miércoles, 31 de diciembre de 2014

Contra la política de explotación del gobierno de Pérez-Baldetti-Sinibaldi

Una vez más el gobierno nacional da muestras de lo que verdaderamente es y para quién está gobernando: a un par de días de la Navidad, el lunes 22 de diciembre, fijó un salario tope de Q. 1,500.00 para los trabajadores de maquilas de cuatro municipios: San Agustín Acasaguastlán y Guastatoya (El Progreso), Estanzuela (Zacapa) y Masagua (Escuintla), es decir, un 56.79%  por debajo del salario mínimo.

Con anterioridad, contrario a los intereses de la clase trabajadora del campo y la ciudad decidió un aumento al salario mínimo de apenas un 5%. Es decir, a partir de enero de 2015, los trabadores agrícolas y no agrícolas deberán recibir un pago de Q.78.72 diarios y  Q72.36 para actividades de exportación y maquila, de modo que el salario mínimo mensual para el año 2015 será de Q. 2,644.36 y Q. 2,450.81 respectivamente, con las bonificaciones ya incluidas. Estos salarios mínimos siguen siendo de hambre, pues sólo la canasta básica alimenticia tiene un costo actualmente de Q. 3,200.00 y la canasta básica vital en Q. 5.800.00 (el doble del salario mínimo). Así que tanto el mísero 5% de aumento al salario mínimo, como la medida del salario tope de Q. 1,500.00 para los cuatro municipios ya mencionados, significan  una burla, un ofensivo y descarado golpe a la clase trabajadora.

Para validar su decisión en esos municipios, el gobierno montó un supuesto pedido de los Consejos Municipales de Desarrollo “para crear condiciones que atraigan la inversión y el empleo”. En realidad, se trata de una descarada maniobra pro-patronal y de entrega de la soberanía nacional, dado que las industrias maquileras se aprovechan de la terrible situación de los trabajadores guatemaltecos, por cuanto se instalan aquí sus empresas sólo en tanto tienen asegurada mano de obra casi regalada, sin sindicatos ni controles gubernamentales.

El gobierno y clase capitalista (llamada iniciativa privada o empresarial) tuvieron el descaro de saludar la medida y verla como un “regalo” oportuno para los trabajadores. El presidente Otto Pérez Molina la justificó diciendo que en esos municipios “Los estudios han confirmado que el ingreso real promedio apenas sobrepasa los 600 quetzales mensuales”, por lo que el salario ahora fijado sería una ganancia. Al mismo tiempo, el representante de la Cámara de Industria, Javier Zepeda, defendió la nueva medida como un buen incentivo para la inversión privada, lo cual –según su razonamiento– beneficiará a los trabajadores de los municipios en cuestión. “Es difícil que en estas regiones se tenga opción de ganar el salario mínimo y con esto queremos que sea una oportunidad para combatir la pobreza extrema en el país”, afirmó el dirigente de los burgueses industriales.

Como Partido Guatemalteco del Trabajo, denunciamos esta política y maniobra gubernamental, porque constituye una terrible violación a la legislación laboral vigente y abre la puerta para que posteriormente se legalice un salario tope de Q. 1,500.00 a nivel nacional. Con esto, el gobierno legitima y legaliza la impunidad, amparándose en la supuesta “bondad” que traería la inversión. Profundiza la explotación mientras garantiza mayor riqueza para la clase capitalista, especialmente aquella que desde el gobierno de Álvaro Colom se ampara en la Ley de Maquila para lograr la máxima ganancia a costa de los salarios de hambre para la clase trabajadora.

Enfáticamente nos oponemos a esta “prueba piloto” en estos cuatro municipios y repudiamos con el mayor vigor este atentado contra la clase trabajadora. Disminuir el salario mínimo –exiguo ya de por sí– es un criminal atentado contra todos los trabajadores del país, pues golpea una vez más a los más desposeídos e intenta sentar las bases para una mayor profundización de la explotación.

Es indudable que esta política y decisión del gobierno derechista de Otto Pérez Molina también pone en cuestión a la organización sindical, especialmente aquellas que se han plegado al actual gobierno y aquellas que, con una política de dejar hacer y dejar pasar, avalan con su silencio cómplice las políticas a favor de la clase capitalista.

Por eso nos solidarizamos con las organizaciones sindicales que actúan coherentemente en defensa de la clase trabajadora y hacemos un llamado a los trabajadores y trabajadoras para elegir dirigencias comprometidas con sus intereses y no líderes plegados a los intereses del gobierno y de la clase capitalista. 

¡No a las maniobras del gobierno de Pérez-Baldetti-Sinibaldi y de la burguesía!

¡No a la explotación de la clase trabajadora!

¡Por salarios dignos y justos!



Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo

viernes, 5 de diciembre de 2014

MUCHOS SON LOS CAMINOS QUE LLEVAN AL CAMBIO


Es posible y necesario el buen vivir
Sergio Pinto

Después de la intervención militar de los EEUU en 1954, Guatemala no ha tenido estabilidad, ni desarrollo con bienestar social, ni justicia.

La mayoría de los guatemaltecos somos gobernados por una minoría de capitalistas cuyos gobiernos y partidos aseguran el dominio de un grupo aún más pequeño: la oligarquía.

Si somos mayoría, podemos cambiar esta situación. Si somos mayoría, nuestras luchas son justas. Si somos mayoría, tenemos razón. Si somos mayoría, nos da legalidad el principio de que la soberanía consiste en la voluntad del pueblo.

Pero la minoría tiene más de quinientos años de estar dominando. Sus caretas cambian. Primero actuaban como colonizadores racistas, después como criollos descendientes y herederos de los invasores españoles. Después tomaron la careta de liberales, y ahora usan la máscara de la democracia. Y nunca han tenido razón, ni han sido justos. A lo largo de los años, se han enriquecido a costa del trabajo de los trabajadores del campo y de la ciudad.

Hoy, la mayoría se organiza y lucha en muchos lugares. Y resiste los golpes del ejército, de la policía y de los matones a sueldo contratados por los empresarios. Guatemala es un país de muchos pueblos. Y la gente se organiza, lucha y resiste. Tiene cada vez más confianza en sus propias fuerzas. Y aprende de sus propias experiencias. Aprende a no creer más en los ofrecimientos de los políticos corruptos. Aprende a avanzar en la defensa de su tierra, de su historia, de su cultura, de su comunidad, de su trabajo, de sus derechos y en la defensa de su cuerpo.

La gente aprende a conocer quién es su compañero y quién es el que se quiere aprovechar de ella. Aprende a juntarse con otros iguales, a organizar y a pensar bien cómo luchar.

Porque la lucha tiene su tiempo. Hay muchas victorias. Y es necesario que todo se junte, en un mismo fuego, donde ardan los chiriviscos que cada uno echa, porque la lucha de cada comunidad, se junta en la lucha de todo el pueblo para cambiar esta situación.

No se trata de que todos nos metamos al mismo camino, sino que cada comunidad haga su camino hasta juntarse con otros y otros. Así, el camino se hace más ancho y los triunfos se van juntando para ganar fuerza, ganar respeto y que ya no nos engañen más ni nos quiten las tierras, el trabajo y los recursos de la naturaleza. Es pues, el camino de muchas organizaciones, de muchos pueblos, de mucha gente.

La naturaleza nos enseña: el río se hace grande cuando en él se juntan muchos ríos pequeños. Al río grande no hay quien lo pueda contener. Por eso, tenemos confianza en que vamos a cambiar esta situación de injusticia. ¡Porque tenemos confianza en los pueblos que en muchos lugares de Guatemala, luchan!

¿Por qué luchan? En primer lugar, por la defensa de sus derechos a la tierra, al trabajo, a su cultura y a su historia. Por la defensa de su condición de mujer, por los niños y los ancianos. Por los patojos y las patojas.

En segundo lugar, por la salud, por la buena educación, por buenas carreteras, por una vida segura, sin ilegalidades. Luchamos por la justicia, la libertad y el pan de cada día. Por el respeto a la naturaleza y contra el uso de los recursos naturales para el negocio de unos pocos. Estamos en contra de que cualquiera ponga hidroeléctricas sin consultar y respetar a las comunidades. Estamos contra la explotación minera. Estamos en contra del sistema político que está tejido por la corrupción.

¿Y quiénes somos? Somos iguales, en nuestra voluntad de cambiar estas injusticias. Somos pueblos y comunidades que con su propia dirección luchan. No necesitamos a un grupo de iluminados que nos vengan a usar. Porque la dirección de nuestra lucha está en cada comunidad, con sus dirigentes naturales. ¡Que todos se levanten…! Dice el Libro de la Estera, el Pop Wuuj.

Es bueno, pues, que cultivemos la solidaridad con la gente que lucha en el monte, en las carreteras, en las ciudades. Que en nosotros brote la admiración, el orgullo y la confianza. Porque donde una comunidad lucha, está nuestro sentimiento y nuestra voluntad de levantar la lucha en cada lugar donde haya injusticia y atropellos.

Somos pueblos curtidos en la pobreza. Tenemos dignidad y vamos a defender lo nuestro. No nos preocupemos porque la lucha está en muchos lugares. Eso es bueno y además es necesario. Así se van construyendo organizaciones y dirigentes.

Algo más debemos hacer: darle apoyo a los que están en movimiento. Y divulgar, lo que se hace, lo que se avanza, que sea conocido por muchos, porque la prensa, la televisión y la radio están al servicio de los oligarcas. Entonces, entre nosotros mismos deben circular las noticias de las luchas, de los problemas y de las victorias.

¡Que todos se levanten…! Todas las luchas van a dar a una gran lucha. Y eso también debemos construirlo. La lucha de todos y todas, la organización de los pueblos con una fuerza que los oligarcas no puedan derrotar. Indígenas, trabajadores y trabajadoras, jóvenes, mujeres, gente de la ciudad que piensa correctamente, cristianos, católicos y no creyentes. Todos caminemos por la justicia, por nuestros derechos, por la libertad y el bienestar de todos, sin discriminación, sin racismo, sin violencia y sin abusos de los oligarcas. ¡Porque el futuro es nuestro!

En Camino Socialista, No.1, Época 1, Año 1, págs. 2-4

TERRORISMO ESTATAL CONTRA EL VALIENTE PUEBLO Q’EQCHI’

Ramón Pop

A quince días de haber firmado un convenio entre supuestos representantes comunitarios y la empresa Hidro Santa Rita, y a seis días de celebrar hipócritamente el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, el gobierno de Otto Pérez Molina mostró su verdadero rostro.

Sin piedad se reprimió a campesinos y campesinas Q’eqchi’es de comunidades de Cobán, Chiséc y Raxruhá, en Alta Verapaz. Con más de 120 patrullas y 1,500 efectivos policiales, militares y guardias privados, bajo la conducción directa del Ministro de Gobernación, se procedió a desalojar brutalmente a pobladores de las comunidades Monte Olivo, Nueve de Febrero y Semococh, donde hay una fuerte y legítima resistencia contra el proyecto hidroeléctrico Santa Rita, contra cobros excesivos en las facturas de tarifa eléctrica y contra la imposición de los monocultivos de caña de azúcar y palma africana.

El resultado fue: 3 personas asesinadas, más de 50 heridos y cerca de 25 detenidos ilegalmente. Esta es la mano dura de la que hablaron Pérez Molina y López Bonilla en su campaña proselitista.

Con estos hechos queda clara la verdadera política de la administración de Otto Pérez Molina: represión brutal contra el pueblo y concesiones al capital transnacional para la proliferación de todo tipo de industrias extractivas. Esto equivale a arrodillarse frente a los sectores de poder, nacionales y extranjeros.

Ante esos atropellos, lucharemos, junto al pueblo trabajador, campesino, estudiantil e intelectual, por la inmediata liberación de los detenidos, el retiro de todas las fuerzas represivas y la suspensión de cualquier acción punitiva en las comunidades agredidas. Hacemos un llamado a la intervención y presencia de entidades humanitarias para satisfacer la necesidad de seguridad de la población agredida.

Ante la represión empresarial y gubernamental, la resistencia popular organizada es una necesidad. Mujeres y hombres comunistas llamamos a materializar el más profundo, fraternal y solidario compromiso con las luchas de todos los pueblos por la defensa de la tierra, de la naturaleza y de sus legítimos derechos. ¡ALTO A LA REPRESIÓN CONTRA EL PUEBLO Q´EQCHI´!

En Camino Socialista, No. 1, Época 1, Año 1, págs. 4-5

TRIUNFO CONTRA LA LEY MONSANTO

¿Qué es eso de la Ley Monsanto? ¿Cómo nos habría afectado?

Ricardo Herrera

Todos consumimos alimentos para nutrirnos. Seamos de la ciudad o el campo, todos queremos alimentos sanos. Pero, como ya sabemos, muchos alimentos enlatados presentan componentes que producen cáncer y otras enfermedades. También existen químicos utilizados en la agricultura, conocidos como agro tóxicos (como fertilizantes, herbicidas), pues contaminan los alimentos y las aguas de los ríos y del mar.

La Ley Monsanto o Ley para la Protección de Obtenciones Vegetales, fue aprobada por el Congreso de la República en mayo de este año. Dicha ley abría la puerta para que empresas transnacionales del agro negocio (como Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, entre otras) productoras y comercializadoras de agro tóxicos y transgénicos (alimentos genéticamente modificados), patentaron como de su propiedad, las semillas del maíz, el frijol y otras plantas alimenticias.

¿Y que implicaba esto? Primero, que los campesinos serían obligados a utilizar y comprar las semillas de dichas empresas. Segundo, las semillas transgénicas, que impondrían las transnacionales y sus operadores locales, se esparcirían, y sustituirían gradualmente a las semillas nativas, más adaptadas a las condiciones del clima del país. En tercer lugar, el campesino estaría sujeto, año con año, a la especulación de los intermediarios por las semillas utilizadas.

¿Esto qué significa? El campesino y agricultor tendrían costos más altos, menor ganancia y mayor riesgo pues, cultivarían productos transgénicos. Esto, sumado a la utilización de agro tóxicos implicaría que, también, todos los guatemaltecos consumiríamos productos transgénicos contaminados y más caros. Aumentaría, entonces, el nivel de explotación y pobreza.

Los efectos dañinos de esta Ley a la agricultura, repercutirían inmediatamente en la economía campesina y popular, en la alimentación, en la biodiversidad, en el ambiente, etc. Esta Ley violaba entre otros derechos: el derecho a la seguridad alimentaria y nutricional, el derecho a un ambiente sano y diverso, además derechos culturales relacionados con el uso de semillas criollas que por cientos de años han garantizado el alimento de la mayoría de la población.

¿Y entonces, por qué aprobaron esta Ley en el Congreso? Esta ley fue aprobada sin informar debidamente a toda la población en general y a los pequeños y medianos agricultores en especial. Es posible suponer que las grandes transnacionales sobornaron a los diputados y al gobierno.

Esto confirma que estamos ante un gobierno y un congreso, dirigido por políticos y partidos políticos, sin interés alguno en garantizar el bien común. Por el contrario, sus objetivos parecen apuntar hacia el enriquecimiento -ilícito- y bienestar de pequeños grupos empresariales nacionales y transnacionales.

¿Entonces qué tuvimos que hacer? Pueblos, organizaciones y sectores sociales como campesinos, mujeres, maestros, jóvenes, estudiantes; nos levantamos y nos movilizamos contra la Ley Monsanto.

¿Qué logramos con dicha movilización? Logramos que el Congreso y el Gobierno, dieran marcha atrás y se derogara la Ley Monsanto. Podemos cantar ¡VICTORIA!

¿Qué debemos hacer ahora? Primero, celebrar este triunfo de los pueblos y las organizaciones sociales. Segundo, fortalecer la articulación entre organizaciones. Tercero, no permitir que las prácticas electoreras nos desarticulen. Cuarto, movilizarnos contra el intento de aprobar cualquier ley parecida que garantice ganancias a las transnacionales como la Monsanto. Quinto, movilizarnos contra otras leyes y políticas que nos afectan como: a) la política minera y energética, b) la Ley de promoción de inversiones y empleo c) la política de represión contra las comunidades, organizaciones y pueblos. Sexto, luchar por la aprobación de la Ley de Desarrollo Rural Integral (40-84) y otras leyes de beneficio para los pueblos, la clase trabajadora del campo y la ciudad, y para la juventud y las mujeres.

En Camino Socialista, No. 1, Época 1, Año 1, págs. 5-7

¡POR LA RECUPERACIÓN DE LA LUCHA SINDICAL!

Andrea Soto

En estos últimos años, nosotros, trabajadores y trabajadoras de Guatemala, afrontamos un retroceso enorme en nuestros derechos laborales. Esto, sin embargo, no es un hecho aislado: es un fenómeno universal que puede verse en cualquier parte del mundo.

En concreto, nos han hecho retroceder en muchos sentidos: nos contratan bajo las condiciones más desventajosas que se pueda imaginar; se nos arrebatan garantías sociales, se reduce la cobertura de seguros de salud, de vida, permisos, vacaciones pagadas, etc. Hay un creciente aumento real de la jornada de trabajo, se han ido destruyendo los sindicatos.

Nos pueden despedir cuando quieran sin indemnización. En otros términos: nos han acorralado y, lo más terrible, nos acostumbramos a no protestar y a agachar la cabeza. Todo ello sucede por una razón bien precisa: es expresión del estado actual de la lucha de clases a nivel internacional. Para decirlo claramente: representa una evidente expresión de lo que es el sistema capitalista en su conjunto, en su dinámica real.

Luego de la caída del campo socialista europeo, y con la involución del socialismo en China, el gran capital transnacional salió vencedor de la Guerra Fría. De ahí que se siente ganador, sin obstáculos que lo frenen y, con toda la impunidad del caso, fija sus reglas. En Guatemala, siguiendo esa tendencia mundial, también los capitalistas se aprovechan y profundizan cada vez más la explotación del pueblo trabajador.

Como es el capital quien fija arbitrariamente las reglas de juego, la gran masa trabajadora debe seguir sus dictados con la cabeza agachada. De esa forma, la clase capitalista contrata de la manera más injusta.

Quien no quiere plegarse a esas condiciones, sabe que, con seguridad, perderá su puesto de trabajo, pues una larga fila de desocupados, esperan ansiosos para aceptar en silencio cualquier migaja que se le ofrezca. De ese modo, la desocupación ha pasado a ser el nuevo fantasma que nos persigue y con el que se nos condiciona como clase trabajadora.

Revertir esta situación no va a ser fácil. De todos modos, esa tiene que ser la consigna. ¡Debemos seguir pensando que la utopía es posible! Eso en definitiva, significa ser  comunista. La lucha sindical está hoy sumamente desacreditada, pero debemos recuperarla.

Los sindicatos son las herramientas que tenemos nosotras y nosotros, trabajadores, para hacer valer nuestros derechos, para organizarnos y para plantearnos un proyecto político transformador, revolucionario. Si hoy algunos sindicatos son corruptos y pro patronales, eso no significa que sea la regla general o que la norma sea seguir siendo así.

Los comunistas debemos plantearnos con toda la energía del caso recuperar los sindicatos como una plataforma de lucha para la clase trabajadora. El trabajo debe ser la liberación del ser humano, y no su condena.

¡A re prestigiar la lucha sindical! ¡Por una clase trabajadora (obreros industriales, trabajadores rurales, campesinos, cuadros técnicos y profesionales, amas de casa, subocupados) unida y en lucha!

Hoy más que nunca, rescatemos la frase del Manifiesto Comunista: ¡Trabajadores del mundo, uníos!
 
En Camino Socialista, No. 1, Época 1, Año 1, páginas 7-8