lunes, 10 de julio de 2017

Estados Unidos contra Cuba

Por Felipe Tzoc

Cuba socialista es un ejemplo de dignidad para el mundo. Después de casi 60 años de verse sometida a todo tipo de acosos, bloqueos, agresiones, la Revolución sigue presente, robusta, dando excelentes resultados. Como dijo alguna vez Fidel Castro: “en el mundo hay 200 millones de niños de la calle; ninguno de ellos es cubano”. Más allá de errores que se deberán seguir subsanando, los logros del socialismo brillan por todos lados: Cuba tiene índices socioeconómicos de los mejores en Latinoamérica, en muchos casos, superiores a los de los más avanzados países capitalistas. Salud, educación, seguridad social, vivienda, investigación científica, cultura y deporte, son todos aspectos descollantes de la isla, aunque los excluyentes supermercados no están rebosantes de mercaderías y el consumismo voraz -que conocen solo unos pocos en Guatemala- no esté presente (mostrando así el presunto “desastre” del socialismo, tal como la propaganda capitalista lo quiere presentar). 

La derecha (la cubana en el exilio así como la internacional) vio en la desaparición física de Fidel el fin de la “dictadura comunista”. ¡Pero menudo chasco se llevó! La revolución ya se estableció hondamente, echó raíces y va mucho más allá de personas, de “líderes carismáticos”. El socialismo, en definitiva, debe ser eso: la construcción de una sociedad de iguales donde todos somos autoresponsables y no se depende de un “cacique” que conduce. Con o sin Fidel, la revolución sigue adelante. 

Los presidentes de Estados Unidos, en tanto representantes de la principal potencia capitalista mundial, con mayor o menor vehemencia, todos han intentado derrotar la revolución cubana, como “mal ejemplo” que no debía expandirse. Han hecho lo inimaginable para boicotear el proyecto socialista, pero las seis décadas de hostilidades no sirvieron para frenarla. De hecho, en la anterior presidencia de la Casa Blanca, del ex mandatario Barack Obama, viendo la inutilidad del bloqueo, optó por abrir las relaciones. El supuesto de esa acción, nunca declarado oficialmente, era minar la revolución desde dentro con la introducción del capitalismo: si no pudieron con ataques externos y bloqueo, se intentaría con un ataque desde lo interno, con un ataque a la moral revolucionaria (los famosos espejitos de colores).

Pero vemos ahora, no sin asombro, que el primer mandatario de Washington, Donald Trump, da marcha atrás con lo acordado por su antecesor apelando a un lenguaje provocativo, exigiendo “elecciones libres” (según el modelo capitalista burgués) y “libertad a los presos políticos”. ¿Por qué este cambio repentino? 

Si se analiza objetivamente la medida, puede apreciarse que en realidad no trae ninguna consecuencia política para Cuba. En realidad, la propuesta de Barack Obama había sido un tímido intento de abrir las relaciones bilaterales, gesto apreciado y correspondido por el gobierno cubano, pero que, al menos hasta ahora, no había cambiado en nada sustancial la tradicional política yanqui de ataque a la isla. Se habían comenzado a dar tibiamente algunas inversiones estadounidenses en territorio cubano ligadas al turismo, y se comenzaban a abrir los viajes de ciudadanos del país del Norte hacia el país caribe- ño (pero sin levantar el bloqueo, y sin quitar la provocativa base de Guantánamo). Retrotraer ahora las relaciones a un momento equiparable a los peores años de la Guerra Fría, según la medida de Trump, es un endurecimiento llamativo. Ello puede entenderse solo en la lógica de una situación doméstica, explicable desde la política nacional de Estados Unidos. 

En el corto tiempo transcurrido desde su ascenso, en enero del 2017, hasta la fecha, el magnate neoyorkino transformado en presidente ha tenido básicamente desaciertos en su accionar como mandatario. Peleas con el partido Republicano al cual pertenece, desencuentros con el Poder Legislativo, acusación de relaciones dudosas con el gobierno ruso (que le habría facilitado su llegada a la Casa Blanca), maniobras erráticas como el lanzamiento de un misil en Siria o la “madre de todas las bombas” en Afganistán (vacías e inconducentes acciones militares sin consecuencias reales), incumplimiento de las (irrealizables) promesas de campaña, como la repatriación de los capitales norteamericanos invertidos en el resto del mundo para devolver puestos de trabajo a los obreros estadounidenses o la construcción del muro en la frontera con México. Sus “metidas de pata” han colocado a Donald Trump en una situación difícil, incómoda. La prensa lo ataca, y su popularidad ha descendido en forma alarmante. 

Su falta de tacto político le ha llevado a cometer demasiados desaciertos en corto tiempo, lo que ya desde el inicio de su gestión le valió que un grupo de psiquiatras recomendara su remoción del cargo de presidente por “ineptitud mental”. Ante todo ello, la decisión de “mostrar los dientes” con una medida bravucona que deje ver que “tiene los pantalones bien puestos”, llevó a Trump a esta trasnochada medida de endurecer la posición hacia la revolución cubana. 

Está claro que, como tantos presidentes yanquis ante crisis internas, Trump apela a una maniobra “salvadora”, que le dé aire fresco y permita verlo como presidente enérgico: una declaración de guerra por aquí, una invasión por allá. La cuestión es levantar el nacionalismo con alguna acción de cortina de humo. El expediente de endurecer la política hacia Cuba con una retórica ya hoy abandonada no es más que un manotazo de ahogado. 

Insistímos: eso no trae ningún cambio sustancial en las relaciones bilaterales, y hasta incluso puede terminar favoreciendo a Cuba, que una vez más queda en el papel de víctima ante el gigante imperialista, lo que mueve a la solidaridad de la comunidad internacional. Pero sí demuestra que la victoriosa revolución cubana sigue siendo una insoportable piedra en el zapato para la geopolítica yanqui. 

Cuba sigue siendo un ejemplo de dignidad, y aunque la actual maniobra pueda parecer atemorizante, no hace sino elevar más aún la moral revolucionaria de los cubanos. Como comunistas nos oponemos terminantemente a esa injerencia de Washington en los asuntos internos de un país libre y soberano. 

¡Viva Cuba socialista!
¡No a cualquier maniobra injerencista del imperialismo!

Se fragua un golpe de Estado en Venezuela

Por Estuardo Arévalo

Si alguna vez usted creyó o sigue creyendo que en Venezuela estamos ante una dictadura, está muy equivocado. Todo lo contrario. 

Como si fuera una telenovela (género mediocre y barato, de consumo para las masas) desde el imperio de EEUU, desde las grandes empresas de comunicación mundial y desde la burguesía venezolana y sus medios de difusión se construye un relato donde los malos están en el bando de la Revolución Bolivariana y los buenos son los terroristas de la oposición que pretende derrocar al gobierno popular, revolucionario y legítimamente electo de Nicolás Maduro.  

Pero desnudemos el libreto de esa mala telenovela. 

¿Quién es la oposición venezolana? La oposición es dirigida por una oligarquía y sus comparsas partidarias, quienes pertenecen al antiguo régimen que parasitaba a partir del saqueo del petróleo y demás recursos del Estado venezolanos. Esta oposición es la heredera de los partidos y de la clase dominante que ejecutó la masacre durante el llamado Caracazo en 1989. En su búsqueda por derrocar a Nicolás Maduro, esa oligarquía y esos partidos políticos de derecha han encontrado en la jerarquía católica un cómplice ideal, lo que nos recuerda a los guatemaltecos aquella iglesia católica que fue co-responsable del golpe de Estado contra Jacobo Árbenz Guzmán (1954) y de la masacre contra miles de guatemaltecos durante los años posteriores. 

El objetivo de esta oposición es recuperar para la oligarquía y el imperio yanqui el control del Estado, el cual perdieron con el ascenso de Hugo Chávez Frías al poder en 1999. Esto, porque al no controlarlo han perdido la posibilidad de saquear los recursos públicos y los bienes naturales que hacen parte de las enormes riquezas venezolanas. 

Para lograr su objetivo han desplegado una estrategia consistente en constantes intentos por fraguar un golpe de Estado. De hecho, el 20 de junio, la dirigencia golpista ha vuelto a declarar su “desconocimiento del gobierno de Maduro”, lo cual no significa otra cosa que su pretensión por derrocarlo. 

Pero cuáles son las principales acciones que integran esa estrategia de la derecha local e internacional contra la Revolución Bolivariana. 

1. A través de los medios de comunicación con mayor difusión a nivel local e internacional, las oligarquías de toda América Latina y EEUU, realizan una campaña de mentiras, a través de la cual intentan que las grandes masas vean en la oposición a grupos democráticos y héroes que defienden las libertades y la democracia. Al mismo tiempo, pintan al gobierno de Nicolás Maduro como un dictador y como un gobierno represivo, que intenta dar un golpe de Estado. Para esto, realizan montajes de noticias, difunden solo las versiones de la oposición y ocultan los actos terroristas que esta realiza. Existen programas, principalmente en televisoras latinas estadounidenses –en manos de empresarios de extrema derecha–, dedicados permanentemente a promover esa versión falsa de la realidad venezolana. Así mismo, han activado la llamada Sociedad Interamericana de Prensa, es decir, el mayor cartel de empresarios de medios de prensa masivos de Latinoamérica para concertar una misma versión de los hechos. Siendo que también controlan empresarialmente el Twitter y Facebook, impulsan campañas publicitarias orquestadas para promover a la oposición, defenestrar al chavismo y, por esa vía, convocar a manifestaciones terroristas. En esta campaña han sumado, además, a una casta de malos artistas con presencia mediática, quienes pretenden mover el sentimiento de las masas en apoyo a la oposición y en favor del derrocamiento del presidente Maduro. 

2. Desarrollan acciones de permanente sabotaje económico. Esto solo la oligarquía podría hacerlo porque controla aun la economía venezolana. Eso lo realiza a través de la manipulación del precio del dólar, la merma de la producción, la importación y el abastecimiento de alimentos y bienes de consumo diario, el bloque de carreteras para que los insumos y alimentos no lleguen hasta las viviendas de las clases populares. Lo que pretenden con esto es generar descontento social contra el gobierno de Nicolás Maduro, sin lograrlo, tal como en 1973 lo hicieron con Salvador en Chile. 

3. A través del parlamento que controla oposición, han intentado destituir al presidente y pretendido legitimar e institucionalizar el golpe de Estado, empeño en el cual han fracasado porque se enfrentan a las disposiciones constitucionales y a la falta de apoyo popular para lograrlo. 

4. Activación de sus operadores en el Tribunal Supremo de Justicia y en la Fiscalía para activar medidas jurídicas para la destitución del gobierno, para impedir la asamblea constituyente que será elegida el 30 de julio y para proteger a sus hordas opositoras que han sido capturadas por hechos de terrorismo. 

5. Activación de hordas fascistas que asesinan y atentan contra hospitales, guarderías, colegios, transporte de alimentos, infraestructura petrolera, energética y de instituciones públicas. Hordas fascistas dirigidas por líderes opositores y financiados por fundaciones y agencias estadounidenses. En estas han involucrado no solamente a opositores de derecha, provenientes de la misma burguesía, sino también a pandilleros, niños engañados y paramilitares colombianos, como ha quedado demostrado. 

6. Se han negado a todo mecanismo de diálogo y de participación democrática. Reiteradamente se han negado a dialogar, aun cuando presidentes y el mismo Papa Francisco, han intervenido como mediadores. Buena parte de la oposición, además, en lugar de inscribir a sus candidatos para la elección de la nueva constituyente, han preferido declararla inconstitucional y antidemocrática –aun cuando es un hecho de profundo contenido democrático–. A pesar que existe ya un calendario para elegir gobernadores (diciembre de 2017) y al nuevo presidente de la república (2018) como ha sido su exigencia, contradictoriamente con la constitución, la oposición venezolana desconoce estos procesos y exigen elecciones de nuevo presidente de forma inmediata. Ante el fracaso de los anteriores mecanismos en su objetivo de derrocar al chavismo con una especie de “revolución de colores” como las que han sido promovidas en Europa del este y en países de África y Asia, en las cuales lograron la complicidad de las fuerzas armadas y la movilización de amplias masas de ciudadanos - que en el caso venezolano siguen fieles al gobierno revolucionario de Maduro-, el imperio yanqui y las oligarquías latinoamericanas han impulsado una estrategia de intervencionismo e injerencia que se corrobora en los planes Sharps y Venezuela Freedom 2 del Departamento de Estado de EEUU. 

Al no lograr el derrocamiento del presidente democrático y legítimo de Nicolás Maduro, el imperio, las oligarquías latinoamericanas y la oposición, apuestan por crear un clima de crisis y violencia que asemeje una situación de violación de derechos humanos y de guerra civil para justificar una intervención extranjera. Para ello se ha dado continuidad al financiamiento de las acciones de desestabilización y terrorismo. De no lograrlo, ha planeado una invasión del territorio venezolano. En esta búsqueda están desarrollando las siguientes líneas: 

1. Despliegue de acciones diplomática para lograr aislar, sancionar e intervenir Venezuela desde distintos espacios multilaterales, como la Organización de Naciones Unidas (ONU) donde esta búsqueda ha sido derrotada. Así mismo, en la Organización de Estados Americanos (OEA), que tradicionalmente ha sido un ministerio de colonias del imperio yanqui, a través de la gestión y ataque oficioso de Luis Almagro, secretario de la misma, y de varios de gobiernos derechistas como los de México, Brasil, Argentina, Honduras y Guatemala, han pretendido sin éxito activar la Carta “Democrática” que abriría un marco de “legalidad” para la intervención, inclusive militar, contra Venezuela. 

2. Despliegue de armas y tropas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para intentar intimidad y crear un cerco marítimo estratégico contra Venezuela, que se complementa con la ocupación que el imperio yanqui mantiene en territorio colombiano. Esto se intensificó durante el mes de junio y podría ser un paso en la búsqueda por generar una fuerza militar de oposición o por invadir el territorio venezolano. 

3. De no lograr que la estrategia surta efecto, el paso extremo sería una intervención militar directa, encabezada o dirigida por Estados Unidos y seguramente acuerpada por Estados como el colombiano, dirigido también por una oligarquía apátrida e íntimamente relacionada con el gran negocio del narco. 

La estrategia injerencista, fascista y golpista de la 6 Camino Socialista oposición venezolana, bajo la dirección de la oligarquía local y del imperio estadounidense, ha sido un fracaso hasta el momento. Esto se debe a la movilización popular revolucionaria, la conducción revolucionaria, la lealtad de las fuerzas armadas y la configuración de un grupo de países amigos que, con coherencia, se han opuesto a cualquier acción injerencista e intervencionista contra Venezuela. 

En este momento resulta fundamental para avanzar en la derrota de la oposición venezolana y la injerencia imperialista de EEUU, el llamado al proceso constituyente, a través del cual ha instalado un ejercicio soberano y profundamente participativo y democrático para consolidar los cambios revolucionarios que han beneficiado a las grandes mayorías del pueblo venezolano. 

Ante la violencia fascista y terrorista opositora y la injerencia imperialista, lo que se observa en Venezuela es mayor participación, más democracia, más beneficios populares, más cambios revolucionarios.

Camino Socialista No 25, junio 2017 Época I año 4 

¡Indigna la política exterior de Guatemala!

Del protectorado llamado Guatemala


Una de tantas ejecutorias del Estado de Guatemala y del gobierno de Jimmy Morales, es su decisión de ser comparsa en la búsqueda por intervenir en los asuntos de la República Bolivariana de Venezuela.

Nuevamente, el 20 de junio en ciudad de México, la representación de Guatemala en la Organización de Estados Americanos (OEA), votó a favor de una resolución promovida por Estados Unidos y por su peón, el señor Luis Almagro, que pretendía legitimar la injerencia e intervención en el proceso venezolano. Apoyó un documento que hace parte de la estrategia de la derecha que implementa acciones fascistas y que pretende un golpe de Estado contra el presidente constitucional, Nicolás Maduro.

Cómo cuestión de principios, la representación digna de Venezuela, defendió exitosamente esta intentona imperialista y servil de gobiernos como el guatemalteco.

Camino Socialista No 25, junio 2017 Época I año 4 

El anticomunismo: una ideología criminal

Por Antonio Castillo

El anticomunismo, como ideología propagada por Estados Unidos como el principal oponente de las corrientes socialistas y comunistas a nivel global, irradió de tal manera que en cada contexto adquirió características propias. 

En Guatemala, esta ideología empezó a enraizarse como dominante especialmente con la dictadura de Jorge Ubico (1930- 1944), cuya política implicó el encarcelamiento y asesinato de comunistas así como de otros luchadores sociales que reivindicaban sus derechos económicos, sociales y políticos. 

Al triunfar la Revolución Democrática en 1944, la ideología anticomunista continuó siendo abanderada principalmente por la clase dominante y la jerarquía católica en su enfrentamiento contra los gobiernos revolucionarios, contra toda organización y lucha de la clase trabajadora del campo y la ciudad y contra los cambios que durante diez años se promovieron en favor de las grandes mayorías. Estas ideas constituyeron el principal constructo ideológico que articuló a fuerzas económicas, eclesiales y militares, que bajo la dirección de Estados Unidos, ejecutaron el golpe de Estado contra el presidente Jacobo Árbenz Guzmán e instauraron a partir de 1954 sucesivos gobiernos que compartieron una orientación común: persecución y aniquilamiento de los comunistas, que para ese momento incluía a los comunistas pero también a toda organización política y social que hubiera sido apoyo al gobierno revolucionario y a toda reivindicación y lucha social. Miles fueron las acciones y los crímenes de gobiernos y fuerzas económicas y políticas que después de 1954 ejecutaron la política anticomunista: amenazas, encarcelamiento de luchadores sociales, torturas, detención y desaparición forzada, violación de niñas y mujeres, y asesinato de miles de guatemaltecos y guatemaltecas en los primeros años de la contrarrevolución anticomunista. 

El anticomunismo fue la ideología que sirvió para justificar la represión contra la organización popular, sindical, campesina, indígena, estudiantil e intelectual. Así mismo, para enfrentar al movimiento revolucionario que, como reacción, intentó por la vía armada derrocar al anticomunismo. 

El anticomunismo, alimentado desde el exterior por Estados Unidos en su guerra contra el avance de los procesos revolucionarios, se convirtió en la ideología predominante, que fue inculcada en el pensamiento de la población guatemalteca. Esta fue la ideología que continuó siendo el asidero para legitimar innumerables crímenes, inclusive crímenes de lesa humanidad, como el genocidio, demostrado fehacientemente además por sendos informes de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico y el Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi). 

Por esto afirmamos que el anticomunismo fue y es una ideología criminal, que hoy se expresa en políticas y acciones fascistas que emanan de las clases dominantes, de los Estados capitalistas y de grupos políticos derechistas. Continuar reproduciendo el anticomunismo es complicidad con lo que fue, es y puede llegar a ser en las políticas criminales y terroristas contra la organización social y política progresista o revolucionaria de nuestros pueblos. 

Camino Socialista No 25, junio 2017 Época I año 4 

ASÍ ACTÚA EL ESTADO CAPITALISTA AHORA

Editorial
Camino Socialista No 25

La burguesía y su Estado guardián de sus negocios, promulgan leyes y políticas para lograr el crecimiento exponencial de sus ganancias, a costa de la explotación y opresión de las clases trabajadoras y del deterioro alarmante de sus condiciones de vida. 

Esto se expresa en leyes que garantizan una mayor flexibilidad laboral. Que se traduce en legalizar lo que empresarios ya realizan: contratación por horas o por algunos cuantos meses o por quincenas alternas, pagando en el campo salarios muy bajos de hasta 25 quetzales el jornal. Sin garantías de condiciones dignas de trabajo, sin seguridad social y sin prestaciones laborales. El 90% de los/as trabajadores/as no reciben el salario mínimo legalmente constituido (en zona urbana el 50% no recibe salario mínimo y en zona rural el 90% no lo recibe tampoco). Eso representa uno de los principales factores que imposibilitan la organización sindical que garantice una mínima defensa de los intereses de las clases trabajadoras guatemaltecas. 

También se expresa en leyes y resoluciones judiciales que garantizan el saqueo y expolio de los bienes comunes como los ríos, lagos, subsuelo y extensas porciones de tierras, en donde construyen hidroeléctricas, desvían corrientes de agua, extraen minerales y metales preciosos, y siembran extensos monocultivos. Los capitalistas agreden brutal y fatalmente a la naturaleza. Por otro lado, se recetan normas que no impiden que una empresa pueda apropiarse de un río para sus propios usos, privando del agua a miles de comunidades. Se aseguran legalmente la cesión de cualquier territorio para ser explotado por empresas mineras, petroleras, hidroeléctricas y telefónicas.

Se garantizan resoluciones que permiten que los proyectos extractivos continúen su ejecución a pesar de romper la propia legalidad estatal, por medio de lo cual continúa la invasión a territorios rurales ladinos e indígenas, con la consecuente expulsión de sus habitantes. Oportunistamente, recién, el CACIF presentó su particular propuesta de ley de aguas al Congreso de la República, con el nefasto objetivo de legalizar el despojo histórico de las aguas realizado por los finqueros y los dueños de la agroindustria. 

Está claro cómo el Estado burgués protege los intereses de su minoría clasista antes que cualquier interés de las mayoritarias clases trabajadoras. Los organismos del Estado y la Corte de Constitucional actúan fundamentalmente para proteger los intereses de la burguesía explotadora y opresora, de su capital y el de las empresas imperialistas transnacionales. 

En este marco, enfrentar los avances del capital requiere profundos esfuerzos organizativos y políticos de las clases trabajadoras. Es urgente y necesario retomar el movimiento sindical clasista y revolucionario, y dar las batallas, económicas, políticas e ideológicas contra la burguesía, su oligarquía y el imperialismo. LA UNIDAD DE LAS EXPRESIONES ORGANIZATIVAS DE LAS CLASES TRABAJADORAS ES INDISPENSABLE PARA ACTUAR COMO UN SOLO PUÑO QUE DERRIBE AL ESTADO BURGUÉS. 

Por Guatemala, la Revolución y el Socialismo 
Partido Guatemalteco del Trabajo