viernes, 5 de diciembre de 2014

TRIUNFO CONTRA LA LEY MONSANTO

¿Qué es eso de la Ley Monsanto? ¿Cómo nos habría afectado?

Ricardo Herrera

Todos consumimos alimentos para nutrirnos. Seamos de la ciudad o el campo, todos queremos alimentos sanos. Pero, como ya sabemos, muchos alimentos enlatados presentan componentes que producen cáncer y otras enfermedades. También existen químicos utilizados en la agricultura, conocidos como agro tóxicos (como fertilizantes, herbicidas), pues contaminan los alimentos y las aguas de los ríos y del mar.

La Ley Monsanto o Ley para la Protección de Obtenciones Vegetales, fue aprobada por el Congreso de la República en mayo de este año. Dicha ley abría la puerta para que empresas transnacionales del agro negocio (como Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, entre otras) productoras y comercializadoras de agro tóxicos y transgénicos (alimentos genéticamente modificados), patentaron como de su propiedad, las semillas del maíz, el frijol y otras plantas alimenticias.

¿Y que implicaba esto? Primero, que los campesinos serían obligados a utilizar y comprar las semillas de dichas empresas. Segundo, las semillas transgénicas, que impondrían las transnacionales y sus operadores locales, se esparcirían, y sustituirían gradualmente a las semillas nativas, más adaptadas a las condiciones del clima del país. En tercer lugar, el campesino estaría sujeto, año con año, a la especulación de los intermediarios por las semillas utilizadas.

¿Esto qué significa? El campesino y agricultor tendrían costos más altos, menor ganancia y mayor riesgo pues, cultivarían productos transgénicos. Esto, sumado a la utilización de agro tóxicos implicaría que, también, todos los guatemaltecos consumiríamos productos transgénicos contaminados y más caros. Aumentaría, entonces, el nivel de explotación y pobreza.

Los efectos dañinos de esta Ley a la agricultura, repercutirían inmediatamente en la economía campesina y popular, en la alimentación, en la biodiversidad, en el ambiente, etc. Esta Ley violaba entre otros derechos: el derecho a la seguridad alimentaria y nutricional, el derecho a un ambiente sano y diverso, además derechos culturales relacionados con el uso de semillas criollas que por cientos de años han garantizado el alimento de la mayoría de la población.

¿Y entonces, por qué aprobaron esta Ley en el Congreso? Esta ley fue aprobada sin informar debidamente a toda la población en general y a los pequeños y medianos agricultores en especial. Es posible suponer que las grandes transnacionales sobornaron a los diputados y al gobierno.

Esto confirma que estamos ante un gobierno y un congreso, dirigido por políticos y partidos políticos, sin interés alguno en garantizar el bien común. Por el contrario, sus objetivos parecen apuntar hacia el enriquecimiento -ilícito- y bienestar de pequeños grupos empresariales nacionales y transnacionales.

¿Entonces qué tuvimos que hacer? Pueblos, organizaciones y sectores sociales como campesinos, mujeres, maestros, jóvenes, estudiantes; nos levantamos y nos movilizamos contra la Ley Monsanto.

¿Qué logramos con dicha movilización? Logramos que el Congreso y el Gobierno, dieran marcha atrás y se derogara la Ley Monsanto. Podemos cantar ¡VICTORIA!

¿Qué debemos hacer ahora? Primero, celebrar este triunfo de los pueblos y las organizaciones sociales. Segundo, fortalecer la articulación entre organizaciones. Tercero, no permitir que las prácticas electoreras nos desarticulen. Cuarto, movilizarnos contra el intento de aprobar cualquier ley parecida que garantice ganancias a las transnacionales como la Monsanto. Quinto, movilizarnos contra otras leyes y políticas que nos afectan como: a) la política minera y energética, b) la Ley de promoción de inversiones y empleo c) la política de represión contra las comunidades, organizaciones y pueblos. Sexto, luchar por la aprobación de la Ley de Desarrollo Rural Integral (40-84) y otras leyes de beneficio para los pueblos, la clase trabajadora del campo y la ciudad, y para la juventud y las mujeres.

En Camino Socialista, No. 1, Época 1, Año 1, págs. 5-7