viernes, 24 de noviembre de 2017

DESALOJOS: RECURSO OLIGÁRQUICO PARA EL DESPOJO

Los desalojos han sido el mecanismo represivo y violento contra los pueblos, las familias y las comunidades campesinas, indígenas y mestizas, que el poder finquero-oligárquico ha implementado históricamente a través de figuras políticas (como los jefes, comisionados y   gobernadores), organizaciones paramilitares (ejércitos y aparatos clandestinos, guardias o policías privadas) y organismos de represión del Estado, como el ejército y la Policía Nacional Civil. En la mayoría de los casos, los desalojos son despojos de tierras a los pueblos y a las comunidades, en contra de sus derechos ancestrales y jurídicos sobre el territorio, los derechos laborales y los derechos humanos. Así mismo, son una de las principales formas de negar la autonomía de los pueblos y de garantizarles los medios de producción esenciales para la vida.

Este mecanismo represivo ha sido implementado con la complicidad de sucesivos gobiernos y administraciones judiciales, continuado por el actual  gobierno derechista de Jimmy Morales, al servicio del poder oligárquico y de las empresas transnacionales.

Según información de Voces de Iximulew, en lo que va del año suman 12 desalojos. En total han afectado a 1,016 campesinos y campesinas, de 12 comunidades de Senahú, Tactic y Santa Cruz Verapaz (Alta Verapaz), Livingston (Izabal), San Andrés Petén y San Luis Petén (El Petén), Puerto San José (Escuintla) y Barberena (Santa Rosa). Para la realización de los desalojos, el gobierno ha utilizado un gran despliegue militar y policial, además de permitir la intervención de las guardias paramilitares al servicio de los finqueros. Así se evidencia en San Miguel Palotada (San Luis Petén) donde se desplegó un contingente de 700 policías y 300 soldados para desalojar a 8 personas; en Cha’bil’Cho’ch (Livingston) donde fueron desalojadas 75 personas por un contingente policial de 500 efectivos; y en el desalojo en las Maravillas, finca Corral Blanco (San José, Escuintla) donde participaron 300 miembros de la PNC y guardias privados para desalojar a 30 personas.

El más reciente desalojo es muestra de la política de impunidad con que actúan los órganos paramilitares para ejercer acciones violentas contra población indefensa. El 3 de noviembre 18 familias q’eqchi’ de la comunidad Semuy (Cahabón) fueron desalojadas violentamente por fuerzas represivas del Estado. Posteriormente, el 20 de noviembre, sufrieron un ataque armado por guardias de seguridad al servicio de la empresa Trece Aguas, con el saldo del asesinato del campesino Emilio Toc Pop y heridas a  Ricardo Maquín.

A estos hechos de desalojos se suman las difamaciones, amenazas, atentados, represión policial y detenciones contra  miembros de organizaciones como CODECA, CUC, CCDA, CPO y contra resistencias hacia proyectos extractivos, como ha sucedido en San Juan Ixcoy (Huehuetenango), San Rafael Las Flores (Santa Rosa), La Puya (Guatemala), entre otras muchas que se enfrentan a los agronegocios y demás proyectos hidroeléctricos y mineros.

Los desalojos son la expresión y uno de los objetivos de la criminalización y judicialización de las comunidades campesinas y sus dirigentes, quienes en lugar de encontrar respuesta a sus reclamos, demandas y necesidades legítimas, se encuentran con las balas y la represión que impulsa la oligarquía y el agronegocio en el campo, con la agilidad y acción oficiosa, represiva y violenta de los organismos del Estado. Esto significa que la población campesina (indígena y mestiza) no es, ni por asomo, una prioridad de este gobierno ni de este Estado. Como el gobierno anterior, encabezado por el ex general Otto Pérez Molina, la prioridad de este gobierno sigue siendo la defensa de los intereses de la burguesía, de las empresas transnacionales y de las élites corruptas y criminales que lo controlan.

El recrudecimiento de los desalojos en las últimas semanas se explica en el cierre de filas de quienes integran el Pacto de Impunidad (oligarquía, partidos y políticos rentistas, grupos criminales, jueces corruptos y gobierno de Jimmy Morales, con el aval momentáneo de la embajada de EEUU). Dicho pacto, además de defender a su gobierno incapaz y corrupto, persiguen la defensa del actual modelo de explotación y despojo. 

Resulta evidente que los desalojos tienen el propósito de garantizar la expansión del modelo de acumulación capitalista, en específico: la ejecución, intensificación y ampliación de megaproyectos (minería, hidroeléctricas, carreteras, helipuertos, etc.), los agronegocios y la ganadería. Asimismo, son un medio para apropiarse de espacios territoriales pertenecientes a las comunidades y pueblos, y poder expandir las actividades de contrabando de armas, maderas preciosas, tráfico de personas y órganos, estupefacientes, etc., con gran rédito para el capital. Esto explica el uso de grandes contingentes de fuerzas represivas en una la disputa territorial en la que las comunidades quedan indefensas frente a los grandes poderes económicos armados, en contubernio con la institucionalidad estatal, quienes ejercen una violencia desmedida contra los legítimos sujetos y dueños de la tierra y el territorio.

En este marco, el Partido Guatemalteco del Trabajo manifiesta su solidaridad a las personas, familias y comunidades criminalizadas y desalojadas. Hace un llamado a no dejarnos intimidar ni claudicar en las legítimas luchas de resistencia contra el despojo y expolio, a unir filas entre las comunidades en resistencia, organizaciones sociales y populares en la lucha por la defensa de los derechos legítimos sobre la tierra y el territorio, y a seguir trabajando por la construcción de un Estado socialista, popular y plurinacional, al servicio de los pueblos y la población de Guatemala, y no del capital 


Guatemala, 24 de noviembre de 2017.

martes, 7 de noviembre de 2017

CIEN AÑOS DE REVOLUCIÓN, UNA NUEVA ÉPOCA HISTÓRICA

Con el festejo del centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917 acaecida en Rusia, los comunistas y revolucionarios del mundo conmemoramos un siglo de avances sociales, victorias y sacrificios; pero también de derrotas temporales y enormes desafíos en la lucha por erradicar la injusticia y la desigualdad de la faz de la Tierra. Pese a la restauración del capitalismo en países ex socialistas, el incremento de la explotación y nuevas formas de saqueo y colonialismo en el mundo, vivimos la nueva época histórica inaugurada por la Revolución Bolchevique: la época  del tránsito del capitalismo al socialismo.   

La Revolución Bolchevique requirió un particular esfuerzo teórico de los revolucionarios aglutinados en su Partido y la voluntad de cambio de las clases trabajadoras de todos los pueblos de la vieja Rusia zarista. La Revolución se produjo en un contexto cargado de violencia, descomposición social, parasitismo capitalista, lucha de clases, guerras imperialistas contra los pueblos y la destrucción de la naturaleza. 

En su práctica revolucionaria, los bolcheviques resolvieron problemas teóricos fundamentales para comprender el momento histórico concreto y hacer triunfante esa Revolución. A partir de la teoría y su experiencia histórica, los comunistas hemos adquirido la capacidad para enfrentar la destrucción capitalista de las formas de vida de los pueblos, de las clases trabajadoras y de la naturaleza.  

Las enseñanzas de este proceso revolucionario tienen plena vigencia para sepultar todo sistema de opresión, explotación y discriminación. Solo la unidad, organización  y combatividad inquebrantable de las clases trabajadoras, alrededor de una teoría revolucionaria como el marxismo, son garantía para la toma del poder y la construcción de una sociedad nueva, como la que forjaron los primeros decretos del gobierno revolucionario de los soviets de obreros, campesinos y soldados en Rusia.  La liberación del trabajo asalariado  y de la tierra de la explotación capitalista, la autodeterminación de los pueblos, el freno a  las guerras imperialista para la construcción de la paz y los avances para la emancipación de la mujer, son los principales logros que validan la vigencia de la gesta revolucionaria conducida por el Partido Bolchevique.

Para los comunistas guatemaltecos tales enseñanzas inspiran y fortalecen la búsqueda de un camino para construir una sociedad socialista; para desarrollar  nuestra estrategia de lucha contra la explotación capitalista del trabajo y la naturaleza, contra todas las formas de opresión patriarcal y racista, y la agresión y  violencia imperialista. 

Las condiciones históricas en las que vivimos requieren un esfuerzo de interpretación de la realidad concreta. Los reveses y los errores cometidos en la construcción del socialismo en distintos países no invalidan la necesidad  de la revolución socialista. Nuestra inquebrantable voluntad revolucionaria se expresa en una visión realista y optimista de la historia y en la disposición de forjar la única alternativa a la muerte y la destrucción que significa el capitalismo para la naturaleza, la humanidad y todas sus realizaciones:  el socialismo y el comunismo.  

¡Viva la Revolución Bolchevique!
¡Vivan todos los revolucionarios del mundo!
¡Proletarios de todos los países, uníos!


Por Guatemala, la revolución y el socialismo

sábado, 30 de septiembre de 2017

A INTENSIFICAR LA ORGANIZACIÓN Y LA LUCHA POR UNA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA A LA CRISIS

Pronunciamiento del PGT en su 68 aniversario de fundación

Este 28 de septiembre los comunistas celebramos el 68 aniversario de nuestro partido: el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). Nuestra lucha se remonta al surgimiento de la primera organización comunista en 1922. Estos 95 años de lucha histórica por construir una alternativa socialista ha sido un camino en el que miles de nuestros militantes han ofrendado su vida por un futuro promisorio para las clases explotadas, las mujeres y los pueblos.

El PGT da continuidad al objetivo de construir el socialismo a través de cinco estrategias fundamentales de lucha: 1) contra la explotación capitalista de las clases trabajadoras; 2) contra la explotación capitalista de la naturaleza; 3) contra la opresión patriarcal; 4) contra la opresión racista a los pueblos originarios; 5) contra el imperialismo y todas sus formas de intervención e injerencia. Desde ahí avanzamos en nuestra formación marxista, organización revolucionaria, propaganda, agitación y lucha cotidiana.

Lo anterior nos plantea que, frente a la crisis política que vive el país, los comunistas estamos llamados a enfrentar el pacto de impunidad entre la burguesía, la cúpula militar, el sistema político, las estructuras de crimen y el imperialismo. Nuestra propuesta se orienta a incrementar los esfuerzos de organización y articulación entre todas las fuerzas populares  opuestas a esta maniobra que pretende reducir la lucha al fenómeno de la corrupción. Se trata de cuestionar la esencia del sistema capitalista y su Estado, a los que la corrupción es estructural y consustancial.

En consecuencia, la única alternativa es forjar una salida verdaderamente popular y democrática, que impida al pacto de impunidad, como en el 2015, logre una solución de continuidad a la crisis del sistema. Nuestra propuesta alternativa implica:

1   *El enjuiciamiento y condena al Presidente y Vicepresidente de la República por sus evidentes delitos.

*La disolución del Congreso de la República, para cortar de tajo las oscuras negociaciones que permiten el enriquecimiento ilícito, los grandes negocios a la burguesía y la impunidad, mediante la legislación lesiva a los intereses comunes.

*La auto constitución de los poderes originarios, sociales y populares a partir de un proceso asambleario desde la base, que conforme una asamblea constituyente de poder originario que: a) asuma tareas legislativas y derogue toda legislación lesiva a los intereses de las clases trabajadoras, las comunidades, pueblos originarios y mestizos y sectores oprimidos y marginados, b) designe un gobierno democrático provisional, y c) redacte una nueva Constitución Política.

   *Este proceso constituyente debe sentar las bases de una nueva república plurinacional, popular, socialista e independiente, que garantice la superación de la explotación capitalista del ser humano y la naturaleza, del racismo y el patriarcado.

Partido Guatemalteco del Trabajo

Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo


Guatemala 28 de septiembre de 2017.

viernes, 15 de septiembre de 2017

¡A incrementar todas las formas de resistencia y desobediencia civil contra el Estado neoliberal y las mafias empresariales, políticas y militares!

Los acontecimientos de las últimas semanas son el resultado del pacto de impunidad entre políticos y partidos corruptos, grandes y medianos empresarios, militares y estructuras del crimen organizado. Este pacto se expresa en las políticas del gobierno de Jimmy Morales y las leyes aprobadas por el Congreso de la República para perpetuar el histórico régimen de dominio y expolio, controlado por la oligarquía.  Representa a las fracciones más reaccionarias, anticomunistas, mafiosas, racistas y patriarcales, que siguen imponiéndose sobre las necesidades, demandas y propuestas populares.

Este pacto de impunidad es resultado de las elecciones fraudulentas realizadas en el 2015, como un acuerdo entre oligarquía, embajada de EEUU y grupos mafiosos dirigentes de los principales partidos políticos. Los objetivos fueron darle una salida a la crisis, garantizar una transición manejable y un marco de gobernabilidad, los cuales no se cumplieron debido a que el FCN-Nación es parte de la estructura mafiosa y corrupta representada antes en el Partido Patriota. La crisis de 2017 es, entonces,  continuidad de la crisis del 2015.

Como afirmamos en junio de 2015, la crisis es expresión de la grave situación estructural del Estado neoliberal, controlado, dirigido y en disputa por las mafias,  grupos empresariales y militares que buscan mantenerse en la impunidad y profundizar el modelo de explotación y saqueo de los bienes nacionales y públicos. Este control incluye partidos políticos, gobierno, congreso y cortes, además de medios de comunicación masiva y oenegés. Se pretende detener los procesos judiciales, emitir leyes que favorezcan a criminales presos y que podrían ser capturados en los próximos meses por casos como el financiamiento ilícito de partidos, Odebrecht y otros.

En esta coyuntura, el Partido Guatemalteco del Trabajo insiste: los hechos que llevaron a la crisis en el 2015-2017, son expresión de mecanismos (como la corrupción) y dispositivos de poder (como las leyes ilegítimas) del capitalismo y su Estado, para garantizar la máxima ganancia y enriquecimiento de unos pocos. La alternativa es la construcción de un modelo socialista de Estado y sociedad, a través del impulso de cinco luchas fundamentales: 1) contra la explotación económica de las clases trabajadoras; 2) contra la explotación capitalista de la naturaleza; 3) contra la opresión patriarcal; 4) contra la opresión racista hacia los Pueblos Originarios; 5) contra el imperialismo y todas sus formas de injerencia.

En esta coyuntura específica llamamos a la movilización para:

1.            La renuncia y enjuiciamiento del presidente y vicepresidente de la República.

2.            La disolución del actual Congreso de la República.

3.         La auto constitución de los poderes originarios, sociales y populares en una Asamblea Plurinacional Constituyente, que designe un gobierno de transición.

4.      La derogación de toda la legislación lesiva que lesiona los intereses de la clase trabajadora, comunidades, pueblos originarios y mestizos.

5.     Sentar las bases de una nueva república plurinacional, popular, socialista e independiente, que garantice la superación de la explotación capitalista del ser humano y la naturaleza, del racismo y el patriarcado.

Llamamos a todos las expresiones de resistencia y desobediencia civil:

¡Incrementar su lucha y fortalecer la organización y articulación desde y entre movimientos sociales, organizaciones y comunidades, para el logro de los objetivos democráticos y transformadores que requiere nuestro país!

Partido Guatemalteco del Trabajo

Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo

lunes, 4 de septiembre de 2017

Niños de la calle: síntoma que algo anda mal

Esteban Pérez

Dijo Fidel Castro alguna vez: “Si hay 200 millones de niños en las calles, ninguno es cubano”. ¿Qué significa eso?

En cualquier gran ciudad latinoamericana, y por supuesto también en Guatemala, vemos como algo ya común grandes cantidades de niños deambulando por las calles. Desde muy tempranas edades, sucios, harapientos, a veces con su bolsita de inhalante en la mano, hacen parte del paisaje cotidiano menores de edad que venden, lustran zapatos, lavan carros, mendigan o simplemente están pasando la vida en parques, mercados o terminales de buses.

El fenómeno es relativamente nuevo, de las últimas décadas; y lo peor es que está en franca expansión. Se estima que en todo el mundo hay al menos 200 millones de niños y niñas que trabajan o viven en las calles. Eso tiene explicación.

Desde hace algunas décadas (desde los años 50 del siglo pasado en adelante) en los países latinoamericanos se vive un proceso de acelerado despoblamiento del campo y crecimiento desmedido y desorganizado de las ciudades principales. Las poblaciones escapan a la pobreza rural y a las guerras crónicas de esas áreas. El resultado de todo esto son megápolis desproporcionadas sin planificación urbanística, plagadas de lo que se llaman asentamientos irregulares, o “barrios marginales” entre nosotros (“favelas” en Brasil, “villas miserias” en Argentina, “tugurios” en Colombia, “barrios” en Venezuela, “cantegriles” en Uruguay, “callampas” en Chile, “ciudad perdida” en México).

Sumado a este proceso de industrialización que se da a mediados de siglo y de éxodo interno, irrumpen las políticas neoliberales de capitalismo salvaje, que desde los años 80 empobrecieron más aun las ya estructuralmente pobres economías latinoamericanas. Consecuencia de esto último fue el aumento gigantesco


de la miseria de los siempre pobres sectores agrarios y un aumento de la migración hacia las ya saturadas capitales. Estos asentamientos precarios albergan una cuarta parte de la población urbana en Latinoamérica.

¿Por qué se dice que hay barrios “marginales”? ¿Acaso alguien realmente está “al margen”? Es decir: ¿Sobran? Ya vemos lo que es el capitalismo: ¡un sistema que puede desechar seres humanos! Un sistema donde la gente puede ser prescindible.

De hecho, más del 50% de los nacimientos en el mundo es de un niño de un llamado “barrio marginal”. ¿Qué le espera a cada uno de esos niños al nacer?, niños que, desde el inicio, para el sistema dominante “sobran”. Seguramente no un mundo de rosas. Con buena suerte, si no muere de alguna enfermedad previsible o de hambre (el hambre sigue siendo el peor flagelo de la Humanidad), trabajará desde muy pequeño. Quizá termine la escuela primaria, pero probablemente no. Casi con seguridad no asistirá a la escuela media; mucho menos a la universidad, que sigue siendo un lujo para muy pocos. Se criará como pueda (pocos juguetes, probablemente violencia en su hogar, poco cuidado paterno), junto a muchos hermanos en una familia numerosa donde la precariedad será lo dominante.

Todo esto, en áreas rurales donde se necesitan muchos brazos para las faenas agrícolas, es parte de la cultura cotidiana; pero en un asentamiento precario en medio de una gran ciudad es ante todo un problema. Su trabajo será en las calles, no bajo la supervisión de sus padres. Trabajo, por otro lado, siempre descalificado, muy poco remunerado, siempre en situación de riesgo social: la violencia, la transgresión, las drogas están muy cerca. Esto se potencia en el caso de las niñas, siendo vistas como objeto sexual desde muy temprana edad.

La pobreza de donde provienen estos niños y niñas no se concibe solo en términos de ingreso monetario, siempre escaso por cierto; también lo es en cuanto a recursos en general para afrontar la vida, en conocimientos, en experiencias. Las familias “productoras” de niños que van a vivir a las calles son, en general, numerosas, con dinámicas violentas, con antecedentes de alcoholismo, en algunos casos promiscuas, a veces con historias delincuenciales. Todo esto es más fácil que se dé en un grupo excluido económica y socialmente (los que “sobran” para la lógica del sistema) antes que en los sectores integrados. Lo dramático es que, con los actuales planes neoliberales, la población “sobrante” aumenta, y por ende sus niños, que son los que termina poblando las calles.

Establecidos en las calles es muy fácil que algunos se perpetúen allí. Y cuando esto sucede, cuando se cortan los vínculos con las familias de origen, la inercia lleva a que sea muy difícil salir de ese ámbito. Callejización, consumo de drogas y transgresión van de la mano. Un niño finalmente se queda a vivir en la calle porque escapa así a un infierno diario de violencia, desatención, escasez material. Recordemos que pobreza no es solo falta de dinero efectivo; es también, e igualmente, falta de posibilidades para el desarrollo; lo que, casualmente, se encontrara ante todo en los grupos más sumergidos por el sistema capitalista, en las infamemente llamadas “poblaciones excedentes”.

Son varias las instituciones que se ocupan del problema de los niños de la calle. Las públicas (“centros de reorientación de menores” oficialmente, en general reformatorios o cárceles) con una propuesta básicamente punitiva y en dependencia de dictámenes legales. O las no gubernamentales con proyectos de corte humanitario o caritativo. Pero más allá de buenas intenciones y diversidad de metodologías, el impacto de sus acciones es relativo; por supuesto que una atención puntual en algún caso, o un apoyo para la sobrevivencia ya es algo, o mucho. Y ni hablar de algún niño rescatado de esa situación y reubicado en otra perspectiva. De todos modos el fenómeno en su conjunto no se termina, por el contrario crece. Es más que claro que la caridad, la “buena intención” y la beneficencia no alcanzan ¡ni remotamente! para terminar con el problema. Esos son solo parches, remiendos superficiales, hipócritas en definitiva.

¿Por qué en Cuba no hay niños de la calle? ¡Porque hay socialismo! Porque hay un proyecto de sociedad con justicia, donde nadie “sobra”, donde la equidad efectivamente es un hecho. Cada niño durmiendo en una plaza o con su bolsa de pegamento es el síntoma de que algo anda mal en la base; taparse los ojos ante esto no soluciona nada. El capitalismo no quiere ni puede solucionar esto.


Los niños, el eslabón más débil de la cadena, son la esperanza de un futuro distinto; también los niños y niñas de la calle, por supuesto. Estigmatizarlos no servirá para contribuir a algo nuevo. La cuestión es encontrar las causas de todo esto: y la causa no es otra que un sistema basado en la explotación y la injusticia, en la diferencia de clases, en los privilegios de una pequeñísima minoría en contra de las grandes mayorías. Por eso, como dijo Rosa Luxemburgo, “¡socialismo…o barbarie!

En Camino Socialista No 26, julio-agosto, Época 1, Año 4
Fuente de foto: http://vocesquenosecuchan.blogspot.com/

domingo, 3 de septiembre de 2017

ESTADOS UNIDOS, LA AMENAZA PARA LA PAZ Y LA SOBREVIVENCIA DE LA HUMANIDAD

Desde el final de la intervención militar estadounidense en Corea (Guerra de Corea 1950-1953, con dos millones de muertos), en gran medida gracias al control sobre la OTAN y el consejo de seguridad de la Naciones Unidas, EEUU ha tenido prácticamente carta blanca para invadir e intervenir cualquier parte del mundo. Su política belicista y guerrerista le ha llevado a intervenir militarmente en más de 50 países –entre ellos Guatemala, 1954–; ha puesto y depuesto a gobiernos a su antojo y ha asesinado a más de 20 millones de personas. ¿Cuántos países ha intervenido militarmente Corea del Norte? Ninguno.

La constante agresión, bloqueo económico y las amenazas de EEUU a Corea del Norte (desde la división de Corea en dos repúblicas en 1945), agudizan el peligro de una guerra nuclear. No es precisamente la República Popular Democrática de Corea (RPDC), con el desarrollo de su programa nuclear como política defensiva, quien eleva la tensión en la región del Pacífico. Por el contrario, es la política belicista del imperialismo  estadounidense y sus aliados la que constituye una amenaza constante para la humanidad.

Mientras Corea del Norte (RPDC) ha insistido durante más de seis décadas en buscar salidas y propuestas para acordar un Tratado de Paz con EE.UU y la unidad de Corea, dividida arbitrariamente en 1945, la política de EE.UU se ha mantenido inalterada en sus pretensiones  de dominio y control de la región asiática y del Pacífico.

A pesar de ser la principal potencia nuclear del mundo y utilizar armas de destrucción masiva en las guerras imperialistas, EE.UU persiste en el chantaje belicista del uso de armas químicas y ensayos nucleares para ocupar, intervenir y desatar la guerra contra cualquier gobierno o régimen que no se pliegue a sus intereses de apropiación de los recursos y el control geopolítico y estratégico del mundo.  Prueba de esto son: el lanzamiento reciente, sobre el territorio de Afganistán, de “la madre de todas las bombas”;  los constantes bombardeos sobre Siria; la intervención militar en Irak; la guerra contra Libia, pese a un acuerdo sobre el desarme nuclear subscrito anteriormente con este país.

La presencia y movilización de aeronaves y activos nucleares (portaaviones, bombarderos pesados, aeronaves no tripuladas, misiles Tomahawk, cabezas nucleares, etc.)  en las bases aérea y militar de la isla de Guam (territorio en el Pacífico anexionado a EE.UU desde 1898, a partir de la guerra hispano-americana) y en la península de Corea, aumentan la tensión y el peligro de un estallido de guerra nuclear. Las declaraciones de Herbert McMaster (asesor de Seguridad Nacional de EE.UU.) y de Donald Trump a inicios de agosto, sobre una ofensiva militar (“guerra preventiva” y “multidimensional”) sobre Corea del Norte, son parte de la guerra mediática que amenaza y pone al borde de un estallido bélico global.

Las escasas pruebas nucleares de Corea del Norte, en su propio territorio, no son comparables con las más de 1000 pruebas realizadas por EE.UU., quien además tiene sembrado el Pacífico con innumerables cabezas nucleares. Mientras EE.UU. apoya con ayuda militar a regímenes y gobiernos belicistas, no adscritos al Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT),  como Israel y Pakistán, que han desarrollado potentes programas nucleares, afirma que Corea del Norte es una amenaza a la paz y a la seguridad. La historia no se puede olvidar: ¿Acaso no fueron los EE.UU quienes lanzaron en 1945, las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (Japón), ocasionando la muerte directa de 214,000 personas? 


El mundo no debe dejarse amedrentar más por la amenaza belicista el imperialismo estadounidense. Es urgente organizarse y luchar contra su política de intervención militar y ocupación en cualquier parte del mundo.


Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo
Partido Guatemalteco del Trabajo

 Editorial, Camino Socialista No 26, julio-agosto, 2017, Epoca 1, Año 4.

domingo, 13 de agosto de 2017

CONDENAMOS LAS DECLARACIONES DEL PRESIDENTE YANQUI DONALD TRUMP

¡NO A LAS PROVOCACIONES IMPERIALISTAS!
¡NO A LA GUERRA DE INTERVENCIÓN!

Rechazamos enérgica y categóricamente las declaraciones del presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump, con relación al posible uso de la fuerza militar contra la República Bolivariana de Venezuela.

Venezuela es una nación libre y soberana con un gobierno democráticamente electo, profundamente respetuosa de los derechos humanos y apegada por entero al derecho internacional. Posee, además, enormes reservas de petróleo, lo que la convierte en un botín apetecible para las grandes corporaciones multinacionales, estadounidenses en lo fundamental, que comercian con hidrocarburos. De ahí que, desde la llegada de la Revolución Bolivariana con su proyecto popular e antiimperialista, se ha ido manteniendo un sostenido acoso contra ese proceso, básicamente impulsado desde Washington.

El gobierno de Estados Unidos, ahora capitaneado por Donald Trump, ha sido la principal fuente de agresiones contra Venezuela, buscando por todos los medios terminar con el proceso revolucionario en marcha. Recientemente, el actual mandatario estadounidense manifestó que su gobierno no descarta el uso de la fuerza militar para, supuestamente, “restablecer la democracia” en el país (léase: asegurarse las cuantiosas reservas petroleras desconociendo la voluntad del pueblo venezolano y acabando con las transformaciones en curso).

La posible intervención militar de Estados Unidos representa una descarada intromisión en asuntos internos de otro país, constituyendo una abierta y absolutamente ilegal violación de toda norma jurídica internacional. Demuestra descaradamente su avidez imperial y su ignominiosa pretensión de apropiarse de recursos que no le pertenecen, pasando por sobre la voluntad de todo un pueblo, desconociendo valores elementales de paz, respeto y soberanía.

Es por eso que el Partido Guatemalteco del Trabajo, en total apoyo al pueblo y gobierno de la hermana República Bolivariana de Venezuela, denuncia con la más absoluta energía la pretensión de intromisión del gobierno de Estados Unidos, condenando terminantemente cualquier intento de injerencia en asuntos de un país soberano, y rechaza todo tipo de amenaza de uso de la fuerza militar.

Venezuela es libre y soberana
Venezuela se respeta

¡Viva el pueblo y el gobierno revolucionario de Venezuela!
¡Vivan los pueblos de la Patria Grande Latinoamericana!
¡Contra el imperialismo, contra la opresión capitalista, ¡por el socialismo!
¡Patria libre o morir!


Partido Guatemalteco del Trabajo
¡Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo!


lunes, 10 de julio de 2017

Estados Unidos contra Cuba

Por Felipe Tzoc

Cuba socialista es un ejemplo de dignidad para el mundo. Después de casi 60 años de verse sometida a todo tipo de acosos, bloqueos, agresiones, la Revolución sigue presente, robusta, dando excelentes resultados. Como dijo alguna vez Fidel Castro: “en el mundo hay 200 millones de niños de la calle; ninguno de ellos es cubano”. Más allá de errores que se deberán seguir subsanando, los logros del socialismo brillan por todos lados: Cuba tiene índices socioeconómicos de los mejores en Latinoamérica, en muchos casos, superiores a los de los más avanzados países capitalistas. Salud, educación, seguridad social, vivienda, investigación científica, cultura y deporte, son todos aspectos descollantes de la isla, aunque los excluyentes supermercados no están rebosantes de mercaderías y el consumismo voraz -que conocen solo unos pocos en Guatemala- no esté presente (mostrando así el presunto “desastre” del socialismo, tal como la propaganda capitalista lo quiere presentar). 

La derecha (la cubana en el exilio así como la internacional) vio en la desaparición física de Fidel el fin de la “dictadura comunista”. ¡Pero menudo chasco se llevó! La revolución ya se estableció hondamente, echó raíces y va mucho más allá de personas, de “líderes carismáticos”. El socialismo, en definitiva, debe ser eso: la construcción de una sociedad de iguales donde todos somos autoresponsables y no se depende de un “cacique” que conduce. Con o sin Fidel, la revolución sigue adelante. 

Los presidentes de Estados Unidos, en tanto representantes de la principal potencia capitalista mundial, con mayor o menor vehemencia, todos han intentado derrotar la revolución cubana, como “mal ejemplo” que no debía expandirse. Han hecho lo inimaginable para boicotear el proyecto socialista, pero las seis décadas de hostilidades no sirvieron para frenarla. De hecho, en la anterior presidencia de la Casa Blanca, del ex mandatario Barack Obama, viendo la inutilidad del bloqueo, optó por abrir las relaciones. El supuesto de esa acción, nunca declarado oficialmente, era minar la revolución desde dentro con la introducción del capitalismo: si no pudieron con ataques externos y bloqueo, se intentaría con un ataque desde lo interno, con un ataque a la moral revolucionaria (los famosos espejitos de colores).

Pero vemos ahora, no sin asombro, que el primer mandatario de Washington, Donald Trump, da marcha atrás con lo acordado por su antecesor apelando a un lenguaje provocativo, exigiendo “elecciones libres” (según el modelo capitalista burgués) y “libertad a los presos políticos”. ¿Por qué este cambio repentino? 

Si se analiza objetivamente la medida, puede apreciarse que en realidad no trae ninguna consecuencia política para Cuba. En realidad, la propuesta de Barack Obama había sido un tímido intento de abrir las relaciones bilaterales, gesto apreciado y correspondido por el gobierno cubano, pero que, al menos hasta ahora, no había cambiado en nada sustancial la tradicional política yanqui de ataque a la isla. Se habían comenzado a dar tibiamente algunas inversiones estadounidenses en territorio cubano ligadas al turismo, y se comenzaban a abrir los viajes de ciudadanos del país del Norte hacia el país caribe- ño (pero sin levantar el bloqueo, y sin quitar la provocativa base de Guantánamo). Retrotraer ahora las relaciones a un momento equiparable a los peores años de la Guerra Fría, según la medida de Trump, es un endurecimiento llamativo. Ello puede entenderse solo en la lógica de una situación doméstica, explicable desde la política nacional de Estados Unidos. 

En el corto tiempo transcurrido desde su ascenso, en enero del 2017, hasta la fecha, el magnate neoyorkino transformado en presidente ha tenido básicamente desaciertos en su accionar como mandatario. Peleas con el partido Republicano al cual pertenece, desencuentros con el Poder Legislativo, acusación de relaciones dudosas con el gobierno ruso (que le habría facilitado su llegada a la Casa Blanca), maniobras erráticas como el lanzamiento de un misil en Siria o la “madre de todas las bombas” en Afganistán (vacías e inconducentes acciones militares sin consecuencias reales), incumplimiento de las (irrealizables) promesas de campaña, como la repatriación de los capitales norteamericanos invertidos en el resto del mundo para devolver puestos de trabajo a los obreros estadounidenses o la construcción del muro en la frontera con México. Sus “metidas de pata” han colocado a Donald Trump en una situación difícil, incómoda. La prensa lo ataca, y su popularidad ha descendido en forma alarmante. 

Su falta de tacto político le ha llevado a cometer demasiados desaciertos en corto tiempo, lo que ya desde el inicio de su gestión le valió que un grupo de psiquiatras recomendara su remoción del cargo de presidente por “ineptitud mental”. Ante todo ello, la decisión de “mostrar los dientes” con una medida bravucona que deje ver que “tiene los pantalones bien puestos”, llevó a Trump a esta trasnochada medida de endurecer la posición hacia la revolución cubana. 

Está claro que, como tantos presidentes yanquis ante crisis internas, Trump apela a una maniobra “salvadora”, que le dé aire fresco y permita verlo como presidente enérgico: una declaración de guerra por aquí, una invasión por allá. La cuestión es levantar el nacionalismo con alguna acción de cortina de humo. El expediente de endurecer la política hacia Cuba con una retórica ya hoy abandonada no es más que un manotazo de ahogado. 

Insistímos: eso no trae ningún cambio sustancial en las relaciones bilaterales, y hasta incluso puede terminar favoreciendo a Cuba, que una vez más queda en el papel de víctima ante el gigante imperialista, lo que mueve a la solidaridad de la comunidad internacional. Pero sí demuestra que la victoriosa revolución cubana sigue siendo una insoportable piedra en el zapato para la geopolítica yanqui. 

Cuba sigue siendo un ejemplo de dignidad, y aunque la actual maniobra pueda parecer atemorizante, no hace sino elevar más aún la moral revolucionaria de los cubanos. Como comunistas nos oponemos terminantemente a esa injerencia de Washington en los asuntos internos de un país libre y soberano. 

¡Viva Cuba socialista!
¡No a cualquier maniobra injerencista del imperialismo!

Se fragua un golpe de Estado en Venezuela

Por Estuardo Arévalo

Si alguna vez usted creyó o sigue creyendo que en Venezuela estamos ante una dictadura, está muy equivocado. Todo lo contrario. 

Como si fuera una telenovela (género mediocre y barato, de consumo para las masas) desde el imperio de EEUU, desde las grandes empresas de comunicación mundial y desde la burguesía venezolana y sus medios de difusión se construye un relato donde los malos están en el bando de la Revolución Bolivariana y los buenos son los terroristas de la oposición que pretende derrocar al gobierno popular, revolucionario y legítimamente electo de Nicolás Maduro.  

Pero desnudemos el libreto de esa mala telenovela. 

¿Quién es la oposición venezolana? La oposición es dirigida por una oligarquía y sus comparsas partidarias, quienes pertenecen al antiguo régimen que parasitaba a partir del saqueo del petróleo y demás recursos del Estado venezolanos. Esta oposición es la heredera de los partidos y de la clase dominante que ejecutó la masacre durante el llamado Caracazo en 1989. En su búsqueda por derrocar a Nicolás Maduro, esa oligarquía y esos partidos políticos de derecha han encontrado en la jerarquía católica un cómplice ideal, lo que nos recuerda a los guatemaltecos aquella iglesia católica que fue co-responsable del golpe de Estado contra Jacobo Árbenz Guzmán (1954) y de la masacre contra miles de guatemaltecos durante los años posteriores. 

El objetivo de esta oposición es recuperar para la oligarquía y el imperio yanqui el control del Estado, el cual perdieron con el ascenso de Hugo Chávez Frías al poder en 1999. Esto, porque al no controlarlo han perdido la posibilidad de saquear los recursos públicos y los bienes naturales que hacen parte de las enormes riquezas venezolanas. 

Para lograr su objetivo han desplegado una estrategia consistente en constantes intentos por fraguar un golpe de Estado. De hecho, el 20 de junio, la dirigencia golpista ha vuelto a declarar su “desconocimiento del gobierno de Maduro”, lo cual no significa otra cosa que su pretensión por derrocarlo. 

Pero cuáles son las principales acciones que integran esa estrategia de la derecha local e internacional contra la Revolución Bolivariana. 

1. A través de los medios de comunicación con mayor difusión a nivel local e internacional, las oligarquías de toda América Latina y EEUU, realizan una campaña de mentiras, a través de la cual intentan que las grandes masas vean en la oposición a grupos democráticos y héroes que defienden las libertades y la democracia. Al mismo tiempo, pintan al gobierno de Nicolás Maduro como un dictador y como un gobierno represivo, que intenta dar un golpe de Estado. Para esto, realizan montajes de noticias, difunden solo las versiones de la oposición y ocultan los actos terroristas que esta realiza. Existen programas, principalmente en televisoras latinas estadounidenses –en manos de empresarios de extrema derecha–, dedicados permanentemente a promover esa versión falsa de la realidad venezolana. Así mismo, han activado la llamada Sociedad Interamericana de Prensa, es decir, el mayor cartel de empresarios de medios de prensa masivos de Latinoamérica para concertar una misma versión de los hechos. Siendo que también controlan empresarialmente el Twitter y Facebook, impulsan campañas publicitarias orquestadas para promover a la oposición, defenestrar al chavismo y, por esa vía, convocar a manifestaciones terroristas. En esta campaña han sumado, además, a una casta de malos artistas con presencia mediática, quienes pretenden mover el sentimiento de las masas en apoyo a la oposición y en favor del derrocamiento del presidente Maduro. 

2. Desarrollan acciones de permanente sabotaje económico. Esto solo la oligarquía podría hacerlo porque controla aun la economía venezolana. Eso lo realiza a través de la manipulación del precio del dólar, la merma de la producción, la importación y el abastecimiento de alimentos y bienes de consumo diario, el bloque de carreteras para que los insumos y alimentos no lleguen hasta las viviendas de las clases populares. Lo que pretenden con esto es generar descontento social contra el gobierno de Nicolás Maduro, sin lograrlo, tal como en 1973 lo hicieron con Salvador en Chile. 

3. A través del parlamento que controla oposición, han intentado destituir al presidente y pretendido legitimar e institucionalizar el golpe de Estado, empeño en el cual han fracasado porque se enfrentan a las disposiciones constitucionales y a la falta de apoyo popular para lograrlo. 

4. Activación de sus operadores en el Tribunal Supremo de Justicia y en la Fiscalía para activar medidas jurídicas para la destitución del gobierno, para impedir la asamblea constituyente que será elegida el 30 de julio y para proteger a sus hordas opositoras que han sido capturadas por hechos de terrorismo. 

5. Activación de hordas fascistas que asesinan y atentan contra hospitales, guarderías, colegios, transporte de alimentos, infraestructura petrolera, energética y de instituciones públicas. Hordas fascistas dirigidas por líderes opositores y financiados por fundaciones y agencias estadounidenses. En estas han involucrado no solamente a opositores de derecha, provenientes de la misma burguesía, sino también a pandilleros, niños engañados y paramilitares colombianos, como ha quedado demostrado. 

6. Se han negado a todo mecanismo de diálogo y de participación democrática. Reiteradamente se han negado a dialogar, aun cuando presidentes y el mismo Papa Francisco, han intervenido como mediadores. Buena parte de la oposición, además, en lugar de inscribir a sus candidatos para la elección de la nueva constituyente, han preferido declararla inconstitucional y antidemocrática –aun cuando es un hecho de profundo contenido democrático–. A pesar que existe ya un calendario para elegir gobernadores (diciembre de 2017) y al nuevo presidente de la república (2018) como ha sido su exigencia, contradictoriamente con la constitución, la oposición venezolana desconoce estos procesos y exigen elecciones de nuevo presidente de forma inmediata. Ante el fracaso de los anteriores mecanismos en su objetivo de derrocar al chavismo con una especie de “revolución de colores” como las que han sido promovidas en Europa del este y en países de África y Asia, en las cuales lograron la complicidad de las fuerzas armadas y la movilización de amplias masas de ciudadanos - que en el caso venezolano siguen fieles al gobierno revolucionario de Maduro-, el imperio yanqui y las oligarquías latinoamericanas han impulsado una estrategia de intervencionismo e injerencia que se corrobora en los planes Sharps y Venezuela Freedom 2 del Departamento de Estado de EEUU. 

Al no lograr el derrocamiento del presidente democrático y legítimo de Nicolás Maduro, el imperio, las oligarquías latinoamericanas y la oposición, apuestan por crear un clima de crisis y violencia que asemeje una situación de violación de derechos humanos y de guerra civil para justificar una intervención extranjera. Para ello se ha dado continuidad al financiamiento de las acciones de desestabilización y terrorismo. De no lograrlo, ha planeado una invasión del territorio venezolano. En esta búsqueda están desarrollando las siguientes líneas: 

1. Despliegue de acciones diplomática para lograr aislar, sancionar e intervenir Venezuela desde distintos espacios multilaterales, como la Organización de Naciones Unidas (ONU) donde esta búsqueda ha sido derrotada. Así mismo, en la Organización de Estados Americanos (OEA), que tradicionalmente ha sido un ministerio de colonias del imperio yanqui, a través de la gestión y ataque oficioso de Luis Almagro, secretario de la misma, y de varios de gobiernos derechistas como los de México, Brasil, Argentina, Honduras y Guatemala, han pretendido sin éxito activar la Carta “Democrática” que abriría un marco de “legalidad” para la intervención, inclusive militar, contra Venezuela. 

2. Despliegue de armas y tropas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para intentar intimidad y crear un cerco marítimo estratégico contra Venezuela, que se complementa con la ocupación que el imperio yanqui mantiene en territorio colombiano. Esto se intensificó durante el mes de junio y podría ser un paso en la búsqueda por generar una fuerza militar de oposición o por invadir el territorio venezolano. 

3. De no lograr que la estrategia surta efecto, el paso extremo sería una intervención militar directa, encabezada o dirigida por Estados Unidos y seguramente acuerpada por Estados como el colombiano, dirigido también por una oligarquía apátrida e íntimamente relacionada con el gran negocio del narco. 

La estrategia injerencista, fascista y golpista de la 6 Camino Socialista oposición venezolana, bajo la dirección de la oligarquía local y del imperio estadounidense, ha sido un fracaso hasta el momento. Esto se debe a la movilización popular revolucionaria, la conducción revolucionaria, la lealtad de las fuerzas armadas y la configuración de un grupo de países amigos que, con coherencia, se han opuesto a cualquier acción injerencista e intervencionista contra Venezuela. 

En este momento resulta fundamental para avanzar en la derrota de la oposición venezolana y la injerencia imperialista de EEUU, el llamado al proceso constituyente, a través del cual ha instalado un ejercicio soberano y profundamente participativo y democrático para consolidar los cambios revolucionarios que han beneficiado a las grandes mayorías del pueblo venezolano. 

Ante la violencia fascista y terrorista opositora y la injerencia imperialista, lo que se observa en Venezuela es mayor participación, más democracia, más beneficios populares, más cambios revolucionarios.

Camino Socialista No 25, junio 2017 Época I año 4 

¡Indigna la política exterior de Guatemala!

Del protectorado llamado Guatemala


Una de tantas ejecutorias del Estado de Guatemala y del gobierno de Jimmy Morales, es su decisión de ser comparsa en la búsqueda por intervenir en los asuntos de la República Bolivariana de Venezuela.

Nuevamente, el 20 de junio en ciudad de México, la representación de Guatemala en la Organización de Estados Americanos (OEA), votó a favor de una resolución promovida por Estados Unidos y por su peón, el señor Luis Almagro, que pretendía legitimar la injerencia e intervención en el proceso venezolano. Apoyó un documento que hace parte de la estrategia de la derecha que implementa acciones fascistas y que pretende un golpe de Estado contra el presidente constitucional, Nicolás Maduro.

Cómo cuestión de principios, la representación digna de Venezuela, defendió exitosamente esta intentona imperialista y servil de gobiernos como el guatemalteco.

Camino Socialista No 25, junio 2017 Época I año 4 

El anticomunismo: una ideología criminal

Por Antonio Castillo

El anticomunismo, como ideología propagada por Estados Unidos como el principal oponente de las corrientes socialistas y comunistas a nivel global, irradió de tal manera que en cada contexto adquirió características propias. 

En Guatemala, esta ideología empezó a enraizarse como dominante especialmente con la dictadura de Jorge Ubico (1930- 1944), cuya política implicó el encarcelamiento y asesinato de comunistas así como de otros luchadores sociales que reivindicaban sus derechos económicos, sociales y políticos. 

Al triunfar la Revolución Democrática en 1944, la ideología anticomunista continuó siendo abanderada principalmente por la clase dominante y la jerarquía católica en su enfrentamiento contra los gobiernos revolucionarios, contra toda organización y lucha de la clase trabajadora del campo y la ciudad y contra los cambios que durante diez años se promovieron en favor de las grandes mayorías. Estas ideas constituyeron el principal constructo ideológico que articuló a fuerzas económicas, eclesiales y militares, que bajo la dirección de Estados Unidos, ejecutaron el golpe de Estado contra el presidente Jacobo Árbenz Guzmán e instauraron a partir de 1954 sucesivos gobiernos que compartieron una orientación común: persecución y aniquilamiento de los comunistas, que para ese momento incluía a los comunistas pero también a toda organización política y social que hubiera sido apoyo al gobierno revolucionario y a toda reivindicación y lucha social. Miles fueron las acciones y los crímenes de gobiernos y fuerzas económicas y políticas que después de 1954 ejecutaron la política anticomunista: amenazas, encarcelamiento de luchadores sociales, torturas, detención y desaparición forzada, violación de niñas y mujeres, y asesinato de miles de guatemaltecos y guatemaltecas en los primeros años de la contrarrevolución anticomunista. 

El anticomunismo fue la ideología que sirvió para justificar la represión contra la organización popular, sindical, campesina, indígena, estudiantil e intelectual. Así mismo, para enfrentar al movimiento revolucionario que, como reacción, intentó por la vía armada derrocar al anticomunismo. 

El anticomunismo, alimentado desde el exterior por Estados Unidos en su guerra contra el avance de los procesos revolucionarios, se convirtió en la ideología predominante, que fue inculcada en el pensamiento de la población guatemalteca. Esta fue la ideología que continuó siendo el asidero para legitimar innumerables crímenes, inclusive crímenes de lesa humanidad, como el genocidio, demostrado fehacientemente además por sendos informes de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico y el Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi). 

Por esto afirmamos que el anticomunismo fue y es una ideología criminal, que hoy se expresa en políticas y acciones fascistas que emanan de las clases dominantes, de los Estados capitalistas y de grupos políticos derechistas. Continuar reproduciendo el anticomunismo es complicidad con lo que fue, es y puede llegar a ser en las políticas criminales y terroristas contra la organización social y política progresista o revolucionaria de nuestros pueblos. 

Camino Socialista No 25, junio 2017 Época I año 4 

ASÍ ACTÚA EL ESTADO CAPITALISTA AHORA

Editorial
Camino Socialista No 25

La burguesía y su Estado guardián de sus negocios, promulgan leyes y políticas para lograr el crecimiento exponencial de sus ganancias, a costa de la explotación y opresión de las clases trabajadoras y del deterioro alarmante de sus condiciones de vida. 

Esto se expresa en leyes que garantizan una mayor flexibilidad laboral. Que se traduce en legalizar lo que empresarios ya realizan: contratación por horas o por algunos cuantos meses o por quincenas alternas, pagando en el campo salarios muy bajos de hasta 25 quetzales el jornal. Sin garantías de condiciones dignas de trabajo, sin seguridad social y sin prestaciones laborales. El 90% de los/as trabajadores/as no reciben el salario mínimo legalmente constituido (en zona urbana el 50% no recibe salario mínimo y en zona rural el 90% no lo recibe tampoco). Eso representa uno de los principales factores que imposibilitan la organización sindical que garantice una mínima defensa de los intereses de las clases trabajadoras guatemaltecas. 

También se expresa en leyes y resoluciones judiciales que garantizan el saqueo y expolio de los bienes comunes como los ríos, lagos, subsuelo y extensas porciones de tierras, en donde construyen hidroeléctricas, desvían corrientes de agua, extraen minerales y metales preciosos, y siembran extensos monocultivos. Los capitalistas agreden brutal y fatalmente a la naturaleza. Por otro lado, se recetan normas que no impiden que una empresa pueda apropiarse de un río para sus propios usos, privando del agua a miles de comunidades. Se aseguran legalmente la cesión de cualquier territorio para ser explotado por empresas mineras, petroleras, hidroeléctricas y telefónicas.

Se garantizan resoluciones que permiten que los proyectos extractivos continúen su ejecución a pesar de romper la propia legalidad estatal, por medio de lo cual continúa la invasión a territorios rurales ladinos e indígenas, con la consecuente expulsión de sus habitantes. Oportunistamente, recién, el CACIF presentó su particular propuesta de ley de aguas al Congreso de la República, con el nefasto objetivo de legalizar el despojo histórico de las aguas realizado por los finqueros y los dueños de la agroindustria. 

Está claro cómo el Estado burgués protege los intereses de su minoría clasista antes que cualquier interés de las mayoritarias clases trabajadoras. Los organismos del Estado y la Corte de Constitucional actúan fundamentalmente para proteger los intereses de la burguesía explotadora y opresora, de su capital y el de las empresas imperialistas transnacionales. 

En este marco, enfrentar los avances del capital requiere profundos esfuerzos organizativos y políticos de las clases trabajadoras. Es urgente y necesario retomar el movimiento sindical clasista y revolucionario, y dar las batallas, económicas, políticas e ideológicas contra la burguesía, su oligarquía y el imperialismo. LA UNIDAD DE LAS EXPRESIONES ORGANIZATIVAS DE LAS CLASES TRABAJADORAS ES INDISPENSABLE PARA ACTUAR COMO UN SOLO PUÑO QUE DERRIBE AL ESTADO BURGUÉS. 

Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo 
Partido Guatemalteco del Trabajo