miércoles, 23 de noviembre de 2016

Vivir en el comunismo en el seno del capitalismo

Por: Julio Alberto Figueroa González

Hasta los comienzos de los años 80, aún se lograba percibir en el seno de las organizaciones obreras y en algunas células comunistas, lo que podría ser el nuevo orden, la nueva sociedad, lo que llamábamos el “hombre nuevo”; pero luego eso se fue desconfigurando en la práctica de los valores, los principios y la filosofía, la que se fundió para perderse en lo que llamamos las alianzas revolucionarias, con aquellos que tenían como fin último la toma del poder por medio de la lucha armada, de tal suerte que se concentra todo el esfuerzo en la formación de un ejército a la modalidad de guerrilla para enfrentar al ejército nacional.

Claro está que en un escenario tal, la formación de los cuadros fue de corte militar, por lo que, al momento de la firma de los Acuerdos de Paz, únicamente los cuadros medios y superiores estaban en condiciones de asumir el reto de la construcción de la organización para la escena política, conforman-do un partido político para competir en las elecciones del sistema político oligarca, con las reglas del enemigo y legalizado por ese mismo sistema.

Se aceptó como regla básica el divorcio entre organización de masas y partido, con lo que se perdió totalmente la razón de ser de una organización política revolucionaria. Lo triste es que, dentro de este paquete, estaba nuestro Partido Comunista, totalmente diezmado y fundido en esas nuevas ideas. Sus representantes no fueron capaces, o no quisieron, asumir el rol histórico de los comunistas en la conducción del partido.

Volviendo al encabezado de nuestro texto, vivir el comunismo en el seno del capitalismo, nos lleva a retomar varios elementos de la lucha obrera, los principios y valores más allá de  los postulados políticos, económicos y sociales que fundamentan y justifican nuestras luchas.

Hablamos del modo de vivir, de nuestras relaciones con el entorno social inmediato, en nuestra comunidad, en nuestro trabajo, en nuestro centro educativo, en nuestra organización deportiva y comunitaria, etc. Cada uno de nosotros debe hacerse notar por su disponibilidad, colaboración, entrega, capacidad, solidaridad, humildad, amabilidad, respeto, sinceridad, honestidad, productividad, creatividad, acuciosidad, servicio, entrega, fraternidad, empatía, trabajo, crítica y autocrítica constructiva, sociabilidad, apoyo y ayuda mutua, uso racional de los re-cursos naturales, defensa de los menos favorecidos.

Estos valores hacen de un comunista una persona diferente, que se separa completamente de otra que vive bajo los principios del capitalismo basados en el individualismo, el consumismo, la competencia, la agresividad y el aprovechamiento de unos sobre otros, lo que vale a decir de la explotación del hombre por el hombre. Para nosotros, los militantes comunistas, es importante aplicarnos en estos principios y valores, porque son nuestra carta de presentación para mostrar todo lo positivo de ser comunistas, y así motivar a otros compañeros y compañeras a formar parte de nuestra organización, de nuestro proyecto.

La vida en comunismo requiere de una práctica profunda del desprendimiento, de la aspiración al crecimiento del ser humano, una búsqueda constan-te de su desarrollo científico, la exigencia de una vida armónica con la naturaleza y el universo en una relación concatenada. El bien común es la constante en la vida de un comunista, por ello la vida comunista es la respuesta ante las crisis económicas mundiales y locales que nos afectan.

El sistema capitalista está entrando a su estado de máxima acumulación; jamás se había visto tanta riqueza acumulada en pocas manos y tanta pobreza y necesidad esparcida por la tierra.

Cada vez más nos plantean ajustes, aumento de impuestos, rebajas salariales, nos exigen mayor productividad, el acceso a la tecnología es para pocos privilegiados, el desarrollo tecnológico desplaza la fuerza de trabajo generando más y más des-empleo, se crean ordenamientos comerciales en los que la población pobre y de capas medias no tiene la capacidad de competir.

Ante un panorama como este, nos queda una salida: la solidaridad, una apuesta a vivir en comunidad, una posibilidad de compartir todo aquello que es vital para la vida de todos y todas, lograr abastecernos con nuestro propio trabajo, con nuestra propia productividad, haciendo cada uno lo que su capacidad y creatividad le permita y recibiendo cada uno lo que requiera de acuerdo con sus necesidades.

La vida comunista es una apuesta por poner al servicio de todos y todas, las capacidades y los recursos, para que puedan ser redistribuidos de acuerdo a la necesidad de cada ser humano. La apuesta es, entonces, construir una nueva forma de vida dentro de este sistema capitalista, una forma de vida que evite al máximo el consumo de bienes y servicios del capitalismo, en especial los relacionados con la alimentación, la energía, la salud, la seguridad, la educación.

Debemos cambiar el curso de las fuerzas productivas: el qué, para qué y cómo se produce está en el fondo de la transformación social hacia un sistema comunitario. Sin olvidar, claro está, que para esto debemos tomar el poder del Estado, sin lo cual, esto no será posible.


Camino Socialista No 19, septiembre de 2016, Año 3, Época 1.