martes, 7 de agosto de 2018

UNIDAD CONTRA LA REPRESIÓN

Desde la llegada del actual ministro de gobernación, Enrique Dehenhart, la política de represión contra luchadores sociales y políticos populares, sindica-les, indígenas y campesinos se intensificó y extendió. Esto forma parte de una mejora en la correlación de fuerzas del Pacto de Corruptos, que logra-ron recuperar espacios que tuvieron que ceder a la política de EEUU interesado en avanzar en el desplazamiento de las fuerzas más oscuras que controlan el Estado.

Esta política de represión es claramente una política de Estado, que se expresa en estos meses principal-mente contra aquellas organizaciones que se resisten a los intereses capitalistas, de empresas locales y transnacionales interesadas en proyectos hidroeléctricos, mineros, proyectos de infraestructura y agro-negocios. Dos objetivos parecieran ser los principales: 1) derrotar las resistencias y luchas legítimas, atacando a dirigentes de organizaciones específicas, de comunidades y algunos de carácter regional; 2) afectar la participación política de carácter popular que algunas organizaciones tendrán en el proceso electoral. Este último pareciera ser el objetivo también con el asesinato de militantes de Codeca, quien organiza un partido político de cara a las elecciones de 2019. No está lejos que estos objetivos se amplíen contra otras luchas legítimas de la clase trabajadora, los pueblos indígenas, el campesinado, las organizaciones que luchan por justicia.

Esta política ha sido una constante que ha consistido en amenazas, intimidaciones, atentados, asesina-tos, torturas, denuncias penales armadas con pruebas falsas, apresamiento del dirigentes, etc. Todo ello antecedido de acciones de inteligencia para recabar información de las organizaciones, luchas y dirigencias locales, regionales y nacionales. Esta política ha afectado al movimiento sindical, campesino, comunitario, indígena, de mujeres, entre otros.

Sin embargo, con la llegada del actual ministro Dehenhart, esta política de represión se ha recrudecido, en especial con asesinato de dirigentes campesinos de organizaciones como el CCDA, CUC y Codeca.

Esta política muy probablemente aumentará, en especial, con el asesinatos selectivos. Por ello se impone como necesidad una respuesta articulada del conjunto de movimientos, organizaciones, comunidades y pueblos, para acordar una estrategia coherente y de impacto que permita derrotar esta oleadas fascista contra la lucha social en general.

Esto exige madurez política, coherencia ideológica y consecuencia política, en principios para superar todos aquellos obstáculos que impiden la articulación política y asumir coordinadamente acciones indispensables para enfrentar este tipo de políticas.

En este momento, más que nunca, se hace necesario accionar para lograr la unidad contra la represión. La forma de lograrlo sin duda deberá ser discutida en reuniones de las dirigencias en el ámbito comunitario, local, regional y nacional.

Esta unidad contra la represión es urgente y necesaria.





Editorial, Camino Socialista No 37, julio 2018