miércoles, 23 de noviembre de 2016

Estados Unidos y sus planes imperiales en América Latina

Por: Carlos Cardona

Desde que Estados Unidos se impuso como potencia mundial, definió que América Latina sería la región bajo su control en función de sus intereses: explotación de los recursos naturales, de la fuerza de trabajo barata, mercado para la venta de sus productos, así como un área de control geoestratégico en el juego por imponerse a nivel global.

Sin ser simples en el análisis, es necesario situar el avance de la estrategia imperialista de Estados Unidos en América Latina, marco en el cual se debe establecer la acción política de los comunistas desde Guatemala.

Después del ascenso de Hugo Chávez Frías al gobierno y el inicio de gestación de la República Bolivariana de Venezuela, se fue configurando un bloque regional alternativo, que poco a poco fue logrando fundar y ampliar un ejercicio independiente en las decisiones nacionales, las cuales en varios de los casos constituyeron un significativo avance en la superación de las condiciones de mi-seria de la clase trabajadora y de los pueblos.

Este bloque de izquierda y progresista fue integrado por Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, seguidos con distinto tono, profundidad y mientras tuvieron gobiernos con esta orientación, por Uruguay, Brasil, Argentina, Paraguay y Honduras. Este se constituyó en un bloque de poder que durante ese proceso derrotó el proyecto estratégico de Estados Unidos para Latinoamérica, el llamado Área de Libre Comercio para las Américas -ALCA- en tiempo de George W. Bush. Posteriormente reimpulsó con nuevos lineamientos el Mercado Común del Sur -Mercosur- y se gestaron nuevas alianzas como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América -ALBA-, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños -CELAC-, como mecanismos de primer orden en el enfrentamiento al imperialismo y con los cuales lograron adherir a otros Estados. Asimismo, se fueron gestando relaciones estratégicas con potencias como China, Rusia e Irán, en la búsqueda de disminuir la dependencia al mercado estadounidense y europeo.

En tanto se antepuso a los objetivos e intereses de Estados Unidos, los países de este bloque continuaron siendo asediados -como en Cuba con el bloqueo- o empezaron a ser atacados a través de múltiples acciones: ideológicas y mediáticas, económicas y financieras, política e inclusive militares, tratando de armar fuerzas mercenarias o realizando ataques militares utilizando a narco-Estados como el colombiano. Esto se ha impulsado con la complicidad de burguesías apátridas que, al perder el control total o parcial del Estado y ver disminuidas sus márgenes de acumulación, se constituyeron en fieles serviles a los planes injerencistas, desestabilizadores y golpistas gestados por el Departamento de Estado de Estados Unidos a través de sus embajadas.

Estados Unidos y las burguesías locales pronto lograron algunos frutos. A través de golpes de Estado “suaves” (tal como se les conoce ahora), lograron recuperar el control del Estado en Paraguay y Honduras. A través de procesos electorales fraudulentos, aunque aparentemente legales, y maniobras jurídicas, también lo lograron en Argentina y Brasil. Con ello fueron recuperando territorios y aparatos estatales que pasaron a acuerpar los procesos de aplicación de políticas neoliberales y de despojo que ocurren en mayor medida en este bloque de países obedientes a las políticas imperiales del capital transnacional y el imperio estadounidense. Es decir, del bloque integrado por México, Colombia, Perú y Chile, que integraron la llama-da Alianza del Pacífico, alternativa imperial al ALBA, así por Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Panamá.

De esa cuenta, hoy estamos ante dos bloques principales: el de los países que están intentando mantener la independencia y soberanía y el bloque que replica las políticas de Estados Unidos.
¡Cuidado! No es que estemos viendo al primer bloque como una nueva articulación de fundamentos socialistas, tal y como los pensamos y deseamos los comunistas. Lo que creemos es que este bloque -con sus diferencias en cada país integrante- es una herramienta para enfrentar una de las contradicciones que debemos resolver: el ejercicio de poder imperial que determina o condiciona los procesos de lucha de nuestros partidos, de nuestra clase social y de nuestros pueblos.

Es por ello que se siguen aplicando sobre éstos, grandes presiones y estrategias imperiales. Esto ex-plica por qué se sigue intentando derrocar al gobierno de Nicolás Maduro en la República Bolivariana de Venezuela, a través de los llamados insurreccionales de oligárquica Mesa de Unidad, la reciente intentona golpista contra Evo Morales que apuntalaron fuerzas burguesas que se fueron gestando dentro del llamado cooperativismo minero, el reciente golpe de Estado en contra de Dilma Rousseff en Brasil, las intentonas desestabilizadoras contra el gobierno de Rafael Correa en Ecuador.

No es, entonces, una desviación de la estrategia comunista plantear el apoyo al avance de este bloque alternativo de poder en América Latina. Sabemos que los avances en materia de nacionalización y algunos repartos de tierra y otros medios de producción, son insuficientes para pensar en un recambio en la propiedad y para el dominio de relaciones sociales de producción socialistas. Sabemos que a partir del Estado o del capital, en dichos países sigue dominando el modelo extractivista, que está contribuyendo al deterioro de la naturaleza y el planeta. En este entendimiento sabemos que al interior de cada Estado debemos avanzar en el enfrenta-miento al capitalismo en todas sus manifestaciones y de todas las formas necesarias. Pero también sabemos que una de las contradicciones y, por consiguiente, una lucha estratégica, está en el enfrentamiento al imperio estadounidense, teniendo claro que la lucha es contra el imperialismo como manifestación del capital global. En este orden de ideas, también debe tenerse el cuidado y luchar para que las nuevas relaciones con China, Rusia o Irán no estén representando nuevas formas de dependencia al imperialismo.

Camino Socialista No 19, septiembre de 2016, Año 3, Época 1.