jueves, 30 de abril de 2015

POR UN 1 DE MAYO REVOLUCIONARIO CON LA PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES TRABAJADORAS

El Comité de Mujeres Comunistas ROSA LUXEMBURGO, en una nueva conmemoración del Día Internacional de las y los Trabajadores, en el que recordamos la masacre de sindicalistas ocurrida en Chicago en el año 1886, saludamos con solidaridad a todo el pueblo trabajador y, en particular,  a las mujeres trabajadoras de Guatemala, quienes vivimos distintas formas de explotación, dominio y opresión por el sistema capitalista patriarcal. Conmemoramos en este  Primero de Mayo la lucha histórica y heroica de millones de trabajadores y trabajadoras alrededor del mundo, que año tras año han batallado para el mejoramiento de las condiciones laborales de nuestra clase y nuestro género y por levantar nuestro proyecto político emancipatorio.

Las mujeres trabajadoras vivimos formas abominables de dominación, discriminación, racismo y sobreexplotación por el sistema capitalista patriarcal oligárquico-militar, que nos sigue condenando a la pobreza, a la desigualdad, a la invisibilización de nuestro trabajo y a la precariedad laboral, en desiguales condiciones que el resto de la clase trabajadora. Para corroborarlo basten algunas estadísticas de fuentes nacionales y organismos internacionales.

1.     POBREZA: Del  53.71% de la población guatemalteca que vive en pobreza  las mujeres representamos la mayoría (el 51%), y el 30.8% de los hogares con jefatura femenina se encuentran en la misma situación. Esto es, las mujeres somos las más vulnerables en cuanto a la pobreza se refiere, tendencia que ha venido acrecentándose con el capitalismo neoliberal.  

2.     DESVOLORIZACIÓN SOCIAL Y BAJAS REMUNERACIONES: Nuestro trabajo no se valora socialmente ni se nos remunera el trabajo en el hogar que garantiza la reproducción de nuestras familias y, por consiguiente, de nuestra clase social. Cuando accedemos al mercado de trabajo nuestras condiciones laborales son peores a las de los hombres, y además, sufrimos diversas formas de violencia, como el acoso y la violencia sexual. El Instituto Nacional de Estadística (INE) registra que solamente el 19% de las mujeres participamos en el empleo agrícola, esto es: invisibiliza el aporte de todas las mujeres rurales que trabajamos la tierra.  En las fincas en las que se producen caña y palma aceitera, nos ven como complemento del trabajo de los esposos y padres. Además, tenemos un menor acceso a los trabajos remunerados en comparación con los hombres: solamente accedemos un 44.5% de las mujeres, mientras que el porcentaje de hombre es del 63.8%. Nuestros puestos de trabajo suelen tener menor calificación y peor remuneración en el sector informal, sin goce de prestaciones y seguro social, como sucede cuando somos trabajadoras de casa particular. La desigualdad y la sobreexplotación se expresa si tenemos en cuenta que las mujeres tenemos un promedio salarial 19 por ciento menor que el que perciben los hombres, según datos de ONUMUJERES para el año 2014.  

3.     DISCRIMINACIÓN Y DESIGUALDAD POR ORIGEN ÉTNICO: Las condiciones laborales de las mujeres indígenas son aún más inequitativas. Además del patriarcado, enfrentamos el racismo. El 64% de las mujeres mayas, xincas y garífunas somos predominantemente trabajadoras  no remuneradas, y solamente el 6.5% somos propietarias de la tierra y, en general, no tenemos acceso a recursos productivos como créditos, asesoría técnica e insumos.

4.     UBICACIÓN EN SECTORES PRODUCTIVOS MÁS DESREGULARIZADOS: Según la Comisión Beijing + 20 Guatemala, en maquilas trabajamos más de 80,000 mujeres. Las trabajadoras de casa particular ascendemos a 190,000. Las mujeres en el trabajo agrícola sumamos 400,000. La economía independiente, sin ningún derecho laboral, llega al 75%  de la población trabajadora, en donde nos encontramos un millón de mujeres vendiendo por catálogo.

Estas son apenas algunas cifras que nos indican que somos muchas, diversas, pero con condiciones laborales similares que nos unifican como mujeres trabajadoras que aportamos a la economía y a la sociedad.

La situación en que vivimos hoy las mujeres trabajadoras de Guatemala es el resultado del sistema capitalista patriarcal, ahora en su fase neoliberal, que impera en el país, sustentado en la  alianza oligárquica-empresarial-militar que ha gobernado por más de un siglo, y que a través de distintos mecanismos como el despojo de nuestros territorios, la concentración de la riqueza producida socialmente, la corrupción, la represión y criminalización de las luchas sociales, la evasión de impuestos, la vulneración sistemática de nuestros  derechos laborales, nos ha llevado  a la pauperización, al abandono del país y de nuestros hijos e hijas, a la miseria, a la muerte. Por si fuera poco, esta misma oligarquía empresarial y militar, desea vulnerar aún más nuestros derechos con iniciativas de leyes como la Ley de Promoción de Inversiones y Empleo, La Ley Regulatoria del Trabajo por Hora o la Ley Marco del Sistema Nacional para la Competitividad y Productividad, con el fin de acrecentar más sus ganancias con privilegios fiscales y condiciones laborales deplorables y salarios de hambre.

Por todo lo anterior, las mujeres comunistas de Guatemala queremos hacer un llamamiento en este PRIMERO DE MAYO a la organización y unidad de la clase trabajadora y, en especial, de las mujeres de nuestra clase para:

·         Seguir reivindicando nuestros derechos y caminar juntas hacia una profunda transformación social que acabe con el orden capitalista, racista y patriarcal que nos oprime y nos explota.

·         Romper con la impunidad  con la que la burguesía, empresarios, finqueros, militares y en general todos y todas los empleadores actúan, vulnerando los derechos de las trabajadoras y los trabajadores a través de las violaciones de la legislación nacional e internacional, e imponiendo nuevas leyes que reducen nuestros derechos.

·         Impulsar la contabilidad en el producto nacional bruto del trabajo reproductivo o de cuidados que hacemos todas las mujeres. 

·         Seguir luchando por la vigencia y respeto de derechos y prestaciones laborales, el seguro social universal, las mejoras salariales y de nuestras condiciones como trabajadoras.

¡Por la autodeterminación de las mujeres frente a las diversas violencias y opresiones del patriarcado y el capital!
¡Por un mundo donde seamos socialmente iguales!
¡Por la Revolución y el socialismo!

Comité de Mujeres Comunistas “ROSA LUXEMBURGO”

Guatemala, 1 de mayo del 2015

miércoles, 22 de abril de 2015

REDES MAFIOSAS EN EL GOBIERNO DE GUATEMALA

El Estado contrainsurgente sigue presente, y también la explotación a la clase trabajadora

Acaba de descubrirse una red mafiosa que operaba en el corazón mismo del Estado. ¡Buena noticia!, sin dudas. La Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala -CICIG-, junto con el Ministerio Público, lograron capturar la red denominada “La Línea”, donde actuaban importantes personajes ligados al gobierno: el titular de la Superintendencia de Administración Tributaria -SAT- y su ex director, el Secretario Privado de la Vicepresidencia y otros funcionarios de rango medio, entre ellos el Secretario General del Sindicato de la SAT. En concreto: se trataba de un grupo criminal dedicado a la defraudación tributaria.

La lucha contra la impunidad siempre debe ser aplaudida. Pero en este caso, no debemos quedarnos sólo con lo que se mostró en la prensa. Eso es parte del paquete mediático.

El actual equipo gobernante, manejado básicamente por el binomio presidencial -Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti-, más allá de representar una clara posición de derecha conservadora y furiosamente anticomunista, no tiene una propuesta programática. Pareciera que el objetivo básico de la actual administración del Partido Patriota es ocupar espacios de poder para continuar sus propios negocios corporativos, ligados a grupos clandestinos que siguen moviéndose con la lógica de la contrainsurgencia de los años del enfrentamiento armado. De esa cuenta, actividades como el narcotráfico, el contrabando, el lavado de activos, el tráfico de personas, más los amañados contratos leoninos como prestadores de servicios públicos, entre otras actividades delictivas, son parte de sus “negocios”, apañados desde el poder del Estado. La impunidad está a la orden del día en todo esto, nada ha cambiado, y se opera desde altos niveles de poder en el ámbito público y privado.

De hecho, todos estos grupos surgidos de la guerra interna, que ocuparon la dirección del país en los años del conflicto armado, siguen manejando sus asuntos con la misma lógica militar y en el secretismo (ahora, como grupos clandestinos). Por lo pronto, se convirtieron en una nueva expresión de la burguesía que ya le disputa cuotas de poder económico y político a la oligarquía tradicional. El presidente y la vicepresidente son una clara representación del ascenso de esos sectores de “nuevos ricos” (con mansiones, cadenas de oro y caballos de carrera).

Eso, a veces, entra en contradicción con los sectores tradicionales de la burguesía, especialmente con aquella fracción oligárquica. Las luchas entre facciones de poder (de la derecha empresarial) están presentes. Aunque también, como clase, no dejan de beneficiarse mutuamente. La defraudación tributaria que se desbarató ahora, de la que el Poder Ejecutivo trata vanamente de tomar distancia para no salir manchado, permitió que se enriquecieran algunos grupos corruptos asociados al Partido Patriota, militares, empresarios y funcionarios. Pero también permitió a una gran cantidad de empresarios ser parte de estas prácticas corruptas y burlarse del fisco; con la evasión lo que hacen es burlarse de los trabajadores quienes, no obstante ser los creadores de la riqueza a través de su trabajo cotidiano, carecen de los servicios públicos esenciales o acceden a servicios profundamente deficientes y en crisis (como se constata en salud y educación), siendo que el Estado está corroído y quebrado tanto por redes corruptas y criminales, como por una burguesía que utiliza los bajos impuestos, las exenciones y la evasión como forma de mantener sus altos niveles de enriquecimiento.

Más allá de la corrupción -profunda- en el actual equipo de gobierno, hay mucho de aparatoso montaje en los medios de comunicación. No sería imposible que en una propuesta de “lavado de cara” para el mafioso capitalismo que campea en el país, la embajada del imperio estadounidense apueste por una “nueva imagen”, mostrando que la impunidad puede combatirse, y que la actual situación caótica en que se encuentra Guatemala se debe, en definitiva, a una serie de “políticos corruptos” que nos engañan. De ahí su coincidencia con la oligarquía (CACIF) en la “exigencia” para que continúe la CICIG y en que la situación política no debilite la institucionalidad y la “gobernabilidad” que garantice el relevo de autoridades gubernamentales por la vía electoral.

Se conocieron los nombres de la gente allegada a la Vicepresidente, los que ahora están presos, prófugos o con cuestionables medidas sustitutivas (fianzas, arrestos domiciliarios), pero no se conoció un solo nombre de empresarios que también se benefician -¡más que nadie!- de la red de fraude tributario. O sea: una imagen de transparencia -que ratifica la necesidad de la CICIG en el país- para seguir con más de lo mismo: explotación inmisericorde, salarios diferenciados (¡rebajados!, para decirlo claramente), industrias extractivas (mineras, hidroeléctricas) por todos lados, y monocultivos como los agro combustibles a expensas de las tierras para el cultivo de alimentos.

Aplaudimos la lucha contra la impunidad, pero pensamos que no se puede quedar sólo en eso. La situación actual, a pocos días del inicio oficial de la campaña electoral, ha dejado en seria crisis al partido de gobierno. La renuncia de su candidato presidencial agita las aguas. Aunque ¡cuidado! Lavar un poco la cara, pedir la renuncia del presidente y la vicepresidente como ya algunos sectores lo están haciendo, haber desarticulado sólo una parte de la red de evasión fiscal es insuficiente.

Como trabajadores y comunistas debemos tener muy claro que la impunidad es un síntoma consustancial al sistema capitalista. Luchar sólo contra ese síntoma y pensar que con la detención de un grupo criminal como el actual se terminan los problemas, es iluso. Si el binomio presidencial renunciara, eso no traería aparejado ningún cambio real para la clase trabajadora. Como tampoco lo traerán las próximas elecciones de septiembre, donde a lo sumo como campo popular podremos disputar algunas alcaldías para ayudar a la acumulación de fuerzas, pero no más que eso.

El sistema político actual de Guatemala está colapsado, sin dudas. Eso, de todos modos, no es más que la expresión del colapso del sistema capitalista y su incapacidad para resolver los graves problemas nacionales y para lograr las transformaciones de fondo, de raíz, que requiere nuestro país. El principal problema no es ni la impunidad ni la corrupción (sin dejar de considerar que esas son lacras abominables y se debe luchar contra ellas). ¡Es el sistema de explotación en su conjunto! Como dijo Carlos Marx en 1850: “No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.”


Partido Guatemalteco del Trabajo
¡Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo!


lunes, 6 de abril de 2015

Universidad pública ¿versus? universidad privada

Por María del Carmen Culajay

Desde hace unos cuantos años ya pasó a ser común el prejuicio por el que consideramos de excelente calidad todo lo que sea iniciativa privada, mientras que vemos malo, corrupto e  ineficiente todo lo que sea público. Por supuesto que, como todo prejuicio, exagera determinadas características, generalizando indebidamente sin criterios críticos. Lo cierto es que, una vez puestos a circular, esos prejuicios son muy difíciles, cuando no imposible, de contrarrestar. No cabe ninguna duda entonces que, hoy por hoy, y no sólo en Guatemala, hablar de lo público es sinónimo de ineficiencia y corrupción.

Ahora bien: ¿de dónde sale ese mito? Definitivamente va de la mano del triunfo omnímodo del capital transnacional que tiene lugar en estas últimas décadas, tras la caída del muro de Berlín y la extinción del campo socialista soviético. Allí se entroniza el mito de la eficiencia de la empresa privada: la globalización de la que comienza a hablarse es la del capital triunfador sin enemigos que le hagan sombra. Más allá que sea eficiente para ganar dinero y no otra cosa, el mito que se ha repetido hasta el hartazgo es que lo privado trabaja mejor que la iniciativa pública, no desperdicia, no derrocha, se busca la calidad sobre todo, elimina el burocratismo y la pérdida de tiempo, es hiper productivo. En definitiva: ganador exitoso sobre perdedor decadente.

Bueno…, sin dudas que eso es mito, porque en lo que es eficiente es en lo primero: en ganar dinero. Lo demás: no cuenta. Si para obtener ganancias tiene que explotar el trabajo de miles y miles de trabajadores o destruir la naturaleza, ello es apenas una consecuencia colateral. La obtención de ganancias lo justifica todo. Luego se encargará la mentira mediática de arreglar las cosas.

Sin dudas que lo estatal, lo público, puede ser ineficiente, pesado y burocrático; ejemplos sobran, por supuesto. Pero con objetividad hay que decir que entre los dos modelos, lo público al menos tiene la intención de beneficiar al colectivo; la empresa privada sólo beneficia a sus dueños, lo cual ya marca un límite insalvable.
Todas estas características también están presentes si hablamos de la universidad. ¿Para qué hay universidades privadas? Ante todo, como con cualquier empresa privada (un fabricante de bicicletas, de automóviles o de electrodomésticos, un call center o un motel por horas, etc., etc.): ¡para ganar dinero! Secundariamente vendrá todo lo demás: la excelencia académica, el compromiso con los problemas de la realidad nacional, el prestigio, la tradición. Vendrán… a veces, porque no todas las universidades privadas lo alcanzan; en muchas lo único que prima es lo de la ganancia, y repetir la ideología.

Aunque parezca mentira y sea muy duro decirlo así, nunca hay que perderlo de vista: una empresa lucrativa busca, antes que nada, lucrar. Por eso en una universidad privada no importará si se explota a sus trabajadores (incluidos los académicos, claro está), si se cobran sin miramientos todos y cada uno de los servicios que se venden a precio prohibitivo (cursos, exámenes, ropa, distintivos y banderines). Si la consigna es lucrar, hay que cuidar al cliente que es el que paga. ¿El cliente siempre tiene la razón? Bueno, eso explica por qué tan pocos alumnos pierden clases, y en general todo el mundo gana con buenas notas, siempre muy por arriba del promedio de las públicas.

Si vemos las cosas desde la maniquea concepción que el discurso ideológico fue forjando estos últimos años en términos de “buenos” y “malos”, está claro dónde está la universidad pública y dónde la privada.

Lo que resulta evidente es que en nuestro país la formación universitaria sigue siendo un lujo que muy pocos alcanzan: no pasa del 5% del total de la población nacional. Eso ya es vergonzoso en sí mismo. Ahora bien: la universidad pública –por cierto, con un considerable prestigio tras de sí, una de las más viejas del continente– ha sido un importante factor de desarrollo, aportando en la construcción de nuestra sociedad. Si hoy día está así de deteriorada, copada por mafias que la van transformando en una suerte de universidad privada sui generis donde se venden títulos y todo se maneja por politiquería y compadrazgo, sin proyecto académico real, casi sin investigación, con puras foto-copias y entronización del “copy/paste” (¡no sólo en los alumnos!), es porque los tiempos del libre mercado y la entronización de la empresa privada también llegaron a ella. ¿Cuántos profesores y alumnos críticos fueron desaparecidos durante los años de la feroz represión?

Grandes universidades del mundo, prestigiosas y de gran nivel técnico, son públicas. ¿Cuál sería el impedimento para que una universidad del Estado no pudiera ser de alto nivel? Obviamente: ninguno. Lo que está sucediendo en la tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala es, igual que en todos los países de nuestra América Latina, un proceso de vaciamiento intelectual y un triunfo de los ideales privatizadores y neoliberales que permitieron que en el lapso de unos pocos años florecieran universidades privadas como hongo, muchas de ellas no pasando de ser “universidades de garage”. Repito: ¡mito de la eficiencia!

¿Necesitamos en Guatemala una docena de casas de altos estudios? Evidentemente ahí hay un juego perverso: un país donde apenas una muy reducida élite llega a la universidad y donde la población general presenta aún tasas de analfabetismo de más del 20%, se podría bastar perfectamente con una sola universidad pública bien equipada. ¿Por qué esa proliferación de “tiendecitas” universitarias que no para? ¿Quién asegura la calidad ahí?

Como en todo este discurso puesto de moda y ya entronizado en estos últimos años: hablar de lo privado es, supuestamente, sinónimo de calidad. En la formación universitaria eso ni se discute: las priva-das están limpitas, con buenos jardines y computadoras para todos los alumnos, y quienes allí van llegan siempre con buenos carros. Ah, y los profeso-res tienen todos posgrados y hablan muy bien inglés… Pero… ¿es eso garantía de lo que realmente necesita el país? ¿Universidades que se encargan de preparar buenos técnicos que hablan bien en inglés y piensan obstinadamente sólo en ganar dinero? ¿Universidades que se jactan de ser parte de esa élite de afortunados que no tienen que trabajar desde los 18 años? Llamar a la defensa de lo público no es bajar el nivel: ¡es subir infinitamente el nivel más allá de ese cuestionable mito de la eficiencia privada! Los grandes institutos de investigación científica en innumerables casos pertenecen a casas de estudios superiores estatales. ¿Por qué no podría ser así?

La universidad, en tanto una de las instituciones más importantes de un país, tiene la obligación de ser parte fundamental de su proyecto como nación, contribuir con ideas, acciones y profesionales que vayan más allá de su tiendecita; la universidad es la cabeza pensante del proyecto político-social de un colectivo. Si no, es una formadora de maquinitas de ganar dinero (despreciando a quienes no entran en ese selecto club), y no pasa de ser una empresa lucrativa más desperdiciando todo su potencial intelectual. Y en esa perspectiva, la producción científica sigue estando al servicio de la empresa lucrativa, pero no de las mayorías.

Si nuestra San Carlos, la pública, está convertida hoy en esa cosa amorfa sin proyecto, llena de corruptos e ineficientes, botín de guerra para muchos, disputada como trofeo de caza y no para generar ciencia e investigación de verdad, con profesores advenedizos e improvisados en muchos casos (no todos, obviamente), no es porque el Estado sea forzosamente corrupto e ineficiente: es porque grupos de poder están interesados en que eso así sea. Las fuerzas armadas, ¡que son públicas!, son eficientes a la hora de hacer su trabajo; de eso no caben dudas. La universidad puede –digámoslo sin tapujos: ¡debe!– ser una vanguardia de ideas, crítica, amplia, universal. Si no, no se diferencia de una fábrica de bicicletas, de un call center… o de un motel.

En Camino Socialista, No 4, Año 2, 2015.