lunes, 10 de julio de 2017

Se fragua un golpe de Estado en Venezuela

Por Estuardo Arévalo

Si alguna vez usted creyó o sigue creyendo que en Venezuela estamos ante una dictadura, está muy equivocado. Todo lo contrario. 

Como si fuera una telenovela (género mediocre y barato, de consumo para las masas) desde el imperio de EEUU, desde las grandes empresas de comunicación mundial y desde la burguesía venezolana y sus medios de difusión se construye un relato donde los malos están en el bando de la Revolución Bolivariana y los buenos son los terroristas de la oposición que pretende derrocar al gobierno popular, revolucionario y legítimamente electo de Nicolás Maduro.  

Pero desnudemos el libreto de esa mala telenovela. 

¿Quién es la oposición venezolana? La oposición es dirigida por una oligarquía y sus comparsas partidarias, quienes pertenecen al antiguo régimen que parasitaba a partir del saqueo del petróleo y demás recursos del Estado venezolanos. Esta oposición es la heredera de los partidos y de la clase dominante que ejecutó la masacre durante el llamado Caracazo en 1989. En su búsqueda por derrocar a Nicolás Maduro, esa oligarquía y esos partidos políticos de derecha han encontrado en la jerarquía católica un cómplice ideal, lo que nos recuerda a los guatemaltecos aquella iglesia católica que fue co-responsable del golpe de Estado contra Jacobo Árbenz Guzmán (1954) y de la masacre contra miles de guatemaltecos durante los años posteriores. 

El objetivo de esta oposición es recuperar para la oligarquía y el imperio yanqui el control del Estado, el cual perdieron con el ascenso de Hugo Chávez Frías al poder en 1999. Esto, porque al no controlarlo han perdido la posibilidad de saquear los recursos públicos y los bienes naturales que hacen parte de las enormes riquezas venezolanas. 

Para lograr su objetivo han desplegado una estrategia consistente en constantes intentos por fraguar un golpe de Estado. De hecho, el 20 de junio, la dirigencia golpista ha vuelto a declarar su “desconocimiento del gobierno de Maduro”, lo cual no significa otra cosa que su pretensión por derrocarlo. 

Pero cuáles son las principales acciones que integran esa estrategia de la derecha local e internacional contra la Revolución Bolivariana. 

1. A través de los medios de comunicación con mayor difusión a nivel local e internacional, las oligarquías de toda América Latina y EEUU, realizan una campaña de mentiras, a través de la cual intentan que las grandes masas vean en la oposición a grupos democráticos y héroes que defienden las libertades y la democracia. Al mismo tiempo, pintan al gobierno de Nicolás Maduro como un dictador y como un gobierno represivo, que intenta dar un golpe de Estado. Para esto, realizan montajes de noticias, difunden solo las versiones de la oposición y ocultan los actos terroristas que esta realiza. Existen programas, principalmente en televisoras latinas estadounidenses –en manos de empresarios de extrema derecha–, dedicados permanentemente a promover esa versión falsa de la realidad venezolana. Así mismo, han activado la llamada Sociedad Interamericana de Prensa, es decir, el mayor cartel de empresarios de medios de prensa masivos de Latinoamérica para concertar una misma versión de los hechos. Siendo que también controlan empresarialmente el Twitter y Facebook, impulsan campañas publicitarias orquestadas para promover a la oposición, defenestrar al chavismo y, por esa vía, convocar a manifestaciones terroristas. En esta campaña han sumado, además, a una casta de malos artistas con presencia mediática, quienes pretenden mover el sentimiento de las masas en apoyo a la oposición y en favor del derrocamiento del presidente Maduro. 

2. Desarrollan acciones de permanente sabotaje económico. Esto solo la oligarquía podría hacerlo porque controla aun la economía venezolana. Eso lo realiza a través de la manipulación del precio del dólar, la merma de la producción, la importación y el abastecimiento de alimentos y bienes de consumo diario, el bloque de carreteras para que los insumos y alimentos no lleguen hasta las viviendas de las clases populares. Lo que pretenden con esto es generar descontento social contra el gobierno de Nicolás Maduro, sin lograrlo, tal como en 1973 lo hicieron con Salvador en Chile. 

3. A través del parlamento que controla oposición, han intentado destituir al presidente y pretendido legitimar e institucionalizar el golpe de Estado, empeño en el cual han fracasado porque se enfrentan a las disposiciones constitucionales y a la falta de apoyo popular para lograrlo. 

4. Activación de sus operadores en el Tribunal Supremo de Justicia y en la Fiscalía para activar medidas jurídicas para la destitución del gobierno, para impedir la asamblea constituyente que será elegida el 30 de julio y para proteger a sus hordas opositoras que han sido capturadas por hechos de terrorismo. 

5. Activación de hordas fascistas que asesinan y atentan contra hospitales, guarderías, colegios, transporte de alimentos, infraestructura petrolera, energética y de instituciones públicas. Hordas fascistas dirigidas por líderes opositores y financiados por fundaciones y agencias estadounidenses. En estas han involucrado no solamente a opositores de derecha, provenientes de la misma burguesía, sino también a pandilleros, niños engañados y paramilitares colombianos, como ha quedado demostrado. 

6. Se han negado a todo mecanismo de diálogo y de participación democrática. Reiteradamente se han negado a dialogar, aun cuando presidentes y el mismo Papa Francisco, han intervenido como mediadores. Buena parte de la oposición, además, en lugar de inscribir a sus candidatos para la elección de la nueva constituyente, han preferido declararla inconstitucional y antidemocrática –aun cuando es un hecho de profundo contenido democrático–. A pesar que existe ya un calendario para elegir gobernadores (diciembre de 2017) y al nuevo presidente de la república (2018) como ha sido su exigencia, contradictoriamente con la constitución, la oposición venezolana desconoce estos procesos y exigen elecciones de nuevo presidente de forma inmediata. Ante el fracaso de los anteriores mecanismos en su objetivo de derrocar al chavismo con una especie de “revolución de colores” como las que han sido promovidas en Europa del este y en países de África y Asia, en las cuales lograron la complicidad de las fuerzas armadas y la movilización de amplias masas de ciudadanos - que en el caso venezolano siguen fieles al gobierno revolucionario de Maduro-, el imperio yanqui y las oligarquías latinoamericanas han impulsado una estrategia de intervencionismo e injerencia que se corrobora en los planes Sharps y Venezuela Freedom 2 del Departamento de Estado de EEUU. 

Al no lograr el derrocamiento del presidente democrático y legítimo de Nicolás Maduro, el imperio, las oligarquías latinoamericanas y la oposición, apuestan por crear un clima de crisis y violencia que asemeje una situación de violación de derechos humanos y de guerra civil para justificar una intervención extranjera. Para ello se ha dado continuidad al financiamiento de las acciones de desestabilización y terrorismo. De no lograrlo, ha planeado una invasión del territorio venezolano. En esta búsqueda están desarrollando las siguientes líneas: 

1. Despliegue de acciones diplomática para lograr aislar, sancionar e intervenir Venezuela desde distintos espacios multilaterales, como la Organización de Naciones Unidas (ONU) donde esta búsqueda ha sido derrotada. Así mismo, en la Organización de Estados Americanos (OEA), que tradicionalmente ha sido un ministerio de colonias del imperio yanqui, a través de la gestión y ataque oficioso de Luis Almagro, secretario de la misma, y de varios de gobiernos derechistas como los de México, Brasil, Argentina, Honduras y Guatemala, han pretendido sin éxito activar la Carta “Democrática” que abriría un marco de “legalidad” para la intervención, inclusive militar, contra Venezuela. 

2. Despliegue de armas y tropas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para intentar intimidad y crear un cerco marítimo estratégico contra Venezuela, que se complementa con la ocupación que el imperio yanqui mantiene en territorio colombiano. Esto se intensificó durante el mes de junio y podría ser un paso en la búsqueda por generar una fuerza militar de oposición o por invadir el territorio venezolano. 

3. De no lograr que la estrategia surta efecto, el paso extremo sería una intervención militar directa, encabezada o dirigida por Estados Unidos y seguramente acuerpada por Estados como el colombiano, dirigido también por una oligarquía apátrida e íntimamente relacionada con el gran negocio del narco. 

La estrategia injerencista, fascista y golpista de la 6 Camino Socialista oposición venezolana, bajo la dirección de la oligarquía local y del imperio estadounidense, ha sido un fracaso hasta el momento. Esto se debe a la movilización popular revolucionaria, la conducción revolucionaria, la lealtad de las fuerzas armadas y la configuración de un grupo de países amigos que, con coherencia, se han opuesto a cualquier acción injerencista e intervencionista contra Venezuela. 

En este momento resulta fundamental para avanzar en la derrota de la oposición venezolana y la injerencia imperialista de EEUU, el llamado al proceso constituyente, a través del cual ha instalado un ejercicio soberano y profundamente participativo y democrático para consolidar los cambios revolucionarios que han beneficiado a las grandes mayorías del pueblo venezolano. 

Ante la violencia fascista y terrorista opositora y la injerencia imperialista, lo que se observa en Venezuela es mayor participación, más democracia, más beneficios populares, más cambios revolucionarios.

Camino Socialista No 25, junio 2017 Época I año 4