jueves, 21 de julio de 2016

LA LUCHA POR EL AGUA COMO LUCHA DE CLASES

Por:Víctor Gutiérrez


Entre el 11 y 22 de abril se realizó la Marcha por el agua, la Madre Tierra, el territorio y la vida. Esta fue una Marcha organizada por una de las articulaciones de organizaciones, movimientos, comunidades y autoridades con distintas extracciones sociales, identidades y luchas específicas. Nos referimos a la Asamblea Social y Popular (ASP), donde confluyen luchas  indígenas, campesinas, de trabajadores, de mujeres, comunitarias, de pobladores, jóvenes, estudiantiles, entre otras, quienes identificaron una necesidad de lucha: la defensa de los ríos, lagos, lagunas, mares, ecosistemas.

No abundaremos en la problemática del agua como tal. Esto ya lo han hecho diversos analistas e institutos de investigación, así como la misma ASP. Queremos referirnos en particular al carácter de esta lucha que ha llegado para quedarse, siendo que la problemática es histórica, estructural, además de ambiental  siendo los impactos del cambio climático.

En primer lugar afirmamos que la lucha por el agua, ha sido compartida por organizaciones, colectivos e instituciones de distinta naturaleza y procedencia, que vino a despertar la conciencia sobre la gravedad de la problemática. En ese sentido, diríamos, es una lucha que trasciende a varias clases sociales, a todos los pueblos indígenas y mestizos, en tanto la problemática del agua, en nuestra dimensión de seres humanos, de ciudadanos, nos afecta de forma vital. Sin embargo, es evidente que a quienes más afecta es a la clase trabajadora, a las comunidades rurales, indígenas y campesinas, a las comunidades y áreas marginales urbanas, quienes hemos visto como el agua se vuelve más escasa, está siendo contaminada y se ha convertido en una mercancía y objeto de robo.

Antes, durante y posterior a la Marcha, hemos constatado que nuestra lucha por el agua:

1. Ha denunciado a la burguesía que tiene inversiones en el sector agrícola y agroindustrial (café, caña de azúcar, palma de aceite, banano), industrial, minero, hidroeléctrico, turístico y comercial. Esta clase social, a través de sus empresas de capital local y transnacional, está robándose los ríos y las fuentes de agua subterránea, convirtiendo el agua, un recurso que debe ser público y de cuidado y aprovechamiento común, en un recurso privado para garantizar su producción, negocios y ganancias.  A esta burguesía no le importa si con ese despojo, robo y contaminación del agua, afecta la sobrevivencia de millones de guatemaltecos y la reproducción de la vida animal y vegetal.

2. Ha denunciado al Estado y los sucesivos gobiernos, quienes en lugar de garantizar con leyes y políticas la sanidad de las aguas y los ecosistemas, se ha dedicado a tolerar y facilitar su robo y contaminación a manos de las empresas de la burguesía y del capital local y transnacional. Es decir, se ha denunciado a un Estado y gobiernos que sirven a la burguesía, al capital local y transnacional, confirmando una de las dimensiones del Estado: su carácter como instrumento de la clase social dominante.

Es decir, la lucha por el agua, la Madre Tierra, el territorio y la vida, la están librando pueblos y comunidades indígenas y mestizas, rurales y campesinas, organizaciones de trabajadores y campesinos, pobladores urbano-marginalizados, y un conjunto de organizaciones de mujeres, estudiantiles, cuya participación en la misma incorpora sus propias identidades y luchas: contra la opresión étnica y patriarcal, contra la exclusión y marginación, contra el racismo y discriminación, que también se expresa en la problemática del agua y en la misma lucha por el agua.

Sin embargo, algo predomina en estas organizaciones: su extracción social como clase trabajadora, como campesinos, como pequeños pescadores, comerciantes, artesanos, etc. Y también predomina la claridad en el sentido que quienes se están robando y contaminando el agua es fundamental y principalmente  la clase social dominante: los terratenientes, los grandes industriales, etc.; es decir, la burguesía.

Esto hace que quienes luchan por el agua, en general, sea la clase trabajadora del campo y la ciudad (con sus distintas extracciones, formas de organización e identidades), frente a la burguesía, esa clase social dominante que a través de sus empresas locales y transnacionales está despojando y robándose el agua, convirtiéndola en propiedad privada y mercancía, para lo cual –como siempre- utiliza al Estado como su instrumento para garantizar sus intereses.

Por eso decimos que la lucha por el agua es también lucha de clases.