lunes, 25 de julio de 2016

ARTE Y CULTURA EN LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA DE CLASE

Por Julio Figueroa


Pareciera que estamos retornando a escritos viejos, a otro mundo, a un contexto que no es atingente con la coyuntura actual de lucha contra la corrupción, redes de defraudación, agradecimientos a los Estados Unidos de Norte América por su intervención para sanear nuestro sistema jurídico-político, manifestaciones de la plazocracia o Sabadocracia, la desnutrición en el país, las casas del Cambray, etc.

Me parece que con justa razón se escucha en los pasillos de los centros de reunión de la izquierda guatemalteca el susurro de la cultura que no quiere morir, porque ella es parte intrínseca de los procesos de la lucha social, política y revolucionaria.

La propuesta de cambio social, político y económico que conlleva la lucha por la transformación de los pueblos, no puede ir divorciada de la producción de cultura que recrea en las artes, la filosofía, las letras, las relaciones humanas, todos los contenidos de la nueva vida que se propone desde las calles, desde las organizaciones.

La producción cultural de un movimiento le sirve para animar, identificar, educar, construir al hombre y mujer del nuevo orden.
La clase dominante se hace acompañar de su producción cultural, la cual se ofrece por los medios de comunicación masiva, por las redes virtuales de comunicación, por medio de la escuela, la religión, las instituciones del Estado, la familia, formando una conciencia que vibra entre el consumo, la competencia, el individualismo, los vicios, la violencia, el miedo, el terror, la ignorancia, la dependencia, el subjetivismo, el surrealismo mágico, la estética a cambio de la esencia, etc. En tanto que las capas medias y la clase trabajadora empobrecida, busca superarse teniendo como modelo lo que el sistema le ofrece: la cultura dominante.

Si nuestra apuesta va por el cambio del sistema, entonces debemos tener una estrategia cultural que acompañe todo el proceso, lo que equivale a decir que debemos ganarle a la clase dominante en el terreno de las ideas, incidiendo en la mentalidad de las masas, transformando el pensamiento, el hábito, los mitos, ritos y símbolos sistémicos.

Debemos crear en el ideario de la población que sí, efectivamente, existe un mundo mejor, el cual podemos construir, para lo que nuestro mejor vehículo es la producción cultural, para penetrar en las entrañas del pensamiento y del ser de la población y, en especial, en la juventud, la niñez y la adolescencia.

En cada organización social amplia debe haber una expresión artística; todas las organizaciones artísticas de las organizaciones deben intercambiar y contribuir al desarrollo del pensamiento de la lucha de clases.

El teatro, la poesía, la canción, la pintura, la danza, la literatura, etc., deben responder a la construcción de esa conciencia de clase, a fortalecer el espíritu de lucha en todas las jornadas, a unificar los esfuerzos en el terreno de la solidaridad entre las organizaciones populares.

El análisis de la realidad, el estudio permanente y la crítica y auto-crítica deben alimentar cotidianamente la construcción de la cultura de clase, de la clase trabajadora (obreros, campesinos o cualquier forma de trabajo explotado).

En los barrios, en las escuelas, en las universidades, en las organizaciones populares, hay que generar la cultura de la clase trabajadora. ¡Esa es nuestra misión como comunistas!

Si nuestra apuesta va por el cambio del sistema, entonces debemos tener una estrategia cultural que acompañe todo el proceso, lo que equivale a decir que debemos ganarle a la clase dominante en el terreno de las ideas, incidiendo en la mentalidad de las masas, transformando el pensamiento, el hábito, los mitos, ritos y símbolos sistémicos.