viernes, 30 de junio de 2017

¡NADA QUE CELEBRAR! ¡JORNADA DE LUCHA Y RESISTENCIA CONTRA EL EJÉRCITO ASESINO Y PATRIARCAL!

El 30 de junio de 1871 el ejército liberal entra a la Ciudad de Guatemala y se nombra a Miguel García Granados como presidente privisional, poniendo en marcha la llamada "Reforma Liberal de 1871". En 1873 es elegido como presidente Justo Rufino Barrios, quien sigue la línea e García Granados. Con ello inicia toda una política de Estado, policial y militarizado, de robo de tierras, explotación laboral y de bienes naturales de los pueblos indígenas y campesinos pobres, que persiste hasta el día de hoy. Se sientan las bases del actual Estado guatemalteco, que se caracteriza por su militarización, el racismo, la violencia patriarcal, la homofobia y la misoginia.

En 1954, la intervención de EEUU en apoyo a la United Fruit Company, la oligarquía y el sector del ejército más reaccionario, apagaron las luces de la transformaciones económicas y políticas que se empezaron a gestar durante el "decenio democrático". Cinco años más tarde Miguel Idígoras Fuentes estableció el 30 de junio como día de celebración del ejército. Mientras tanto, se configura un Estado anticomunista y contrainsurgente, con entrenamiento militar en la Escuela de las Américas, que hizo a la institución militar experta en torturas, ejecuciones extrajudiciales y exterminio de los considerados "elementos subversivos" del orden tradicional establecido, lo que finalmente se extendió a la mayor parte de la clase trabajadora, la población pobre e indígena del país.

Los consecutivos gobiernos militares y su presencia territorial en toda la república, dominaron gran parte de la vida política del país y de la segunda mitad del siglo XX. Durante más de cuatro décadas ejecutaron sistemáticas violaciones a los derechos humanos, en contra de los pueblos y comunidades indígenas y en contra de las mujeres de todas las edades, incluyendo bebés y niñas. Durante estos años, el ejército convirtió a las mujeres en armas de guerra. Cometió innumerables atrocidades y vejámenes en contra de nosotras, incluyendo: torturas, asesinatos, desapariciones forzadas, secuestros, violaciones sexuales, y esclavitud sexual y laboral, las cuales en su mayoría siguen en la impunidad.

Los Acuerdos de Paz (1996) obligan al retorno del ejército a los cuarteles, y a desempeñar funciones para garantizar la libertad, la soberanía, la democracia y la paz. A pesar de lo anterior, la depuración del ejército no ha sido total, elementos de la institución siguen violando los derechos humanos, se mantienen los destacamentos militares, patrullan en las calles y reciben entrenamiento militar extranjero. Un importante sector del ejército del país se ha convertido en parte de las clases dominantes a través de la usurpación de tierras, el despojo a los pueblos y a los campesino, la inserción en diferentes negocios y redes ilícitas de contrabando. Los veteranos retirados son un importante grupo de presión, influencia política y mantienen su línea dura y anticomunista. Asimismo, el ejército ha incursionado en el ejecutivo y el legislativo, cometiendo diversas ilegalidades (como son los casos de Otto Pérez Molina y Mauricio López bonilla)

La historia ha querido ser borrada, se niega el genocidio y las violaciones sistemáticas del ejército en contra de nosotras, las mujeres, y con ello se pretende crear toda una generación desmemoriada. Por ello y con el ánimo de recuperar nuestra memoria nosotras las mujeres NO OLVIDAMOS Y NO PERDONAMOS las injusticias y atrocidades cometidas por el ejército de Guatemala.

Hoy 30 de junio, no tenemos nada que celebrar. Es jornada de resistencia y lucha contra el poder militar y patriarcal; por la desmilitarización de nuestros cuerpos y nuestros territorios, por la demilitarización del Estado y de la sociedad. Es jornada para la Memoria, Verdad y Justicia.

Recordamos de manera especial a las 42,275 víctimas de la violencia armada en Guatemala, a las mujeres violadas y torturadas por manos de soldados bajo la orden  de sus jefes como lo evidencia el caso de nuestras hermanas de Sepur Zarco.  Tampoco olvidamos a mujeres como Mamá Maquín, Rogelia Cruz, María Chinchilla, a las víctimas de la masacre de Río Negro, donde en 1982 el ejército mató a 177 indígenas.

Hoy también queremos reconocer el incansable trabajo de las mujeres madres que perdieron a sus hijos e hijas, así como a las hermanas (como Aura Elena Farfán y Marylin Bustamante) que siguen buscando a sus familiares desaparecidos, que lucharon y siguen en la batalla por la construcción de una Guatemala más humana. A las mujeres sobrevivientes y aquellas que hoy luchan aún por construir una mejor sociedad a pesar del riesgo que implica esta lucha.

Ante un Estado racista, patriarcal, homofóbico y misógino, nosotras las mujeres decimos BASTA DE CELEBRAR A QUIENES NOS HAN QUERIDO DESAPARECER como sujetas de la historia. No permitiremos un tercer despojo porque 500 años no han bastado para desaparecernos.

¡Por la autodeterminación de las mujeres frente a las diversas violencias y opresiones del patriarcado y el capital!

¡Por un mundo donde seamos socialmente iguales!

¡Por la revolución socialista!

COMITÉ DE MUJERES COMUNISTAS "ROSA LUXEMBURGO"
PARTIDO GUATEMALTECO DEL TRABAJO
PGT

domingo, 4 de junio de 2017

Lucha de clases en Venezuela

Nuestra apoyo decidido a la Revolución Boliviariana

La escalada en el enfrentamiento que sacude a la República Bolivariana de Venezuela requiere claridad y decisión política para apoyarla.  

En Venezuela existen dos fuerzas políticas enfrentadas.

La primera fuerza política está integrada por fuerzas revolucionarias que han logrado -no sin dificultades y errores- mantenerse en el control el Estado, encabezados por Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro. Son fuerzas que han logrado avanzar en transformaciones importantes de beneficio para el pueblo venezolano, aunque insuficientes para trascender hacia un nuevo régimen económico, social y político. Son fuerzas cuya extracción social y proyecto político recupera anhelos, propuestas e intereses procedentes del pueblo trabajador, que hasta la llegada del bolivarianismo al poder, había estado excluido en todo sentido. A esta fuerza pertenece el Partido Comunista de Venezuela, el cual ha estado manteniendo una actitud crítica al mismo tiempo que haciendo propuestas revolucionarias y desarrollando acciones comprometidas con este proceso revolucionario.

La segunda fuerza política está dirigida por la burguesía venezolana y las organizaciones políticas de derecha y reaccionarias desplazadas del poder en 1999. Esta fuerza ha mantenido una estrategia de desgaste y guerra social, económica, ideológica, política y militar, acuerpada por las oligarquías y derechas latinoamericanas, y dirigida por el imperio estadounidense, sus instrumentos regionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y sus operadores lacayos como Luis Almagro secretario general de la misma. Esta fuerza política está tratando que la confrontación se agudice, para lo cual desarrolla una estrategia contrarrevolucionaria en la cual arrastra a una minoría en tácticas violentas al mismo tiempo que realiza una campaña entreguista en el campo internacional.

El plan del imperio yanqui, orientado a desestabilizar la Revolución Bolivariana, hace uso de guarimbas terroristas responsables de la violencia fascista que incluye asesinatos,  quema de edificios y transportes públicos, la destrucción y saqueo de pequeños comercios, la destrucción de monumentos, atentados en hospitales infantiles, maternidades y centros educativos, etc.  Además, en el poder legislativo, controlado por estas fuerzas de derecha fascista, están tratando de imponer un curso que atenta contra la constitución política, para desgastar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro y su estrategia de avanzar hacia una nueva Asamblea Nacional Constituyente. Este plan pretende instaurar un ambiente de guerra civil, que justifique una intervención militar del imperialismo estadounidense.

Es claro que la salida a la crisis no será solo política, porque el imperio de EEUU y la burguesía venezolana pretenden escalar hasta el enfrentamiento militar.  Su objetivo es derrocar y aniquilar al gobierno y al proceso revolucionario venezolano. Su propósito es recuperar el control del Estado y, por consiguiente, de las enormes riquezas que posee Venezuela. Por eso es acertada la estrategia política de movilización social y apertura de un nuevo proceso constituyente para que por la vía del poder popular originario se logre contener la ofensiva fascista e imperialista.

Venezuela nos recuerda a la Guatemala de 1954. Burguesía y jerarquía de la iglesia católica, dirigidos, asesorados, financiados por el imperio yanqui, están  en campaña para truncar este proceso democrático y revolucionario. Sin duda, los revolucionarios y el pueblo bolivariano –que a diferencia de Guatemala incluyen a unas fuerzas armadas revolucionarias– serán capaces de derrotar esta intentona fascista. En esta lucha, los revolucionarios guatemaltecos y los comunistas en particular, no podemos sino aumentar nuestras acciones solidarias, con todos las capacidades y recursos a nuestro alcance, puesto que en Venezuela está en juego la continuidad de la coyuntura democrática, progresista y revolucionaria en Latinoamérica, frente a los intentos de restauración fascista con todos sus consecuencias: persecución política, asesinatos, desapariciones forzadas, masacres, etc.

Ante la lucha de clases que hoy se vive en Venezuela, los comunistas guatemaltecos  tenemos claro que nuestro deber debe ser apoyar la Revolución Bolivariana ante la agresión burguesa e imperialista.

Camino Socialista, mayo 2017  Época I  Número 24  año 4