jueves, 8 de diciembre de 2016

Fidel vive en la Revolución Hilda Patzán

Por Hilda Patzán

Falleció Fidel Castro, un grande, un revolucionario.Pero su legado continúa: el socialismo.

El comandante de la revolución es un ícono de la lucha revolucionaria, del campo popular, de las ideas de transformación social. Su imagen está indisolublemente unida al cambio, a las aspiraciones de un mundo mejor. Es por eso que las fuerzas de la derecha, festejan eufóricos su desaparición física en un intento ingenuo por detener la incontenible presencia de Fidel en el corazón y en las luchas de nuestros pueblos.

Sin dudas, en esa actitud repudiable –¿cómo alegrarse de la muerte?– se hacen presentes las más reaccionarias pasiones, los más viles ideales de conservadurismo. La ilusión es que muerto Fidel, se termina la experiencia socialista. Pero la experiencia de la heroica nación cubana muestra otra cosa: la revolución ya se ha consolidado, y la obra de este gran estadista perdura más allá de su persona.

Si algo tienen los ideales socialistas es su apuesta por un mundo nuevo, por la ruptura de viejos valores, por la construcción de nuevas concepciones transformadoras. De ahí que los años de construcción y consolidación de esta nueva visión que fue edificando el pueblo cubano, conducido magistralmente por ese dirigente de talla gigantesca que fue Fidel, han echado hondas raíces. La Revolución Socialista necesitó a Fidel, pero ya puede caminar sola. Ese es el legado que deja este grande.

Como dijera Bertolt Brecht, hay algunos que luchan toda la vida, que dan su vida por esa lucha, que marcan camino, y por tanto se tornan imprescindibles. Fidel Castro fue uno de esos. La revolución cubana no puede entenderse sin la presencia de este personaje sin parangón; él fue su bastión inconmovible, su reaseguro, su fuente permanente. Gracias a su obra es que hoy el pueblo cubano en su conjunto puede sentirse dueño de un proceso tan humano como el que se sigue respirando en la isla.

Hoy por hoy en el mundo existen doscientos millones de niños de la calle; ninguno de ellos está en Cuba. El pueblo cubano aprendió a ser digno, a ponerse de pie y a conseguir conquistas fabulosas en campos en que, tanto en Latinoamérica como incluso en las grandes potencias capitalistas, los pueblos aún siguen esperando.

Fidel Castro, junto a su pueblo, fue uno de los artífices que hicieron posible los altísimos niveles de salud, educación, nutrición, investigación científica, práctica deportiva y, fundamentalmente, dignidad, que caracterizan al pueblo cubano.

Cuba socialista y Fidel a la cabeza son, sin duda, la demostración palmaria de lo que significa la lucha por el socialismo: una realización concreta de una sociedad más justa, infinitamente justa y solidaria, y la expresión de lo que puede ser un ser humano que se toma en serio un ideal y lo defiende hasta sus últimas consecuencias. Algo que, como sabemos en carne propia, es imposible en el capitalismo.

¡Gracias por tu aporte, comandante Fidel! Tu ejemplo es nuestro camino. ¡Hasta la victoria, siempre!