martes, 19 de julio de 2016

LA LUCHA DE LA CLASE TRABAJADORA

EDITORIAL
Camino Socialista No. 15, Época 1, Año 2.

No olvidemos nunca: nuestra lucha como clase trabajadora debe dirigirse a romper las cadenas de nuestra esclavitud. Y esta cadena no es otra que el capitalismo, ese sistema que nos despoja de todo, para obligarnos a vender nuestra fuerza de trabajo a cambio de un miserable salario –cuando bien nos va– a los dueños de los medios de producción, es decir, de los latifundios agrícolas y agroindustriales, industrias, bancos, empresas de comunicación, de la construcción, comercio, transporte.

Nuestra lucha es contra ese sistema que se basa en la propiedad privada, esa propiedad que a los trabajadores nos priva de todo.  Esa propiedad privada que es la base para que los capitalistas o lo que conocemos como burguesía, tenga el control sobre el Estado y lo dirija, a veces al mando del gobierno y otras detrás del gobierno, a garantizar sus intereses de clase; que impide e impedirá que el Estado se oriente a garantizar nuestros intereses como clase trabajadora del campo y la ciudad.

Por eso, para liberarnos es necesario recuperar nuestro proyecto histórico: el Socialismo. Sólo en el socialismo lograremos que no exista propiedad privada sobre los medios de producción. Esos medios serán propiedad colectiva y los dirigiremos a garantizar el bienestar de todo el pueblo y no solamente de una clase social o un pequeño grupo que se beneficia de ella, como actualmente sucede. Y no hablamos de despojar a quien posee una vivienda, un taller, un pequeño comercio, una pequeña parcela o  negocio, o a tierras comunales o colectivas. No nos referimos a la propiedad que garantiza la subsistencia de familias; nos referimos a la propiedad privada donde explota a nuestra clase o que nos priva del bien común.

En esa dirección, sólo podremos concretar nuestro proyecto histórico, si nos disponemos a tomar el poder, lo cual pasa por tomar el Estado, para que seamos los trabajadores quienes lo dirijamos en función de nuestros intereses y los intereses de todo el pueblo.

Por eso debemos organizarnos. Sólo de forma organizada haremos posible sumar todas nuestras capacidades y recursos, todas nuestras fuerzas e inteligencia. Solo organizados lograremos construir nuestro poder, para luchar frente a la burguesía local y transnacional, para enfrentar al imperio de Estados Unidos que domina nuestro país, y para avanzar en ese objetivo de tomar el poder del Estado.

Para ello –y reiteramos, de forma organizada– tenemos que organizarnos, primero como clase trabajadora: en sindicatos, organizaciones campesinas, organizaciones de mujeres trabajadoras, articularnos en centrales sindicales y campesinas, cuidando que estas sean coherentes para librar la lucha por aumentos salariales y mejores condiciones laborales.  Pero esto solo no basta. Debemos organizarnos en una organización política que nos corresponda como clase trabajadora, desechar de una vez por todas a todos aquellos partidos políticos, organizaciones e instituciones que no responden a nuestros intereses y que no tienen como objetivo romper las cadenas de nuestra esclavitud.

En ese camino, además, debemos realizar alianzas con todas y todos los oprimidos. Hablamos de los pueblos indígenas, con las organizaciones de mujeres, de adultos mayores, de juventud, con quienes habremos de concebir conjuntamente un proyecto político que nos haga avanzar en ese camino por construir finalmente el Socialismo.