martes, 7 de marzo de 2017

POR UN OCHO DE MARZO REVOLUCIONARIO

Este 8 de marzo se conmemora el 107 el aniversario de la proclamación del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, a propuesta de Clara Zetkin en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910. Luego, en medio de la primera guerra mundial imperialista, el 8 de marzo de 1917, miles de mujeres trabajadoras rusas de Petrogrado se declararon en huelga pidiendo paz y trabajo, e incitaron a las masas de campesinos y obreros, y al ejército revolucionario a unirse y levantarse contra el zarismo, que cayó siete días después (el 15 de marzo de 1917).

Se inició así la revolución social más grande del siglo XX (la revolución rusa), que inspiraría y marcaría las luchas campesinas, obreras y de liberación nacional en todo el mundo.

A pesar de las grandes luchas y batallas protagonizadas por las mujeres a lo largo de la historia y de algunas conquistas dentro de los Estado burgueses y semicoloniales, la cuestión de la igualdad y equidad no ha podido ser resuelta dentro del capitalismo. Por el contrario, hoy más que nunca sigue vigente el ideal comunista de un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

La agudización de las contradicciones del capitalismo imperialista, en su desarrollo  neoliberal y guerrista actual contra la clase trabajadora y las naciones y los pueblos oprimidos, genera también la agudización de las contradicciones del patriarcado, como sistema de dominación que ha servido históricamente para la acumulación de riqueza. Mantener a la mujer (y hoy a otras expresiones de diversidad sexual), en condiciones de opresión, sobreexplotación, racismo y discriminación por diversos motivos (étnicos, religiosos, sexuales, etc.) e ideologías, es una forma más de reproducción del capitalismo.

El capitalismo en su fase imperialista actual implica la acumulación de capital mientras que se conservan y reactualizan muchos de los rasgos tradicionales del patriarcado  con el desarrollo de nuevas y más agresivas formas opresión en contra de las mujeres.  Esto se expresa, en primer lugar, en diversas y atroces formas de violencia, como la mutilación genital, los abusos y violaciones sexuales, el matrimonio forzado y a temprana edad, el secuestro, la trata, la esclavitud sexual y laboral, el rapto y violaciones masivas de niñas y mujeres que se convierten en botín de guerra, o el femicidio, que va en aumento con cifras alarmantes a nivel mundial. Guatemala, en ese sentido, ocupa el segundo lugar en el mundo en femicidio.

Esta actualización capitalista del patriarcado también se expresa en el asesinato de activistas y luchadoras que se oponen a la nueva ola de colonización de los cuerpos de las mujeres, a su mercantilización y a la ocupación y usurpación de las tierras y territorios de las comunidades y pueblos originarios por las grandes corporaciones internacionales, en alianza con las oligarquías y las burguesías locales/regionales. Tal es el caso de nuestra compañera ambientalista Bertha Cáceres, asesinada el 3 de marzo de 1916 en Honduras.

Las mujeres hoy en el mundo (más de la mitad de la población), concentran solamente un 10% de la renta mundial. Son las que más sufren la pobreza, la marginación y la sobreexplotación laboral en todos los rubros de la economía, con una brecha salarial del 25% con relación a los hombres. Al mismo tiempo, son aún las principales encargadas del trabajo reproductivo y doméstico que también genera un plus valor al capital.

Además de ser las que menos gozan de los derechos laborales, las mujeres son quienes primero confrontan la contracción del mercado de trabajo y las políticas de flexibilización laboral (que han tendido a agudizar la crisis del capitalismo), pues son las primeras expulsadas de sus puestos de trabajo.  Recluidas nuevamente en el ámbito doméstico, no tienen más opciones que migrar a los centros urbanos o al extranjero, con baja remuneración salarial.

Por si esto fuera poco, la reacción a las luchas emancipadoras de las mujeres a lo largo del planeta y en nuestro país, ha sido desplegar toda una ideología ultraconservadora para garantizar la fetichización y  deshumanización de las mujeres y la conversión de las mujeres en botín de esta guerra declarada del capitalismo y el patriarcado en contra ellas. En especial, las mujeres “no-blancas” sufren opresión de clase, “color”, origen étnico, y también por credo religioso y/o orientación sexual.

Con la llegada a la Casa Blanca de un personaje racista, ultramachista y misógino como Donald Trump, las políticas reaccionarias impuestas en varios países por el imperialismo norteamericano, legitiman la violencia en contra de las mujeres (tanto en el ámbito público como en el privado) y criminalizan las decisiones sobre su cuerpo.  Se refuerza la doble moralidad en torno a la cuestión de la mujer. Como acaba de ocurrir en nuestro país con la llegada a aguas internacionales del buque “Women on Waves”, instituciones del Estado como el Congreso y el Ejército, contribuyen a restringir las libertades de las mujeres y su derecho a  la emancipación política y a la dispoisición de sus cuerpos.

El movimiento global por la emancipación de la mujer contra la opresión patriarcal, el capital y la violencia con la que arremete el imperialismo, se sitúa en el centro de los movimientos de masas y de los pueblos en resistencia, tanto en los países imperialistas como en las naciones oprimidas. Como se puso de manifiesto un día después del ascenso de Trump, millones de mujeres del mundo se lograron aglutinar en una movilización global.

Este 8 de marzo, cuando conmemoramos el centenario de la revolución rusa, son nuevamente las mujeres de más de cuarenta países (incluidos Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica) quienes convocan a un paro internacional laboral:

*contra el patriarcado, el capitalismo, el imperialismo, la sobre explotación laboral y sexual y la mercantilización de los cuerpos de las mujeres;

*contra la explotación y desvalorización del trabajo doméstico, la inseguridad laboral y la brecha salarial entre hombres y mujeres;  

*contra la violencia económica, financiera, étnica/racial, machista, sexual, psicológica, el femicidio, la trata, y otras formas de violencia que sufren millones de mujeres en el mundo y en nuestro país;  

*contra la discriminación, el racismo, la misoginia, la xenofobia, la transfobia, la islamofobia, y otras fobias, que sufren en especialmente las mujeres negras, afrodescendientes, indígenas, musulmanas, migrantes, refugiadas y de los grupos y colectivos de la diversidad sexual;

*contra la represión, actos intimidatorios y represivos, y la impunidad en que se mantienen la mayoría de los crímenes, violaciones sexuales y de los derechos conquistados históricamente de las mujeres trabajadoras, migrantes, y luchadoras sociales y ambientales;

*contra las políticas y acciones intimidatorias y represivas  contra las defensoras de la vida, la tierra, el territorio y la naturaleza, protagonizadas por las grandes transnacionales, que buscan apropiarse de los recursos naturales en contubernio con las oligarquías locales y sus aparatos asesinos;

¡Por la autodeterminación de las mujeres frente a las diversas violencias y opresiones del patriarcado y el capital!
¡Por un mundo donde seamos socialmente iguales!


partido guatemalteco del trabajo
¡Por Guatemala, la Revolución y el socialismo!

Editorial, Camino Socialista, febrero 2017  Época I  Número 21  año 4.