miércoles, 23 de noviembre de 2016

Reforma fiscal: ¿volverán a golpear a los trabajadores?

Por Juana López

Los Estados viven de los impuestos que recaudan. En todos los países capitalistas del mundo es así; Guatemala, obviamente, no es la excepción. Pero aquí tenemos una particularidad: lo recaudado es mínimo en comparación con otros lugares.

En los Acuerdos de Paz firmados en 1996 se fijó un piso de 12% de carga tributaria con relación al Producto Interno Bruto. A partir de allí, debió haberse ido subiendo progresivamente lo que el Estado recauda de toda la riqueza que se produce en el país, para llegar a un 20%. De hecho, la media en los países latinoamericanos es aproximadamente eso: 20% del producto nacional constituye el presupuesto público. Pero Guate-mala es el segundo país de la región en recaudación tributaria, detrás de Haití. Dicho de otro modo: aquí tenemos el segundo Estado más pobre del continente.

Los Estados deben recaudar, y con eso hacen su obra. Si no recaudan, no pueden funcionar. O funcionan muy deficientemente, tal es el caso de nuestro Estado. Aquí -la experiencia lo demuestra- ese Estado sirve solo para reprimir al pueblo trabajador cuando protesta; ahí sí es eficiente y no falta presupuesto. Para las tareas fundamentales: salud, educación, infraestructura, servicios básicos, seguridad ciudadana, siempre está en déficit.

En los países capitalistas más opulentos (Estados Unidos, Europa, Japón), el presupuesto público llega a representar el 30%, o a veces hasta la mitad del producto nacional. Con esa masa de re-cursos, por supuesto que sí es posible brindar un mejor servicio, sin necesariamente ser Estados socialistas. ¿Por qué, por ejemplo, los países nórdicos (Suecia, Noruega, etc.) prestan tan buenos servicios públicos gratuitos? Porque su población paga altos impuestos.

¿Por qué no puede suceder lo mismo en Guate-mala? Porque hay otra historia y otra estructura social. Nuestro Estado (el Estado capitalista que existe, el Estado burgués) trabaja solo para mantener los privilegios de clase de una oligarquía tradicional que nos hiper explota a nosotras/os, la clase trabajadora del ámbito urbano y rural. Nuestro país se sigue manejando con criterios de gran finca, con una clase patronal más parecida al señor feudal, pagando salarios de hambre (el salario básico cubre apenas la mitad de la canasta vital), excluyendo a las grandes mayorías populares, haciendo del racismo todavía un elemento muy importante en nuestra dinámica social. Un Estado racista, machista y patriarcal, más interesado en los mercados externos y los negocios de la agroexportación que en la calidad de vida de sus habitantes.

Lo recaudado por el Estado como impuesto es muy pequeño, menor aún que lo que entra por remesas desde el extranjero (11% del PBI), y similar a lo que mueve el crimen organizado y el  narcotráfico (10% del PBI). Es decir que las bandas delincuenciales manejan tantos recursos como el presupuesto del Estado. ¡Patético! ¿Verdad?

De esa carga fiscal, es la clase trabajadora la que paga la mayor parte. La pagamos a través del IVA básicamente. El empresariado, en proporción, es el que menos paga. Se estima que el CACIF evadió impuestos por 20,000 millones de quetzales al año pasado. En otros términos: los que más tienen (empresarios urbanos, grandes terratenientes, banqueros), son los que menos impuestos pagan. Encuentran mil y una maneras de evadir; las fundaciones, por ejemplo, o la Teletón, son maneras disfrazadas de no pagar impuestos al Estado. Y si a eso le sumamos la corrupción que existe en los organismos estatales, donde se roban fondos públicos para uso personal, podemos en-tender por qué los servicios son tan deficientes.

Ahora bien: Estados Unidos, que es un actor político clave en nuestra realidad, empieza a ver con cierta preocupación esta situación. ¿Por qué? Por-que el desastre económico-social que representa Guatemala, al igual que todos los países centroamericanos, 1) expulsa cada vez más población hacia el “sueño americano”, y 2) representa una bomba de tiempo, siempre lista a estallar en términos políticos (en cualquier momento puede haber un estallido social, una nueva fuerza revolucionaria armada, una nueva Cuba o una nueva Nicaragua sandinista). Para ello, y solo por ello, ahora se preocupa por nuestros Estados raquíticos. Lo que busca, en realidad, es 1) evitar que siga llegando tanta población inmigrante en condiciones irregulares a su territorio, y 2) mantener lo que llaman “gobernabilidad”, es decir: hacer que todo esté “bajo control” (que nada cambie).

Con un Estado tan deficiente, y encima de ello manejado por mafiosos (por ejemplo: el Partido Patriota), ninguna de las dos condiciones anteriores está asegurada. De ahí que vemos al embajador estadounidense “preocupado” por la baja recaudación fiscal del país. Casualmente, el gobierno de Jimmy Morales propone ahora una reforma tributaria.


Como cosa rara, el CACIF no levantó la voz airado ante esta iniciativa de aumentar la recaudación fiscal. Y no solo eso: vemos que una empresa como Aceros de Guatemala, ligada a los grandes capitales corporativos nacionales, es toca-da por la SAT, debiendo pagar una multimillonaria suma adeudada. ¿Qué está pasando?

Por supuesto que ¡ni remotamente! la potencia estadounidense está ahora a favor de los pobres de Guatemala. Es un reacomodo político puntual: exige a la oligarquía vernácula tener un Estado más eficiente. Y para ello no hay más alternativa que elevar la carga tributaria. De todos modos, la re-forma fiscal que propuso el Ejecutivo una vez más queda entrampada, y será recién el año que viene cuando se trate.

Pagar impuestos no está mal, pero por supuesto, deberían pagar más lo que más tienen. Hasta ahora en Guatemala eso nunca fue así. ¿Lo empezará a ser ahora, con la reforma fiscal en ciernes? Como comunistas debemos estar claro que cualquier tarifazo, cualquier aumento de impuestos, siempre lo terminamos pagando nosotras/os, la clase trabajadora. Es por eso que debemos estar bien atentos, bien despiertos para ver con qué se va a salir ahora el gobierno con este nuevo paquete de medidas. No nos oponemos a los impuestos, pero exigimos que los trabajadores no llevemos la peor parte en esto, como siempre ha ocurrido. Que los pague la burguesía.


¡Que los que más tienen paguen más!

Camino Socialista No 19, septiembre de 2016, Año 3, Época 1.