domingo, 4 de diciembre de 2016

TODO SIGUE IGUAL… ¡O PEOR!

Por: Cristina García

El año 2015 marcó un cambio en la situación política de Guatemala: surgieron movilizaciones masivas. Objetivamente analizado podemos ver que hubo allí una agenda oculta, fundamentalmente de Washington. Con la estrategia de “golpes de Estado suaves”, sin recurrir a cruentas dictaduras, la geopolítica imperial de Estados Unidos ahora mueve fichas y cambia presidentes. El tema de la corrupción es el “caballito de batalla” sobre el que se montan y con el que se moviliza a la población, se le azuza en su indignación, se le manipula afectivamente.

El problema fundamental de Guatemala no es la corrupción de los funcionarios públicos. Eso, sin dudas, es un problema importante; pero la causa de nuestros males históricos es la injusticia en juego. 

La corrupción es un efecto del sistema capitalista presente. Es consecuencia, pero no causa. ¡No debemos dejarnos engañar con eso! El mal de fondo sigue siendo el capitalismo, la explotación de la clase trabajadora y el expolio de nuestros pueblos.

Luego de esa manipulación de sentimientos que se hizo el año pasado, con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, la derecha (embajada gringa y CACIF) buscó darle una salida controlada a ese descontento popular que se había generado. La clase política tradicional ofrecía solo “más de lo mismo”. De ahí que se fabricó la imagen de un “político nuevo”, no corrupto. Fue así que apareció Jimmy Morales como candidato.

Producto de una sopesada campaña, este comediante (conservador, racista, sexista) ganó la presidencia. Sin estar preparado para ocuparla, se rodeó de lo más reaccionario y deleznable de los militares contrainsurgentes, con un partido oportunista lleno de diputados tránsfugas.

Pasados ya ocho meses de su mandato, la situación general de la población no tuvo ningún cambio: no hay plan de gobierno concreto, los servicios básicos siguen siendo pésimos, la pobreza ni por asomo se plantea como problema, la represión está siempre lista a dispararse, la conflictividad agraria continúa como eterna agenda pendiente.

Ahora apareció un caso de corrupción ligado a su hijo y a su hermano. Es cierto que eso no lo involucra a él directamente como persona, pero deja entrever el fabuloso montaje mediático que se fabricó el año pasado, y se sigue manteniendo en la actualidad: la corrupción persiste, más allá de toda la pantomima que trata de mostrarla como el principal de nuestros problemas y la cruzada que se lleva a cabo en su contra desde el MP y la CICIG.

El gobierno de Jimmy Morales es tan corrupto como todos, tan desinteresado de los problemas populares como todos, tan falto de respuesta a los problemas de las y los trabajadores como todos. Esto lleva a ver, una vez más, que el planteamiento de esta democracia amañada en modo alguno puede ser solución a nuestras penurias.

¿Qué queda entonces? Como comunistas revolucionarios debemos seguir organizándonos, y en actitud militante denunciamos a este burdo gobierno pro patronal como embaucador y mentiroso. La democracia parlamentaria que nos venden no es democracia.

La única forma de salir de nuestra postración como clase trabajadora (obreros de la ciudad, campesinos de zonas rurales, asalariados en general, jóvenes sin perspectivas a la vista, amas de casa, sub-ocupados y desocupados) es ¡cambiar la sociedad actual!

Aunque se quiera hacer ver como utopía, como una práctica del pasado que ha perdido vigencia, como sueño juvenil “pasado de moda”, la revolución socialista es la única forma de superar los graves problemas de nosotras/os, clase trabajadora.

Ni Jimmy Morales, ni ningún político tradicional, ni esta democracia de cartón producto del sistema capitalista, podrán nunca resolver nuestros problemas.


Por lo tanto: ¡sigamos organizándonos y preparándonos para darle vida a la revolución socialista!

http://www.albedrio.org/htm/otrosdocs/comunicados/CaminoSocialistaNo18-2016.pdf