domingo, 24 de julio de 2016

¿QUÉ BUSCA ESTADOS UNIDOS EN LATINOAMÉRICA?

Por Alberto Pérez


Latinoamérica fue siempre considerada el “patio trasero” para el imperialismo de Estados Unidos. Desde el siglo XIX eso es así; lo fue durante el siglo XX en forma brutal y todo indica que lo podrá seguir siendo en el siglo presente. ¿Por qué?

El imperialismo yanqui, como cualquier imperio a lo largo de la historia, necesita expandirse. Su sed de acumulación y dominio va más allá de sus fronteras, por eso busca continuamente nuevos botines.

Anteriormente los imperios (cualquier sea: chino, griego, inca, romano, zulú, español) buscaban territorios; con el imperialismo del sistema capitalista lo que las potencias buscan es materias primas y mercados para colocar sus productos elaborados industrialmente. Con Estados Unidos como gran potencia, esa forma del imperialismo se llevó a un grado máximo.

Estados Unidos es hoy el gran país capitalista. Es cierto que la pujanza que tenía cuando terminó la Segunda Guerra Mundial ya no es la misma; en aquel entonces era el amo y señor de todo el mundo capitalista, marcando el ritmo en todos los aspectos: económico, militar, científico-técnico. Su moneda, el dólar, llegó a ser el patrón económico universal, desplazando al oro. La influencia de su cultura (bueno…, es una manera de decir: ¿son “cultura” la Coca-Cola, el Mc Donald’s y toda la fantasía barata de Hollywood?) se expandió por todo el planeta, imponiendo un forma determinada que quedó hondamente marcada en la población. Hoy, segunda década del siglo XXI, el mundo es distinto: la economía yanqui no está en tan absoluta expansión, el dólar encuentra otros rivales (el euro europeo, el yuan chino, el rublo ruso), y tiene serios competidores en Rusia y China. Pero lejos está de ser un imperio en decadencia. En esa dinámica, toda Latinoamérica aparece como su resguardo.

Por qué es tan agresivo hoy día Estados Unidos con nuestros países de la Patria Grande? Porque América Latina le representa su reaseguro, su reserva estratégica. Aquí consigue, como mínimo, tres cosas: 1) recursos naturales, 2) mano de obra barata y 3) mercado para sus productos.

Recursos naturales le sobran a Latinoamérica, por eso el imperio viene a buscarlos. Petróleo, agua dulce, minerales estratégicos y biodiversidad de las selvas tropicales son el botín preciado. La voracidad yanqui no tiene límites, por eso estamos en su mira.

Por otro lado, para competir a escala global con otras potencias, fundamentalmente contra la economía china, Estados Unidos ve en la mano de obra precarizada de nuestros países la posibilidad de producir a bajos costos para salir al mercado global. De ahí que necesita de Latinoamérica para invertir (maquilas, call centers, etc.), pues aquí los salarios son más bajos que en su país, no paga impuestos, no tiene controles medioambientales y puede exigir la inexistencia de sindicatos.

Por último, el imperialismo ve en Latinoamérica un gran mercado, su patio trasero “natural”, y no quiere que nadie ose entrar aquí a competir. “América para los americanos” decían ya en el siglo XIX (doctrina Monroe), lo cual puede entenderse: América para los NORTEamericanos.

Es por todo ello que la clase dominante del país del Norte nos tiene controlados, sojuzgados, maniatados. El problema básico nuestro sigue siendo el sistema capitalista, pero a ello se suma la forma que el mismo ha ido tomando, teniendo a esta potencia imperialista como la principal expresión de la rapacidad de los capitales. El imperialismo, como dijera Lenin a principios del siglo XX, es la “fase superior del capitalismo”. Por tanto, el problema a enfrentar es el sistema mismo. Pero no hay dudas que el imperialismo tiene una dinámica propia que nos agobia más aún, pues nos controla hasta la médula, y si es necesario (para sus intereses), nos ataca. Por eso estuvo atrás de todos los golpes de Estado y dictaduras militares que atravesaron Latinoamérica a lo largo del siglo XX. Y por eso, ahora que ya no apela más a las dictaduras títeres, tiene desplegadas más de 70 bases militares con alta tecnología bélica en todo nuestro continente controlándonos, preparando las condiciones para tener gobiernos títeres dóciles a su proyecto hegemónico.

Como comunistas tenemos que tener claro que nuestro enemigo es el capitalismo en tanto sistema. Pero al mismo tiempo, no debemos pasar por alto que en nuestros países el principal exponente de ese sistema de explotación es el imperialismo, representado por sus embajadas, que siguen siendo un principalísimo factor de poder en la política nacional. El enemigo no es el pueblo trabajador estadounidense sino la avidez de sus grandes empresas, representadas por su gobierno.

En: Camino Socialista No. 15, Época 1, Año 2.