, entre otros. Por eso, “perder” las próximas elecciones no es preocupación unitaria porque ganarlas tampoco lo es en este momento, siendo que nos falta la condición para lograrlo.

Adquirir y construir tal capacidad organizativa pasa, en este momento, por identificar el estado actual de las fuerzas de izquierda. En ese sentido, es evidente la carencia de articulación de las múltiples y heterogéneas fuerzas sociopolíticas que hoy impulsan acciones de protesta y resistencia. Carecemos igualmente de programa político en donde la fragmentación temático-sectorial que predomina en la organización y movilización social, encuentre no solamente un marco para verse y sentirse incluida sino para articularse en una estrategia política que vislumbre un avance certero y un proyecto político compartido. Un programa que desde nuestra definición, debe necesariamente incluir una perspectiva de clase, que es la del proletariado. Es desde ahí que entendemos en primera instancia la unidad y desde ahí concebimos dicha unidad, con contenido de clase. Y más allá, desde una perspectiva anticapitalista, no podemos menos que incorporar un sentido étnico y de género, siendo estas dos dimensiones generadoras de relaciones de opresión que no pueden entenderse sin considerar sus raíces en el sistema de explotación, expolio y opresión capitalista. Sólo desde ahí se podrá crear una instancia de alianza o unidad popular, que sepa oír, comprender y armonizar las necesidades y exigencias del pueblo y sus luchas en perspectiva histórica y no en visión cortoplacista.

Es evidente asimismo, que en este momento no existe un liderazgo capaz de conducir la lucha revolucionaria, el cual, además, sería sano que procediera del proceso de concebir el programa político y del desarrollo de la estrategia para avanzar hacia la toma del poder, ámbito donde tendría la posibilidad de probarse (como necesidad constante) y lograr la legitimidad necesaria como factor importante para la articulación y el real avance en el camino de la revolución.

En este sentido, si pensamos en perspectiva revolucionaria, la tarea en este momento es lograr la articulación de la lucha que hoy está desorganizada, lo cual pasa por la formulación de un programa político basado en principios y objetivos revolucionarios y en un camino a seguir para concretarlos; un programa político que debiera formularse de forma incluyente, participativo, y con coherencia. Nótese que no estamos hablando de un programa de gobierno, sino de un programa político estratégico, en el cual se establezca el estatus que deberá tener cada forma de lucha (incluida la electoral y parlamentaria). Nótese también que no pensamos necesariamente en lo electoral como el camino, o en lo electoral como la estrategia, lo cual nos parece por demás reduccionista y con resultados contrarios al avance que la organización y lucha revolucionaria requiere.

Pero esta tarea de lograr la articulación de la lucha, encuentra en lo electoral un ámbito que en lugar de hacerla germinar, la sigue retrasando y la mantiene en la marginalidad política.


NUESTRAS PROPUESTAS

Por estas razones –por demás resumidas- y con el interés de avanzar en la necesaria articulación, alianza y construcción de relaciones unitarias, proponemos que se impulse un esfuerzo que no se oriente hacia lo electoral. Desde una perspectiva pragmática pero estratégica, este esfuerzo debe hacerse en torno a las tareas que la revolución requiere: formulación de un plan de acción revolucionario para el corto plazo y su impulso y la formulación del programa político de la revolución guatemalteca que recupere una línea de acción anticapitalista y antiimperialista, que se encamine con coherencia hacia la conquista del poder para construir el único proyecto alternativo al capitalismo: el Socialismo.

Asimismo, que aquellas fuerzas que por su definición se orientan a lo electoral, encuentren en otro espacio la posibilidad de concretar sus objetivos de alianzas de cara a enfrentar las próximas elecciones. En este sentido, que el esfuerzo de una alianza estratégica popular y revolucionaria de la izquierda se preserve de lo electoral y se encamine hacia la unidad necesaria.

Desde nuestra perspectiva, la unidad de la izquierda es un objetivo fundamental. En esa dirección, en este momento es prioridad la alianza popular revolucionaria del pueblo. Es una exigencia histórica e inmediata, necesidad que por aguda que sea no debe hacernos perder la paciencia (paz + ciencia) ni abrirle paso a cortoplacismos de impacientes, alimentando inquietudes electorales que la exigencia popular ahora no conlleva, pues no se trata que el Estado capitalista se desarrolle y prolongue, porque es una Estado político criminal. Se trata de avanzar hacia la revolución por el Socialismo.

La unidad es un objetivo que debemos preservar (por ejemplo de los influjos procedentes de lo electoral) y avanzar en su construcción, como una condición para enfrentar no solamente la coyuntura sino para avanzar y tener las posibilidades de encaminarnos por una vía popular revolucionaria. Esa vía, en un momento determinado, podría transitar por lo electoral-, con la condición que esto no signifique contribuir a refuncionalizar el sistema –como hasta el momento se ha hecho—y que nos permita competir por el poder y no solamente participar para validar lo establecido o seguir siendo cola de ratón.

Es evidente que en este momento ninguna organización está pensando en concretar un proceso de unidad a partir de una unidad orgánica, pues cada una interpreta su estrategia como la más indicada y valora su propio liderazgo. Es obvio también que en este momento tenemos diferencias que, prevemos, si se imponen como definitorias del cualquier proceso de alianza, lograrán sólo distanciarnos nuevamente.

Con este interés genuino por la unidad, entonces, proponemos a las organizaciones de izquierda en Guatemala, que el esfuerzo por lograr una alianza política de nuestras organizaciones se base en las búsquedas ya señaladas y en tres criterios que le abran posibilidad:

1. Concebirnos como una articulación a partir de la figura de alianza política.

2. Esta alianza debe fundarse en lo que nos articula y no en lo que nos separa.

3. Por consiguiente, debe fundarse en la toma de decisiones a partir del consenso, como única garantía para consolidarla y abrir posibilidades de unidad a futuro.

La necesidad de un plan de acción para el momento actual (como síntesis estratégica en lo inmediato y no como una perspectiva pragmaticista) no debe ser utilizado para encarrilar a esta alianza hacia lo electoral. Debe servir para genera condiciones para la unidad en el mediano plazo.

lunes, 24 de agosto de 2009

CONTRA EL GOLPE DE ESTADO EN HONDURAS


El Golpe de Estado en Honduras fue realizado por una cúpula militar servil a la oligarquía hondureña y al imperialismo norteamericano.

Pero más allá del papel jugado por el ejército, es fundamental aclarar que este Golpe ha sido dirigido desde el Pentágono y la Embajada estadounidense en dicho país, encabezado por Hugo Llorens, un reconocido experto en acuerpar golpes, gobiernos fascistas y, por demás, procesos de intervencionismo en Asia y Latinoamérica, ligado además al terrorismo de los ya minúsculos grupos anticubanos. Para el efecto, la oligarquía hondureña –esa de la cual es parte Michelleti-- constituyó el eje ejecutor para su consolidación, asumiendo su papel histórico, de pieza servil a los intereses imperialistas.

En esta estrategia, son parte del golpismo, la jerarquía de la iglesia católica, las iglesias neopentecostales que son financiadas y forman parte de la penetración imperialista en nuestros territorios, así como por los medios de prensa, centros académicos e intelectuales orgánicos a la burguesía local. En la comparsa también encontramos, como expresión de todo esto, a los partidos políticos de derecha y los organismos de Estado controlados por estos.

El objetivo, además de derrocar a un gobierno que les empezó a resultar incómodo a sus intereses, es frenar y ser parte de una contraofensiva dirigida al proceso revolucionario que esta desarrollándose en América Latina.

Este Golpe de Estado, además, ha sido acuerpado por las cámaras empresariales y grupos corporativos en Guatemala, quienes a través de sus medios de prensa y de difusión, han pretendido que el pueblo guatemalteco veamos la crisis de Honduras, como una sustitución constitucional y no como lo que es: un rompimiento constitucional, represivo y criminal como medida para derrocar a un gobierno constituido a través de elecciones.

Es por ello que nuestra perspectiva y nuestra acción política debe mantenerse y desarrollarse hacia la derrota del Golpe de Estado imperialista y oligárquico. Sólo de esa manera podremos infringir una derrota a las fuerzas que pretenden retornarnos a la prehistoria y frenar el proceso revolucionario en Latinoamérica.

Pero esta acción revolucionaria debe dirigirse asimismo, a desarrollar la lucha política, ideológica y económica contra quienes en Guatemala son parte de esta estrategia imperialista y antipatriota, que con desestabilización y golpes de Estado, tratan de retornar a un sistema dictatorial, fascista y por demás entreguista. Ello Pasa porque en la coyuntura aportemos a la articulación política desde nuestra posición de partido revolucionario de la clase obrera, que nos permita enfrentar con mayores posibilidades la ofensiva de la oligarquía guatemalteca, que no sólo no ha cesado, sino se intensifica.