jueves, 5 de marzo de 2015

EL OCASO DE UN DICTADOR

Por Orlando Contreras

Efraín Ríos Montt está en el umbral entre la vi-da y la muerte. No sólo por los pocos días que podrían quedarle a existencia material, sino también porque fue capaz de disponer, con su mando militar, sobre la vida de miles de guatemaltecos y guatemaltecas. Tal pareciera, que su condena finalmente no llegará y que sus propios defensores están actuando para retardar el pro-ceso penal y evitar que llegue el momento de tal sentencia, único final que sería un acto de justicia.

Efraín Ríos Montt es uno de los principales criminales de guerra. Su nombre –y sus actos criminales– se integra a la lista de dictadores como Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay, So-moza en Nicaragua, sólo para citar algunos de los peones de Estados Unidos en la implementación de su Política de Seguridad Nacional. A través de estos dictadores sanguinarios se dirigió en cada país, la estrategia dirigida, financia-da y asesorada por el imperio estadounidense, para detener los procesos revolucionarios que pretendían construir sociedades justas.

Efraín Ríos Montt es responsable de la aplicación de la política contrainsurgente en Guatemala, con especial implicación entre el 23 de marzo de 1982 al 8 de agosto de 1982, periodo en el cual se erigió como jefe de Estado.

La Masacre de Las Dos Erres, fueron ejecutadas en seguimiento a planes militares genocidas. Un ejemplo de tales planes es el Plan Sofía, que describe la estrategia de masacres en una región del país, en el territorio ixil del departamento El Quiché. Estos planes y la ejecución de las masacres son parte de las evidencias que prueban la culpabilidad de Ríos Montt. Es claro que desde su mando militar y gubernamental, emitió órdenes para que la inteligencia estatal capturara, interrogara, torturara y asesinara a todo aquel que fuera sospechoso de participar y colaborar con las fuerzas revolucionarias y para que las fuerzas militares ejecutaran masacres. Esto es parte de lo que fundamenta la acusación de genocidio en contra del dictador.

Sin embargo, como signo de este Estado interesado en proteger a quienes garantizaron la salvación y continuidad del régimen económico, social y político, el sistema de in-justicia sigue operando para garantizar impunidad a quienes fielmente sirvieron a la burguesía local y al imperio estadounidense, aun cuando este último aparenta dar muestra de estar a favor de este tipo de juicios.

En el ocaso del dictador, Efraín Ríos Montt, las miles de víctimas siguen siendo objeto de burla y se les sigue negando justicia. El dictador, en su afán de morir sin llegar a verse en las cárceles como cualquier criminal, implementa una estrategia dilatoria del proceso judicial y una puesta en escena en la cual pretende conmover con su ancianidad, con su supuesta falta de salud y ubicarse como supuesta víctima a quien se le violan sus Derechos Humanos, esos Derechos que él ha negado siempre y que violó sin que le temblara la mano de victimario.

Es en este contexto que el nudo en nuestras gargantas, el dolor en nuestros corazones y la necesidad de justicia se reactivan al recordar a nuestras hermanas y hermanos torturados, violados, desaparecidos, asesinados. Eso es lo que nos sigue impulsando para continuar la lucha por lograr, finalmente, justicia; para alcanzar, finalmente, transformar de raíz este nuestro país. Mientras, nos conforta saber que el dictador hoy está sometido a proceso judicial.

Sólo con justicia será posible que la historia de terror implementada por el Estado, por la burguesía y por el imperio estadounidense no se re-pita nunca más. Por eso debemos seguir luchando. Ese es nuestro deber y ese será nuestro legado.

Sugerencia de documental sobre el genocidio las pruebas contra Efraín Ríos Montt:


https://www.youtube.com/watch?v=PT2tYCvIgUI