martes, 18 de abril de 2017

EL PGT CONDENA EL ATAQUE Y AGRESIÓN DE EEUU CONTRA SIRIA

Como Partido Guatemalteco del Trabajo condenamos el ataque del 6 de abril ejecutado por Estados Unidos contra Siria, en el cual murieron 9 civiles. Así mismo condenamos el ataque con armas químicas sufrido por población siria el 4 de abril, en el cual han sido asesinadas decenas de personas, entre ellas niños y niñas.

La agresión militar de Estados Unidos ha sido justificada en la supuesta responsabilidad del gobierno de Bashar Al Asad en el ataque con armas químicas sufrido por población siria el 4 de abril. Este ataque imperial sucede, así mismo, cuando el gobierno legítimo de Siria, con el apoyo de Rusia, está ganando la guerra contra organizaciones terroristas y las fuerzas de oposición financiadas por Estados Unidos y la OTAN.

Consideramos que utilizar este hecho deleznable para atacar a las fuerzas gubernamentales sirias, carece de los fundamentos y evidencias procedentes de una investigación independiente, que debiera estar a cargo de la Organización de las Naciones Unidas. Esta justificación por parte de Estados Unidos tiene todas las características del modus operandi de este imperio, el cual suele crear hechos para atribuírselos a sus enemigos y justificar de esta manera las agresiones militares contra pueblos soberanos, como ha sucedido en Afganistán, Irak, Libia y ahora en Siria.

Desde inicios de este siglo fueron conocidos los planes de Estados Unidos para invadir varios países en la región de medio oriente, entre los cuales se encontraban Afganistán, Irak, Libia, Siria e Irán. Estos planes, en complicidad con Israel y la Unión Europea, se han ido concretando y han tenido el objetivo de apropiarse de las enormes riquezas de esos países, controlar una región de importancia estratégica para avanzar en sus planes de dominio planetario, así como justificar el enorme gasto militar con lo cual aumentan exponencialmente las ganancias de la industria militar y, por consiguiente, darle un respiro a la decadente economía estadounidense. Como parte de estos planes imperiales ha sido conocido cómo organizaciones terroristas como el Frente Al Nusra, Daesh y el Estado Islámico (Isis) presentes en Siria, han sido financiadas por Estados Unidos e Israel. Así mismo, cómo Estados Unidos mantiene bombardeos y ataques que han tenido como cauda el asesinato de cientos de civiles sirios.

Con este ataque, Estados Unidos da un respiro a los grupos terroristas en Siria, agrede al gobierno legítimo de ese país, mina el diálogo entre el gobierno y la oposición sirios, atenta contra el derecho internacional y la ONU, y lo más grave, atenta contra la ya vulnerable paz mundial. Esto se agrava aún más con el movimiento de su potencial militar en franca amenaza contra Corea del Norte y contra otras potencias como China y Rusia, con lo cual está provocando un enfrentamiento de consecuencias catastróficas para el mundo entero.

Por estas razones, reiteramos nuestra condena a esta acción militar del imperio estadounidense y demandamos su salida militar, financiera y política de Siria. Nos unimos a las fuerzas que propugnamos por la paz, tanto el interior del mismo pueblo estadounidense, como de todos los pueblos del mundo.


Partido Guatemalteco del Trabajo

Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo

sábado, 15 de abril de 2017

¿Hay misiles nucleares buenos y misiles malos?

Sergio Donati


Corea del Norte, un país socialista absolutamente demonizado por la prensa capitalista, dispone de armamento nuclear. Buena parte del mundo reacciona airada ante esta situación, atacando duramente al país asiático. Estados Unidos es el principal opositor y quien más alto eleva su voz.

¿Por qué se condena a Corea del Norte? Pero ¿quiénes lo condenan exactamente? La condena sale del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Es decir, de los únicos países (¡los únicos!) que tienen derecho a veto sobre los otros (¿dónde está la tan cacareada democracia?). Son esos países, casualmente, los que constituyen las principales potencias nucleares del mundo: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña. Y de entre ellos, quien protesta más enérgicamente es nada más y nada menos que Estados Unidos, la principal potencia bélica del mundo.

Nadie quiere la guerra, en eso estamos de acuerdo. Pero… ¿será cierto? Porque estos cinco países son los principales productores de armas del planeta, no solo de las letales bombas atómicas. De hecho, con su política, Estados Unidos concentra, él solo, la mitad de todos los gastos militares del mundo. Por lo pronto su economía depende en un 25% de la industria bélica: es decir que 1 de cada 4 estadounidenses vive de la guerra, de la industria que se mueve en torno a ella. ¿Será cierto que no quieren la guerra? Hoy día el complejo militar-industrial es el sector más dinámico de esta potencia: necesita conflictos para vivir, necesita vender la muerte. ¡Eso es el capitalismo!, camaradas.

Por supuesto que la energía nuclear es peligrosa. Sus aplicaciones pacíficas son muy cuestionadas, por los accidentes que ya se han provocado en varias ocasiones, siempre con consecuencias terroríficas. Pero en su aplicación a la guerra es algo a todas luces monstruoso. Más aún: si se liberara todo el potencial atómico que concentran estas potencias, se destruiría en su totalidad el planeta, dañándose seriamente los planetas Marte y Júpiter, exterminándose toda forma de vida en nuestro mundo. Por lo que, por supuesto, es de esperarse que prime la racionalidad y jamás se llegue a un enfrentamiento con armas atómicas. Ello significaría, lisa y llanamente, la extinción de toda forma de vida en la Tierra.

Pero lo curioso, o más bien indignante, es que quien más enérgicamente protesta por el desarrollo nuclear de un país soberano como Corea del Norte es el principal detentador de cabezas nucleares, promotor y actor, directa o indirectamente, de todas las guerras del siglo XX y de las que van en el presente siglo XXI.

¿Cómo es esto: hay armas atómicas “buenas” y “malas”? ¿Por qué las que posee Washington “defenderían la libertad y la democracia” en el mundo, que mientras las de Pyongyang serían un atentado contra la paz mundial? No se entiende bien eso.

No hay que olvidar nunca que de todos los países que poseen poder militar nuclear (y de Estados Unidos no se sabe con exactitud cuántos ingenios bélicos posee, porque esos son secretos muy bien guardados, pero se supone que no menos de 5,000, cada uno de ellos con 20 veces más potencia que los utilizados en las ciudades japonesas al final de la Segunda Guerra Mundial), de esos países el único que se atrevió a usarlo contra población civil no combatiente fue Estados Unidos.


Se nos invita a indignarnos por las pruebas con armamento atómico que realiza Corea del Norte, pero nunca se habla de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Las pruebas nucleares de Pyongyang, cuestionables seguramente como atentado al medio ambiente, no terminan con vidas humanas. Las de Japón, innecesariamente utilizadas en términos militares, puesto que la suerte del país asiático ya estaba echada cuando se lanzaron en 1945, causaron cerca de medio millón de muertes instantáneas, más muertes y secuelas abominables después de varias décadas. Al día de hoy, 72 años después, aún siguen naciendo niños con malformaciones producto de la radiación nuclear. Lo increíble es que jamás Estados Unidos recibió castigo por eso, y mucho menos una repulsa pública obligada, como ahora se quiere hacer con Norcorea. Por el contrario, su acción se presenta casi como heroica, porque con eso se habría afianzado la paz global. En realidad, fue una demostración de fuerza ante el mundo y, fundamentalmente, contra la Unión Soviética, en ese entonces país socialista.

La paz mundial no se puede defender con bombas atómicas. Las armas son para matar y no para otra cosa. Ahora bien: si se producen en la forma en que se hace, eso significa negocio. Negocio para el fabricante, por supuesto. ¿A título de qué el imperio gringo se receta el derecho de decidir quién puede disponer de armas y quién no?

Una vez más: ¡el imperialismo es un enemigo mortal de la Humanidad! Pero más aún lo es el sistema capitalista, la base fundamental del que se desprende el imperialismo y el neoliberalismo. Nuestro enemigo, por tanto, sigue siendo el capitalismo.


En Camino Socialista No 22, marzo 2017, Época 1, año 4

El evangelio de la sumisión

Gumaro


Hace días, escuchando una homilía del Papa Francisco I, reflexioné en sus reflexiones acerca del perdón. Para alguien en lo individual, sus palabras tienen sentido. Para una pequeña comunidad, también. En las relaciones interpersonales sonaba sensato y aplicable.

Dijo que, aunque hubiera gente que nos odiara o que nosotros odiáramos, que nos cayeran pesados o nosotros a ellos, la oración era un arma poderosa para ayudarnos a perdonar. Sin embargo, empecé a sospechar cuando dijo que “la oración es un antídoto contra el odio, contra las guerras, estas guerras que comienzan en casa. Oren para que se hagan las paces. Y, si yo sé que alguien quiere hacerme daño, y no me ama pido especialmente por él. La oración es poderosa, la oración vence al mal, la oración trae la paz…”.

Las guerras no comienzan en casa. Vienen de grupos que tienen poder. En las diferentes épocas clasistas por la cuales ha transitado la humanidad, los poderosos, léase caciques, reyes, caudillos, etcétera, eran los que, en búsqueda de riquezas, de botín, patrocinaban guerras de saqueo y pillaje. Para ello, solían formar ejércitos con la gente que dominaban, para enfrentar e invadir a otras comunidades y pueblos, con el objetivo de robar sus bienes y esclavizarlos. Las estrategias y las formas de dominación se fueron perfeccionando a medida que la guerra se convirtió en un medio para destruir competidores y aumentar riquezas y territorios a través de conquistas.

En toda guerra los vencidos fueron convertidos en tributarios o fuerza de trabajo esclava. Así sucedió en la II Guerra Mundial cuando el poder de la capitalista  y fascista Alemania convirtió a comunistas, judíos, gitanos, homosexuales y otros prisioneros de guerra, los hizo trabajar hasta el agotamiento en grandes transnacionales como la Coca Cola, Nestlé, Bayer, J.P. Morgan Chase, Volkswagen e IBM, Hugo Boss y otras; incluso, los convirtió en objeto de genocidio en los campos de concentración nazis.

Igual sucede en nuestros días. Las guerras desatadas por las potencias nacen de ambiciones de consorcios empresariales capitalistas. Por ejemplo, la industria de la guerra se mantiene a partir de expandir las guerras. Muchas empresas globales, en esta fase llamada imperialismo, se asientan en aquellos países vulnerables que suelen ser los más saqueados históricamente, que tienen generalmente un Estado siervo o débil que acepta las condiciones de explotación, apropiación y saqueo por tales empresas, con leyes laborales flojas que facilitan que su población, por su misma pobreza, acepte salarios de hambre y condiciones de explotación extenuantes, riesgosas y humillantes.

Esos territorios, pueblos y riquezas en países débiles son el objeto de enfrentamiento de las transnacionales. Cuando la disputa por esos territorios, pueblos y riquezas se agudiza, estos consorcios empresariales fermentan guerras con el objeto de controlarlas y aprovecharlas para lograr las mayores ganancias.

Las guerras tienen el objetivo es satisfacer la demanda de islas de mercados cada vez más escasas, para detener la caída de la ganancia global. Caída que es endémica al sistema capitalista mundial, tal como lo muestra la tabla estadística en la página siguiente, aparecida en el artículo “El verdadero Trump visto desde Marx”, de Jaime Carrera, quien presenta ese declive desde el año 1855 a los más recientes.

Por eso, es imprescindible desenmascarar esos mensajes mediatizadores, tramposos y desviadores de la verdad que llevan a cabo, tanto la iglesia católica como la evangélica, y de las corporaciones de propaganda masiva (como CNN, Fox, entre otras) para que el pueblo no pueda establecer claramente de dónde vienen sus males y quiénes son sus verdaderos verdugos y explotadores.

El capitalismo es un sistema de muerte que en sus últimos movimientos nos empuja, cada día que pasa, hacia el estallido de una guerra mundial. Se afirma esto pues, como se mostró en el cuadro anterior, la tendencia a la baja de la tasa media de ganancia global es ineludible por contradicciones propias de la encarnizada competencia capitalista tales como: a) utilización de mayor cantidad de capital constante en la producción (robots, conciencia artificial, máquinas autónomas o inteligentes) desplazando fuerza de trabajo humana, con el fin de abaratar costos de producción; b) por lo mismo, la fuerza laboral humana se restringe, reduciéndose a su vez, la masa salarial y por ende, el consumo; c) los beneficios sociales (pensiones, seguridad social y gratuidades en salud y educación) desaparecen paulatinamente por ese enflaquecimiento de la fuerza laboral. 

Por esas negaciones que provocan esa debacle en sus países de origen, las transnacionales, se ven atraídas a nuestros países subdesarrollados por: a) existencia de mayor capital variable con un menor costo (fuerza de trabajo humana) que es el único que crea plusvalía; b) legislaciones laborales y ambientales débiles, lo cual facilita la explotación exacerbada tanto de la fuerza de trabajo (plusvalías absolutas y relativas, sumadas a la baja de la masa salarial), como de los bienes naturales y la extracción de materias primas para las industrias del primer mundo.

De esa cuenta, tal es el ritmo de acumulación capitalista en pocas manos en estos últimos 50 años, que el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD- así lo evidencia. En este informe se establece que 8 grandes magnates poseen tanta riqueza como la que poseen todos los demás habitantes del planeta. Esto quiere decir que estamos viendo, en su máxima crudeza, la implacable ley de concentración y centralización de capitales que Carlos Marx descubrió.

Entonces, las preguntas obligadas son: ¿A dónde irá el capitalismo, teniendo en cuenta que su germen esencial es la creación de mercancías? ¿Quiénes podrán comprarlas a nivel mundial, si los trabajadores a nivel planetario han retrocedido en su nivel de ingreso y, por ende, de consumo? ¿Habrá una crisis de sobreproducción más grande que las anteriores debido a esas contradicciones? ¿Hasta dónde aguantará el planeta este expolio?

Es obligación que los revolucionarios alertemos a los obreros y los pueblos de esta realidad. Que promovamos la necesidad de trabajar por la paz, pero preparándose para la guerra que los poderosos capitalistas imponen para tratar de frenar esa tendencia decreciente de la que se habló antes. A la vez, que condenamos las ambiciones, opulencia, insensatez y despilfarro que realizan los capitalistas.

Así mismo, que desenmascaremos a los líderes religiosos y falsos profetas que, en representación de las iglesias de las cuales casi todos los latinoamericanos son seguidores, tratan de engañar a sus feligreses diciendo que las guerras provienen de rencillas familiares y provinciales, que nacen en la maldad inherente del ser humano; así mismo, que ocultan que estas guerras responden a una realidad objetiva: la competencia capitalista e imperialista, y que solo con la oración tendremos suficiente para que esos males desaparezcan. Es decir, que critiquemos la típica posición del avestruz que oculta su cabeza bajo tierra ante la realidad.

Exijamos a los líderes religiosos a que usen el poder de su palabra y la posición que gozan para develar las atrocidades de los capitalistas, en vez de cubrirlos con el manto de la ignorancia, para que nuestros pueblos se sientan culpables de las guerras locales o mundiales donde mueren millones de inocentes. Que dejen de ser lobos vestidos con piel de oveja. Sepulcros blanqueados. Que retomen el ejemplo de Jesucristo, se despojen de las riquezas y lujos que los rodean y que con la alegría de la iglesia peregrina acompañen a su pueblo en la construcción del Reino de Dios en esta tierra, que comienza con la lucha por el socialismo. Solo así, podrán realmente hablar con solvencia y propiedad.


En Camino Socialista No 22, marzo 2017, Época 1, año 4

La Cacareada Reforma Constitucional

Por Carlos Pinto

¡No nos dejemos engañar!  En esta coyuntura política, donde la clase trabajadora, los campesinos, los pueblos indígenas, las organizaciones de mujeres y feministas, y todos los sectores populares, carecemos de la suficiente fuerza para impulsar un proyecto de transformación radical del Estado, es la derecha la que toma iniciativa para tratar de contener la crisis de larga duración en la cual este encuentra el Estado.

La reforma constitucional actual es el intento y al mismo tiempo la derrota entre expresiones de la burguesía y el imperialismo. En ese juego, de buena voluntad y con objetivos reformistas, cayeron un conjunto de organizaciones y movimientos esperanzados en poder avanzar hacia transformaciones democráticas.

Sin embargo, debemos considerar que la propuesta de reformas constitucionales al sector justicia, fueron definidas por organismos (Cicig, MP y PDH), cuya visión les hace pensar que con algunas reformas la crisis tenderá a resolverse o, como mínimo, se logrará contener el avance de fuerzas política que están gestando condiciones para que en un momento dado la crisis estalle. Además, son reformas que corresponden a los planes imperiales de Estados Unidos, contenidos —en lo público y en lo oculto— del Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte, que persiguen convertir al país en un protectorado aún más colonizado. Por eso la propuesta se limitó al sector justicia y por eso la propuesta misma no iba más allá de plantear reformas estrictamente institucionales y procedimentales. Para nada se planteó una solución de raíz, no solamente a la corrupción, sino a la erradicación del crimen organizado que, como sabemos es de carácter capitalista. Tampoco se planteó de erradicar la injusticia generada por el capitalismo, traducida en explotación, saqueo y represión social.

Es esta la propuesta que hasta el momento está siendo derrotada. Estas fueron las fuerzas que, de concretarse la derrota de estas reformas constitucionales, deberán enfrentar el resultado de su intentona.

¿Pero quiénes están ganando esta batalla? Claramente, el CACIF, que con su oposición al reconocimiento del pluralismo jurídico, creó las condiciones para que las reformas en su conjunto no fueran aprobadas en el Congreso, siendo que vieron en éstas un peligro para sus planes económico y políticos que persiguen continuar manejando a su antojo al Estado y continuar explotando y saqueando impunemente. También, las fuerzas más conservadoras y las mafias que vieron en estas reformas un riesgo más para ser perseguidas por sus prácticas criminales, mafiosas, corruptos.

Finalmente, las propuestas de los sectores que podríamos catalogar de democráticos y bien intencionados, han quedado en letra muerta. Esto debido a que insertaron sus propuestas en una correlación de fuerzas adversa y con estrategias incoherentes para el reto que representaba esta lucha.

En ese sentido, los objetivos de instaurar un sistema de justicia radicalmente diferente, concretar el pluralismo jurídico y la igualdad y equidad ante la ley, debieran se retomados pero como parte de un proyecto político revolucionario que debe ser concebido, acordado e impulsado principalmente por fuerzas revolucionarias procedentes de la clase campesina y obrera, los pueblos indígenas, las organizaciones de mujeres y feministas, estudiantiles, de juventud, entre otras. De lo contrario, cualquier intentona reformista quedará en simple comparsa de las fuerzas que, en estas condiciones, tienen la capacidad y el poder real para impedirlas.

En este sentido, esas intenciones democráticas, deben necesariamente ser parte de un  proyecto que busque fundar un nuevo Estado. Un proyecto que se concretará solo con la lucha decidida de la clase trabajadora del campo y la ciudad, de nuestros pueblos y del conjunto de sectores populares. La estrategia para lograrlo deberá considerar que en una de sus etapas deberá pasar por la redacción de una nueva Constitución Política.


En Camino Socialista No 22, marzo 2017, Época 1, año 4

Los efectos de una manipulación de masas sin cabeza

Por: Rodrigo Pérez


El año 2015 puso en evidencia lo podrido y desgastado del modelo político guatemalteco, el cual ha permitido que se intervenga al país mediante las funciones de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que junto al Ministerio Público y el acompañamiento de la Embajada de Estados Unidos, ejecutaron un Golpe de Estado blando. Ello se complementa con la comparsa de los medios de comunicación y la activación de una campaña de agitación a través de las redes de comunicación social, con lo que logran el cambio de vicepresidente y presidente de la república, y con ello el cambio de todo el poder ejecutivo, enarbolando la bandera de la lucha contra la corrupción, con los casos justificados –eso sí–  de La Línea, El Lago de Amatitlán, TCQ y Cooptación del Estado.

Se impuso un gobierno de transición de tres meses, mientras se celebran las elecciones, maro en el cual se da un condicionamiento del voto, orientándolo a castigar a los políticos, votando por el “menos político”. Esto posibilitó que llegara a la administración del Estado un hombre sin recorrido político, sin programa de gobierno, sin asumir compromisos, con una campaña hecha sobre la marcha, en la que ofreció salud, educación y desarrollo económico, dejando de lado los problemas de seguridad que agobian a la población guatemalteca.

Al día de hoy lo que se ve es el trabajo de la CICIG y el MP y la saturación del Organismo Judicial, pero los temas de la agenda de campaña no han progresado.

Las intervenciones públicas del embajador de Estados Unidos dejan al descubierto la debilidad del ejecutivo y su sometimiento, lo mismo que se experimenta también en el legislativo, tanto en la gestión del Presidente del Congreso de 2016 como del actual.

Con el cambio de junta directiva del congreso en 1917, surge una serie de señalamientos hacia sus integrantes:  por actos de corrupción, abuso de poder y más, lo cual   los pone en una condición de sometimiento para garantizar su continuidad. Esta nueva junta directiva cuenta con la mayoría en el congreso, pero no todos los diputados de esta alianza son leales o disciplinados, por lo que el avance de la agenda parlamentaria se avizora con muchos tropiezos.

Los partidos políticos se encuentran en un compás de espera, reorganizándose, haciendo acomodos y negociaciones de cara a la siguiente campaña, con lo que ya se barajan algunos nombres de posibles candidatos presidenciales como Thelma Aldana, Nineth Montenegro, Jorge de León Duque, Sandra Torres, Lucrecia Hernández Mack.

Es claro que quienes tienen poder económico y están vinculados a la clase dominante de este país pueden acomodar el sistema a sus intereses, y son prácticamente intocables, tal el caso de los empresarios vinculados a la corrupción, a quienes que se les ha denominado la Línea II. Otro caso muy particular es el de Álvaro Arzú, quien no acata las órdenes de un juez para presentarse a dar su declaración en el caso de antejuicio en su contra.

El desgaste político del ejecutivo, presidente, vicepresidente, sus ministros y viceministros, por las medidas asumidas en diferentes temas nacionales, pero también por el involucramiento de familiares del binomio presidencial en caso de corrupción, son elementos que contribuyen aún más a su desgaste.

En el organismo legislativo vemos cómo desfilan los jueces, abogados y magistrados señalados de actos de corrupción.

En este contexto, la estabilidad política del régimen es endeble debido a la diversidad de frentes e intereses que se contraponen. Esto es otra razón para que los  guatemaltecos no sigamos como espectadores. Así mismo, se requiere del concurso de todas las organizaciones de los sectores populares para construir un frente común que trabaje por la transformación estructural y la toma del poder. Debemos trascender la sola pretensión y acción para la reforma política, agenda en especial del imperio estadounidense y fuerzas cuyo propósito es darle respiro al sistema caduco.

Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo


En Camino Socialista No 22, marzo 2017, Época 1, año 4

EL CRIMEN CONTRA LAS 41 NIÑAS Y ADOLESCENTES SOLO ES POSIBLE EN EL CAPITALISTMO Y EL ESTADO NEOLIBERAL

Editorial, Camino Socialista No 22, marzo 2017, Época 1, año 4


En un país socialista, un crimen como el de las cuarenta y una niñas y adolescentes asesinadas en un centro de resguardo del Estado nunca habría sucedido. Y no habría sucedido ni sucederá, porque en el socialismo, como proyecto civilizatorio    profundamente humanista, el ser humano está en el centro de todo. Y con mayor razón, en las políticas socialistas, la prioridad es el niño y la niña, la adolescencia, como el presente y futuro de la humanidad misma.

Un crimen como este sólo es posible en el capitalismo, donde la vida es una mercancía más. Sólo en el capitalismo millones de niñas y adolescentes, son sometidas a tratos de violencia, tortura, violación, pornografía, embarazos forzosos, esclavitud sexual y laboral. 

Sólo un Estado capitalista y neoliberal como el guatemalteco, permite que todo lo anterior y más, le suceda a la niñez y la adolescencia. Solo un Estado capitalista crea las condiciones y permite que suceda un crimen de lesa humanidad como el de las cuarenta y tres niñas y adolescentes. Solo en un Estado capitalista es posible que toda la institucionalidad y los funcionarios públicos incurran en ese tipo de incumplimiento de deberes, que muchos participen en redes de violencia, tortura y trata de personas, y que hoy pretendan protegerse para no verse obligados a renunciar, para ser destituidos y para evitar que el peso de la ley se les aplique por su participación, complicidad o responsabilidad penal en este crimen.

¿Y por qué sucede esto en los Estados capitalistas? Sucede porque su papel es privilegiar, a costa de lo que sea, los intereses del mismo capitalismo, es decir, los intereses por explotar, expoliar y acumular más capital que tienen las empresas transnacionales y locales. Se privilegia el llamado “mercado” por sobre el bien común de todas y todos los seres humanos.

Por las características de este crimen y las evidencias que lo explican, solo la presión política masiva logrará el objetivo que el mismo no quede impune. Por eso llamamos a no dejar de exigir justicia contra los responsables de este hecho deleznable.

Debemos convencernos, de una vez por todas, que debemos luchar por construir otro Estado, de carácter socialista, que se oriente a derrocar el capitalismo e instaurar un sistema que garantice la vida y el bien común. Sólo en el socialismo será posible contar con leyes, instituciones y funcionarios que protejan integralmente a la niñez y adolescencia.

¡Solo en el Socialismo otro mundo es posible!

¡Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo!

miércoles, 22 de marzo de 2017

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Conchita Deras


 Usted, compañera
Es de las de siempre.
De las que nunca se rajaron
¡carajo!

En reconocimiento a su vida y a su lucha
por Guatemala, la Revolución y el Socialismo



21 de marzo, 2017

martes, 21 de marzo de 2017

Nuestro Homenaje a la Camarada Conchita Deras

Lamentamos el fallecimiento de la Camarada, escritora, actriz, periodista y trabajadora social Concha Marina Deras "Conchita". Su deceso es el resultado de un acto criminal de hombres que la golpearon vilmente. 

Revolucionaria desde la década del 44-54, fue militante revolucionaria e incansable luchadora. 

Nos lega su ejemplo de trabajo, lucha, solidaridad, creación artística y compromiso con su pueblo. 

Exigimos justicia. Que se investigue y castigue este hecho criminal, homofóbico y femicida. 

Enviamos nuestro abrazo sororario y fraternal a su familia, amigos y camaradas.

martes, 7 de marzo de 2017

POR UN OCHO DE MARZO REVOLUCIONARIO

Este 8 de marzo se conmemora el 107 el aniversario de la proclamación del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, a propuesta de Clara Zetkin en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910. Luego, en medio de la primera guerra mundial imperialista, el 8 de marzo de 1917, miles de mujeres trabajadoras rusas de Petrogrado se declararon en huelga pidiendo paz y trabajo, e incitaron a las masas de campesinos y obreros, y al ejército revolucionario a unirse y levantarse contra el zarismo, que cayó siete días después (el 15 de marzo de 1917).

Se inició así la revolución social más grande del siglo XX (la revolución rusa), que inspiraría y marcaría las luchas campesinas, obreras y de liberación nacional en todo el mundo.

A pesar de las grandes luchas y batallas protagonizadas por las mujeres a lo largo de la historia y de algunas conquistas dentro de los Estado burgueses y semicoloniales, la cuestión de la igualdad y equidad no ha podido ser resuelta dentro del capitalismo. Por el contrario, hoy más que nunca sigue vigente el ideal comunista de un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

La agudización de las contradicciones del capitalismo imperialista, en su desarrollo  neoliberal y guerrista actual contra la clase trabajadora y las naciones y los pueblos oprimidos, genera también la agudización de las contradicciones del patriarcado, como sistema de dominación que ha servido históricamente para la acumulación de riqueza. Mantener a la mujer (y hoy a otras expresiones de diversidad sexual), en condiciones de opresión, sobreexplotación, racismo y discriminación por diversos motivos (étnicos, religiosos, sexuales, etc.) e ideologías, es una forma más de reproducción del capitalismo.

El capitalismo en su fase imperialista actual implica la acumulación de capital mientras que se conservan y reactualizan muchos de los rasgos tradicionales del patriarcado  con el desarrollo de nuevas y más agresivas formas opresión en contra de las mujeres.  Esto se expresa, en primer lugar, en diversas y atroces formas de violencia, como la mutilación genital, los abusos y violaciones sexuales, el matrimonio forzado y a temprana edad, el secuestro, la trata, la esclavitud sexual y laboral, el rapto y violaciones masivas de niñas y mujeres que se convierten en botín de guerra, o el femicidio, que va en aumento con cifras alarmantes a nivel mundial. Guatemala, en ese sentido, ocupa el segundo lugar en el mundo en femicidio.

Esta actualización capitalista del patriarcado también se expresa en el asesinato de activistas y luchadoras que se oponen a la nueva ola de colonización de los cuerpos de las mujeres, a su mercantilización y a la ocupación y usurpación de las tierras y territorios de las comunidades y pueblos originarios por las grandes corporaciones internacionales, en alianza con las oligarquías y las burguesías locales/regionales. Tal es el caso de nuestra compañera ambientalista Bertha Cáceres, asesinada el 3 de marzo de 1916 en Honduras.

Las mujeres hoy en el mundo (más de la mitad de la población), concentran solamente un 10% de la renta mundial. Son las que más sufren la pobreza, la marginación y la sobreexplotación laboral en todos los rubros de la economía, con una brecha salarial del 25% con relación a los hombres. Al mismo tiempo, son aún las principales encargadas del trabajo reproductivo y doméstico que también genera un plus valor al capital.

Además de ser las que menos gozan de los derechos laborales, las mujeres son quienes primero confrontan la contracción del mercado de trabajo y las políticas de flexibilización laboral (que han tendido a agudizar la crisis del capitalismo), pues son las primeras expulsadas de sus puestos de trabajo.  Recluidas nuevamente en el ámbito doméstico, no tienen más opciones que migrar a los centros urbanos o al extranjero, con baja remuneración salarial.

Por si esto fuera poco, la reacción a las luchas emancipadoras de las mujeres a lo largo del planeta y en nuestro país, ha sido desplegar toda una ideología ultraconservadora para garantizar la fetichización y  deshumanización de las mujeres y la conversión de las mujeres en botín de esta guerra declarada del capitalismo y el patriarcado en contra ellas. En especial, las mujeres “no-blancas” sufren opresión de clase, “color”, origen étnico, y también por credo religioso y/o orientación sexual.

Con la llegada a la Casa Blanca de un personaje racista, ultramachista y misógino como Donald Trump, las políticas reaccionarias impuestas en varios países por el imperialismo norteamericano, legitiman la violencia en contra de las mujeres (tanto en el ámbito público como en el privado) y criminalizan las decisiones sobre su cuerpo.  Se refuerza la doble moralidad en torno a la cuestión de la mujer. Como acaba de ocurrir en nuestro país con la llegada a aguas internacionales del buque “Women on Waves”, instituciones del Estado como el Congreso y el Ejército, contribuyen a restringir las libertades de las mujeres y su derecho a  la emancipación política y a la dispoisición de sus cuerpos.

El movimiento global por la emancipación de la mujer contra la opresión patriarcal, el capital y la violencia con la que arremete el imperialismo, se sitúa en el centro de los movimientos de masas y de los pueblos en resistencia, tanto en los países imperialistas como en las naciones oprimidas. Como se puso de manifiesto un día después del ascenso de Trump, millones de mujeres del mundo se lograron aglutinar en una movilización global.

Este 8 de marzo, cuando conmemoramos el centenario de la revolución rusa, son nuevamente las mujeres de más de cuarenta países (incluidos Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica) quienes convocan a un paro internacional laboral:

*contra el patriarcado, el capitalismo, el imperialismo, la sobre explotación laboral y sexual y la mercantilización de los cuerpos de las mujeres;

*contra la explotación y desvalorización del trabajo doméstico, la inseguridad laboral y la brecha salarial entre hombres y mujeres;  

*contra la violencia económica, financiera, étnica/racial, machista, sexual, psicológica, el femicidio, la trata, y otras formas de violencia que sufren millones de mujeres en el mundo y en nuestro país;  

*contra la discriminación, el racismo, la misoginia, la xenofobia, la transfobia, la islamofobia, y otras fobias, que sufren en especialmente las mujeres negras, afrodescendientes, indígenas, musulmanas, migrantes, refugiadas y de los grupos y colectivos de la diversidad sexual;

*contra la represión, actos intimidatorios y represivos, y la impunidad en que se mantienen la mayoría de los crímenes, violaciones sexuales y de los derechos conquistados históricamente de las mujeres trabajadoras, migrantes, y luchadoras sociales y ambientales;

*contra las políticas y acciones intimidatorias y represivas  contra las defensoras de la vida, la tierra, el territorio y la naturaleza, protagonizadas por las grandes transnacionales, que buscan apropiarse de los recursos naturales en contubernio con las oligarquías locales y sus aparatos asesinos;

¡Por la autodeterminación de las mujeres frente a las diversas violencias y opresiones del patriarcado y el capital!
¡Por un mundo donde seamos socialmente iguales!


partido guatemalteco del trabajo
¡Por Guatemala, la Revolución y el socialismo!

Editorial, Camino Socialista, febrero 2017  Época I  Número 21  año 4.



domingo, 5 de febrero de 2017

Las migraciones irregulares: problema de nunca acabar

Martín Orellana

Para todos los habitantes de América Latina es algo de lo más común pensar en viajar de “mojados” a los Estados Unidos. Eso es cuestión normal, cotidiana. No hay familia en nuestra región, no solo en Guatemala sino en todo el continente, más aún en Centroamérica, México y el Caribe, que no tenga algún pariente, o varios, residiendo en el país del norte.

Por lo pronto, buena parte de los hogares guatemaltecos se benefician de las remesas que esos familiares hacen llegar desde allá. Según datos oficiales, un 11% del Producto Interno Bruto del país está dado por esos envíos de dinero; dicho de otro modo: sin esas ayudas, la pobreza de las familias guatemaltecas sería mayor aún (¡ya es de un 59% de la población!) y la economía nacional estaría en el colapso total.

Es sabido que los miles y miles de latinoamericanos que marchan hacia allá, lo hacen porque sus países de origen no les ofrecen oportunidades. Aun sabiendo que en el camino podrán encontrarse con las peores dificultades, arriesgando la vida en muchos casos, buena parte de la población no deja de encaminarse hacia ese pretendido “sueño americano”. En Guatemala salen 200 personas diariamente; de cada tres “mojados” que parten, uno llega a destino, uno es devuelto y otro muere en el intento.

Pese a lo peligroso de la travesía a emprender, pese a todas las terribles penurias con que podrá encontrarse (robos, secuestros, violaciones, estafas, cárcel, hambre, sed, frío, peligros varios), la gente no deja de arriesgarse a intentarlo. Además de todas esas dificultades, tremendas, espantosas, si pueden ingresar a territorio estadounidense les espera algo no menos desastroso allá: vivir como ilegal, estar siempre pendiente de los oficiales de Migración, hacer los peores trabajos mal pagados, recibir continuamente el desprecio racista de los ciudadanos blancos, problemas de integración, en general la barrera del idioma, pesadillas con los trámites.

Ante todo ello, y más aún ahora que el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prometió una política migratoria más severa contra los latinoamericanos, hablando incluso de un muro en la frontera, lo primero que resalta es la xenofóbica actitud estadounidense contra nuestra gente.

Sin dudas eso es así. Pero ¡cuidado, camaradas! Se suele poner un énfasis especial en la “maldad” del imperio que cierra puertas ante los “hispanos” (como nos llaman), en la “perversión” de las fuerzas de seguridad estadounidenses que persiguen a viajeros indocumentados. Todo eso es cierto, pero en este caso, si nos quedamos solo con esa visión, los norteamericanos serían los “malos de la película”, con lo que se escamotea el problema principal: la pobreza y pobreza extrema de nuestros países que fuerza a salir en búsqueda de mejores oportunidades.

Nadie dice que el imperio sea “buenito”. Es más: sabemos que mantiene un doble discurso perverso, declamando que no quiere más inmigrantes indocumentados, pero necesitándolos en su economía del día a día. Además, ese apretar las tuercas cada vez mayor con las regulaciones migratorias le sirve, en definitiva, para poder manipular a su antojo las miserias que les paga a los inmigrantes irregulares. Pero si hay algo que denunciar en todo esto es la pobreza estructural de nuestras sociedades y el silencio de sus gobernantes, que miran para otro lado con todo esto y solo esperan las remesas, que son una válvula de escape, un alivio para la pobreza interna.

Estados Unidos será duro con los inmigrantes ilegales, excesivamente, pero en cierto sentido le asiste un derecho, en tanto nación soberana: el de fijar sus normativas jurídicas fronterizas. El problema de base está de este lado, en nuestros países injustos, calamitosamente excluyentes, cuyos Estados –contrariando lo declarado en la Constitución– no garantizan el derecho a la vida, y menos aún: a la calidad de vida digna.

Si nos quedamos con el reclamo ante los “pinches gringos puñeteros”, como dice alguna canción, obviamos el verdadero problema de fondo: la hiper explotación inmisericorde a la que somos sometidos diariamente en nuestros países. El internacionalismo proletario de nuestro ideario comunista no nos debe hacer ver como enemigo a nadie por su nacionalidad, su cultura, su identidad. Esos son resabios que deberemos superar. El verdadero enemigo, camaradas, ¡es el sistema de explotación capitalista! Sistema que en nuestros países –y Guatemala es parte sustancial de ello, por supuesto– es bestial.

¡Es intolerable que nuestros gobiernos callen ante todo los atropellos que sufren nuestros hermanos en sus viajes, solo porque de allá llegan remesas que sirven como bálsamo! ¡Solo la revolución socialista terminará con esta lacra de las fronteras y los nacionalismos chauvinistas!


Camino Socialista, enero 2017  Época I  Número 20  año 4

Breve y muy resumida historia del Partido Comunista de Guatemala

Por Amílcar Carrillo


El hoy reconocido Partido Guatemalteco del Trabajo -PGT- tuvo su origen en el Partido Comunista Centroamericano -PCC-, Sección Guatemala, fundada en 1922. Esta sección fue conocida como Partido Comunista de Guatemala -PCG- dirigido por Antonio Cumes, Luis Villagrán, Miguel Ángel Vásquez, Alberto del Pinal, Humberto Molina, Luis Sánchez Baten, Jacobo Sánchez, Antonio Obando Sánchez y Juan Chigüichon. Junto a estos dirigentes guatemaltecos hubo internacionalistas como Juan Pablo Wanright y Farabundo Martí, entre otros. Durante 10 años este partido, fuertemente vinculado a la clase trabajadora, participó en la organización y movilización de sindicatos y federaciones sindicales, levantando las demandas económicas y políticas del proletariado de aquella época.

En 1932, ya en el poder, el furibundo criminal anticomunista Jorge Ubico atacó al Partido Comunista hasta lograr la captura de todos sus dirigentes y la condena a muerte. Después del amañado juicio, fusilaron a cuatro de ellos: Jacobo Sánchez, Humberto Molina, Luis Sánchez Baten y Juan Pablo Wanright. El partido quedó destruido. El dictador y sus lacayos ahuyentaron, encarcelaron, fusilaron y exilaron a los comunistas. El Partido Comunista desapareció temporalmente.

Catorce años después, acabada la dictadura ubiquista al fragor de la Revolución de Octubre de 1944, los encarcelados comunistas salen libres, los exilados vuelven al país, los escondidos aparecen y junto a otros internacionalistas hacen lo que podían y debían hacer: organizar. Fundan la Escuela Claridad y en 1945 estructuran de nuevo el Partido Comunista el cual convierten en Partido Vanguardia Democrática con vida pública. Convencen al Secretario General del Partido de Acción Revolucionaria, José Manuel Fortuny, a formar parte del esfuerzo comunista. Y llevan a cabo el Primer Congreso del Partido Comunista de Guatemala el 28 de septiembre de l949. En su Segundo Congreso, en 1952, cambió su nombre a Partido Guatemalteco del Trabajo -PGT- y apoyó decididamente al gobierno de Jacobo Árbenz en la aplicación de la Reforma Agraria, en el impulso cultural y en la lucha antiimperialista. Además de Fortuny, en la Dirección del Partido destacan Alfredo Guerra Borges, Bernardo Alvarado Monzón, Víctor Manuel Gutiérrez, José Luis Ramos, José Antonio Ardón y Pedro Fernández.

La contrarrevolución imperialista, cachureca y oligárquica de 1954 obliga la clandestinidad del PGT, de la que sale hasta l996. La enorme represión política y la conculcación de los derechos políticos de los pueblos inducen al PGT a la lucha armada y a participar gradualmente como sustrato, sujeto y afluente de la guerra popular revolucionaria hasta la negociación política que termina en l996. Durante este largo período contrarrevolucionario cientos de destacados comunistas fueron asesinados, entre otros: Octavio Reyes, Víctor Manuel Gutiérrez, Rafael Tishler, Bernardo Alvarado Monzón, Mario Silva Jonama, Carlos René Valle, Miguel Ángel Hernández, Hugo Barrios Klée, Carlos Alvarado Jerez, Fántina Rodríguez, Huberto Alvarado Arellano, Adelina Caal, Hugo Rolando Melgar, Manolo Andrade Roca, Alfonso Figueroa, Santiago López Aguilar, Arsenio Carrera Coro, José Luis Monterroso, Luz Haydee Méndez, Hugo Navarro, Santos Landa Castañeda, Silvia Gálvez, Víctor Fortuny.

De l978 a 1984 el PGT se escinde en varias expresiones, y su última representación activa lo liquida en 1997, diluyéndose en la URNG. Sin organización formal, los comunistas han mantenido el espíritu partidario, esperando la oportunidad para darle vida de nuevo a su organización, conservando el anhelo de tener su partido comunista.

Así es como en el transcurso de los últimos años se reorganiza, se reconstruye y se camina hacia la refundación del Partido Guatemalteco del Trabajo para luchar contra la explotación capitalista del trabajo y la naturaleza, contra la opresión patriarcal y la opresión racista hacia los pueblos indígenas y contra la dominación imperialista. Para mantener viva la llama del socialismo e incentivar la vuelta al marxismo como antesala a las luchas por Guatemala, la Revolución y el Socialismo.


Camino Socialista, enero 2017  Época I  Número 20  año 4