domingo, 5 de febrero de 2017

Un año de Jimmy Morales y no hay ningún cambio

Por Hipólito Rivas

Llegamos al año del cambio de gobierno, con la asunción de Jimmy Morales como presidente, y no hay ninguna modificación para nosotras y nosotros, la clase trabajadora.

Esto demuestra que el mandatario de turno no es el que realmente marca el rumbo de las cosas: son los poderes económicos, los verdaderos dueños del país, aquellos a quienes enriquecemos con nuestro trabajo diario. El presidente es un administrador temporal, que recibe órdenes al oído, y las cumple. En este caso, los que efectivamente dan esas órdenes son los grandes empresarios del CACIF (poderosos terratenientes, banqueros, dueños de grandes empresas) y el gobierno de Estados Unidos, que sigue haciendo de nosotros, al igual que toda Latinoamérica, su patio trasero.

El sector militar, ahora con menor presencia política desde terminada la guerra, sigue siendo también un importante factor de poder, con un inocultable desarrollo económico que le posibilitó el manejo del aparato estatal contrainsurgente años atrás, y que redundó en negocios turbios, pero muy lucrativos, como el narcotráfico, el contrabando, las agencias de seguridad privada, la venta de armas, entre otros. Ese sector, de conducta mafiosa, también le habla al oído al presidente, y tiene una fuerte influencia en sus decisiones.

Y también están las corporaciones multinacionales, en este momento en buena medida dedicadas al negocio del extractivismo: hidroeléctricas, minería, monocultivos para  exportación. Estos sectores dan muchas órdenes al oído. Pero a veces ni siquiera al oído, sino que gritan. El gobierno les cumple ordenadamente.

Todos esos grupos corporativos son los que mandan realmente. El pueblo, el votante al que se le engaña cada cuatro años haciéndosele creer que decide algo, es el convidado de piedra en todo esto. Con Jimmy Morales se nos quiso hacer creer que llegaban aires frescos y no corruptos a la política. ¡Gran estafa! Las prácticas corruptas y clientelares, el arreglo de negocios en intrigas palaciegas, las conductas mafiosas siguen enraizadas en la clase política. El problema de base sigue siendo la injusta forma en que se reparte nuestra riqueza.

Un mísero aumento salarial a fines de año no arregla en absoluto nuestra situación. Quien tiene la dicha de tener trabajo, cobra como salario mínimo la tercera parte de lo que debería ser la canasta básica. Que quede claro: ¡es con nuestra explotación como trabajadores que la clase dominante construye su bienestar y mantiene cuantiosos lujos! El problema no está en un desvío de fondos de un funcionario de gobierno, en el robo del erario público: eso es anecdótico y menor. No es justificable de ningún modo, por supuesto, ¡pero no está ahí el motivo de nuestros males como trabajadores, como desempleados, como explotados!

Ayer y hoy, y como van las cosas, también lo que seguirá en los próximos años de gobierno  del actual presidente, nos muestra siempre lo mismo: la clase trabajadora (en el campo o en la ciudad, cualquier tipo de trabajador) somos siempre los perjudicados, ¡porque nos explotan! Nuestro trabajo es el que produce la riqueza que se apropian los ricos. Por eso debemos organizarnos: no sólo para reclamar aumento de salarios, no solo para exigir frenar la corrupción, sino para ¡transformar revolucionariamente la sociedad!

La Revolución Socialista nos sigue esperando. ¡Unámonos y organicémonos que el futuro es nuestro! Solo el Socialismo podrá poner fin a nuestros males, camaradas.


Camino Socialista, enero 2017  Época I  Número 20  año 4